Libro de Arena
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KULTURA SE ESCRIBE CON K DE MAYKEL

Confesiones demenciales

PINTOR INS-PIRADO

Soy un quijote invertebrado,

cosido con hilo de seda ,

y lleno de tatuajes de estampas de santos.

Finos retoques de endecasílabos,

Me sublevan

me ensalzan,

me transportan a una aparente locura ,

que doblego

sin molestarme,

con el soplido mustio de un halo de austeridad.

A veces,

desespero,

otras, me inutilizo.

Con las manos esposadas,

me revienta

la hiel,

al no poder tocarte,

ni acariciarte.

Tomo carrerilla una y otra vez,

golpeando mi cabeza contra la pared

pero,

no muero.

Mi eterna vocación de suicida,

se ve desquiciada,

por intentos frustrados,

que aumentan mi ira y mi agonía.

de nuevo, levanto el vuelo,

y estampo,

en esta despiadada pared,

mi testa ,

con la ingenua idea,

de que será la última.

Pero de nuevo....

lo intento y fallo,

lo intento y fallo.

Al menos lo intento,

por eso, sé que no soy un fracasado.

Mañana encontrarán un graffiti hecho a sangre,

plasmado en la pared,

espero que les guste,

será mi ultima obra de arte.

LAS CINCO Y MEDIA

Recuerdo,

la sonrisa del mar,

reflejado en tus ojos,

y el contraste de tu sonrisa,

plateada,

rebosante de besos de terciopelo.

En mi retina,

aún contemplo,

la sombra de tu escultural figura,

majestuosa,

la larga cabellera rubia,

desprendiendo un eterno brillo dorado.

Hoy,

al dar las cinco y media,

he salido,

como cada día,

para ver si bajabas del autobús.

Pero como siempre,

he vuelto a casa,

cabizbajo,

con las arterias entumecidas,

y el corazón un poco más roto.

PROFECÍA

Vi un despertar futuro, efímero.

Desperté en un palacio resquebrajado,

lleno de penitentes disecados,

sentados en bancos en diferentes posiciones.

Vi desde una ventana, como comenzaba a desangrarse el sol.

El palacio de los lamentos comenzó a deshacerse.

Huí rápido sin mirar atrás.

Pasaron los caballos negros, con sus jinetes.

La ira, el orgullo, la envidia y el fracaso,

cabalgaban raudos y veloces.

Ángeles caídos de una bóveda celeste,

cayeron al vacío,

quedando postrados en la tierra,

salpicados de sangre.

Contemplé como la tierra se volvió negra.

Se transformó en el jardín de las tinieblas.

El ocaso fue erigido como líder supremo.

Los ríos se llenaron de aguas púrpuras.

El silencio del viento nos volvió sordos.

Un ángel negro hizo sonar su trompeta,

Millones de cuerpos humanos, comenzaron a descomponerse.

La lluvia ácida hizo el resto.

Una figura blanca descendió de los cielos y me tocó el hombro,

un arcángel,

me mostró una visión casi real,

tanto que pude sentirla en mis carnes.

Vi las estrellas caer, en un cielo nocturno.

Contemplé amaneceres llenos de fluorescencias,

quemándose por el fuego de la ira.

Entonces el arcángel me avisó de que el mal anda entre nosotros,

y que prosperará hasta hacer realidad mis visiones.

Al menos, me dejó grabada a fuego, una salida para cuando esto ocurra.

De sus labios sonrosados,

salieron palabras sabias que encandilaron mi espíritu y quedaron dentro de mí.

De unos labios puros,

inmaculados,

aprendí el único credo verdadero,

La oración de las cenizas.

Maykelxxl 6,23

YA SOLOQUEDAUNAVELA

Corta el viento con sus versos,

espolvorea con ellos un cielo vacío,

llenándolo de estrellas.

Cada poema, una luz.

Una libidinosa sonrisa,

un gesto de pilla,

se escaquea del deber,

refugiada en melodías,

salpica a todos,

de manchurrones de color,

aireando la vida.

Se refugia en su música,

se recrea,

la transforma en poesía,

a su manera.

Esparce los versos,

inundando de majestuosos colores

el vacío existencial,

multiplica el orgasmo poético a cada palabra,

descargando estrofas pop,

perdiendo el miedo,

a ritmo de rap.

