Si es que he tenido mala suerte, que me tocó nacer el tercero, que ya estaba todo escogido. El primero, un chico, que es mi hermano mayor, la segunda, una chica, o sea, mi hermana.
¿Y yo, que?
Claro, como la parejita ya está hecha, que es lo que le hace ilusión a todos los padres, a mí sólo me quedaba la opción de salir repetido, que no hay más sexos para escoger. Si al menos hubiera nacido hermafrodita, como los caracoles o las lombrices de tierra, pues oye, no estaría nada mal, que por lo menos, podría ir cambiando a temporadas, que si ahora chico, que si ahora chica… y así según te venga al cuerpo.
¿Ventajas? Muchas, ya que podría autosatisfacerme con ambos sexos, porque tengo los dos a mano y me podría arreglar sólo. Si, ya sé, que hay muchos que se pueden arreglar solos, pero eso es otra cosa, y no me refiero a esos que se pueden doblar sobre sí mismos para llegar a la zona de recreo sin utilizar las manos.
De hermafrodita, desde luego no tengo nada, pero de caracol, tengo algunas dudas, porque a veces he dejado algún que otro charco de babas…
Ejem…
Decía de los hermanos. Que para que los quiero, que sólo sirven para dar disgustos y pelearse con ellos. Es que ni siquiera te queda la opción de ser original: ellos ya lo han sido antes. ¿Las primeras monerías? El hermano mayor, por supuesto. No hay nada como cuando tu primer hijo dice “Papá”. ¡Ah! Pero la hermanita, no va a repetir, por eso dijo su primer “Mamá”. Vale, ¿Y qué digo yo ahora? ¡Que algo tendré que decir que no hayan dicho los otros dos! Por eso mis primeras palabras fueron “¿Qué dan por la tele?”
Y la ropa… pantalón que me ponía, era un legado de mi hermano. Menos mal que mi madre tenía buena mano para coser, que el bullas de mi hermano me los rompía todos por las rodillas, por la culera, por la entrepierna… Y eso que me saca seis años, pero yo crecía muy rápido y no daba tiempo a la ropa a coger polvo. De mi hermana, no recuerdo haber llevado ropa, aunque reconozco que tampoco habría estado mal llevar alguna faldita, que las tenía muy monas.
¿Qué? ¿Pasa algo?
Que en Escocia las llevan los hombres, y nadie los tilda de raritos ni se ríen de ellos. Y a ti ni se te ocurra tampoco viajar a Glasgow o Edimburgo y mofarte en sus narices, que con lo bestias que son, igual acabas riéndote con los dientes en una mano, y los ojos en la otra.
Debe de estar guay salir al campo, a la montaña en verano con una faldita escocesa de esas, porque como se usan sin calzoncillos, pues oye, sentarse en la montaña con el badajo al fresco y la brisa recorriendo los huevecillos… debe ser hasta agradable. Mira, se me ilumina la cara con sólo imaginarlo.
Pero no, no acabe llevando falditas, porque ni soy escocés ni subo mucho a la montaña.
De todas maneras, tener hermanos, tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Al ser yo el pequeño de la casa, pues era el más mono y el más consentido. Era previsible que mis hermanos me cogieran celos. Eh, que los entiendo, que mira que son feos mis hermanos comparados conmigo, que se ve que mis padres probaron con ellos primero y lo dejaron todo para el final, que a la tercera va la vencida. Yo no puedo evitarlo, mi atractivo es un Don de la naturaleza, se tiene, o no se tiene. Y no hay más.
Pero esto no me ha salido de gratis, ¡Qué va! Ellos en su venganza, me echaban la culpa de todo lo que se rompía en casa.
¿Se rompía la figurita del recibidor? La culpa al pequeñajo
¿Qué se volcaba la jarra del agua? Otra vez el pequeñajo
¿Qué se “caían” los juguetes por la terraza?... pues sí, esto sí que lo tiraba yo, que todavía no sé porque esa mente tan retorcida la mía de tirar los coches, camiones y muñecos desde un cuarto, y sobre todo, la cara de pena con la que me miraban los Madelman cuando iban camino de estrellarse.
