Una vez me dijo mi psicóloga (cuánto la echo de menos, por cierto), que hay que aprender a parar los pies a quienes bajo la justificación de una autoridad reconocida, ejercen una violencia aparentemente legítima. Para decirlo en palabras llanas: no permitas que tu jefe te insulte sólo por el hecho de ser tu jefe.
Pensé que para ella era muy fácil decir eso pero que no era su trabajo el que estaba en juego... sino el mío y que no es tan fácil encarar a un jefe violento... si es violento, si se permite el lujo de insultarte, amenazarte, faltarte al respeto ¿por qué no va a permitirse el lujo de echarte a la calle?
Pero, después de haber pasado por tantas cosas en mi vida, tantos insultos, tantas faltas de respeto, tanta agonía con prójimos importantes para mí... me he dado cuenta de que no quiero más violencia en mi vida.
Así que ahora he aprendido una frase que deja muy claro que la persona que se dirige hacia ti, lo está haciendo de malas maneras: le ruego que no me falte al respeto. Si continúa haciéndolo, cerraré el diálogo.
El mayor freno es el silencio, la falta de respuesta, la negación del diálogo... esa es la mejor respuesta frente a la violencia ajena haciéndole ver que no le respondes porque te está faltando al respeto.
Pero esto, lo siento, sólo es útil para un cliente enfadado, o para un vecino que de repente aparece en tu puerta enfadado porque has tendido una ropa que gotea en su patio...
Sin embargo, para un jefe que a diario ejerce la violencia verbal, al igual que para un marido que no te permite vivir en libertad, la mejor respuesta no es el silencio temporal, sino el silencio definitivo.
El mundo de las vulnerabilidades es inmenso, hasta el punto de que no siempre se tienen todos los flancos bien defendidos. Sin embargo, he descubierto que hay vulnerabilidades terribles que son como epidemias que afectan a muchos y de los que no se tiene constancia.
Por ejemplo ¿todo el mundo sabe lo que tiene que hacer cuando entra en conflicto legal con su prójimo? ¿conocemos las leyes? ¿sabemos lo que los demás, por ley, no pueden hacer contra nosotros? Nadie conoce sus derechos, nadie. ¡Qué punto débil más débil!
Ahora que asomo las narices, por mi trabajo, en el mundo del dinero, también empiezo a darme cuenta lo vulnerable que es quien desconoce. Debería inventarse una asignatura obligatoria que se llamase "economía doméstica" y que enseñara a la gente a defenderse de sus posibles depredadores.
Es más, deberían tomarse medidas para permitir que los ahorros de una mujer maltratada no tuvieran huella, no aparecieran en ningún registro ni tampoco tuvieran peaje fiscal, debería haber un organismo público que facilitara que una mujer que recibe palizas a diario no tenga que aguantar porque no tiene dinero a donde irse.
No se trata sólo de endurecer las penas... a veces hay que pensar en fortalecer a las víctimas.
Almadeguerrero me dijo que quienes escribimos buscamos la belleza y me citó la frase del título como una cita de Ramón Trecet y me hizo pensar.
Siempre que me pregunto por qué esa obsesión por seguir escribiendo, por qué desear tanto la vida de escritor y por qué soñar con que mi trabajo brille y sea reconocido y sea deseado.
Últimamente leo los libros que están entre las diez mejores ventas y me pregunto si el escritor se sentirá satisfecho de su libro. Hombre, ser número uno en ventas no está mal para engrandecer el ego pero yo no lo sentiría como suficiente. Yo no querría escribir "El código Da Vinci". Yo querría ser el padre de "Cien años de soledad".
La verdad es que he de reconocer que yo no busco la belleza y quizá eso haga que nunca llegue a encontrar la esencia de este oficicio. Confesaré que lo que yo busco es existir, ser, dejar un fósil de mi espíritu cuando ya no quede de mí ni las cenizas.
Eso es lo que quiero, y al ser tan poco altruista mi deseo, admiro a quienes creen en la belleza... y estoy agradecida por ese comentario porque me sirve para cuestionar los cimientos de mis creencias.
Hace tropecientos años hice un curso de diseño de páginas web que ahora no me serviría de nada pero que entonces me fue muy útil y me abrió muchas puertas a muchos trabajos.
Sin embargo, lo más importante que aprendí en aquel curso lo sigo aplicando hoy día como el mejor hallazgo que la tecnología ha puesto a nuestra disposición: la multitarea.
No soy informática por lo que ruego a los entendidos que excusen mi terminología imprecisa y mi redacción vaga y ceñida sólo al meollo de este tema para explicar eso de la multitarea.