Ella no lo sabe,

pero cuestiona a cada impulso que respira,

la verdad del mestizaje,

fusionando estribillos inventados,

canciones surgidas de improvisos acertados.

Se la apaga la luz , entonces soloquedaunavela.

Luego se queda quieta,

observando su creación.

Y en el horizonte,

una nueva estrella me hace un guiño,

su parpadeo me avisa

de que ella ha creado un nuevo poema.

Entonces cuando soloquedaunavela,

me dejo invadir

por la majestuosa llama

que emana sentimientos incandescentes.

Sólo eso me hace reconciliarme con el mundo.

CURIOSIDAD CELESTIAL

Ahora somos dos olas.

Así es la vida,

rugir y maldecir una canción,

al día siguiente cantarla.

Me cuelgo del viento,

bebo tu sed,

mientras se marchitan tus versos.

Quedan en tu basílica

consumiendo días

recogiendo polvo.

Páginas amarillentas

lomo desgastado

tintas esqueléticas.

Un ángel lo descubrió,

vino agarrado a la manta

de un viento helado.

Abre el libro,

todas,

cada una,

de tus noches.

Entra

en tu templo.

Lo profana

noche tras noche

con la intención

de violar

ese libro.

El libro donde

día a día

escribes tu vida.

OSCURIDAD

Le agarró con los cuatro dedos la cabeza con fuerza,hundiendo mientras, los pulgares en sus ojos ,hasta que estos reventaron y lo que eran los globos oculares dejaron de serlo,para dar paso,tras un estallido a una mancha blanca que salpicó su cara.

A partir de ese día ambos vivieron en tinieblas.

TRILOGÍA DEL AMOR 3 (y último)

AMOR CELESTIAL

Mario, el sacerdote, era una persona muy enamorada de lo que promulgaba y predicaba todos los días, vivía enamorado de Jesús, hijo de Dios.

Daba misa todos los días, a eso de las siete de la tarde, la joven Rosa se sentaba en la primera fila, para poder verle.

Esos ojos azules la volvían loca, su cabello rubio, el cuello blanco en aquella negra camisa.

Pero sabía que no había nada que hacer, ella le había dicho bajo secreto de confesión, lo que sentía.

La de noches que pasaba llorando, soñando con él en un mundo de ensueño diferente, noches de húmedas sábanas, tocamientos y suspiros no correspondidos.

Mario le había puesto como penitencia ir a comulgar a otra iglesia cercana, para que se olvidara de él, pues su amor hacia Dios le impedía mantener un idilio físico, su amor era espiritual.

Rosa, hizo caso omiso, le seguía entre las callejuelas del pequeño pueblo, sin que Mario se diese cuenta, le llevaba pan recién hecho, vino y huevos todas las mañanas.

Lo dejaba en el portal de la iglesia todos los días.

Mario lo agradecía, pero una y otra vez le insistía que no se molestase, que no hacía falta.

Se apuntó para dar catequesis con tal de verle una vez por semana en la reunión de catequistas, se compró un rosario para ir todas las tardes a rezar con tal de verle en sus fugaces idas y venidas dentro de la iglesia, le miraba con ojos lujuriosos.

Una vez presenció como dos mujeres hablaban con él dentro de aquel recinto sagrado y salían riendo, un tremendo odio con reminiscencias de algo de envidia y celos cegaron su mente.

Ése fue el comienzo.

Comenzó a pensar que Mario era para ella, aunque él no lo sabía aún.

Ella le haría cambiar.

A la vez que en su mente forjaba un mundo lleno de ideas paranoicas, de amores descerrajados, sin sentido en los cuales siempre era ella la despechada, la rechazada.

Los constantes ataques sexuales al sacerdote se sucedían en todas partes, era un acoso tan brutal, que un día llegó incluso a morderle en el cuello

.

Mario no daba crédito en un par de meses, Rosa se había transformado en una pesadilla para él, se le tiraba al cuello en el supermercado, se le lanzaba al automóvil en marcha gritando un te quiero, se le abalanzaba en la consulta del dentista llorando despechada y jurando que iba a tener un hijo suyo.