Luego vas creciendo, y ya no tiras Madelman por la terraza… arrancas rabos a los conejos. Si sirve como excusa, aquello fue un accidente, tal y como queda explicado en el post “Aquellas Vacaciones”.
He de decir, que una de las pocas ventajas de no ser el primero, es que vas aprendiendo de tus hermanos mayores, sobre todo de mi hermano Blas, que ha sido el que se ha llevado todas las ostias, tanto físicas como psicológicas. Que mirando se aprende mucho, sobre todo, de lo que no hay que hacer. Además de lo que me he ahorrado de perder el tiempo en según qué cosas. Y no es que mi hermano fuera un trasto. Bueno, a lo mejor un poco. No no… Definitivamente, SI era un trasto.
Pero debo disculparlo, porque su generación fue algo difícil y tenías que ser de los que daban, o de los que recibían. Siempre tuve la esperanza de que acabara siendo un buen chico. Lamentablemente, me he dado cuenta de que me he equivocado… se ha hecho funcionario de la Administración.
Mi hermana… las chicas en general, pues son un poquito más especiales, ya desde pequeñita sacó ese carácter de “aquí estoy yo” y su habitación (¡cómo no!) era su santuario. Totalmente prohibido traspasar la puerta de su habitación, era pecado. Tampoco es que me apeteciera mucho, porque daba un mal rollo que… Las paredes de su habitación estaban llenas de muñecas colgadas, con los ojos entreabiertos, así, como para amedrentarte. A veces se escuchaban voces desde su habitación. “A menudo, escucho voces, y me hablan” no, no me decía mi hermano, que son las muñecas de tu hermana. Lo dicho, yo a esa habitación no entro, que me recuerda aquella choza de los jíbaros, que tenían las paredes llenas de cabezas reducidas.
Además, que ser chica, hubiera sido un palo, porque mi hermana se pasaba todo el día con cosas en la cabeza, que si unos clips para sujetarte el peinado, que si una trenza, que si dos coletas a lo Pippi. Muchos pensaban que mi hermana no era de sangre, porque decían que era asiática, y yo les contestaba que se equivocaban, que lo que pasaba que mi madre le ponía la trenza muy tirante, y por esa le quedaba esa cara.
Ahora somos más mayores, y somos cada uno diferente del otro. Tan distintos. Tan parecidos. Pero sí que me he dado cuenta de una cosa, que las cosas de niños, son cosas de niños, y que los quiero, porque pase lo que pase, somos hermanos y ese vínculo es para toda la vida
Dedicado con todo el cariño del mundo a mis hermanos, Blas y Paqui, que si bien me he tomado la licencia de soltar algunas mentirijillas, lo cierto es que los quiero por encima de todo
Nos hemos acostumbrados a decir que las viejas son unas cotillas, que se pasan todo el día chismorreando sobre mira cómo va vestida aquella la del primero A, a las horas que vuelve a su casa la del tercero B, tan joven, o el muchacho ese del segundo que se pasa todo el día en el bar soplando como un cosaco…
En todos los barrios, tenemos ese grupito de vecinas, que podría decir así, para que no suene feo, que tienen esa edad en la que ya no suman años, se los van descontando, y que como única distracción que les queda, es tirarse la tarde sentadas en los bancos (también se bajan sillas de casa a la portería) dándole al pico sobre fulanitos y menganitas. Lo que uno no sabe, la otra lo complementa, y así todos los días, que ni la agencia EFE maneja tanta información.
