<rss version="2.0" 
xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" 
>
<channel>
<title>Lorena Sanmillán</title>
<link>http://www.librodearena.com/lorenasanmillan</link>
<description>Tan bello es caer a tus pies...</description>
<language>es-es</language>



<image>
	<url>http://www.librodearena.com/imag/mujer.jpg</url>
	<title>Lorena Sanmillán</title>
	<link>http://www.librodearena.com/lorenasanmillan</link>
</image>
<generator>the-shaker v0.1. More on http://www.the-shaker.com</generator>


<item>
<title>Cuéntame, niña</title>
<link>http://www.librodearena.com/lorenasanmillan/post/2007/09/24/cuentame-nina</link>
<dc:date>2007-09-24T06:47:22+00:00</dc:date>
<category domain="http://www.librodearena.com/lorenasanmillan">RELATOS</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>Cuéntame, niña, cómo te gusta ordenar tus zapatos, de qué tamaño y color es la toalla con la cual te secas después del baño.</p>
<p>Cuéntame, niña, cómo acomodas tus perfumes en el tocador.</p>
<p>Cuéntame, niña, si te calzas primero el zapato izquierdo o el derecho, dime en que mano tomas tu llavero.</p>
<p>Cuéntame, niña, con cuántos hielos se puede intentar mitigar tu ardor.</p>
<p>Cuéntame, niña, cómo abrochas los botones de tu blusa, el de abajo, el de arriba o si empiezas por en medio.</p>
<p>Cuéntame, niña, si tomas cerveza cuando tienes calor, o abres un tinto o si tomas agua para desterrar la sed de tu garganta.</p>
<p>Cuéntame, niña, bajo que ritmo te pones a bailar.</p>
<p>Cuéntame, niña, los pasos que he de dar para saber consentirte.</p>
<p>Cuéntame, niña, los países que conoces, las ciudades que disfrutas, los recuerdos de infancia en la calle en que naciste.</p>
<p>Cuéntame, niña, cuántos besos hacen falta para despertar tus ganas.</p>
<p>Cuéntame, niña, cuáles rosas que prefieres en tus floreros.</p>
<p>Cuéntame, niña, si por las noches alguna caricia dactilar se cuela en tu volcán cascada.</p>
<p>Cuéntame, niña, cuál canción cantas cuando te levantas feliz y cual te hace tomar tequila en tus horas de melancolía.</p>
<p>Cuéntame, niña, si has tenido una bicicleta en la cual perseguir tus anhelos.</p>
<p>Cuéntame, niña, cuánta sal necesitas para que te sepan a magia algunas cosas en tu vida.</p>
<p>Cuéntame, niña, qué escogerías, si te ofrezco helado de fresa, chocolate o vainilla.</p>
<p>Cuéntame, niña, si en esa luna tuya cabe el amanecer de mi sol dormido.</p>
<p>Cuéntame, niña, si el cielo se rompe sobre tus ojos por las noches.</p>
<p>Cuéntame, niña, háblame de todas esas cosas que te hacen existir, cubre mi desnudez con tu misterio. Vísteme de ti.</p>
]]></content:encoded>
<comments>
http://www.librodearena.com/lorenasanmillan/post/2007/09/24/cuentame-nina#comentarios
</comments>
</item>

<item>
<title>Divertimento</title>
<link>http://www.librodearena.com/lorenasanmillan/post/2007/09/24/divertimento</link>
<dc:date>2007-09-24T06:46:10+00:00</dc:date>
<category domain="http://www.librodearena.com/lorenasanmillan">POEMAS</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>Tiraré los dados</p>
<p>en tu espalda</p>
<p>jugaré serpientes y escaleras</p>
<p>en el tablero de tu piel.</p>
<p>Desde que aparezca</p>
<p>la primer estrella</p>
<p>hasta que desaparezca</p>
<p>la última luciérnaga.</p>
<p>LSM</p>
]]></content:encoded>
<comments>
http://www.librodearena.com/lorenasanmillan/post/2007/09/24/divertimento#comentarios
</comments>
</item>

<item>
<title>Tú</title>
<link>http://www.librodearena.com/lorenasanmillan/post/2007/09/15/tu</link>
<dc:date>2007-09-15T06:35:23+00:00</dc:date>
<category domain="http://www.librodearena.com/lorenasanmillan">POEMAS</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>Marqueta de nuez con miel</p>
<p>cacahuate tostado con sal</p>
<p>cerveza con limón</p>
<p>mercurio en el termómetro</p>
<p>control remoto de la tele</p>
<p>teclado de una laptop</p>
<p>aire del balón en la final del campeonato.</p>
<p>Portada de un libro inédito</p>
<p>argumento de historia no escrita</p>
<p>lacre de una carta nunca enviada</p>
<p>tequila congelado en la garganta</p>
<p>quietud de mar encrespado.</p>
<p>Asfalto en la carretera</p>
<p>sexta cuerda de la guitarra</p>
<p>tablita de partir quesos</p>
<p>primera fila en el concierto</p>
<p>invisible umbral del escenario.</p>
<p>Mantel bordado a mano</p>
<p>corcho de tinto malbec</p>
<p>melodía en silencio</p>
<p>tinta de pluma fuente</p>
<p>alkaseltzer de los excesos.</p>
<p>Cariátide en el Taj Mahal</p>
<p>nenúfar nativo del desierto</p>
<p>pigmento de piel morena</p>
<p>arcada renancentista</p>
<p>coartada de crimen perfecto</p>
<p>atardecer mediterráneo</p>
<p>antorcha encendida en el Olimpo</p>
<p>cuerda en el paracaídas</p>
<p>pólvora de juegos pirotécnicos.</p>
<p>LSM</p>
]]></content:encoded>
<comments>
http://www.librodearena.com/lorenasanmillan/post/2007/09/15/tu#comentarios
</comments>
</item>

