Libro de Arena
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LA PIEDRA DE SISIFO

La Estampida

Cae la tarde en la calle céntrica de la ciudad, un joven sin brazos agita el vaso medio lleno de monedas asido por los dientes, camiseta sin mangas recibe cientos de miradas y cabezas del revés; un soldado plateado subido a un pedestal, movimientos mecánicos, dispara, se aquieta...unas monedas, puesta en marcha, todos divertidos miran la escena, niños y fotos, un tipo jovial.

Bolsas y bolsas caminan de las manos de un lugar a otro, miran escaparates, se detienen, conversan; usan el dedo índice fugaz, algo no convence - mañana lo compro- dice sin convencimiento.

Jóvenes de piel oscura y mirada blanca ponen a toda prisa su mercancía una tela blanca, el tiempo contado, prisa por las gafas, música, cine, rápido rastreo, la venta.

Los escaparates brillan, se encienden las primeras luces, música lejana. El coche patrulla enciende sus luces de feria; el coche avanza lento entre la multitud, los agentes dentro, con cara de sueño cumplen el ritual: ellos llegan, los jóvenes se irán. Recogen la tela que pende de un hilo, atruenan el suelo, elástica zancada, carrera primigenia, estampida sorda, corredores natos, caras divertidas. Relámpagos de fotos iluminan su estela, la gente se aparta, se abre un camino, las bocas abiertas, niños sorprendidos, y calles más abajo, se pierde su rastro.

El coche policial detiene su marcha, alguien les comenta, los agentes sonrien,... y encogen sus hombros. En un par de horas, volverá la fiesta.

Revival: EL VIRGINIANO

He podido encontrar el trailer de apertura de "EL VIRGINIANO" esta serie tipo "Bonanza", tuvo también cierta fama.

A ver si os acordais:

El Congreso de los Panclastas

Posteo aquí este fragmento del "Libro Negro" de Giovanni Papini, que estaba leyendo estos días y que me parece estar de plena actualidad, pese a los años transcurridos desde que lo escribió (1951), sobre los límites de "las libertades".

Un saludo.

"EL CONGRESO DE LOS PANCLASTAS

Setebos, 5 de marzo.

El congreso de los Panclastas, o sea, como lo explicaba el manifiesto, de los Destructores Universales, estaba fijado para las cinco, pero yo me retrasé en el campamento de los gitanos y llegué una hora después de la convenida.

Servía de sede un circo ecuestre que estaba de paso por allí. Reinaba allí una confusa hediondez de establo y carnicería. Los toscos asientos dispuestos en círculo estaban ya ocupados por personas de todos los colores y edades: hombres siniestros de mirada torva, rostros de condenados a muerte agraciados en el último momento, de frenéticos contumaces, de epilépticos viciosos, de mujeres torvas y agitadas que jamás pudieron ser niñas. Aquí y allá se veía alguna máscara de negro encanecido, de indio color de terracota rajada, de chino viejo, sin cejas ni labios.

En medio de la polvorienta pista se veía un enorme cajón de embalar que servía de escenario y tribuna. Cuando entré ya estaba encaramado un viejo corpulento, que gritaba y gesticulaba y llevaba por todo vestido un camisón de noche que le llegaba hasta los pies. Vociferaba diciendo a gritos

- ¡Esa indigna burla debe concluir para siempre!, ¡no queremos ser estafados y mofados! Nos han prometido la libertad, todas las libertades, y en cambio somos más esclavos que nunca. Libertad de palabra, libertad de imprenta, libertad de reunión, libertad de conciencia, pero todas ellas libertades parciales y preliminares, libertades homeopáticas, para uso y contentamiento de las minorías burguesas e intelectualoides. ¡A nosotros no nos bastan! Apenas son los entremeses del gran banquete de los hambrientos de libertad absoluta y total. Bien sabéis cómo junto a esas briznas de libertad, se destaca más aún la dureza de las antiguas prohibiciones de la moral, y de las viejas esclavitudes de la ley.