La paranoia y la locura de tremenda obsesión comenzó a hacer mella en la mente de Rosa que pensaba que Mario tenía a alguien más en su corazón, por ello la rechazaba continuamente.

Un día en el que Mario se hallaba a solas, regando el pequeño jardín del patio exterior de la iglesia, apareció como siempre de la nada y le agarró del cuello, dándole besos por toda la cara, el hombre se deshizo de sus manos como pudo, y le chilló:

-Olvídate de mí, demonio, no quiero verte mas. Márchate con tus lujuriosas tentaciones. Preferiría la muerte, a engendrar un solo hijo en tu vientre .Yo sólo amo y amaré a Jesús mi Dios.

Rosa que se hallaba en un estado de locura avanzada, comenzó a llorar y a gemir en alto, luego se desmayó.

Mario la llevó adentro, improvisó una pequeña cama con una mesa de la sacristía, allí la dejó dormir, mientras él preparaba su sermón.

Cogió las sagradas escrituras y se sentó en una silla de espaldas a Rosa que él creía dormida.

De pronto, el sacerdote notó un golpe en la parte de atrás de la cabeza, y a continuación algo húmedo que le bajaba por la espalda, cayó al suelo y allí la vio con ojos vacíos y llenos de odio a una Rosa que parecía más un animal que un ser humano, portaba en su mano derecha un gran cáliz dorado, con el cual le había golpeado, del cáliz resbalaban al suelo unas gotas de sangre, la figura de Rosa con la mirada perdida en un punto era sobrecogedora.

-¿Pero qué me has hecho desgraciada?

Rosa no dijo nada se dedicó a coger un estandarte que llevaba las letras JHS bordadas acabado en punta y lo hundió en el pecho del hombre varias veces.

Quería ponerse en pie, pero con la sangre perdida y los ojos que se le nublaban, se sentía incapaz, estaba a su merced entonces la luz desapareció, sólo escuchó un gran estallido, que le hizo crujir las piernas mientras él gritaba de dolor, seguido de cientos de sensaciones húmedas por todas las piernas.

Rosa le había dejado caer sobre las dos piernas una urna de cristal que al romperse en sus piernas se convirtió en cientos de de punzantes y afilados trozos que se clavaron por todas partes, algunos en las piernas de Mario, produciendo cortes en sus piernas y en su vientre.

Otros trozos de cristal volaron desperdigados por la habitación, algunos hecho astillas llegaron a clavarse en la cara de Rosa.

Mario sufrió un desmayo, seguramente provocado por la pérdida de sangre y el cúmulo de emociones tan intensas.

Rosa le arrastró hacia dentro, lo dejó a un lado y rebuscó en los cajones encontró unas tijeras, se dirigió al cura, cuyo cuerpo reposaba en el suelo diciéndole:

-Ya no me dirás demonio nunca, ni tendrás hijos, ni me verás más.

Y moribundo como estaba le sacó la lengua con una mano, mientras la cortaba de un tijeretazo.

Después cogió la barra del estandarte y agujereó las palmas de las manos y los pies.

Rosa salió hacia fuera repetidas veces, entró otras tantas, hasta que dio por terminado su cometido.

Al día siguiente el sacristán encontró a Mario tendido en el suelo, sin resquicios de vida alguna, tenía las manos extendidas y las piernas juntas a modo de cristo en un crucifijo, con los pantalones bajados hasta las rodillas y las palmas de las manos atravesadas por velas medio consumidas.

No había ni un rastro de su aparato sexual, el escroto había sido descerrajado, abierto en canal.

Miró la palma de la mano derecha y vio que faltaba un dedo.

Los pies estaban atravesados también, unidos por un gran cirio rojo que los atravesaba.

Los ojos los tenía cosidos de forma que no se veía lo que había dentro de ellos, y en el estómago había un pequeño cáliz incrustado.

El pobre sacristán quedó impávido ante tal horror.

Lo que más le causó impresión fue cuando al mirar el pecho en el cual había clavado un crucifijo a modo de estaca, vio un dedo sobre él con un anillo, y junto a él el pene de Mario con los dos testículos ,uno a cada lado formando una cruz y una notita con un corazón dibujado que decía:

Mario y Jesús, amor celestial

TRILOGIA DEL AMOR 2 (ABSTENERSE GENTE SENSIBLE)

AMOR OBSESIVO

Susana era normal, siempre lo había sido.