<item>
<title>Mira si yo te querré</title>
<link>http://www.librodearena.com/lorenasanmillan/post/2007/09/10/mira-si-yo-te-querre</link>
<dc:date>2007-09-10T06:25:43+00:00</dc:date>
<category domain="http://www.librodearena.com/lorenasanmillan">RELATOS</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>La mirada más bella de todas las miradas posibles. Esta es la última línea del libro que acabo de leer. Atravesé el punto más angosto de un embudo con todas las emociones de la última página envolviendo en un turbante el rescoldo de mi corazón y al final solté la tensión acumulada en forma de lágrima. Hace mucho que no me sucedía eso, por tal razón vale la pena compartirlo.</p>
<p>Los títulos son pieza clave de las obras artísticas. En lo personal, me molestan los poemas, cuentos y pinturas “Sin título”, denuncian la falta de creatividad, la poca disciplina aunque también son señales de espontaneidad y permiten que el espectador se involucre con la obra al ponerle su propio nombre. En este libro, Mira si yo te querré, el título tiene tanto que ver con la trama que resulta difícil imaginar otro. Además, condensa la historia en una línea y para resumir en cinco palabras una novela que implica tantas variables, se requiere maestría.</p>
<p>Luis Leante comparte su afán literario en la octava de sus obras de largo aliento, ganadora del Premio Alfaguara de Novela 2007. El título ya me había atrapado, la mercadotecnia también había hecho lo suyo con mi sed de lectura, pero lo definitivo fue la presentación que Felipe Montes hizo en el antiguo Palacio de Correos, en Monterrey. El poeta, sensible por definición, transmitió su visión basado en conceptos literarios. Señaló el ritmo fluido y preciso, la estructura no lineal, el narrador dosificador de la tensión y la información, el desierto como un personaje y una canción como hilo conductor. Por encima de los demás conceptos artísticos, eso de la melodía me atrapó.</p>
<p>Nunca olvidamos la canción que estaba de moda cuando nos enamoramos por primera vez, o la que bailamos con nuestro primer amor o aquella que nos cantaron en una serenata. Nunca. Y este no es un tema relevante, hasta tiene su tinta de cursilería, lo trascendente es saber tejer una historia interesante justo como hace el escritor español.</p>
<p>Hay que tener ciertas dotes de saltimbanqui y una brújula para adentrarnos en la aventura, los personajes y los diversos tiempos en que sucede la acción, pero una vez que estamos inmersos en el desierto, pasando por Barcelona y regresando de las jaimas a la ciudad de Gaudí, ya somos habitantes del universo donde suceden las cosas. La empatía aflora con el diseño de los personajes y el modo en que nos cuentan su historia. Todo el tiempo se va desdoblando ante nuestros ojos. Se nos entregan las piezas de un romántico mecano que se desdobla en la mesa dando paso a un penélope contemporáneo que no renuncia a su dosis de drama.</p>
<p>Compré el libro en Bellas Artes, en mi viaje a México, pero estaba en la fila de libros por leer. El miércoles pasado, fui al IMSS a hacer unos trámites. Sin saber, escogí el sitio más adecuado para conocer a la protagonista, Montserrat Cambra, doctora barcelonesa, quien encuenta entre las pertenencias de una paciente agónica una fotografía donde aparece Santiago San Román, su novio de juventud a quien dejó de ver después de encontrarlo en una cafetería con una rubia. Montse quedó embarazada. Santiago se fue a Zaragoza a cumplir con el servicio militar.</p>
<p>El oficio diario del soldado, es su virtud y defecto existencial.  Lo mismo le sirve para conseguir ascensos que después ameritar el calabozo. Mi frase emblemática todo puede empeorar cobra su cuota en el capítulo donde a pesar de todos sus esfuerzos y habilidades y después de atravesar muchos vericuetos, llega a esa cita que el destino tenía pactada para él desde el día de su nacimiento. La tragedia sucede y lo envuelve. Una capa más en el inventario de infortunios.</p>
<p>Montse, al encontrar la foto, da un repaso a su vida y decide ir a buscarlo. Indaga sobre su paradero y esto la conduce al desierto. Planear los viajes es asunto de emoción, que sucedan cómo uno se los imagina resta espacio a las sorpresas. Cuando aterriza cerca del Sáhara, su itinerario de reencuentro orbita fuera del espectro de las cosas esperadas. El dibujo irrepetible de las dunas es una metáfora de las relaciones humanas. La imagen de un dromedario muerto a mitad del desierto es de una amargura tal que no hay dátiles suficientes para cubrirla de dulzura. El veneno de un alacrán conducirá a Montse a dar por terminada su búsqueda.</p>
<p>La misma canción de aquella noche que bailó con él, en ese momento inolvidable, sonará en el desierto de su alma cuando frente a ella vuelva a ver la mirada más bella de todas las miradas posibles. Y entonces, cerraremos el libro, tomaremos los kleenex, aplaudiremos a Leante y correremos al espejo a reencontrarnos con nosotros mismos y con ese pasado que se indigna tanto cuando creemos que podemos reeditarlo; pero todas las historias son distintas y tal vez haya por ahí alguien que haya podido lograrlo.</p>
<p>LSM; Septiembre 2007</p>
]]></content:encoded>
<comments>
http://www.librodearena.com/lorenasanmillan/post/2007/09/10/mira-si-yo-te-querre#comentarios
</comments>
</item>

<item>
<title>Sólo quería escribir un poema</title>
<link>http://www.librodearena.com/lorenasanmillan/post/2007/09/04/solo-queria-escribir-poema</link>
<dc:date>2007-09-04T10:30:08+00:00</dc:date>
<category domain="http://www.librodearena.com/lorenasanmillan">RELATOS</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>Triste andaba. Aletargada en lo desconocido de mis cotidianeidades y dándole forma a una lágrima que caería por mis mejillas hasta que lograra el óvalo perfecto para dejarla brotar. Encendí el coche para moverme por inercia en un mundo que poco a poco se va convirtiendo en ruinas a mi alrededor. La frase vino a mi mente mientras metía reversa para salir de la cochera: El bisturí de tu adiós se abrió paso en mi piel ex profeso…bien, buen principio, sonaba bien. La garabatee en mi libreta de notas a como pude frente a un semáforo en rojo.</p>
<p>Llegué al Gargantúa con el germen de lo que pensé podría ser un buen poema. La exposición de fotografías versaba acerca de rupturas. A veces, la sincronía con el mundo no es algo que provoque sonrisas. Diversas heridas colgaban en la pared. Decidí quitarme los anteojos, así percibiría las imágenes difuminadas por la miopía.</p>
<p>Seguí sobre mi idea. El bisturí tendría que llegar al corazón; sí, pero no sabía cómo. No sonaba fácil que sólo al clavarlo fuera a dar al miocardio. Tendría que atravesar diversas capas de piel, membranas, tejidos. Necesitaba documentarme para que el poema tuviera su dosis de realidad y después trabajar en las metáforas. Regresé a casa dándole vueltas a mi primera línea. Cuando vi las placas del coche que estaba estacionado frente a la casa sentí que la sincronía con el mundo había vuelto a su orden perfecto, acordándose de mí, incluyéndome en el ritmo del mundo. Rosario, la doctora, había venido a visitarnos.</p>
<p>Entré a casa con la pregunta en los labios, pero la cortesía demanda primero saludar, comentar las noticias de la nota roja, preguntar por su trabajo, por el hijo. Además la noche era joven, apenas pasaba de las nueve de la noche. Busqué el momento oportuno para askear mi question, pero ninguno me resultaba prudente. ¿Te sirvo café—no sabes qué atraviesa un bisturí para llegar al corazón? ¿Quieres hielos—cómo se llaman las capas de la piel?</p>
<p>La generosidad existe también en los invitados. Fue ella quien sacó el tema. ¿Y cómo vas con tus escritos? Poca cosa, casi nada, por cierto, ¿me podrías ayudar con un poemita que trato de escribir? Sucede que tengo una primera línea pero no sé cómo continuar. ¡Ah! ¡Claro que puedo ayudarte!</p>
<p>La doctora empezó relatándome un caso que llegó a la sala de urgencias durante el primer día de su residencia. Llegó una muchacha desnucada, se había caído de un caballo y la trasladaron en una camioneta, desde el sur de la ciudad hasta el Hospital Universitario. Más de una hora de travesía. La chica llegó muerta. Es que en urgencias ves cada caso. ¿Y el corazón? Preguntaba yo desde el silencio de mi estupefacción.</p>
<p>Ella siguió con el hilo de la conversación, monopolizándola. Argumentó en contra de las series de televisión que involucran doctores, se burló de cómo resuelven las cosas, de la tecnología inexistente, pero defendió al Dr. House. Habló de los casos y de cómo los practicantes se los pelean y de las novatadas a los internos.</p>
<p>Ahogada en sonrisas nos contó cuando en un accidente llegó el director de cierta preparatoria con su acompañante femenina. Todos pensaron que era la esposa y no escatimaron esfuerzos ni recursos para atenderla de inmediato. PRIO-RI-TA-RIO decía en la etiqueta de todos los procedimientos que le mandaron hacer, necesarios o no. Cuando falleció, como el hombre estaba grave e inconsciente, alguien tomó la iniciativa de avisarle a los hijos que habían perdido a su madre. La fallecida no era la esposa sino la amante. La buena noticia significó el despido y el divorcio para alguien.</p>
<p>De Urgencias pasó a la rotación en Ginecología. Entonces vivió muchas cosas que la hicieron temblar cuando se embarazó. Llegó a tener a su hijo por parto natural y éste derivó en cesárea. Supe entonces cómo se llama la incisión esa que se hace en la entrada de la vagina para que el producto pueda pasar con mayor facilidad. Supe de las maniobras que a veces se tienen que hacer para extraer la placenta sin dañar el útero. Supe exactamente cada detalle del nacimiento de su hijo adolescente. ¿Y el corazón? La esperanza, dicen, es lo último que muere y  a las once de la noche aún esperaba que resolviera mi duda.</p>
<p>La cátedra continuó. Sobre los dializados, los enfermos terminales, las exigencias de los que van a cirugía, las veces que le han vomitado sobre su bata limpia, el pleito que tuvo en el consultorio cuando le diagnosticó a una mujer monógama el virus del papiloma humano y cómo el marido casi la asesina por descubrirle sus actividades extramaritales.</p>
<p>A la una de la mañana, bostezando, la despedimos en la puerta de la casa. Afuera hay un mosaico medio flojo. Repárenlo pronto, la otra vez llegó al hospital un hombre con la clavícula rota porque se cayó de un escaloncito así de pequeñito y ya me voy, porque los peores accidentes ocurren de madrugada. Y se fue. Y del bisturí y del corazón ya no supe nada.</p>
<p>LSM; Septiembre 2007</p>
]]></content:encoded>
<comments>
http://www.librodearena.com/lorenasanmillan/post/2007/09/04/solo-queria-escribir-poema#comentarios
</comments>
</item>