Los ordenadores de antes procesaban la información de forma continuada y en el orden en el que el usuario realizaba las tareas. Esto provocaba que si el usuario era hiperactivo o tenía mucho trabajo por delante y necesita hacerlo rápido... tenía que ajustarse al ritmo de su 486 o corría el riesgo de bloquearlo.
Para evitar esto, Windows incorporó en su sistema operativo este estupendo invento, la multitarea (aunque su auditoría es de dudoso origen según los entendidos). Con la multitarea, si un usuario daba varias órdenes a la vez, éstas se iban ejecutando alternativamente por paquetes de información y esto permitió trabajar con ventanas: así se podían tener varios trabajos abiertos a la vez y dar las órdenes reduciendo la probabilidad de llenar la memoria caché y bloquear el equipo.
Así es como me dí cuenda de que si la vida, por estas cosas que uno nunca controla, te aleja de tus sueños con el tiempo, siempre está este estupendo invento de la multitarea.
En mi caso, yo lo aplico de la siguiente manera: por necesidades económicas, me he visto obligada a buscarme un trabajo estable y esto me ha alejado de mi verdadera profesión: la de escribir. Todavía tengo mucho que aprender y descubrir como escritora y a veces, esta vida tan prosaica me atormenta como a un niño que ve alejarse el globo que se escapó de las manos.
Así que para no alejarme de la consecución de este proyecto, vuelvo siempre a la tarea de escribir... intermitente pero persistente.... sigo cerca de mi sueño aunque la vida se empeñe en lo contrario.
A veces cuesta horrores mantener el ánimo. Especialmente cuando durante un largo tiempo hay algo que nos atormenta y me estoy acordando de mujeres que durante años ven mermados sus derechos por personas que dicen que les quieren. En esos casos conviente pensar que si el muro no cede a la primera... puede ceder en la siguiente embestida.
El truco está en permitirse un ratito de duelo y levantarse otra vez....E INTENTARLO DE NUEVO.
Gandhi inició su pacífica revolución inspirado por un artículo que leyó de Thoureau que se titula "Desobediencia Civil" y con el que concluyó que la autoridad viene dada por el reconocimiento de la misma.
Esto que a simple vista parece sólo una frase bonita, es muy importante para aplicarlo en nuestra vida; tan importante como el éxito obtenido por Gandhi con su postura de la desobediencia no-violenta.
Lo digo especialmente para aquellas personas que tienen a alguien que en nombre del amor las tiranizan. que sepan que no se cae el mundo por desobedecer. Con la desobediencia consiguen afianzar sus libertades y ganarse el respeto.
No hace falta que grites o llores por lo que necesitas, símplemente, consíguelo.
"Hay que quemar el cielo si es preciso por vivir" (Silvio Rodríguez)
¡Qué reaccionaria me parecía esa frase en otro tiempo y sin embargo cuándo sentido cobra ahora!
"El amor no existe"...
Así de tajante me dijo un amigo su parecer sobre el amor y más tarde supe por qué pensaba de esa manera. Cuando aquella frase llegó a mis oídos yo tenía venticinco o ventiséis años y me creía adulta. Había tenido mi primer desengaño amoroso y creí que había sido cuestión de mala suerte pero estaba convencida de que sólo bastaba con volver a intentarlo. Tan extraña y particular había sido mi primera experiencia que pensé imposible que se repitiera.
Ahora, con los tambaleos emocionales padecidos, entiendo lo que verdaderamente se esconde detrás de la frase de mi amigo y no es verdad que no existe. Sí que existe y existe hasta el punto de doler demasiado e incluso hay amores que te persiguen toda la vida, hasta el fin de tus días. Amas y te aman con insistencia y persistencia.
Lo que ocurre es que cuando eres adolescente y estás esperando a tener tu primera relación crees que el amor es de una manera concreta. Lo has idealizado porque has visto películas y escuchado canciones y crees que una vez que te has enamorado y consigues que el otro te ame ya está todo resuelto, como en los cuentos.
Entonces llegas a ese momento que augurabas feliz en el que te enamoras y eres correspondido y de repente te encuentras con el timo que te has tragado hasta entonces y tu dios baja del cielo de las deidades de golpe y porrazo.. de ahí la falta de fe.
Si idealizáramos menos el amor quizá nos daríamos cuenta de que ni es tan mágico cuando nos escasea, ni tan malo cuando lo poseemos, sino que es algo más en nuestra vida, que entra y sale cuando quiere como los atardeceres: hermosísimos cuando aparecen e indoloros cuando se van.