Libro de Arena
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El patio de la alegría (La Menda)

Defender la alegría como una certeza.

Sobre la indefensión económica

Desde que he pisado mi nuevo puesto de asesora de inversiones, aparte de tener que aprender a una nueva forma de trabajar, aprendo información nueva. Información utilísima, básica para el asesoramiento pero también básica para saber cómo funcionas las cosas en este mundo y me he dado cuenta de que vivimos con los ojos cerrados, como ciegos en un país donde otros ciegos nos venden la imagen de que sin ellos no sabríamos adónde ir.

Hace unos meses que quiero tener una mascosa en casa. No puedo tenerla porque comparto piso con personas a las que les da miedo los animales pero cuando soñaba que iba a adoptar a un gatito, quería irme a uno de esos centros donde cuidan animales que son abandonados y quería llevarme el más feíto, el que tenía menos posibilidades de ser querido porque entendía que esos son los que más necesitan mi exceso de cariño.

De igual manera, todo mi aprendizaje quiero regalarlo al más débil en el terreno económico, especialmente a aquellas personas cuyas finanzas manejan otras personas que cada día les quieren menos, para que aprendan a dejar de ser desamparados en teoría amparados por auténticos buitres que limitan sus libertades económicas.

Veo con más urgencia esta necesidad porque los políticos de este país mienten sobre nuestra situación económica, dicen que nos protegen pero no lo hacen y veo a diario padres que toman decisiones abusivas sobre las finanzas de los hijos, maridos sobre las de las mujeres, cautos vendedores sobre tímidos ahorradores... listillos sobre confiados.

No seáis gatos perdidos. Si alguien quiere saber cómo funciona un fondo, un depósito, la renta fija con respecto a la renta variable... contad conmigo que, en la medida en la que pueda ayudaros, lo haré. Mi dirección personal es anails@wanadoo.es

Nuevos descubrimientos

He descubierto que gastamos cantidades ingentes en mejorar nuestro cuerpo (y yo no me libro, por supuesto) pero apenas invertimos tiempo y dinero en mejorar nuestro carácter o nuestra autoestima o nuestros conocimientos. Yo no sé si todas las mujeres piensan como yo y si hay algún hombre que lo haga pero yo empiezo a preferir un hombre bueno e inteligente antes que guapo.

Empieza a no importarme la edad y los kilos, las canas... y empiezo a ver belleza detrás de la bondad, un aspecto tan poco valorado en las personas. Me parecen maravillosos los hombres que brillan por su inteligencia y ya no veo michelines donde encuentro conversaciones prometedoras... ¿por qué la gente se dedica tan pocas veces a brillar?

Pobres tontas maltratadas

Un día, un hombre que iba por la calle fue atracado a navaja. Tras lo ocurrido, el hombre denunció en la policía y cuando le contó su historia a la policía, éste le miró con compasión y le dijo:

-Debe tener usted un nivel cultural muy bajo para haberse dejado atracar ¿verdad?

Esta historia, que parece totalmente absurda, no es tan extraña. Lo viven las mujeres maltratadas a diario, cuando hablan de su historia con cualquiera. Se les presupone de un nivel cultural bajo porque aguantan cosas que todo el mundo dice que no aguantaría. Deben ser tontas, las pobres y también deben ser de bajos recursos económicos y con unos tristes estudios porque todo el mundo sabe que en la universidad te enseñan a no aguantar a maltratadores.

Hace poco leí una historia de un hombre que de niño, durmiendo con su madre y una tía embarazada, ésta última tuvo un aborto. Desde entonces desarrolló una fijación. Tenía una fantasía reiterada en la que soñaba que una mujer desnuda le destripaba. Un día le escribió a una mujer una nota en la que le proponía que le destripara y que, si no lo hacía, él la destriparía a ella. Al final, la mujer acabó en la morgue con las tripas fuera. ¿De verdad en la universidad se le enseña a la gente a salir de esas situaciones tan peligrosas?