<item>
<title>Génesis</title>
<link>http://www.librodearena.com/lorenasanmillan/post/2007/09/04/genesis</link>
<dc:date>2007-09-04T10:28:58+00:00</dc:date>
<category domain="http://www.librodearena.com/lorenasanmillan">RELATOS</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>La diagonal Luis Mora que tiene su punto de partida en la Casa de la Cultura, sitio de mi primer encuentro con el arte. Apenas cantar en la audición para el taller de música, me mandaron a pintura o escultura. La calle Juárez y el edificio de departamentos abandonado, hoy guarida de maleantes pero que en los ochentas era de lo más impresionante. Ocho pisos, elegantísimo y en esquina con sus ventanas orientadas hacia nuestro centro comercial de infancia, el Mercado del Norte, donde mamá compraba plátanos cuando íbamos a casa de la abuela porque nunca hay que llegar de visita con las manos vacías.  La cafetería de Panchito Peña, donde adquiríamos el pan de la merienda dominical. El coctel de camarones, premio a las buenas calificaciones. Félix, en su joyería, reparando siempre los mismos relojes frente a la dulcería donde surtíamos la tienda.</p>
<p>Las señoritas de la vida galante luchando por hacer gala en su vida. Los fierreros que sabrá Dios cómo sobreviven de vender herramientas oxidadas y bocinas desbocinadas. La señora rubia chamagosa que desarma las balastras quemadas y después las repara; dicen que tiene a sus hijos estudiando en Canadá. El depósito a media calle, donde se detienen los sedientos a comprar cerveza para seguir la parranda. La paletería Lupita y las paletas de limón que comprábamos al salir de la primaria. Las tostadas de Don Nacho, preparadas con sus manos sucias y envueltas en una margarita. Don Pepe, que vendía silbatos, cerbatanas, huleras y rentaba videomágicos por diez centavos.</p>
<p>La carpintería de Clemente, que saca su virgen de San Juan de los Lagos para que bendiga su oficio de hacer muebles. La casa de Doña Leocadia, que jamás le cortaba la trenza a  Fernando, porque habría de cumplir una manda cuando cumpliera diez años. Salomé sonriéndome desde su Alzheimer, sin recordar la vez que le hice una broma en el kínder. La frutería de las cuatas, donde su padre siempre me ofrecía mandarinas y piñones. El salón de fiestas de la CTM, donde supe lo que era una piñata y un baile de cintas. La casa abandonada de Maru, que se sacó la lotería y jamás volvió para el barrio. La casa de los Carvajal, hundida diez escalones con respecto al nivel de calle. Don Sofío vendiendo elotes, diciéndome otra vez que no me preocupe, que tengo crédito abierto. Sus hijos: Rito, Mónico y Carolino, una oda al feminismo.</p>
<p>La panadería de los Balderas, donde no podíamos ir porque su padre había sido galán de Doña Manuela y hasta su muerte esperó que ésta quedara viuda para casarse con ella. Entoncés íbamos con Juanito, fanático de los Sultanes, que sigue vendiendo su pan chiquito, pan de pobre, a un peso la pieza. Las donas son caras, porque tiene su chiste hacer el hueco del centro con una corcholata y esas cuestan unocincuenta, pero si compras tres, te regala una campechana. La carnicería Minerva, convocando al vecindario con sus olores sobre las seis de la tarde que indicaban que los chicharrones de res ya estaban listos en el cazo, pero primero había que hacer fila en la tortillería para tener el placer completo con las tortillas recién hechas.</p>
<p>Los futbolitos del Warren, donde íbamos a escondidas, pues teníamos prohibidísimo acercarnos por ahí. Después supimos que vendía droga en paquetitos de cigarros Delicados, ¿Delicados o delincuentes? Mucho tiempo me tomó comprender el código de su ilicitud. La casa del Ruso y su hermana Susana, a quien le cantábamos esa canción de Menudo cuando estaba de moda, porque pasaba frente a la casa cuando andaba de romance con Edgar, el guapo y la guapa del barrio. Nunca se ha escrito más original y bella historia de amor. Mi amor de verano se llama Susana, se llama Susana… Para que te lo sepas, él nos pagaba, Susana, y una coca, repartida entre cinco, no era para desperdiciarla. Mucho menos si había que tomarle del pico y pasarla, tal y como lo hacen algunos albañiles con su caguama.</p>
<p>La tienda de los Güeros, donde vendían barajitas para los albums. La casa del General, que no dejaba que sus hijas salieran al patio. La finca del Hermano Lara que siempre dijeron que la hicieron sin cimientos y aún es fecha que espero se caiga. El taller de Américo con sus coches chatarra. Las papelerías contiguas haciéndose competencia. La maldita casa de la cruel Toñita, la única mujer que sabía poner inyecciones. Desde la ventana del segundo piso, el arquitecto trabajando en su restirador. La Tienda Nueva, donde mi abuelo me compraba jugos y carros y donde se quedó un trozo de mi nariz y la perfección de mi barbilla. La Casa Blanca, residencia del Doctor, por antonomasia el rico del barrio, de paredes blancas, barandal blanco y coche blanco. La estética Del Alto, el paraíso de la transformación.</p>
<p>El amante de Doña Canuta pasando a visitarla los jueves, cinco de la tarde. Secreto a voces, de esos que todo mundo sabe. Don Chema Choques, con su coche golpeado.  Don Sasquash camino a Cervecería para llenar su tina de agua, pues no quería darles molestias a los hijos cuando quedó pensionado. La casa de los Mina, que no devolvían la pelota cuando se te iba a su jardín.  Mi tío Carlos, vencido por su artritis, recargado siempre en el árbol. El canelo del que teníamos provisiones para los tirabolitas. Todo este camino he de recorrer para llegar de nuevo a posar mis manos sobre el barandal verde en la casa de mi madre, donde todos mis pasos comenzaron.</p>
<p>LSM; Septiembre de 2007</p>
]]></content:encoded>
<comments>
http://www.librodearena.com/lorenasanmillan/post/2007/09/04/genesis#comentarios
</comments>
</item>

