Libro de Arena
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ECO DEL SILENCIO

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La tristeza

Cuando ella se asienta en mi mano

y picotea en mi descuido

no hay nada posible

Todo es vano

delirio sometido

a tan truhán y maléfico sino

La tristeza

Quebrada tangente

Quebrada tangente apunta a poniente

desvela la pluma de la sirena silente

es una

conspicua y resiente orilla latente

remedo de oda

reclama la herencia de lo que se siente

ecos son llamados a la orilla de esos lagos

de feéricas sirenas renovados

serpientes andróginas braman

sobre olas de espuma alzadas

resiste la ninfa en la fuente

entre algas y libélulas sonrientes

Noviembre de 2007

http://www.utexas.edu/courses/larrymyth/images/jason/DD-Hylas-Waterhouse.jpg

THE END

Sueña la sirenasilente

con olas de espuma

que en alboroto

ríen con su canto.

Despierta la Luna

acunando estrellas

que iluminan tu lecho

de triste doncella

Cántale a la niña

un verso compuesto

de sueños

para que despierte

Diciembre de 2007

Claude Monet, un cuadro.

http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/5/5c/Claude_Monet%2C_Impression%2C_soleil_levant%2C_1872.jpg

Claude Monet

El sol en su amanecer.

Esa barca a la deriva.

Las vidas que se mecen.

Caminos de agua que nos tienen.

Allí la vida se entretiene.

Siempre habrá amaneceres.

Mi alma boga por mares de espuma.

Plácida se crece con ese sol que todo ilumina.

Y en la tarde,

cuando se oscurece el aire que me circunda,

la luna entra a arrancarme del suelo y elevarme

para que con ella llegue el que me ama y siente.

Querido desconocido

Hoy mi despertador no ha parado en que no debía despertar. Es un lunes de una semana en que no debo madrugar. Se dirá que debería haber programado su silencio hasta la vuelta a esos días monótonos en que debería sonar. Así he pensado, pero si hubiera hecho caso a esa lógica ahora no estaría tecleando de esta manera.

Escribir es el acto que me hace salir al ruedo de lo no comunicado.

Si no es aquí, no hay cabida ni fin en que sostener parrafadas y sueltas palabras por otras voces motivadas.

Una vez leí que nosotras nos montamos romances, debe ser así.

En este medio sin caras y gestos funciona esa forma que da vuelo, asistiendo las ganas de dar rienda suelta a palabras que cotidianamente están en desuso.

No recuerdo verbo tan nutrido en encuentros que llevaban a buscarse en los rincones del deseo.

Allí íbamos dispuestos a tocarnos por los pliegues del cuerpo del deseo, concitando un dance que de amantes tiernos enredaba nuestro aire en húmedos besos y caricias que enredando lazaban nuestros cuerpos en uno hasta llegar al trance buscado precipitadamente en el primer encuentro.

Nos entregábamos uno a otro hasta saciar nuestra hambre.

Un buen día perdíamos el gusto por buscarnos y entrábamos en desgana inusual sin saber que había llegado la fecha de caducidad.

Lisonjas que de nuestras bocas salían pasaban a indiferentes o sesudas componendas de presente.

En ese momento hubiera sido acertado salirse por la tangente, pero un día u otro por casualidad el canto del cisne se da. Y crees. Te parece que vuelves. Falsamente te entretienes, nuevamente en jugar el dance con quien ya en nada darás alcance.

Ese día no te vas. Debieras poner tus cuatro cosas en una maleta y marchar.

Te quedas a construir una relación placentera en que ese fuego no llega.

Hay quienes firman papeles y ponen en solfa el cuento de que comieron perdices y fueron felices.

Encararlo y darse otra oportunidad.

Ahora se apunta desde los estudios científicos que el amor dura cuatro años.

Mi experiencia me habla de que no todos los encuentros son iguales. Hay quienes se entregan para siempre. Nosotras tenemos esa fama. Los hay que van de flor en flor y de mata en mata. Esos malviven si se enfundan un anillo y pastan en un trono baldío.

Los hay que nunca se apuntan al cuerpo del nosotros somos. Los años pasan factura frente a tanta compostura.

En llegando a este punto, ahora entiendo por qué he entrado en escribirte, lo hago para decirme cosas que van y vienen en este recuerdo que dispongo sobre renglones de un tiempo que mañana no vuelve.

No te pares en eso.

