Iba un ómnibus, nuevo y de color azul cielo, por la carretera que unía una cuidad de los suburbios con otra muy grande: Los Ángeles.
El ómnibus estaba casi lleno, sólo dos de sus asientos aun estaban libres.
El chofer, un hombre de rostro delgado, pálido y muy serio, con la vista fija en la carretera, no prestaba atención a la amena conversación de sus pasajeros ni al jolgorio de los de más atrás, y sin apuro, conducía el vehiculo a mediana velocidad.
De pronto, al voltear por un recodo, vio no muy lejos un tumulto de carros y gente en el camino. Él, inmediatamente, se puso en guardia y comenzó a disminuir la velocidad. Sí, había ocurrido un accidente.
Cuando estuvieron muy cerca del fatídico lugar escucharon los lamentos de la gente, y todos en el ómnibus, muy curiosos, prestaron oídos y miraron por las ventanas.
“Pobres criaturas…” “Fue por proteger a su mascota…” “Juro que no pude hacer nada, se metieron a la carretera de improviso, yo frené pero no pude evitarlo…”
Fue lo que oyeron, porque carros y gente ocultaban a las victimas.
El chofer del ómnibus, conduciendo muy despacio, hizo un giro muy lento para evitar el tumulto a la vez que satisfacía la morbosa curiosidad de sus pasajeros, avanzó unos metros más y se apeó al borde de la carretera, luego presionó un botón ubicado en el tablero de control, entre el encendedor y la radio, y la puerta hidráulica del ómnibus se abrió.
Allí, parado al lado de la carretera y frente a la puerta abierta había un niño sonriendo, llevando en sus brazos a un perrito “Chiguagua”. El niño subió y se sentó en el asiento libre, poniendo a su lado a su querida e inquieta mascota.
“¡Estamos completos!” Anunció el chofer del ómnibus color azul cielo cerrando la puerta y, aumentando la velocidad, se perdió en la larga carretera camino a Los Ángeles.
Copyrights, Michaelangelo Barnez, 2008
Para esto, el baño es obligatorio y el agua estaba perfecta.
Así como la preparaste está muy bien… -le dije a la hermosa mujer que me acompañaba-… así me gusta a mi. Y si quieres estar conmigo aquí, no sé como lo harás, porque me muevo mucho y tendrás que sujetarme muy fuerte, con brazos y piernas, para evitar perderme ya que al final me sacudo muy fuerte y hasta aúllo, pero… si te place hacerlo…
¿Qué estoy flaco y sin pelos, me dices? No te preocupes por mi apariencia, soy fuerte y aun joven. ¿Acaso no has visto mis fotos antes? Claro, ten la toalla y la colonia lista, porque una buena frotación para al final es muy necesaria, y del perfume ni hablar, me gusta oler bien. Ese soy yo, esa es mi descendencia, “mi abolengo” como decía musicalmente mi abuela, la aristócrata en bancarrota de Saint-Tropez, o como el tío Sam, mi “pedigree”.
¿Ahora me reconoces? Bien, entonces sabrás que soy muy caliente, ¡¡¡Quemo… Baby!!!, pero te gustará mucho si te acuestas conmigo. Por supuesto que tienes que estar desnudita, sino, no hay satisfacción y luego vienen las quejas, me refiero a las otras quejas.
Soy todo tuyo y te doy la alternativa de escoger el lugar por donde empezar, por experiencia te diré que el orden importa, por eso, de arriba hacia abajo, y de adelante hacia atrás, es lo mejor. Así, de tus brazos a tu cuello, luego de tus pechos a... y te confesaré que en mis anteriores experiencias siempre escogieron tenerme entre sus piernas para el final. Y claro que yo no soy una cosa o un juguete frío, y en el proceso me emociono y me caliento aun mas, por eso te lameré y morderé suavemente.
Sé que la satisfacción es muy necesaria.