<item>
<title>Inventario</title>
<link>http://www.librodearena.com/lorenasanmillan/post/2007/08/29/inventario</link>
<dc:date>2007-08-29T02:17:48+00:00</dc:date>
<category domain="http://www.librodearena.com/lorenasanmillan">RELATOS</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>En la maternidad, en la iglesia, en el jardín de niños, graduación de primaria, secundaria y facultad; en la maestría y en el quehacer profesional. Antes de la comida, en la sobremesa, invitada a desayunar, al charlar en las meriendas o lavar los platos al terminarse la cena.</p>
<p>En la orilla del mar, en la Torre Eiffel, <em>en la Puerta del Sol como el año que fue</em>, en la Ópera de Viena, frente a la casa de Kafka, A los pies de Abu Simbel, tras la sombra de la Esfinge, en el Domo de Florencia, en las bancas del Parque Guell, a la sombra de la Giralda. En la oficina, a media calle, en el barandal de mi casa. Escritos en papel cebolla, garabateados en papel kraft. Con tinta china, en carboncillo y sobre telas de lino con lápiz labial.</p>
<p>Sin ganas, sedienta, ansiosa, desconcertada. Insomne, infeliz, meditabunda, encabronada. En los encuentros, en las despedidas, al aprobar un proyecto o posponer alguna cita. Desnuda, bañada en sudor, con vestido largo, en mezclilla y blusa de rayas, por encima de una mascada. Robados, ajenos, accidentales, erróneos, apresurados, lentos, deseados, imaginados, ganados. En las cicatrices de mi rostro, sobre mis párpados, las manos, los hombros, el cuello, en todos los intersticios que tiene mi cuerpo.</p>
<p>En el tren, en el funicular, en el aeropuerto, en la librería, en Bellas Artes, en Los Azulejos, en el museo, en las gradas del estadio, en la oscuridad del cine, en la duela del gimnasio, en los segundos inconclusos, en las horas de ensoñación. En el bosque, en el desierto, bajo la luna, detrás del sol.</p>
<p>Inscritos con fuego en la memoria sensorial. Olvidados al amanecer. Tantos, cuántos, demasiados pero nunca suficientes. He tenido de muchos colores, aromas, esencias, alientos; pero siempre buscaré, sobre todo en noches como ésta, cuando llueve nostalgia sabor chocolate, el beso que no nos atrevimos a darnos estando tan cerca en esa mesa de billar el primer viernes que aceptaste salir conmigo.</p>
<p>Lorena Sanmillán</p>
]]></content:encoded>
<comments>
http://www.librodearena.com/lorenasanmillan/post/2007/08/29/inventario#comentarios
</comments>
</item>

<item>
<title>Volver a verte</title>
<link>http://www.librodearena.com/lorenasanmillan/post/2007/08/20/volver-verte</link>
<dc:date>2007-08-20T04:57:24+00:00</dc:date>
<category domain="http://www.librodearena.com/lorenasanmillan">RELATOS</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>Ayer te vi. Iba en mi coche, tú caminabas por la calle. Me pasé en ámbar por seguir tus pasos. Una mezcla violenta de miedo, desconcierto y alegría se alojó en mi pecho. Se me llenaron los ojos de lágrimas y la garganta de silencio. Toda saliva se fue de mi boca y todo aliento abandonó mis pulmones. Llevabas la misma ropa con la que te vi por última vez, ese, tu uniforme de guapo, como tú le decías.</p>
<p>Entraste a una zapatería ¿Tú, comprando zapatos? Me estacioné para no perder detalle de tus gestos. Pensé que te había confundido con alguien más, pero el tic que aparece en tu mejilla cuando gastas dinero en cosas innecesarias, tacaño irredimible, me confirmó que eras tú.</p>
<p>El momento ameritaba un cigarro. Busqué en mi bolsa, desviando la mirada de tu figura. Al volver la vista a la tienda, ya no estabas. Pregunté por ti, dijeron que no esperaste ni la feria y que aunque parecía que tus pies eran más grandes pediste un número más chico y te quedó perfecto. Me indicaron por donde te fuiste. Di varias vueltas a la manzana pero no pude encontrarte. Tal vez tomaste el primer taxi que viste. Tal vez cruzaste la calle.</p>
<p>Un encuentro común, nada digno de comentarse. Te veo, te pierdo de vista y de ello no hay nada rescatable. Así es y así sería, si no fuera porque hace un año, cubierto de nardos, en aquel cementerio te dijimos adiós, enterrándote descalzo.</p>
<p>LSM</p>
]]></content:encoded>
<comments>
http://www.librodearena.com/lorenasanmillan/post/2007/08/20/volver-verte#comentarios
</comments>
</item>

<item>
<title>Diario de un romance</title>
<link>http://www.librodearena.com/lorenasanmillan/post/2007/08/14/diario-un-romance</link>
<dc:date>2007-08-14T05:52:12+00:00</dc:date>
<category domain="http://www.librodearena.com/lorenasanmillan">RELATOS</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>La primera vez fue sólo porque me gustaba.</p>
<p>Un par de miradas y después a la cama.</p>
<p>La segunda porque no puso trabas</p>
<p>y nos quedamos con las ganas.</p>
<p>La tercera ya fue un poco más planeada.</p>
<p>La cuarta hasta intentamos entablar plática.</p>
<p><em>A propósito, ¿tienes compromiso?</em></p>
<p>No respondí.</p>
<p>La atmósfera se tornó extraña.</p>
<p>Sonrió y se fue sin decir nada.</p>
<p>Lorena Sanmillán; Agosto 2007</p>
]]></content:encoded>
<comments>
http://www.librodearena.com/lorenasanmillan/post/2007/08/14/diario-un-romance#comentarios
</comments>
</item>