Me lo escribo, ya veo.

Hay cartas, con destinatario fijo, que nunca escribiré.

Ésta viene al hilo de jugar al género epistolar.

He perdido el referente real.

No tengo a quien escribir estas cartas que mi alma quisiera sellar.

Ponerlas en este paisaje hará que alguien se pare y siga el hilo de mis pensamientos hasta el final si le atrae.

También estarán preparadas para mi próxima mirada olvidada.

Querido desconocido

A ti querría dirigir estas líneas. ¡Sí, a ti!

No es fácil decidirse a escribir a alguien que ni siquiera se ha parado a pensar en mí, o quizá sí.

Sin embargo, todo es posible en esta vida. Todo puede hacerse, siempre que no dañemos a quienes están a nuestro alrededor, aún con su consentimiento.

Mi ética no me lo permite.

No es cierto que me sugieras nada especial. Tú en particular no.

Es el hecho lo que me ha hecho soltar cabo y pensar que sería posible soñar.

¿Qué hay de malo en traer el arco iris a posar sobre estas arenas que me gusta pisar?

Si otros juegan, por qué no había de hacerlo, en este juego pretérito y futuro que es de amar.

Es extraño que contamine tanto ese ritual que en principio salta allí donde menos pudieras esperar.

Los versos que le acompañan pierden lustre si el alma no acompasa.

La niebla toma cuerpo y deshace todo lance si no pones a esas palabras el hormigueo que de tus entrañas se adelanta hasta anidar mariposeando en el pecho de quien se dice ama.

Será que al leerte me he impregnado de ese gusto por el baile apretado en que amantes se dan la mano hasta mezclarse en un solo y único elemento de aire y fuego.

Me has hecho un regalo. Ya sé que no estaba en tus intenciones, pero lo has puesto ante nuestros ojos y en descuido me he adueñado de lo que no era mío.

Así es la vida. Uno canta y no alcanza al objeto deseado que su canto está buscando.

Nada importa, en otro tiempo ha pasado que mi risa o mi sonrisa ha enredado y liado corazones que mis manos descuidadas han dejado destrozados.

En esto no se tiene que condescender, no es un plato que se pueda compartir con generoso gesto para contentar al otro que te mira con deseo.

En el amor no hay terceros que por ganas puedas atenderlos.

Brota de un pecho que se abre en picado sin reparos.

No te siento en ninguna de las formas usuales.

Pudieras ser con los atributos que fuera que no podría coligar nada contigo.

Lo escrito es lo que como palabra endulzada hace que teclee y saque hilo sobre el tapiz que la tejedora construye para tenerme adherida y constreñida.

Imaginamos cuerpos que componen tejidos urdidos por nuestros afanes mayores.

Sonrisas que hilan cariños recibidos de extraños que apuntan con su dardo al tuntún, sin pararse a pensar que aunque no acierten en diana tiran a dar y dan, no allí dónde el candil marca su fin, si no allá donde unos ojos abiertos siguen el curso que toma y se ponen ante él esperando componer una sonora copla.

Ya ves que las cosas pierden control, que lanzaste una bola de nieve pendiente abajo y que empieza a crecer aumentando su tamaño en progresiva función exponencial.

Querido desconocido.

Palpito sólo pensar que pudieras escribir un renglón por mí.

Siento recorrer un hormigueo por mis piernas al imaginarme pisando, a tu lado, los adoquines de nuestra húmeda ciudad.

Ya apareciste de nuevo con tus mieles y lisonjas que aunque sé que son para otra hacen mella en mi soñadora persona.

Cuando florece el almendro mi corazón se alboroza pensando en esa mirada que disimulada me incita y tienta.

De tu brazo y tomada por la cintura, tentadora cita.

Es otra, lo sé, pero soñar no me cuesta y, entretanto, puedo pensar que me puedes mirar con los ojos que hacía ella se van.

Es posible que con esta fantasía se recree en mí un posible engrandecido por no asido.

He salido de mi cubículo sabiendo que es otra la que tienta tu instinto y sólo me queda mirar sonrojándome y pensarme en tus brazos hasta el amanecer.

No he pisado la calle, ni he ido a la playa. He pasado el día en mi casa. Es un decir, porque he viajado con tus palabras y he volado con mis deseos, allá dónde en otro tiempo ni siquiera valoré como bueno.

Recuerdos que se confunden con lo que hoy es evasivo.

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