»Según nuestra doctrina es un insulto para la libertad del hombre toda limitación, por pequeña que sea, hecha a los instintos más naturales y a los deseos más comunes de nuestra especie. Y bien sabéis cuáles son los deseos fundamentales del hombre apropiarse de lo que le sirve, aun cuando pertenezca a otro el deseo de quitar la vida a los que amenazan nuestros intereses y nuestros gustos; el de poseer a todas las mujeres que nos agraden, ya sean vírgenes o esposas. Esos son los instintos secretos y profundos de todos los hombres, de todos, de cualquier raza y condición que sean, incluso son los deseos de los que crean y aplican las leyes, sin exceptuar a los jueces, a los carceleros y a los verdugos.

» ¡Y todavía estamos sometidos a códigos que prohiben y castigan el robo, la rapiña, el homicidio, el adulterio y el estupro, o sea, precisamente, los actos que constituyen el verdadero fondo de nuestra naturaleza, los actos que con más gusto realizarían los hombres! Por lo tanto, ¿no es la ley la más desvergonzada violación de las libertades humanas? Los valientes que se rebelan contra esas imposiciones arbitrarias son señalados a fuego con el nombre de malhechores y se les castiga atrozmente con la prisión o la muerte. ¿Qué es lo que parlotean entonces, hablando de libertades públicas? ¡Queremos todas las libertades, y en primer lugar las individuales y privadas! Una libertad circunscrita por restricciones y prohibiciones, ¡no es verdadera libertad, sino esclavitud presentada engañosamente por traidores charlatanes! ¡No seremos libres mientras no se hayan suprimido hasta los últimos legisladores, los últimos jueces, los últimos tiranos!».

Una explosión de aplausos y de aullidos interrumpió al orador en camisa de noche

-¡Mueran los diputados! - ¡Abajo los ministros!

- ¡A la horca con los policías! -¡A exterminar a los maestros! - ¡A fusilar a los oficiales !

- ¡Mueran los opresores! - ¡Mueran todos!

- ¡Vivan los anarquistas!

Apenas se hizo un poco de silencio se oyó tronar nuevamente la voz indignada del enorme viejo orador:

- He sentido un ¡viva! por los anarquistas, y no puedo ocultar mi estupor ante tanta ingenuidad. Frente a nosotros, los Panclastas, los anarquistas no son más que vulgarísimos reaccionarios. Estos impávidos cultores del compromiso sueñan con una sociedad idílica, fundada sobre la fraternidad y el amor. Lo mismo que para los tiranos de todos los tiempos, también para ellos el robo y el asesinato son crímenes.

Imaginan, en su ceguera e insensatez, que la supresión de la propiedad privada y la creación de grupos obreros autónomos pueden transformar los caracteres esenciales y constantes de la naturaleza humana. El ser humano, aun después de la muerte de todos los reyes y de todos los presidentes, continuará siendo lo que hemos dicho: un animal de presa y de lujuria. Siempre será verdadera la máxima del filósofo inglés: Homo homini lupus , el hombre es un lobo para el hombre, y la definición del filósofo francés: L'homme n'est qu'un gorille lubrique et féroce , el hombre no es más que un gorila lúbrico y feroz. Los anarquistas quieren abolir a los patronos, pero conservan la ley, que es la peor de las tiranías. Unicamente nosotros, los Destructores Universales consecuentes, podemos llegar a ser los libertadores de la humanidad; sólo nosotros proclamaremos los verdaderos Derechos del Hombre, pero no las vanas palabras de los burgueses franceses del año 1789, sino los concretos y efectivos Derechos del Hombre, del hombre integral y sincero: el derecho a robar, a matar y a violentar.

Al terminar de decir estas palabras, estalló un aplauso aún más fuerte, y en seguida saltó al cajón que servía de tribuna, como una tigre, una mujer desgreñada, vestida con harapos negros, que comenzó a vociferar furiosamente a pesar de que el tumulto ahogaba sus palabras. Era delgadísima y blanquísima, tenía dos ojos de bruja fijos en el fondo de dos órbitas de calavera. Cuando cesó el huracán de aplausos pudo hacer oír sus gritos