<item>
<title>Amante bandido</title>
<link>http://www.librodearena.com/lorenasanmillan/post/2007/08/11/amante-bandido</link>
<dc:date>2007-08-11T23:22:14+00:00</dc:date>
<category domain="http://www.librodearena.com/lorenasanmillan">RELATOS</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>“La Pava” y su familia, todos cristianos, no faltaban los domingos al servicio de la Iglesia Esmirna. No sólo iban a escuchar, eran participantes entusiastas de todas las actividades. La hermana mayor cantaba con los adolescentes, la madre coordinaba el coro y el padre daba clases a los párvulos. Él recogía la ofrenda y hacía servicio comunitario.</p>
<p>Además de ser rubio, se distinguía de los demás muchachos por callado. Le decían “La Pava”, porque de pequeño, dentro de la influencia pagana del vecindario de clase media, había aprendido a bailar esa cumbia del mismo nombre que estaba de moda cuando él tenía dos años.</p>
<p>A mí, por respeto a su familia, a su amistad con mis hermanos, a su edad, pero sobre todo por no concordar con el género, me resultaba muy difícil llamarlo así. ¿No debería ser “El pava”? Pasaba horas buscándole la lógica a su apelativo. Sin embargo, no recuerdo su nombre y menos aún porque siempre se movió entre apodos. Y así será recordado para la posteridad, por lo menos en el barrio, y ahora con el internet, a nivel mundial.</p>
<p>Las noticias comunes de la colonia, bautizos, bodas, graduaciones, se interrumpieron ese verano de principios de los ochentas con la noticia. Mi ciudad era tranquila en esa época y un caso así era de escandalizar. El vendedor de periódicos, en un afán creativo, anunciaba el encabezado de la nota en la sección local <em>Venga a ver, el amante bandido, de aquí, sí de aquí del barrio, venga a ver, el amante bandido…</em>Ingenioso al tomar de bandera la canción de Bosé y subrayando el asunto de que el sujeto en cuestión era del barrio, pronto salieron los vecinos a comprarle su mercancía movidos por el morbo y la curiosidad.</p>
<p>El amante bandido, se ganó su apodo porque le robó a su amante, la esposa del dueño de la entonces clásica tiendita de la esquina, una gran cantidad de dinero. Se trataba de un robo hormiga. Cada que iba a su visita conyugal, pasaba por la caja, y tomaba su propina. El esposo pensaba que su señora estaba gastando dinero en alguna cosa para ella o ahorrando para comprar algún mueble. Nunca hubo sospechas. Que Doña Esther tuviera un amante ya era suficiente noticia, pero aún faltaba la identidad del hombre.</p>
<p>El caso fue descubierto porque la madre del adúltero le encontró el dinero debajo del colchón. Siendo un joven de escasos ingresos no tenía cómo justificar tales entradas de efectivo a menos que las hubiera sustraído de las ofrendas que recogía los domingos, pero era tal cantidad que se incluirían las iglesias de varias ciudades en el conteo. Padre y madre, dolidos y avergonzados, lo hicieron confesar. Primero, por supuesto, habría que devolverle el dinero a la Iglesia, reconocer sus pecados, expiar culpas.</p>
<p>El silencio y la sorpresa, bailaron a su ritmo el vaivén de la anécdota, ida y vuelta y viceversa. El dinero era de la tienda. El chamaco tenía una relación con la señora dueña.</p>
<p>“La Pava” cambió su apodo por “El amante bandido”  pues fue tal el asombro que estuvo en los encabezados de los periódicos locales que así fue llamado en todos ellos. Hasta en las noticias de la televisión, cuando iban a pasar avances de la noticia, ponían de música de fondo la canción. Segura estoy que Miguel Bosé jamás pensó en semejante promoción.</p>
<p>Lorena Sanmillán; Agosto 2007</p>
]]></content:encoded>
<comments>
http://www.librodearena.com/lorenasanmillan/post/2007/08/11/amante-bandido#comentarios
</comments>
</item>

<item>
<title>Don Diablo</title>
<link>http://www.librodearena.com/lorenasanmillan/post/2007/08/10/don-diablo-2</link>
<dc:date>2007-08-10T05:37:53+00:00</dc:date>
<category domain="http://www.librodearena.com/lorenasanmillan">RELATOS</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>Fernando, el vecino, gritó mi nombre frente a la casa de mis padres aquella noche. Estábamos en segundo año de la primaria. ¿Sería 1981, 1982? Salí a ver de qué se trataba el asunto.  ¿Tienes una camisa roja que me prestes? Sí ¿Y unas mallas? ¿Unas mallas? ¿Para qué quieres tú unas mallas? ¡Es que voy a salir en la asamblea de mañana! ¿Y? ¡Voy a bailar! ¿Qué vas a bailar? ¿Las tienes o no? Sí, pero ¿qué vas a bailar? Todo esto lo dijimos a través del barandal, mientras le abría la puerta.</p>
<p>Entramos a la casa y entonces me contó que iba a bailar la canción de moda Don Diablo, la de Miguel Bosé, esa que ponían en casi todas las estaciones del radio, la pegajosa que mucha gente cantaba, la que estaba en la lista de las Trece de Radio Trece la que todo mundo se sabía, pero no, no Fernando.</p>
<p>Y es que él era muy serio y muy alejado de la definición de bailarín. Le gustaba el futbol y andar en bicicleta. Lo último que hubiera imaginado era verlo danzar así como el español, ni siquiera intentarlo. No había punto de comparación: Bosé desinhibido, aventurado, encantador: todo lo contrario de mi vecino. Buscamos la camisa y las mallas. Platicamos un rato. Se fue.</p>
<p>Dormí con una sonrisa en los labios. No podía imaginarlo. Todo cuanto quería era que amaneciera para verlo bailar. Una parte de mí moría de curiosidad; la otra de un morbo de lo más cruel por ver hacer el ridículo a mi mejor amigo. Todo afecto tiene sus bemoles.</p>
<p>La asamblea comenzó según lo esperado. Los himnos, la parte cívica del asunto y después los bailables recreativos. Anunciaron “Don Diablo”, dieron una semblanza de Miguel Bosé y comenzaron a bailar.</p>
<p>Inolvidable. Fernando parecía embutido. Mi camisa le quedaba justita justita y las mallas lo hacían fluir al ritmo de una canción que sólo él escuchaba y muy distinta a la que sonaba en los altoparlantes de la escuela. Movía los brazos a la izquierda … te agarra, muy suavemente… mientras todos los demás se movían hacia la derecha… te acaba en un pis-pas… Cuando terminó la canción, aplaudimos todos, pero no le aplaudíamos a todos. Sólo a él y a su madre que orgullosísima le tomaba fotografías. Contarlo no sólo es un modo de inmortalizarlo, es además un merecido homenaje por su valentía. Yo hubiera querido hasta darle un beso chiquitín con un swing, por aquí, por allí, pero no me atreví. Si hasta el Diablo sabe a quién se le aparece.</p>
<p>Lorena Sanmillán; Julio 2007</p>
]]></content:encoded>
<comments>
http://www.librodearena.com/lorenasanmillan/post/2007/08/10/don-diablo-2#comentarios
</comments>
</item>

