Libro de Arena
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EL DIVAN DE LAS PALABRAS

Pasa y ponte cómodo. Me gustaría leerte...y que tú me leyeras a mí.

HASTA LUEGO...

Ya ha caído la tarde, cierro despacio las ventanas del salón y extiendo una sábana sobre el diván.

Voy a dejar que él descanse, como lo voy a hacer yo durante las próximas tres semanas.

Echaré de menos esta habitación y a las personas que venís por aquí a hacerme compañía y a compartir algunos de nuestros pensamientos y sentimientos.

Pero... sé que al igual que mi diván os encontraré a mi regreso.

Y lo haré recordando lo que os decía en un post de hace algún tiempo... disfrutando mi "ahora" porque es lo único que para mí existe en este minuto del tiempo.

Con nuevas energías para poder seguir creando, recreando, viviendo y compartiendo muy bonitos ratos desde estas arenas.

Ya apago la luz y cierro la puerta.

Hasta prontito y sed felices...

CONTIGO...

Todos los días de nuestra vida merecen ser vividos. Con todo lo que nos deparen.

Pero hay días que permanecen en nuestra memoria de una forma muy especial.

Días en los que oscilas como un péndulo… de la alegría a la tristeza, de la resignación a la rebelión, del blanco al negro, sin matices, sin limaduras, sin concesiones.

Son esos días en los que te das cuenta de que el peaje por vivir con intensidad, es importante.

Pero aunque sea así...

Seguí y aprendí a aplicar las matemáticas a la vida. Descubrí emociones nuevas mientras la brisa del mar agitaba suavemente las cortinas de mi casa.

Y con un nuevo sol reinventé cada momento.

Te encontré y de tus manos y de tu boca aprendí lo que es el amor. Quizá no fue un amor inmenso, ni siquiera un amor eterno, pero fue un amor creado de pequeñas cosas.

Me diste todo lo que me podías dar, por eso fue el regalo de ti mismo.

Creamos un universo pequeño, a nuestra medida.

Los regalos que nos hicimos fueron las sonrisas por la mañana, el pañuelo para las lágrimas, el sonido de las palabras resbalando por las comisuras de los labios, las alas que nos dejaban volar a los dos libres e independientes, pero unidos.

Contigo aprendí a vivir.

Es posible que no estuviéramos juntos demasiado tiempo, pero en aquel tiempo fui feliz, porque fue todo tan fácil como recorrer el camino de la montaña que nos acercaba al cielo y nos hacia desear convertirnos en aquella brisa que se enredaba en mis manos y jugaba con tu pelo.

Fue todo tan sencillo que cuando recuerdo a alguien con ternura y agradecimiento, siempre pienso en ti.

Contigo aprendí a amar.

Por eso después de tanto tiempo ya no siento que hubiera sido mejor no haberte conocido. Porque si soy tolerante, si sonrío, si entiendo que nada es eterno... es porque contigo lo he aprendido.

Y porque ahora se que cuando un amor se acaba es porque otros aguardan por nuestro corazón.

Y solo espero ser capaz de enseñarles a amar tal y como yo lo aprendí de ti.

DORMIR... SOÑAR

Es verano y el calor cae implacable sobre nosotros, por eso cuando llega el mediodía los mejor es...

DORMIR... SOÑAR

La noche es oscura, a través de una nube un rayo de plata se refleja sobre el mar, pero Marte una noche más, alumbra en rojo y la plata se tiñe de color.

Miro el cielo y es blanco, adivino que miles de estrellas blancas lo atraviesa.

Una de ellas cae a mi lado y una manada de caballos sale de su interior. Galopan por la playa levantando espuma blanca. Sus patas esbeltas se curvan impulsadas por el ritmo de la carrera.

Creo que estoy soñando.

La manada galopa sin cesar y las dunas de arena dorada se deslizan una tras otra, creando dibujos imposibles. Las crines de los caballos ondean al viento y su pelaje, zaino, alazán, melado, brilla por el sudor que resbala por sus cuerpos.

La tierra tiembla con mil sacudidas, la arena se hunde en una espiral de tela de araña y la manada desaparece con ella. Para volver a emerger en un campo sembrado de verde y amapolas.