Lo peor es saber que están hablando de ti… ¿Qué como se sabe? ¡Huy, pues si eso es muy sencillo! Sólo tienes que pasar por delante de ellas y veras como las cotorras se callan, mientras disimulan. Bueno, si se puede llamar disimular a eso que hacen de apretarse los labios, cruzarse los brazos sobre sus pechos mientras miran a otro lado, que sólo les falta una pancarta en grande que diga “OYE, QUE TE ESTAMOS DESPELLEJANDO VIVO”.
Vamos a dejar a estas señoras un poco de lado, porque bueno, yo entiendo que es el único placer que les queda, y cada uno se desfoga como puede, pero es que nosotros, o sea, los que no nos pasamos la tarde criticando a los vecinos sentados en un banco…
Ah, ¿Qué tu si lo haces?... ¡así se te seque la lengua!
Si es que… me calientan la boca…y….y. (relájate Miguel, relájate)
Vale, ya.
Pues eso, decía que nos hemos vuelto igual que estas señoras, o acaso peores, que hay mil situaciones que demuestran lo chafarderos y curiosos que somos todos de la vida ajena. Cosa mala, pero mala, eh.
¿Queréis ejemplos, no? Claro, si no que hacemos aquí…
Para empezar, estamos en casa, tranquilamente “tirados” en el sofá, con la tripa fuera, la cervecita, los dedos pringosos de ganchitos, y en calzoncillos. Ah, y calvo, sin afeitar y con los sobacos oliendo a sudor (Ya sé que esto no es concluyente para la historia, pero es para que le cojáis asco al personaje) viendo un interesantísimo reportaje de National Geographic sobre la reproducción de la Salamandra Riojana, cuando los dedos, -que tienen vida propia- toquetean el mando buscando otro canal, da igual que hayan más de 70 canales de televisión, porque el que dejaremos puesto es el que salen dos gañanes insultándose en un canal cualquiera, por ejemplo, Tele 5… cosa rara en este canal, que está especializado en temática cultural y musical.
Pero es que la tele da para mucho, porque aunque sigamos con interés ese debate, que presenta, dirigen o moderan unos ¿periodistas? Pasara a un segundo plano en el momento, que escuchemos voces en el piso de al lado, que parece ser, que los vecinos están discutiendo ¿Qué hacemos? Pues bajamos el volumen del televisor para escuchar mejor, y para enterarnos porque se pelean. Y si no se escucha bien, pues se pega la oreja a la pared y así no perdemos detalle.
Yo por si acaso, he cogido la costumbre, antes de practicar sexo, de ponerme un espadrapo en la boca para que no se me escuche jadear como un becerro en una plaza de toros, no sea que al día siguiente me pregunte algún vecino, con sonrisa irónica, como fue la corrida, así me evito contestarle que me llevé las dos orejas y el rabo de su santo padre.
Si vamos en el coche, y de repente nos encontramos en una caravana y al fondo, vislumbramos unas luces de emergencias, ya estamos estirando el cuello para saber lo que ha pasado. Que resulta al final que no ha sido nada, sólo un coche que ha quemado el motor y las luces son de la grúa que está al lado. Si la retención no es por culpa de coche parado, si no por todos los mirones que al pasar por el lado, aminoran la marcha para mirar…
Pero si hay algún lugar en donde damos rienda suelta a nuestros cotilleos, es en nuestro centro de trabajo. Es lógico, ya que pasamos con ellos más tiempo que con la familia, y es una fuente inagotable de chascarrillos. Lo más habitual, será que se formen grupitos de amigos (bueno… o de gente con los mismos intereses) cuya finalidad será desprestigiar a otro compañero al que se le acusará de favoritismo por parte de la empresa, o bien de ser un pelota de toda la vida, o incluso, un “trepa” de esos que pisan a cualquiera para ascender. No importa que sea verdad o mentira, que eso es lo de menos, lo que importa es hundir a esa persona para tener nosotros la oportunidad de ocupar su lugar.