<item>
<title>Deja que</title>
<link>http://www.librodearena.com/lorenasanmillan/post/2007/08/10/don-diablo</link>
<dc:date>2007-08-10T05:29:47+00:00</dc:date>
<category domain="http://www.librodearena.com/lorenasanmillan">RELATOS</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>Eran las cuatro de la mañana cuando me fui a acostar. Muchos pendientes en mi vida insomne. Ayer se descompuso tu coche y me ofrecí a llevarte a tu trabajo. Hubiera sido mejor no dormir, así no hubiera andado medio zombi.</p>
<p>Desvelada y todo, manejé más kilómetros de los que estoy acostumbrada. Llegué a tu casa con el tiempo justo. Amante de la puntualidad, ya estabas lista. Me esperabas con un café, sin leche ni azúcar, en la mano derecha y en la otra, tu prisa absoluta de castañuela en rambla.</p>
<p>Nos dirigimos hacia tu trabajo. Intenté disipar tu preocupación por la hora contándote chistes y anécdotas de mi vida. Quería verte sonreír y sólo conseguía lo contrario. Sugeriste que pusiera el noticiero, pues querías escuchar la hora y los consejos sobre el tráfico para indicarme una mejor ruta a seguir.</p>
<p>Una vez más me negué a circular por el acotamiento. No te pareció buena idea. Empezó tu nerviosismo. Se tensaron las venas de tu cuello y decidí hacer el resto del trayecto callada. Aunque te veías linda en tu uniforme obvié el piropo presa de la timidez.</p>
<p>Llegamos cuatro minutos antes de la hora en que tenías que marcar tu tarjeta. Bajé del coche para abrazarte y desearte buen día. Apenas me abrazaste, pendiente como estabas del reloj checador. Ni tu perfume pudo quedarse conmigo en un roce así de intempestivo.</p>
<p>Al regresar al auto, el noticiero había terminado y la estación programó música. Como si lo hubiera pedido, Bosé cantaba Deja que sepa más de ti, cómo haces el amor, con qué tomas el café… cómo te gusta el baño, di, deja que haga algo por ti, que te lleve a trabajar… La plenitud del instante cubrió el hueco del sueño.</p>
<p>Y tú, que escuchabas la misma canción en la música ambiental de tu trabajo, redondeaste el momento, enviándome la estrofa en un mensajito al celular mientras sonreías desde la ventana de tu oficina, compartiendo así, a la distancia, lo que había deseado desde que amaneció.</p>
<p>Lorena Sanmillán; Marzo 2006</p>
]]></content:encoded>
<comments>
http://www.librodearena.com/lorenasanmillan/post/2007/08/10/don-diablo#comentarios
</comments>
</item>