Por eso, lo que mas me agradará es que al final de la sesión quedes feliz y satisfecha, y duermas tranquila, libre de los dolores reumáticos y de la artritis que hacen tu vida imposible, porque para eso fue la sesión, al que soy muy recomendado por doctores y científicos.
Sí, me llaman “Perro Chino”, de esos flacos, de piel oscura y casi sin pelos. Si, esos mismos, los que acostumbramos a morder nuestra lengua al posar para las fotos. Pero mi origen es tan peruano como la papa, el tomate, la fresa, el mango, la papaya, el cacao, el café, el tabaco, la coca… Ufff la lista es muy larga… ah, claro, y el Pisco también. Guau, guau.
Copyright Michaelangelo Barnez, 2008
“Sí, ésta es una gran reunión… y somos los anfitriones” dijo para sus adentros Jim Brown, un robusto y maduro caballero. “Dios mío, que cantidad de gente se ha reunido para darnos la bienvenida!” Exclamó en su pensamiento mientras miraba al patio desde la ventana del segundo piso de la casa de sus padres.
Allí, en el patio, había mucha gente confraternizando. Eran los familiares y amigos de la familia.
“Tan pronto llegue mi esposa e hija saldremos al patio a saludarlos” Se dijo Jim, mirando su reloj, quien se había adelantado para coordinar los arreglos. Luego empezó a reconocer a todos y cada uno de los asistentes balbuceando sus nombres o la relación que los unía.
“Juan, Pedro, Carlos, María… - y paró de mencionar mas nombres-… Dios mío casi toda la Promoción de mi escuela está aquí… Y también los profesores!”
“Roberto, hermano mío, cuanto te extrañé” murmuró Jim y lo vio en una esquina del patio atareado con la barbacoa que preparaba para los invitados.
También vio a varios niños, que no reconoció, jugando en la alberca.
“Beatriz…!” pronunció de pronto sus labios al descubrir a la hermosa mujer, amor de juventud, con quien se hubiera casado de no haber sido por las circunstancias, pero que nunca olvidó.
Allí también estaban los padres de Jim y los de su esposa, Sofía, revisando y ordenando a los mozos que todo esté en orden, como lo planeado, sin descuidar, de tanto en tanto, en recibir a los que iban llegando, para conversar con ellos brevemente hasta que se sintiesen cómodos en la reunión.
De pronto su padre miró a la ventana del segundo piso, la misma desde donde él observaba, y sus miradas a la distancia se encontraron. Fue como un mudo anuncio porque Jim intuyó que su esposa e hija estaban por llegar.
Jim bajó las escaleras y se dirigió al porche de la casa a recibirlas.
No tuvo que esperar nada porque descubrió que no muy lejos venía una limosina, blanca y radiante, que luego se parqueó frente a la casa.
Sofía y su hija, Sofía Beatriz, bajaron de la limosina deslumbrando a Jim, quien ansioso y sonriendo iba a su encuentro con los brazos abiertos.
“Todos nos están esperando en el patio!” Les dijo Jim mientras las llevaba, tomadas de la cintura, a ambos lados.
“Mamá demoró en el peinador!” Se quejó y disculpó Sofía Beatriz.
La puerta del patio se abrió de par en par, y el feliz trío hizo su triunfal aparición siendo ovacionado por todos.
Si, había mucha gente, mejor diríamos una multitud porque allí además estaban, el panadero, el lechero, el carnicero, el chino de la bodega de la esquina, los vecinos… Sí, mucha gente. Todos lucían jóvenes y lozanos, sin preocupaciones de ninguna clase que perturbaran sus sonrientes rostros.
A no dudarlo ésta sería la Fiesta Inolvidable de la familia Brown, en la que ni siquiera el recuerdo por quienes se quedaron en la tierra, y los lloraban, perturbarían la celebración de bienvenida a su eterna felicidad.
