No me gusta el hotel.
“No me gusta el hotel...” me decía con acento argentino de forma apesadumbrada, acongojada, a punto de llorar…, una señora madura, rubia, elegante, de clase alta. “He visitado los mejores hoteles de Marruecos y mañana salimos a un crucero de lujo por las islas griegas. Pero este hotel…es….es horrible, deprimente.”
La conocí en el hall de un hotel medio, digno, humilde y que ofrecía unas vistas espectaculares del Cuerno de Oro de Estambul.
Un atardecer espléndido se podía contemplar en la terraza de la cafetería. La mire a los ojos y sentí lástima de que no pudiese disfrutar de los colores que se reflejaban en el agua, de las aves planeando entre las mezquitas, el sonido de la oración que lo inundaba todo, los cientos de barcos que durante miles de años han recorrido el mismo camino entre oriente y occidente….y sin embargo echase de menos una habitación con jacuzzi, sábanas de seda, pantalla de plasma y ciento de pijadas más.
Esta misma mañana, sentada en uno de los cientos establecimientos de kebas he visto a un padre con su hija pidiendo algo de comer. El padre no se podía tener de pie, sus ropas y su mirada delataban más tristeza que hambre por ver a su hija reclamándole algo para llevarse a la boca.
El dueño le dice que espere. El hombre no deja la mano libre de la niña y ella mira a su padre con ternura y seguridad. A los cinco minutos aparece con un kebab envuelto en servilletas. Él se agacha y se lo da a su hija. La niña, grita de alegría.
Y aquí, ahora, en este preciso momento viendo esta señora con maquillaje de Dior, piensas en cómo es posible que la lista de Forbes, de los más ricos de este mundo, la riqueza está distribuida por un puñado de personas. Bill Gates, su fortuna es igual al PIB de de Honduras, Nicaragua y Panamá juntos. Y si nos vamos a África supera a la suma de todos los países como Cabo Verde, Gambia, Guinea Ecuatorial, Guinea Bissau, Liberia, Senegal y Sierra Leona. Lo curioso es que cuatro de los diez en la lista sean de la India.
Vivimos tiempos de revoluciones tecnológicas pero también en un mundo donde decaemos más en un subdesarrollo social. ¿Con esta disparidad del reparto de la riqueza podemos llamar progreso?.
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Me cabrea bastante la gente así. Me parece triste y a la vez me saca de mis casillas. Los imagino en el Caribe y por supuesto sin pensar en nada más. La escena que describes del padre y la hija me ha recordado a alguna que otra que yo viví en El Cairo. Y lo de la iniciativa que has dejado por aqui me parece una estupenda idea. Un abrazo y gracias por tu post que me ha hecho mucho bien.