<item>
<title>Amiga</title>
<link>http://www.librodearena.com/lorenasanmillan/post/2007/07/31/amiga</link>
<dc:date>2007-07-31T18:41:51+00:00</dc:date>
<category domain="http://www.librodearena.com/lorenasanmillan">RELATOS</category>
<content:encoded><![CDATA[<p><em>Basado en una canción de Miguel Bosé y con la gran esperanza de que algún día lo pueda leer. LSM</em></p>
<p>Para C y L</p>
<p>Escúchenlo. Disfrútenlo. Compártanlo. Que bien que lo merece. El nuevo disco de Miguel Bosé <em>Por vos muero </em>ocupa casi todo el espectro de los adjetivos calificativos de mi obvia subjetividad. Sus historias fantásticas, contadas como siempre con esa maestría que lo caracteriza. El material es una caricia para los oídos y para la nostalgia.</p>
<p>Sobre todo, vale mucho la pena el comentar la nueva versión de "Amiga". El universo entero se queda pequeño comparado con la belleza que encierra esta canción. Bosé convence con aquello de que acompañadas de su música no habrá ninguna noche oscura ni tampoco el frío tendrá necesidad de llenar los rincones del alma.</p>
<p>No sé en qué momento existencial el autor escribió esta canción -de las pocas que interpreta Bosé que no son de su autoría- pero se me antoja que la escribe después de haber vivido una relación con una mujer, en esa etapa difícil cuando terminas y te encuentras en esa fase de querer recobrar la amistad de esa persona de la que te enamoraste pero que ya no amas más o viceversa.</p>
<p>¿Por qué es tan difícil conservar la amistad después de tener una relación? ¿será asunto personal o será asunto general? ¿será que después de darle todo se te hace poco darle sólo la mitad? ¿será que hay que evolucionar? ¿será que después de hay que aprender a ser amigas y se confunden los lenguajes y todo idioma cobra un significado distinto? ¿será que antes de hay que plantear bien claras las cosas?</p>
<p>Lo que sea que sea, esa época duele mucho y varias relaciones mueren en el intento. Quizá no había nada de argumento y por eso no se podía escribir una historia fuera de la llama de la pasión que siempre se apaga, que es eterna mientras dura.</p>
<p>Un preludio coral melancólico nos da la bienvenida. La melodía nos transporta de inmediato al recuerdo de la primera versión, también maravillosa dentro de su contexto. La orquestación nos arrulla y una breve arpa grave nos conduce hasta la voz tristona e intensa de Bosé, como si fuera una lágrima cayendo por la mejilla de una persona que detrás de la ventana ve llover en la lejanía. Hasta puede sentirse el frío del momento.</p>
<p><em>Ahora que te busco y tú no estás recuerdo que sólo la tristeza quiere hablar conmigo ahora que la lluvia se ha llevado el último jirón de tu vestido, ahora que he olvidado lo que soy, recuerdo en el pasado lo que he sido.</em> Todo ha terminado y comienzas el recuento de lo que pasó. Quieres aprender la lección o repartir culpas. Ese momento de recomponerte, de reconstruirte después de terminar, cuando olvidas lo que eres y recuerdas lo que has sido en el pasado. No comprendes nada y tienes mil preguntas en tu cabeza. Si alguna vez fuiste tan feliz, cómo es que estás tan triste ahora, cómo es que saldrás de ahí. Cómo es que se pudo acabar, cómo pudieron dejarte. Qué hiciste o qué te faltó hacer para que las cosas sucedieran tal como acontecieron.</p>
<p><em>Si he sido lo que fui fue por tu cuerpo si he sido noche fue tu noche quien lo quiso. Si he sido beso es que mis labios aprendieron a ser beso para ti. Si he sido lo que soy fue en tu regazo. Si he sido vida fue por darte a ti la vida.</em> Y todas las noches de pasión regresan a la convocatoria de recuerdos gratos. Y te gana la envidia de saber que alguien más la tendrá en sus brazos, en su cama y si te pones espiritual hasta en su alma. Ya no es tuya, ya no eres de ella y ya no tiene importancia si aprendiste a ser beso tierno, a ser caricia apasionada para que ella lo disfrutara. Quizá también piensas en que nunca supiste disfrutarla o que nunca te entregaste a plenitud. Y algunas veces, puede verse con tristeza, también sucede que aquella mujer a cuya boca tu vagina le dio los mejores orgasmos ya ni siquiera puedes saludarle porque la relación terminó en muy malas condiciones. Le mostraste mucho más que tu desnudez y ahora ni siquiera de lejos se pueden ver.</p>
<p><em>Amiga. Amiga. Qué dulce esa palabra y qué sencilla esa palabra suena hoy. </em>Y quisieras ser amiga y la sola palabra suena tan dulce y tan sencilla, tal como dice Bosé, pero tan lejana e inasible cual horizonte al atardecer.</p>
<p><em>El tiempo no fue tiempo entre nosotros, estando juntos nos sentimos infinitos y el universo era pequeño comparado con lo que éramos tú y yo. </em> Así era. Tan familiares como la sombra. Hilvanadas en la piel. Así era. Reflejadas como espejo. Y ahora la distancia entre las dos es tanta que ni siquiera puedes atreverte a medirla en algún múltiplo de metro. No existe la medida exacta, aunque sepas que se trata de una actitud. Perdonar. Olvidar. Madurar. Aprender. Conciliar.</p>
<p><em>Si fuiste lo que fuiste fue en mi casa, que para ti fue tu palacio y tu guarida.</em> Y esa casa que le abriste para vivir juntas, se queda tan vacía después de su partida. Y ese departamento muere después de hervir de vida. Sólo fracasa quien no lo intenta, te dices para reanimarte, mientras sacas del cesto la ropa sucia y tropiezas con sus calcetas preferidas, aquellas que le regalaste porque tenían impresa su caricatura favorita, las mismas que olvidó porque se fue de repente. Las lágrimas te ganan y te haces ovillo para llorar. Sola. Sola en la orilla de la lavandería.</p>
<p><em>Amiga. Amiga. Qué dulce esa palabra y qué sencilla esa palabra suena hoy. </em>Buscas una amiga para compartir tu tristeza, de la misma manera que compartiste tu alegría cuando la presentabas. Cuando caminabas de su brazo por la discoteca, orgullosa de haberla conquistado. Hoy te dejó y no sabes cómo afrontarlo.</p>
<p><em></p>
<p>No hay noche más oscura que esta noche y el frío se va depositando en los rincones del alma. Ahora que el silencio va borrando la suave vibración de tus palabras, ahora que no soy apenas nada, recuerdo lo que fui cuando no estabas. </em>Aceptaste muy fácil que se enamorara de ti, pero no sabes qué hacer ahora que te ha dejado de querer. Repasas tus cualidades, pero a todas les ganan tus defectos. No eres capaz de hacer un balance objetivo. Te culpas. Buscas razones. Lloras. Te enojas. Maldices. Rompes cosas. Gritas. Y te recompones, porque al día siguiente hay que ir a trabajar. El mundo sigue su curso aunque para ti nada o casi nada tenga sentido.</p>
<p><em>Si he sido lo que fui fue por tu cuerpo si he sido noche fue tu noche quien lo quiso. Si he sido beso es que mis labios aprendieron a ser beso para ti. Si he sido lo que soy fue en tu regazo. Si he sido vida fue por darte a ti la vida. </em>Te lastiman las escenas de amor.  Te recuerdan tu suerte y tu soledad. Sientes hasta vértigo de la inmensidad de tu cama.</p>
<p><em>Amiga. Amiga. Qué dulce esa palabra y qué sencilla esa palabra suena hoy.</em> Poco a poco se va diluyendo el dolor. Y si era sólida la cimentación vives el duelo sanamente y te reincorporas al momento emocional de la otra persona, para acompañarla en su crecimiento. Aprendes o reaprendes a ser su amiga y juntas se reencuentran en una definición plena y femenina de la amistad.</p>
<p>Cuando las canciones traspasan la partitura y se convierten en escenario de vida, es enriquecedor convivir con los personajes. Eso me sucede ahora con “Amiga”; me encanta compartir momentos con ellas dos. No sé en qué momento se dejaron, ni porqué. No sé tampoco cómo se reencontraron. No es mi asunto. Y aunque me muera de curiosidad, por el respeto que se han ganado, no preguntaré. Quien las ve, puede asumir que existe un lazo entre las dos. Cualquiera puede decir que siguen siendo pareja.</p>
<p>Trabajan juntas, conviven a diario. Se aconsejan, se regañan, se procuran. Supongo que también discuten pero tienen su integridad de por medio para ser discretas en sus diferencias. Las admiro y las quiero por todo lo que representan.</p>
<p>Convivir con ellas es toda una experiencia de aprendizaje. Son la tácita esencia de que sí se puede ser pareja y terminar siendo amigas, por eso valen tanto la pena. Por eso son para ellas estas letras.</p>
<p><em></p>
<p>Amiga</p>
<p>Qué dulce esa palabra</p>
<p>y qué sencilla esa palabra</p>
<p>suena hoy…</p>
<p></em>Lorena Sanmillán; Diciembre de 2004</p>
]]></content:encoded>
<comments>
http://www.librodearena.com/lorenasanmillan/post/2007/07/31/amiga#comentarios
</comments>
</item>

<item>
<title>Nosotras</title>
<link>http://www.librodearena.com/lorenasanmillan/post/2007/07/30/nosotras</link>
<dc:date>2007-07-30T04:34:12+00:00</dc:date>
<category domain="http://www.librodearena.com/lorenasanmillan">POEMAS</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>La noche amanecía</p>
<p>en nuestra soledad compartida,</p>
<p>oscurecía el espacio en blanco,</p>
<p>leí mi deseo en tu piel de magia</p>
<p>con las uñas esculpiste tu miedo en mi espalda.</p>
<p>Lloramos a carcajadas</p>
<p>rumiantes de tristeza.</p>
<p>Toda lágrima solidificó en palabra.</p>
<p>Todo verbo decantó en abrazo.</p>
<p>De tu aliento nació</p>
<p>el reflejo moribundo de la luna.</p>
<p>Nos dejamos ser y fuimos</p>
<p>navegamos ingrávidas</p>
<p>por una galaxia de emociones</p>
<p>mar estático de pensamientos</p>
<p>incapaces de percibir los arrecifes</p>
<p>enmarañadas en nudos y enredos</p>
<p>Fluías intensa en mi cuerpo</p>
<p>seca humedad, equilibrio de vértigo</p>
<p>arena ártica en inundado desierto</p>
<p>vestigios de lo que antes</p>
<p>estelas de lo que ayer.</p>
<p>LSM</p>
]]></content:encoded>
<comments>
http://www.librodearena.com/lorenasanmillan/post/2007/07/30/nosotras#comentarios
</comments>
</item>