Ahora llevan jinetes, de oscuros turbantes y vestidos de azul, que galopan inclinados sobre sus monturas. Un ronco grito sale de sus gargantas y el aire vibra igual que la cuerda de una guitarra.

La luz pugna con la oscuridad y en la batalla que libran, los jinetes se han convertido en estatuas.

Estatuas que adornan un paisaje a la orilla de un lago.

Unas mujeres bailan y bailan mientras las faldas en torno a sus piernas se ensanchan hasta cubrir todo el espacio.

Y en sus giros vertiginosos dejan estelas moradas, azules, amarillas. Siento que me envuelven y me convierto en una de ellas.

¿Seguiré soñando?

Gotas de agua, como lagrimas que golpean el cristal, arrastran a las mujeres y sus faldas.

El mar en azul y blanco las envuelve mientras a su alrededor, las estatuas cobran vida.

La noche se encoge empujada por la luz. Los jinetes, los caballos, las mujeres y hasta el lago desaparecen tras el estallido de una luz blanca. Blanca como las estrellas blancas.

Me despierto... era un sueño.

DICEN QUE LA DISTANCIA...

Dicen que la distancia es el olvido… ¿será que el olvido va creciendo a lo largo de esa distancia? No lo entiendo. Los sentimientos están ahí… nada tiene que ver la distancia si nuestros sentimientos, sean hacia quien sean, son sólidos, verdaderos, reales.

El destino, siempre juguetón, me hizo amar a personas lejanas de mí.

"Aquí estoy de nuevo, enfrente de ti, enfrente de mi, enfrente de los dos, mirándote, mirándome, directamente a los ojos del corazón.

Ayer me llamaste por teléfono y hablamos. Siempre nos ocurre lo mismo, y es que estaríamos hablando y hablando sin parar. Qué mala pasada puede ser la distancia. Porque dime tú sino tengo por aquí gente para elegir. Pues no, lo que quiero es hablar contigo. Pero no a través de un frío teléfono, sino en un bis a bis, más cálido, más sensual, más real.

Porque entras en mi con todos los sentidos, y eso requiere luz, aire, visión, tacto, oído y olfato.

Porque en un bis a bis hay contacto, como el contacto que tú sabes que estás experimentando ahora mismo, ahora que me estás leyendo, porque detrás de estas letras me escondo yo, mientras, bajito, te hablo, te susurro al oído. En una realidad que es casi tangible.

¿No te parece estar oyendo mi voz?

Amigo, sé yo durante unos instantes, por favor.

¿Querrías hacerme el favor de leerte esta carta en voz alta?

Ten la osadía, inténtalo. Saldré del papel y estaré, de verdad, contigo.

Pero sólo disfrutarás tú el momento. Mi momento también fue ahora, mientras te escribo, mientras me lees, mientras te imagino a ti, allí, lejos, hablando y escuchando a la vez. Esta realidad puede tener más poder que la realidad que te ocupa a ti en este momento.

Ya me conoces, así que haz de mí y actúa.

Y si no te sale, no pasa nada. Imagina entonces que eres tú quien me lo dices a mí, verás como así las palabras fluyen a preciosos intervalos, derramándose despacio por las laderas de esa sensación tuya y mía, que al menos yo, evoco cada vez que te recuerdo.

Amigo, qué sensación, amigo, qué recuerdos, qué imaginación, porque..... ¿acaso hay diferencia en la distancia? No lo sé. ¿Y tú?”

No, no creo que la distancia sea el olvido.

AQUÍ Y AHORA...

Vivimos entre el “ya” o el “todavía” y nos olvidamos del “ahora”.

“Ahora, ahora, ahora”… es la palabra mágica que nos va a abrir las puertas a las sensaciones del presente.

Tantas preguntas en la cabeza o en el corazón. Tantas dudas… ¿qué pasará después?

Si amo, si me entrego, si pongo mis sentimientos en la palestra, si juego el juego del amor… No sé que pasará.

Yo solo sé, que vivir es arriesgarse. Y que cuando lo que arriesgas es el corazón, ya sabes que juegas con el motor de tu vida. No sé más.

Que mientras amas, vives. Que no puedes negarte al amor por miedo a que en ese “después” llegues a llorar cenizas.