Estimados Amigos:
Es una alegría para el autor publicar una novela que fue dejada de lado en todos los Concursos Literarios a los que se presentó durante el 2007 al 2008, en España y América latina, y que a los 10 días de su publicación en LULU.com llegue a estar entre las 100 más vendidas de la semana. “LA PUERTA DEL SOL” tiene el precedente y, por que no decir, el aval que le confiere una extraordinaria novela anterior “Te Veré en Sueños” cuya primera edición se agotó completamente, obligando a una segunda a través de la alternativa Online que brinda LULU.com, y hoy ya en Amazon.com.
Por favor queridos amigos, no vayan a malentenderme, no es mi intención desmerecer dichos eventos internacionales que con la mejor de las intenciones apoyan a los autores literarios, con premios y publicaciones de sus trabajos, incentivando así a la creación y la lectura como un medio de desarrollo de la cultura de los pueblos.
En cambio mi intención es enviar una señal a todos aquellos “perdedores” de concursos, como yo, para decirles tal vez lo obvio, pero que creo que es necesario hacerlo en voz alta: Que nuestro trabajo tiene un gran valor y que no desmayen en su labor creativa y en la titánica tarea de hacerla llegar a todo los lectores del mundo.
Gracias por su apoyo, gracias a todos los lectores, especialmente a los que están leyendo “LA PUERTA DEL SOL”.
De veras que se siente una alegría muy grande el ser leído por muchos.
Hasta pronto.
Michaelangelo Barnez
Queridos Amigos:
Próximamente presentaré mi nueva novela "LA PUERTA DEL SOL" en el Auditorio de la Embajada de España, en Lima-Perú, y en el Aula de Presentaciones de la Liga de Escritores Profesionales de la cuidad de Long Beach, California-USA. Presentaciones en la que todos están invitados.
Los personajes de “Te Veré en Sueños”, Rose, John y Penélope, vuelven a cobrar vida en la novela “LA PUERTA DEL SOL” en donde las manifestaciones de los poderes mentales y fenómenos extra sensoriales, tan misteriosos pero cotidianos en nuestras vidas, son el eje de esta historia.
Rose y Penélope, madre y esposa respectivamente de John, son atacadas por un terrible mal. La ciencia, con todos sus avances y limitaciones, descarta la posibilidad de una recuperación, y John como médico buscará salvarlas recurriendo no sólo a la medicina no convencional, sino que inclusive a la inverosímil alternativa de una Curación Milagrosa… ¿Pero, cómo lograrlo?
“LA PUERTA DEL SOL” es una novela de acción y aventura, pero por sobre todo, de un gran contenido espiritual en donde las esperanzas de los personajes y sus poderes mentales los transportará más allá de los límites imaginados que nos plantean la vida.
Sí, Michaelangelo Barnez nos trae con “LA PUERTA DEL SOL” un mensaje de amor y esperanza ante un terrible mal que aqueja a la humanidad toda, mal de aparente y cotidiana creencia sin solución.
Pero… ¿Lo logrará John? ¿Lograrán Rose y Penélope salir de las garras de la oscuridad del mal? ¿Si?… ¿Cómo?
Léanla, les fascinará lo inesperado de su trama.
Búscala en:
http://www.lulu.com/content/4351382
ó MICHAELANGELO BARNEZ
Hace unos años cuando me inicié en esta hermosa carrera de escritor pensé que al terminar de escribir mi primera novela, “Te Veré en Sueños”, y presentarla al público en general, Sep. del 2003, sería asediado por los periodistas, la radio y la TV. También creí que al día siguiente vería la carátula del libro en todas las vitrinas de las principales librerías de mi ciudad natal, Lima-Perú, y donde resido, Long Beach-California; y que sería asediado por la multitud de mis lectores reclamándome que les autografíe la novela recién adquirida. Y también, que en poco tiempo sería un best seller llegando hasta a Amazon y de allí al alcance de todo el mundo.