- ¡Me parece que el compañero Cerdial no ha insistido suficientemente acerca de la libertad de nosotras, las mujeres! Ha dicho cosas completamente ciertas, pero es un macho y su mentalidad es demasiado masculina. Ha defendido el derecho de los hombres a poseer todas las mujeres que les agraden, pero ni una palabra sobre el derecho de las mujeres a hacerse poseer por todos los hombres que ellas deseen. A pesar de las religiones, de las morales y de las leyes, es necesario reconocer que los machos ejercen ya bastante ese su justo derecho, aun cuando deban echar mano a expedientes y comedias de diverso género. Mas, para nosotras, las mujeres, esa libertad es mucho más difícil y peligrosa. Por ejemplo: las prostitutas deben aceptar a todo cliente que pague, aun cuando sea repulsivo, y en cambio, están obligadas a pagar por el hombre que les agrada. Las muchachas no pueden elegir más de un marido; las casadas, habitualmente no logran tener más de tres o cuatro amantes, y esto a precio de subterfugios y frecuentemente con peligro de perder la vida. Y las leas y las viejas, ¿acaso no deben tener su derecho a satisfacer las emociones eróticas exigidas por la naturaleza?

»Esta condición de interioridad debe llegar a su término, y si triunfamos, terminará junto con los Derechos del Hombre, proclamados claramente por el amigo Cerdial, nosotras exigirnos una Declaración de los Derechos de la Mujer. Y también estos derechos son tres: el derecho al libre abrazo, el derecho a la infidelidad cotidiana, el derecho al aborto».

Las mujeres que asistían a la asamblea, harpías y bizcas, que eran muy numerosas, se pusieron simultáneamente de pie y se apretujaron alrededor del palco, gritando, riendo y queriendo estrechar la mano de la valerosa intérprete de su pensamiento.

Aproveché aquel tumulto de brujas desenfrenadas para escurrirme, sin ser observado, por una salida de lona del circo. Ya había aprendido bastante acerca de lo que pretendían los Panclastas, y no me sentía seguro en medio de aquellos locos sueltos."

Manolo

Uno de los recuerdos recurrentes de mi niñez, es aquel viejo algarrobo, al que yo llamaba "Manolo", bajo el cual solía leer mis primeros libros, y gastar los primeros lápices Alpino en los "pinta-pinta" que solía comprarme mi padre en la papelería del pueblo.

De copa enorme, de tronco fuerte, retorcido hasta límites insospechados, aquel viejo centenario, albergó vida de arriba a abajo desde el principio hasta el fin de sus dias. Sobre todo era mi confidente, mi amigo y protector en las doradas y cálidas tardes de abril, cuando los dias se sucedían sin sobresaltos ni prisas, y corríamos alrededor de él, o se prestaba a escondrijo en los juegos.

Mi viejo amigo Manolo cobijó camadas de Nely, la vieja perra canela que un dia volvió desde muy lejos, Manolo alimentó las hambres de la Guerra de los hombres con sus dulces y abundantes vainas. Manolo las lagartijas, Manolo los gorriones...Manolo...

Siempre duro frente a la adversidad, y generoso con la vida, permanece en mi recuerdo en toda su grandeza, Manolo hace tiempo que no existe más que en mi memoria.

Manolo amigo, aún te quiero.

Dejan al Gran Jefe Seattle en bolas

Pongo aqui este fragmento que prometí buscar a Domovilu acerca de la supuesta falsedad del discurso del Jefe Seattle, procede de un artículo de Horacio Vazquez Rial, y cuyo enlace por si alguien quiere consultarlo es éste:

http://www.conocereisdeverdad.org/website/index.php?id=5379

La historia de Seattle es la que sigue:

En 1854, el jefe Seattle, o Seath, como es denominado en algunos documentos, recibió al gobernador territorial Isaac Stevens, que tenía la misión de comprar a los indios suwamish las tierras de Puget Sound, en el noroeste de los Estados Unidos. El cacique no hablaba inglés, así que medió en el encuentro el pionero lenguaraz Dr. Henry A. Smith.

En 1887, treinta y tres años más tarde, cuando la herencia de Semmelweiss, Pasteur y Lister era de público dominio, Smith publicó en un periódico de Seattle lo que recordaba, o creía recordar, del discurso del jefe indio. Smith era un poeta de talento, lo que hace pensar en una reelaboración de cosecha particular. Además, en 1854, cuando actuó como intérprete, llevaba apenas un año en las tierras de los suwamish, lo que lleva a dudar, aun en el caso de un hombre dotado para las lenguas, de semejante calidad de matices. A pesar de todo ello, el discurso en la versión Smith fue aceptado por los historiadores locales durante cien años como una fuente válida, a falta de otras.