El “ahora” está ahí, lo tienes cerca de tu mano. Se abre ante ti como una promesa. Pero no una promesa de futuro, tan solo una promesa de presente.

No vuelvas la cabeza porque puedes convertirte en una estatua de sal.

No la levantes demasiado, porque solo abarcarás la distancia.

Mira tan solo hacia delante.

Y vive... Tan solo ese minuto que te enlaza con el siguiente.

Sabes que está lleno de matices y que quizá moldee algo que se creará más allá de ese minuto, pero que es en ese momento, sin ninguna traba, cuando disfrutarás plenamente, la vida.

Ahora…

LOS COLORES DEL "ADIOS"...

He atravesado la casa en silencio. La penumbra se adueña de todo y no puedo evitar el recordarla como estaba la última vez.

La luz juguetona de abril, acariciaba los sillones, viejos y gastados que contaban horas de conversación, de risas, de canciones. Tactos de tardes interminables, en los que la madrugada nos sorprendía con su luz.

En la chimenea ahora apagada, dormía Simón el perro de largas orejas, producto de mil razas y soledades, fiel al sonido de la voz del ama. De tu voz.

Una brisa muy suave levantaba las cortinas llenas de flores. Parecían pájaros empeñados en un vuelo imposible. Llevaban tu sello, tu gusto, tu color. Morados y lilas. Lilas y morados. Sobre un fondo blanco. Blanco como el vacío, como una premonición.

Las puertas, abiertas, te acompañaban al jardín. Una explosión de verdes, rodeaba los rosales. Rojo sobre verde, rosa sobre blanco.

Mil olores me sorprendieron y despertaron tu risa. Azaleas, jazmines, prímulas. Naranjas, rosas, azules. Competían con el color de tu pañuelo y la frescura de tu risa.

Tu risa, tu esperanza… Intento buscarla por los rincones de la casa vacía y ya no la encuentro.

Ya no existe la esperanza. Marchó como las cortinas convertidas en gaviotas. Emprendieron su vuelo contigo.

Lo sabía, pero ocurrió demasiado pronto.

Sólo las puertas del jardín aún abiertas, me llevan a tu recuerdo. Y él es el que me empuja hacía la luz.

Verdes, rosas, rojos, blancos, morados, amarillos… el color de tu pañuelo. Tu mirada. La esperanza. El dolor.

El color de tu sonrisa, de tu fuerza, de tu ausencia.

El color transparente de mis lágrimas que bañan las flores, tus flores, tus colores.

El color del adiós.

EL VALOR DE UNA SONRISA

Pasaba cada día por la puerta de mi despacho, silenciosa, tranquila, pero siempre sonriendo. Desde mi mesa oía su voz saludando y yo pensaba entonces que la mañana era más luminosa, más acogedora, más humana. Luego me perdía en mi trabajo y parecía que la olvidaba, pero no, de vez en cuando recordaba esa sonrisa y todo me parecía más fácil.

Un día llegué hasta donde ella trabajaba. En el mismo edificio, en el mismo lugar, pero tan lejano de mí como las antípodas y… observé que la gente a su alrededor la ninguneaba, que sus opiniones no eran escuchadas, que su sonrisa se perdía entre un montón de intereses, de hipocresías, de amabilidades medidas y tasadas.

La miré, me miró y las dos nos entendimos con ese lenguaje que va más allá de la palabra.

Pensé que lo que triunfa, lo que medra, lo que asciende es el comercio servil e interesado. La manipulación y el engaño, la sonrisa fácil y la crítica punzante e hipócrita. Su sonrisa limpia, serena y tranquila servida cada mañana como un regalo para el corazón, se hacía añicos frente a la mezquindad.

Ella me miró otra vez y esta vez presentí el dolor.

Pasaron unos días y volví a subir aquella escalera que me llevaba a las antípodas… ya no estaba allí. Todo me pareció diferente. La luz era la misma, pero parecía no tener la misma intensidad. Un aire menos puro atravesaba la estancia. Pregunté por ella.

—Se fue— me dijeron. —Su mesa un día apareció vacía. No sabemos porqué, ya que no la veíamos, pero cuando miramos hacia donde ella estaba, sentimos la sensación de haber perdido algo.