A las mujeres maltratadas se les exige que sean heroínas, que salgan de sus matrimonios airosas y no aguanten un segundo a un maltratador. Si no lo hacen es porque son tontas. Nadie se fija en el detalle de que muchas de ellas son agradedidas después de haberse divorciado. Siguen siendo consideradas unas pobres incultas.

Esta falta de sensibilización se incrementa cuando el maltrato es psicológico. Dado que es un aspecto tan subjetivo (no lo voy a negar) se juzga con mayor violencia a la víctima que al maltratador. Si no son mentirosas o manipuladoras es que son retrasadas mentales.

Y esto es lo que hay. Las personas maltratadas (sea mujer, hombre, niño o anciano) sufren dos maltratos, el de su maltratador y el del resto de personas que no se preocupa en ponerse en su pellejo. Menos mal que hay otras escuelas que no dan títulos pero que enseñan a reconocer cuándo un maltratador, que dice que ama a su víctima, está haciéndole tanto daño que la tiene sumida en un mundo lleno de tristeza.

Esa escuela sacará a la luz la diferencia entre el nivel socio-cultural y la calidad humana de maltratadores y maltratados.

Ver las ardillas

Ayer hice un pequeño viaje con Amparo, una gran amiga de la adolescencia a la que quiero muchísimo. Hacía mucho tiempo que no la veía y siempre que me encuentro con ella es motivo de celebración. Nuestra amitad es tan intensa que durante muchos años hemos tenido intuiciones la una sobre la otra. Coincidía siempre que el día que yo le llamaba, ella había estado todo el día pensando en que me tenía que llamar y también ocurría alrevés.

Durante el cambio me contó una historia que merece la pena dejarla en esta blog por su excelencia.

Dice que una vez iba con una amiga por el campo y se pararon a ver el paisaje y, a la vez que su amiga dijo "mira, una ardilla" ella dijo: "he estado a punto de pisar una babosa". Entonces la amiga le espetó un comentario de desagrado proque se había fijado en una babosa cuando podría haber visto la ardilla y para la amiga de Amparo, la historia acaba así.

Sin embargo, Amparo aplicó esa pequeña anécdota en su propia vida y se dio cuenta de que siempre estaba viendo babosas y se estaba perdiendo muchas ardillas en su vida y eso es lo que le hacía sentirse infeliz. Encontró la pieza que activaba el engranaje de su estabilidad emocional y, desde entonces, hace el ejercicio de ver las ardillas, revisando las acciones y los hechos del día y visualizando sólo las cosas bonitas de esos días.

De repente sus días se han llenado de color y de belleza y, cuando se siente mal, coge una libreta y apunta las ardillas que ha visto ese día. Me gustó tanto la historia que no sólo quiero traerla a mi Patio de la Alegría sino que de repente se me ha llenado de ardillas que trepan y saltan por sus losetas rojas.

Dos usos del pasado.

Cuando uno cree que puede volver a la vida en la que era feliz y que algo ha arrancado de cuajo, se da cuenta de que nada vuelve a ser lo mismo por mucho que la libertad nos permita elegir recuperar lo perdido. La vida es comparable a una escalera de caracol donde el escalón 9 y el 18 jamás podrán tocarse aunque estén a la misma altura. Lo que te roban, te lo roban y punto. Lo que rompen dentro de ti, te lo rompen y punto. Y para eso sirven las cicatrices, para no olvidar las heridas.

Pero el pasado no lo recomiendo tener como bandera enarbolada de la venganza porque eso es abrir eternamente la herida. Un pasado doloroso sirve para dos cosas: para aprender a identificar las fuentes del dolor que se nos aproximan y saber huir de ellas (porque la experiencia es la mejor maestra), y, la segunda y más importante, para compararlo con un presente maravilloso lleno de elecciones propias donde podemos elegir subirnos en marcha a todos los trenes perdidos.

Me he dado cuenta de que en mayor o menor medida, a todos nos agobia un complejo o nos tortura una frustración y tanto uno como otra, son limitaciones de nuestra libertad, lastres en nuestro viaje que no nos podemos permitir.

¡Con la de afanes que nos esperan en el camino!