Les confieso que no soy un niño, pero creo que a veces sueño de manera fantástica como si lo fuera, tal como acabo de contarles acerca de mis expectativas como escritor y el éxito de mi primera novela.
En realidad el debut fue humilde. Para ser sincero, les cuento que todo fue un relativo éxito progresivo ya que “nadie me conocía” más allá del entorno de amigos y familiares. Viví fuera de mi tierra natal más de 25 años y ahora estoy pagando mi desarraigo. Aun así logré vender 1,000 libros, hasta agotarse, en el plazo de un año, hecho que me halagó; sin contar los muchos que obsequié en mis conferencias literarias en los lugares mas inverosímiles, desde Universidades e Institutos de literatura hasta las Cárceles de Máxima seguridad de Presos Políticos y Comunes, o en las tan humildes escuelitas de las provincias andinas cuando viajaba por placer.
Nunca vendí ningún libro de manera personal, porque no quise, no me gustaba hacerlo, aunque no tiene nada de malo, sólo los obsequiaba agradecido por la bienvenida y atención prestada, a quienes más se interesaban en escucharme.
He recorrido un largo camino a paso lento, desde la presentación de la primera edición de “Te Veré en Sueños” 2003, creando mis blogs y subiendo cuentos de mi autoría. Hoy sé que soy más conocido en el mundo virtual de Internet que en la realidad concreta de mi vecindario.
Así recibí miles de email de visitantes ocasionales de mis Blogs, a quienes correspondí respondiendo a todos y cada uno, y a algunos hasta les envié un ejemplar por correo.
Hoy, luego del camino recorrido, tengo el placer de ver a “Te Veré en Sueños”, mi primer hijo literario, brillar en Amazon, al alcance de todo el mundo… y entre ellos, principalmente a ti.
Visítenme, den una mirada, escribiendo mi nombre o el de la novela en Amazon, o haciendo clic en: “Te Veré en Sueños” de LULU . Sé que les gustará.
Michaelangelo Barnez
Hola, mi nombre es Pedro y me acuñaron el alias de “Nadie” por dos motivos. Uno, porque a los siete años de edad me arrojaron a la calle, cuando murió mi madre, y el proxeneta que fungía como mi padre necesitaba el cuarto en que vivíamos para seguir con sus negocios. Y segundo, porque justamente ese año la canción “Pedro Nadie” de un tal Piero estaba de moda. Sí, a esa tierna edad era un hijo de nadie… Pedro Nadie.
“Crecí en la calle” es un decir, una expresión que no significa nada para quienes no saben lo que realmente es ser un niño absolutamente desamparado, que por años deambuló y durmió en la intemperie hasta que… ¿alguien apareció y me recogió? No, hasta que me hice adulto.
Mis únicos “amigos” fueron otros niños de mi misma condición, con quienes formamos nuestra pandilla para poder sobrevivir, es decir robar a diario el pan de cada día. Como podrán imaginarse, no podíamos hacerlo contra gente más fuerte que nosotros, así que me eduqué y me desarrollé dentro del código de conducta callejera, y lo primero que asimilé fue que sólo debíamos atacar a los más débiles. Atacar y robarles a las viejitas y viejitos, mujeres embarazadas o con niños en los brazos, ciegos o lisiados mendigos, u otros niños ricos; fue la manera como aprendí a cuidar de mí.
No está demás decirles que esto no fue una divertida aventura, ni mucho menos, sino una terrible tragedia que me marcó para siempre, porque apenas llegué al grupo, en la noche, los mayores me violaron, y lo repitieron cuantas veces quisieron hasta que aprendí el uso de la navaja, corté a uno y me hice respetar.
La piel se me curtió no sólo del frío y el calor de mi vida callejera, sino de las palizas que soporté en mis peleas con mis propios amigos, otras en contra de bandas enemigas, o cuando caía atrapado por mis victimas o la policía. Desde esa temprana edad aprendí que si alguien se acercaba a mí y levantaba la mano era para atacarme o manosearme; como el cura del catequismo quiso hacerlo a cambio de un plato de comida y un techo en donde dormir, sin imaginarse que mi instinto ya estaba formado y a la primera manoseada le “tajé” la cara con mi inseparable y fiel amiga, mi navaja.