—Quizá su sonrisa?— pregunté. Nadie me contestó, todos bajaron la cabeza.

PEQUEÑAS HISTORIAS DE AMOR Y DESAMOR

LA RECETA

Caminas a mi alrededor, te miro y creo conocerte. Pero, de repente, me sorprendes con una palabra nueva, una sonrisa diferente o una actuación desconcertante y entonces pienso...

Que unas veces eres dulce como una fruta con la que se puede hacer un zumo. Puedes saborearlo disfrutar de su dulzura, dejar que baje por tu garganta sintiendo un gran placer al notar su sabor y su tacto suave.

Otras veces te conviertes en algo ácido, como el vinagre o el limón. Puedes con él preparar una buena ensalada, mezclarlo con mostaza y sentir que absorbe la saliva de tu boca y llena tus ojos de lágrimas.

Pero también eres picante, como una especia que alegra tus platos y les da ese toque pícaro y divertido que encienden tu boca y te hace reír.

Si, tu eres esa mezcla de sabores dulce, picante, ácido.

Eres un elemento indispensable en una buena cocina en la que se quiera preparar un plato de amor con su toque de dulzura, su aroma picante y su saborcillo ácido.

Por eso te daría una... bueno no¡¡¡¡... te daría dos estrellas Michelín.

ME CANSÉ

Porque un buen día me canse de sufrir... y hablando contigo, pusiste palabras a mi pensamiento... ¿querer sin esperar nada a cambio?. Me pregunté... ¿será eso posible?.

Habían pasado dos años, dos años largos moviéndome entre los flujos y reflujos de mi corazón. Preguntándome a mi misma, el porqué había aparecido en mi vida aquella persona, cuando se suponía que lo tenía todo, cuando mi corazón se encontraba encerrado en aquella burbuja que nos creamos con la edad. Estamos vivos, pero ya no queremos sobresaltos, y de repente... como un vendaval, como si la tierra se estremeciera bajo los pies y todo lo que me era conocido cambiara de aspecto y de color, alguien me conmueve de tal manera que mi vida deja de pertenecerme, deja de ser vivida por mí y para mí, para pasar a ser vivida en función de otra persona.

¿En qué me equivoqué?. Quizá no debería haber salido de aquella burbuja que me protegía, ni haberme hecho tantas preguntas cuyas respuestas sólo me llevaban hacia lo que deseaba mi corazón, ni mirarme en aquellos ojos que me parecía conocer desde siempre.

Vuelvo ahora a experimentar otra muerte pequeñita.

Porque…. ¿sabes?, hablan de la muerte como algo grande, trágico, trascendental, pero yo creo que a lo largo de nuestra vida, experimentamos esas “muertes pequeñitas” que se van sucediendo y que van dejando huella en nuestro corazón.

Pero... lo hice y ahora no vale ya la pena pensar que me equivoqué.

CURARME DE TI

He decidido, que hoy voy a curarme de ti. No sé si lo conseguiré.

Pueden pasar días, quizá semanas... espero que no sean años.

No sé si será difícil, pero lo voy a intentar.

Por eso, lo mejor es no pensarte, Pero... ¿cómo no pensarte?. Creo que no es posible... igual si mirara hacia otro lado. Pero no puedo.

Te veo en todas partes. Aunque... ¿no será que te llevo conmigo?

Así no podré curarme. ¿Quizá en la soledad?, pero ¡no¡ también llenas mi soledad. ¿Porqué? ¡maldita sea, no puedo curarme de ti¡

¿Sabes que haré? Aceptaré mi enfermedad y la mimaré y cuidaré.

Reuniré todo el amor que pueda encontrar por ahí. El perdido, el olvidado, el que se quedó a medio camino. Y con todos ellos llenaré una bolsa y te le entregaré y así podrás hacer con ella lo que quieras. Puedes regalarlo, tirarlo o puedes invertirlo en quien desees. También puedes devolvérmelo aumentado.

No sé lo que harás tú, pero yo si que sé lo que voy a hacer.

He decidido que no quiero curarme de ti. Quiero seguir contigo días, semanas...espero que sean años.