Yo también podría hacer milagros, si quisiera. Podría convertir sin ningún problema el agua en vino o multiplicar indefinidamente panes y peces. Si quisiera, podría caminar sobre las aguas o hacer que los ciegos recuperaran la vista. Con una simple frase yo también podría resucitar a los muertos, si quisiera. No sería muy complicado para mí hacer todo eso y mucho más. Lo que pasa es que ahora tengo prisa porque unos amigos y un fotógrafo me esperan en Las Azores para seguir haciendo Historia.
Juan J. Ginés
_____________________________Para Miri en un día especial para ella.
Érase una vez un lobo que se escondió en una cueva. Algunos creyeron que estaba loco y que su cueva no era más que un refugio de ladrones porque a veces se oían voces: ÁBRETE SESAMO.
Juan J. Ginés
Hoy mi blog es de apoyo
a Luis García Montero.
Hoy me siento tan condenado como TÚ .
Juan J. Ginés
A continuación reproduzco el manifiesto de apoyo a este poeta .
El catedrático de la Universidad de Granada Luis García Montero ha sido condenado por injurias graves a un profesor de su mismo departamento que viene sosteniendo, desde hace años, que Lorca era un fascista asesinado por los suyos y que Ayala fue un valedor del fascismo. El condenado ha decidido no recurrir la sentencia y abandonar de manera definitiva su docencia en la Universidad de Granada.
Luis García Montero dijo que la Universidad de Granada tenía un problema, el de ese profesor disparatado que somete a sus alumnos a un adoctrinamiento insensato. Ahora, la Universidad de Granada tiene dos problemas: ese presunto profesor cuenta con un incomprensible refrendo judicial para seguir propalando sus felonías, mientras la Universidad pierde a uno de sus mejores profesores. Enhorabuena.
Todos nosotros, profesores, alumnos y ciudadanos, nos sentimos condenados por esa misma sentencia y queremos hacer público nuestro refrendo a la fecunda trayectoria del catedrático Luis García Montero, al valor de su magisterio y a su contrastada defensa de la dignidad de las personas y las instituciones libres. Perdemos a alguien muy valioso y nos quedamos con lo que hay. Y no sabemos callarnos.
Si suscribes este manifiesto y quieres firmarlo envía un correo con tu nombre y DNI a:
apoyoaluisgarciamontero@gmail.com
Vivo en la antesala de la muerte. No se muy bien cómo he llegado hasta aquí ni que sentido tiene, pero se que vivo desde hace meses en esa especie de estado intermedio entre la vida y la muerte que yo llamo la sala de espera. De esta sala no se puede regresar. No es una situación de enfermedad en la que una vez curado regresas al mundo de los vivos. La antesala es un espacio en el que sólo partes en una dirección: la muerte.
Lo descubrí hace unos días reflexionando sobre el cambio que se había producido en las luces y sombras que percibía. Cuando fui consciente de ello tuve la revelación de que mi tiempo entre de los vivos estaba próximo a espirar.
No se cuánto me quedará hasta que me asignen el día definitivo. Mientras tanto llevo una vida normal. Acudo a mi trabajo como todos los días, me acuesto temprano, procuro pasar el mayor tiempo posible con mi familia y trato de arreglar todas las cosas que tengo pendientes.
Todo normal si no fuera porque desde ayer he notado un cambio en mi estado. Ahora soy capaz de diferenciar claramente entre los cientos de personas que deambulan por la calle quienes están conmigo en la antesala y quienes pertenecen al mundo de los vivos. Creo que esto es una enorme ventaja de la que pienso sacar partido
Juan J. Ginés
A pesar de todo preferiría estar vivo.
Juan J. Ginés
La conocí en una discoteca donde había ido con unos amigos, uno de esos locales en los que la gente de mi edad busca relaciones fáciles y sin complicaciones. Algo rápido y generalmente poco duradero que cubra las carencias sexuales y emocionales de una vida sin otras referencias.
Ella era alta y enormemente atractiva. Sus labios carnosos, sus ojos de gata en celo y sus largas piernas encendieron rápidamente en mí el instinto cazador. A los quince minutos de contactar con ella ya estaba seguro de que aquella noche triunfaría. Rápidamente pasamos a los besos y las caricias aderezados con palabras insinuantes. Aquella mujer era un volcán a punto de entrar en erupción y yo pensaba desquitarme con ella de meses de fracasos.
- Vivo a dos manzanas de aquí. Vayamos a rematar la faena- me dijo segura de sí misma.
Entré en su apartamento desnudándola. Entre risas y caricias ella me condujo al dormitorio. Ya le había quitado el sujetador y en mi mano izquierda tenía, como una suerte de trofeo, sus bragas rosas cuando abrió la puerta del dormitorio.
Fue entonces cuando le vi. Allí estaba él. Inmóvil. Mirándome acusador. Desesperado y harto de ver siempre la misma escena . Hundido y humillado. Derrotado y eternamente a punto de morir.
-No puedo!- le dije entonces. No puedo hacer el amor contigo mientras tengas sobre el cabecero de tu cama a un torturado.
Juan J. Ginés
Cuando bajó el telón de sus párpados supe que la obra había terminado.
Juan J. Ginés
“Mi amor, te quiero tanto que daría mi vida entera por ti”- confesó Martín entre susurros a su amada. Ella quedó tan decepcionada con la propuesta que le abandonó inmediatamente.
Juan J. Ginés