<item>
<title>Así</title>
<link>http://www.librodearena.com/lorenasanmillan/post/2007/07/30/asi</link>
<dc:date>2007-07-30T04:30:12+00:00</dc:date>
<category domain="http://www.librodearena.com/lorenasanmillan">POEMAS</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>Me hubiera gustado acompañarte a tu coche</p>
<p>saber mas de ti</p>
<p>platicar contigo.</p>
<p>tomar prestadas tus llaves</p>
<p>abrirte la puerta</p>
<p>verte sonreír</p>
<p>que te sorprendieras</p>
<p>y dejarte ir</p>
<p>con mi ilusión a cuestas.</p>
<p>LSM</p>
]]></content:encoded>
<comments>
http://www.librodearena.com/lorenasanmillan/post/2007/07/30/asi#comentarios
</comments>
</item>

<item>
<title>Diálogos a la luz de una vela</title>
<link>http://www.librodearena.com/lorenasanmillan/post/2007/07/24/dialogos-la-luz-una-vela</link>
<dc:date>2007-07-24T19:58:28+00:00</dc:date>
<category domain="http://www.librodearena.com/lorenasanmillan">RELATOS</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>¿Cómo aprendiste a hacer el amor? ¿Lo hiciste o te lo hicieron?</p>
<p>Aprendí sola. Así que si no te gusta cómo lo hago, sólo hará falta decírmelo.</p>
<p>¿Y si me gusta? ¿Dónde felicito y a quién? ¿A tus manos? ¿A tu piel? ¿A tus pechos? ¿A tu aliento? ¿A tu entrega? ¿A tu boca? ¿A tu ternura? ¿A tus pies? ¿A tu esencia de mujer? ¿A tus vellos? ¿A tu dormir cansada después de hacerme mujer? ¿A quién? ¿Al trago de agua antes de entrar a la habitación? ¿Al cigarro que no me dejaste prender? ¿A la música que no paraba de sonar?</p>
<p>A ti. Sólo a ti.</p>
<p>LSM; Julio 3 de 2007</p>
]]></content:encoded>
<comments>
http://www.librodearena.com/lorenasanmillan/post/2007/07/24/dialogos-la-luz-una-vela#comentarios
</comments>
</item>

<item>
<title>Lorena Sanmillán</title>
<link>http://www.librodearena.com/lorenasanmillan/post/2007/07/24/lorena-sanmillan</link>
<dc:date>2007-07-24T19:55:00+00:00</dc:date>
<category domain="http://www.librodearena.com/lorenasanmillan">RELATOS</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>Lorena Sanmillán nació en el barrio madrileño de Lavapiés, lo más castizo de la capital española, lugar donde viví por espacio de siete meses.  Llegué a Madrid agotada por los cambios de horario, pero Grace insistió en que debía comer algo. Entonces conocí el Sanmillán, un restaurancito de barrio. Aunque estaban por cerrar, nos recibieron de buena gana.</p>
<p>El sitio era encantador, familiar, económico, pintoresco. De inmediato me enamoré de él. Me convertí en una más de sus comensales. Cuando iba, usualmente me llevaba algo para leer, ya fuera un libro, un periódico o una revista. Tengo esa manía, todos en mi casa hacemos lo mismo: comer y leer. Cuando no leía, me llevaba algo para escribir. El caso era hacer dos cosas a la vez. Disfruto mucho escribir cartas y la hora de la comida me parece un gran momento para ello. Siempre llevaba algo para hacer.</p>
<p>Un buen día decidí entrar a un concurso de cuentos y me pedían un seudónimo para registrarlos. Seleccioné e imprimí mis escritos pero nada se me ocurría para el alias. Y así me fui a comer, confiando que durante el trayecto se me ocurrirá algo. Me llevé sólo mis escritos impresos ya en el sobre para enviarlos faltándoles únicamente el seudónimo que habría de identificarlos. El mesero de inmediato me vio sin nada para leer o escribir  y dijo de inmediato ¿Pero es que tú hoy no te piensas hacer nada? ¡Ezo es como el Apocalipsis! Le respondí que buscaba un seudónimo para entrar a un concurso. ¡Ah, pues nada más fázil!, Tú escoges un nombre, como te habría gustado llamarte, se lo pones ahí, y pues nada, que ya está! Como si fuera tan fácil. Me había pasado toda la mañana pensando en cómo ponerme y resultaba que el tipo, Jóse, me solucionaba el asunto con un comentario.</p>
<p>Trajo mi primer plato, yo comía y él iba y venía por las mesas del restaurante. Incansable: levantaba pedidos, llevaba los platos a la barra, bromeaba con los demás clientes, gritaba más que hablar. En medio de todo este barullo yo pensaba y  repensaba y ningún nombre me gustaba. ¿Ya eztá? No. Todavía no. Él iba y venía, acosándome. Pues a ver, que esto no puede estar tan difízil, ¿cómo te habría gustado llamarte? Lorena. Es un nombre que siempre me ha gustado, no sabría explicar con exactitud por qué. Me encanta su sonido, me parece sexy y también disfruto que sea una ciudad. Pues te pones Lorena y ya eztá. ¿Pero si hay otra Lorena? Pues nada, que le pones un apellido y ya. Entonces pensé en mi segundo apellido, Rivera, Lorena Rivera, pero tampoco me satisfacía. Y así estuve haciendo varias combinaciones.</p>
<p>Cuando trajo el segundo plato, él seguía opinando, dándome opciones. Pues Lorena Sofía, como la Sofía Loren, pero al revés, o Sofía como la Reina.  Pero no terminaba de gustarme. Seguí con mis pensamientos y terminando mi comida. De pronto el hombre se dejó venir desde el fondo del restaurante ¡Ya, que ya lo tengo, que ya lo tengo, pero es  que ya lo tengo! Todo emoción, se pone en la orilla de la mesa, apoyando sus manazas en los extremos y dice  Tú dale que te pones Lorena -y entonces señaló el letrero del restaurancito- San-mi-llán, tú vas y ganas ese concurso, entonces te entrevistan, tú les dices que te llamas así por mi restaurante, y ¡hala! que los mandas a comer aquí y  de todo esto resulta que ¡Yo me hago rico!</p>
<p>Todo esto lo dijo a puro grito temblando de efusivo. Me convenció su vehemencia, su fe en mis escritos, aunque nunca los hubiera leído. Sólo sabía de mí quesque era escritora porque me veía hacerlo en su restaurante. Más nada.  De inmediato tomé mis papeles y puse ese nombre en el sobre, delante de él. La comida de ese día me salió gratis y de ahí me fui a depositarlos en un buzón. No gané ese concurso, pero el nombre se quedó y desde entonces soy y siempre seré Lorena Sanmillán.</p>
<p>LSM; Julio 24 de 2007</p>
]]></content:encoded>
<comments>
http://www.librodearena.com/lorenasanmillan/post/2007/07/24/lorena-sanmillan#comentarios
</comments>
</item>
 
</channel>
</rss>