Los buenos negocios

Haber ascendido a especialista en fondos de inversión en mi trabajo, me ha convertido en una curiosa sobre todo lo que tenga relación con las inversiones a largo y a corto. Tarde o temprano, acaba uno topándose con los gurús de las inversiones, como Warren Buffet.

Movida por la curiosidad leí un libro de él que se titula "El tao de Warren Buffet", un pequeño recopilador de frases que destilan su sabiduría. He aprendido mucho de esa filosofía de mantener la calma en momentos bursátiles turbulentos, como el que estamos experimentando ahora.

Sin embargo la mejor de las enseñanzas, debió llegarme antes aunque nunca es tarde aprender algo tan útil a mis ojos. Buffet dice: "No se pueden hacer buenos negocios con malas personas"

Qué sencillez de pensamiento y sin embargo, cuánta sabiduría. Nunca se pueden hacer buenos negocios con malas personas porque las malas personas no discriminan entre guapos o feos, rubios o morenos, inteligentes o tontos.. van a hacer negocios que sólo les beneficien a ellos.

Si algún día ves que alguien con quien tienes asuntos pendientes no se porta bien con un tercero, pon tus barbas a remojar, porque las malas acciones se extienden como las malas hierbas.

Cómo parar la violencia de tu interlocutor

Una vez me dijo mi psicóloga (cuánto la echo de menos, por cierto), que hay que aprender a parar los pies a quienes bajo la justificación de una autoridad reconocida, ejercen una violencia aparentemente legítima. Para decirlo en palabras llanas: no permitas que tu jefe te insulte sólo por el hecho de ser tu jefe.

Pensé que para ella era muy fácil decir eso pero que no era su trabajo el que estaba en juego... sino el mío y que no es tan fácil encarar a un jefe violento... si es violento, si se permite el lujo de insultarte, amenazarte, faltarte al respeto ¿por qué no va a permitirse el lujo de echarte a la calle?

Pero, después de haber pasado por tantas cosas en mi vida, tantos insultos, tantas faltas de respeto, tanta agonía con prójimos importantes para mí... me he dado cuenta de que no quiero más violencia en mi vida.

Así que ahora he aprendido una frase que deja muy claro que la persona que se dirige hacia ti, lo está haciendo de malas maneras: le ruego que no me falte al respeto. Si continúa haciéndolo, cerraré el diálogo.

El mayor freno es el silencio, la falta de respuesta, la negación del diálogo... esa es la mejor respuesta frente a la violencia ajena haciéndole ver que no le respondes porque te está faltando al respeto.

Pero esto, lo siento, sólo es útil para un cliente enfadado, o para un vecino que de repente aparece en tu puerta enfadado porque has tendido una ropa que gotea en su patio...

Sin embargo, para un jefe que a diario ejerce la violencia verbal, al igual que para un marido que no te permite vivir en libertad, la mejor respuesta no es el silencio temporal, sino el silencio definitivo.

Nueva carga contundente

El mundo de las vulnerabilidades es inmenso, hasta el punto de que no siempre se tienen todos los flancos bien defendidos. Sin embargo, he descubierto que hay vulnerabilidades terribles que son como epidemias que afectan a muchos y de los que no se tiene constancia.

Por ejemplo ¿todo el mundo sabe lo que tiene que hacer cuando entra en conflicto legal con su prójimo? ¿conocemos las leyes? ¿sabemos lo que los demás, por ley, no pueden hacer contra nosotros? Nadie conoce sus derechos, nadie. ¡Qué punto débil más débil!

Ahora que asomo las narices, por mi trabajo, en el mundo del dinero, también empiezo a darme cuenta lo vulnerable que es quien desconoce. Debería inventarse una asignatura obligatoria que se llamase "economía doméstica" y que enseñara a la gente a defenderse de sus posibles depredadores.

Es más, deberían tomarse medidas para permitir que los ahorros de una mujer maltratada no tuvieran huella, no aparecieran en ningún registro ni tampoco tuvieran peaje fiscal, debería haber un organismo público que facilitara que una mujer que recibe palizas a diario no tenga que aguantar porque no tiene dinero a donde irse.

No se trata sólo de endurecer las penas... a veces hay que pensar en fortalecer a las víctimas.