Mas tarde, cuando mis necesidades crecieron, es decir drogarme, empezamos a robar a mayores porque necesitábamos más dinero. Fue cuando comencé a destacarme en el grupo por mi crueldad. Atacaba sin miramientos a quien sea, sin importarme las desventajas por su tamaño o corpulencia. Con la única ventaja que me daba acuchillarlos primero, y luego, cuando gritaban al ver su propia sangre, el grupo lo asaltaba.
Así fue como me convertí en el líder de la banda, claro que primero tuve que “bajarme” al jefe en una pelea limpia, rodeado por todos y a la luz de la luna. Pelea en donde después de recibir varios cortes en los brazos, el hijo de puta cayó en mi trampa de hacerme el más débil, y se confió en el código callejero, cuando fingí caer al suelo. El creyó que era el momento para terminar conmigo, y al levantar su brazo para asestarme la puñalada final, le acerté un certero tajo en los cojones… ¿Murió? No sé, ni nos importaba, porque con el grupo nos fuimos a la playa a celebrar con una bolsa llena de pegamento que inhalábamos para sentirnos felices y vencer el frío, y ni más supimos de él. Ah, no está demás tampoco puntualizar que fue él quien había liderado a quienes me violaron cuando llegué al grupo.
A los 12 años de edad ya tenía mi propia banda, la que nadie me regaló sino gané por mi destreza con la cuchilla y mi crueldad.
Pero a esa edad y de pronto algo empezó a cambiar en mí, algo que yo no podía explicar, y no tenía a nadie a quien preguntar. Mi voz cambiaba, mi pubis se cubrió de vellos y empecé a soñar. Fue justo cuando llegó una niña y su pequeño hermano al grupo, y en la noche quisieron violarla. El ultraje era lo natural para todos nosotros, para nuestro código, sea niño o niña, no había diferencia, todos habíamos pasado por eso como un bautizo… Pero no para mí.
“Nadie la toca carajo!!!… -rugí, y saqué a relucir mi navaja-… y al primero que se le acerque lo descojono!!!”
“Ta bien Pedro Nadie… Ta bien cumpa… si la quieres pa ti solito ta bien” dijo el que fungía de segundo en la banda a pesar de ser mayor que yo.
“No carajo… Desde esta noche no mas bautizos en mi banda”
Esa noche me fui a dormir apartado del grupo, y oculto entre las sombras lloré. Y en la frialdad de mi lecho de cartones y trapos me acordé de mi madre y de la última profesora que tuve en la escuela. Recordé que vivíamos en una pocilga de mierda de un cuarto de hotel, pero era mi casa, mi hogar, en donde mi madre me quería, me daba de comer, y al acostarme me decía al abrigarme “Pedrito, hijito mío, sueña con los angelitos”… entonces lloré, lloré como nunca lo había hecho todos estos años, y entre lagrimas recordé a mis amigos de la escuela y mis juegos… Y los extrañé a todos.
Felizmente había aprendido a leer en la escuela, y desde que viví en la calle y dormía en los basurales leía cuanto periódico o cuento para niños caían en mis manos. Por eso, al día siguiente de prohibir las violaciones empecé a enseñarles a leer a mis amigos, claro está que después de los asaltos. ¿Que creían o esperaban de un niño delincuente como yo? ¿Acaso espero comida y techo gratis? No, aprendí que todo cuesta en la vida y que tengo que ganármelo de la única manera que la sociedad me instruyó. Y al que se acerque con la mano levantada, para golpearme o acariciarme, recibirá un tajo en la cara… o más.
“Si vas a hablarme… hazlo de lejos, cabrón!!!… si no, te parto la madre!!!”
Continuará …?