Los ecologías lo adoptaron a partir de 1974, cuando una estatua de Seattle con "voz propia" lo enunció en la Feria Mundial de Spokane, arreglado para la ocasión. Algunos expertos pusieron el grito en el cielo: en 1975, Janice Krenmayr publicó un artículo en el Seattle Times afirmando que el cacique se revolvería en su tumba si supiera de aquel engaño; Bill Holm, conservador del Museo Burke, rogó a los ecologistas que se detuvieran y admitieran que ellos mismos habían escrito el discurso; hubo otras voces, pero fueron desoídas.

Fue un historiador alemán, Rudolph Kaiser, interesado en la figura del jefe Seattle y en el Oeste americano, quien puso las cosas en claro. Desconfió de la versión ecologista del discurso y le siguió la pista hasta un documental difundido en la TV en 1971. El guionista había sido Ted Perry, un escritor de Texas. Él había incorporado muchas cosas, entre ellas la de los búfalos podridos en la pradera. Kaiser jamás logró contactar con él.

El 21 de abril de 1992, el New York Times publicó un artículo en el que se decía sin ambages: "El jefe pronunció un discurso de recepción ante el gobernador del Territorio de Oregon. En 1971, un guionista de Texas escribió un discurso para atribuirlo al jefe Seattle que los ecologistas encontraron extremadamente útil por declaraciones como: ´He visto miles de búfalos pudriéndose en la pradera, abandonados allí por el hombre blanco, que los disparó desde un tren que pasaba´. No había búfalos ni trenes en ninguna zona cercana al jefe Seattle durante su vida, que terminó en 1866".

Hay que añadir, a partir de la información de Stanford, que para esa fecha Ted Perry vivía en Vermont y no respondía al teléfono; y que en aquella semana el mismo New York Times, en la lista de best sellers de su Book Review, daba en el quinto puesto Brother Eagle, Sister Sky: A Message from Chief Seattle (Hermano cielo, hermana águila, en su versión española).

El enlace a la Universidad de Stanford es éste:

http://www-formal.stanford.edu/jmc/progress/fake.html

Recordando la tele de entonces

Espacio 1999

Daktari

Bonanza

Ironside

Los Autos Locos

En otro momento, pondré alguno más

El dichoso pato saturnino

A ver si funciona....estoy en pruebas...

De la Gran Fecundación a la Flatulencia Sideral, para Dorina y otr@s...

Debido a la incontestable réplica servida por Dorinaclark sobre mi anterior post, aventuro la posibilidad de que no se trate de una Gran Fecundación Sideral, sino de una Enorme Flatulencia Estelar lo sucedido con el descubrimiento de la Estela de Mira.

Bien "Mirado", si una gigante roja como es esta estrellita se encontró en un apuro...pues bueno...va y suelta lo que llevaba dentro: una serie de gases de diferentes contenidos que ... bueno, pues pensando que no la veía nadieee... va y lo suelta. Le puede pasar a cualquiera. Que careto pondrían los de Greenpeace si nos pilla por medio...ufff... 30.000 años dura el asunto. Eso si son gases, sí señor.

Lo que sucede es que los humanos -no todos desde luego- con cualquier cosilla tendemos a filosofar y encontrar parecidos donde no los hay. Eso me sucedió a mí mismo, en aquel lejano y maldito COU del 81 donde me encontré en la zona cero de la plasta filosófica que nos largó aquella innombrable filosofa de tercera que era la profa de literatura, margaritas en ciernes para la cultura que nos vimos bajo aquel pastel ácido y fétido y del que no nos recuperamos (dos o tres, no nos vayamos a creer...) nunca mais.

Aquel año, por cierto, solo se salvó el de filosofía, -que no hablaba de filosofía, sino de lo paranormal,y de cocina, lo cual fue de agradecer- año extraño que acabó a mitad de curso con Tejero largando su particular discurso en el Parlamento. Parece que fue ayer, leñes.

Y sin más disquisiciones, Dorina, queda propuesta la pedorreta esterlar, como cosa costumbrista en el universo que nos rodea; maja, a ver si lo puedes ilustrar... jajajaajaj....

Un Gran Beso Terraqueo.