Aun después de haber hecho aquello, era normal, o al menos ella creía que lo era.

Tan sólo era una chica enamorada hasta el límite de su mejor amiga.

Ahora mientras observaba su cuerpo inerte, se preguntaba si aquello que seguía sintiendo era amor, un amor maldito.

A lo mejor era sólo una obsesión pasajera, se decía para sí misma, mientras miraba el agujero de sangre que se coagulaba en la cabeza de su amiga.

Susana levantó el cadáver y lo abrazó, la sangre goteaba desde el cráneo roto hacia abajo, hasta formar un río que llegaba a los pies, formando un charco de sangre.

La había desnudado anteriormente para sentirla, ahora estaba fría, azulada, sin alma.

Por eso Susana lloraba, no le hablaba y eso le hacía sentirse ignorada.

Recordó que horas antes llevó a su amiga Bea a aquella cueva, para decirle lo que sentía por ella, que dejara de contarle lo bien que se lo pasaba con Juan, que dejara de contarle sus maravillosas excursiones por el monte, que dejara de contarle lo que hacían en la intimidad de aquella cabaña, que dejase de contarle lo feliz que se sentía junto a él.

Porque Susana la amaba desde siempre, en silencio, y Bea se merecía a alguien mejor que Juan.

Pero Bea, tras oír la declaración de Susana comenzó a reírse de ella, creyendo que era una broma.

Susana en ese momento comenzó a respirar cada vez más rápido, las risas de su amiga le daban vueltas a la cabeza, clavándose en su cerebro.

En su retina sólo había lugar para Bea mirándola con cara de burla.

La mente de Susana comenzó a imaginar situaciones, a Juan con Bea retozando en la cabaña riéndose de ella, a Bea señalándola y mofándose….cada vez el volumen de las risas crecían en la cabeza de Susana.

Cerró los ojos, pero entonces vio a un montón de gente borrosa que la rodeaban en círculo, emitiendo carcajadas y señalándola.

Al rato ya no eran rostros difuminados.

Eran los rostros de Juan y Bea puestos en los rostros de aquellas gentes que le martirizaban con sus risas.

Fue entonces cuando perdió el control.

Agarró con todas sus energías una piedra grande y con ella se lanzó al rostro de su amiga.

De aquel funesto golpe, Bea quedó sin vida, cayó al suelo, inerte.

Pero su mirada se clavaba en Susana, y sus sonrosados labios parecían estar aún riéndose de ella.

Así que Susana se dirigió a casa cogió su mochila, la llenó de objetos y volvió a la cueva pasada una media hora.

Sacó uno de los bolígrafos que llevaba en los bolsillos de su mochila, anduvo un poco y se encontró con la mirada de su victima ,agarró entonces el bolígrafo con fuerza y comenzó a pinchar las pupilas de su amiga, mientras fuera de sí gritaba:

-¡No me mires, no me mires!

Comenzó a salir un líquido blancuzco de las cuencas, quedándose vacías en pocos segundos.

Susana sacó una aguja y un hilo de coser de la mochila, sostuvo la cabeza inerte mientras enhebraba el hilo de pescar y comenzó a coser los carnosos labios, que en su mente parecían reírse de ella.

Cosía en zigzag sujetando con dos dedos el labio a perforar y con la otra la aguja y el hilo de pescar que emitía un ruidito muy peculiar cuando estiraba y atravesaba la carne, ése sonido a Susana le pareció divertido.

Se quedó ensimismada contemplando su obra, ahora el rostro angelical inspiraba temor. La sonrisa apagada, las cuencas vacías de las cuales aún salía una pequeña mezcla de líquido y masa blanca, pequeños ríos de sangre cayendo por la cara, mostraban algo esperpéntico, cualquiera se hubiese horrorizado al ver aquella imagen de un rostro torturado.

Pero Susana la veía igual de radiante que siempre, igual de bella.

Allí pasó sus últimos días abrazada a aquel cadáver ,con la mirada perdida ,imaginando tiempos pasados e inventando unos nuevos y mejores, en los que las protagonistas eran ellas dos, no existía un Juan que las separase ,tan sólo quedaba sitio para disfrutar eternamente de su maravilloso amor.