La manera más rápida de que corra el rumor en el trabajo, es decir a alguien “Oye, te voy a contar una cosa que me he enterado, pero guárdamelo, que es un secreto”
A ver, flor de pitiminí… pues claro que dirá que sí. Yo todavía no me he encontrado con el caso de que alguien me diga “Calla, calla, que antes de que te des media vuelta, lo va a saber media fábrica”.
¿Y cuando entra uno nuevo? Le estamos buscando fallos, queremos saber si va a cobrar igual que nosotros – sólo faltaría, que con la experiencia que tenemos, cobrase lo mismo – y si hay que putearle, pues se le putea, que coño, que para eso es el nuevo. Si es una mujer, la cosa cambia, eh, que si no le hemos visto todavía, no preguntaremos a los compañeros que tal persona es, directamente preguntamos ¿Esta buena?
Que para eso los hombres, todavía somos más elementales que el mecanismo de un botijo
No recuerdo a nadie decir abiertamente que le gusta criticar o cotillear a otra persona, y eso que lo hacemos casi todos los días. Pero a nadie le gusta reconocerlo. Es curioso, pero los programas que se dedican a esa temática han aumentado de manera espectacular en la parrilla televisiva de algunas cadenas. Y como dato, en el año 2007, las más importantes revistas de sector llamado del corazón, vendieron unos 3.000.000 millones de revistas.
Pues no está nada mal, y encima ha creado empleo, ya que ha dado pie a una nueva profesión: reportero del corazón. Los reconoceréis, porque son esos jóvenes que salen por la tele, micrófono en mano, y por lo general, corriendo detrás de algún famoso en Aeropuertos, calles, estaciones de tren, etc. Preguntando cosas estúpidas con la única finalidad de provocar al personaje en cuestión.
Con lo poco que me gusta a mí saber de la vida ajena…
Voy a dar por finalizado este tema, porque antes de que cierren, tengo que salir a comprar al Kiosco el ¡Hola! Que me enterado que publican un nuevo reportaje sobre el nuevo peinado que se ha hecho la Preysler en los sobacos.
Nooo, no es por cotillear, yo no soy de esos, es sólo por curiosidad científica.
¡Por fin, ya está aquí, ya ha llegado el verano! Eh, que me refiero al de verdad, ese, el del calorcito y camisetas con tirantes y bermudas. Que ya está bien de tanta lluvia. Que si, que vale, que va muy bien para llenar pantanos y acabar con la persistente sequía, porque la verdad, no hacía falta que lloviera tanto, que estamos en un país solidario. Si es que somos así de esplendidos y generosos. Sólo había que ver en cuanto una región ha tenido un problema de abastecimiento, los presidentes de las comunidades autonómicas vecinas se han ofrecido gustosamente para paliar la falta de agua de sus vecinos. Todos, toooodos hermanados para ayudarse contra la sequía.
Joder…si es que… me emociono solo con recordar cómo se han volcado ofreciendo hasta el agua embotellada para llenar pantanos… se han ganado el cielo. Snif, snif…
Menos mal que dejo de llover, que todavía recojo mejillones de las paredes de mi casa, ¡si hasta ha crecido césped en el capo de mi coche!
Ahora, que con el buen tiempo, a uno le cambia la sonrisa, porque con el sol los días son más largos, y las faldas más cortas. Todo parece de color de rosa, ¿verdad? Si hasta uno encuentra atractiva hasta su mujer (bueno, sólo cuando se afeita el bigote)
¿Y sabéis por qué? ¡Porque llegan las vacaciones!
Eso es lo mejor del verano, porque si uno está trabajando en verano bajo el sol, maldita sea la gracia que le hace, sobre todo si es un pobre albañil, aunque la verdad, de esos quedan pocos ya, porque con la crisis (perdón, desaceleración económica) son los primeros que han caído.
Pero que leches, que hablamos de las vacaciones…No ha acabado el mes de Mayo, y ala, ya estamos pensando en las del verano, que los españoles no tendremos un jodido euro en el bolsillo, pero las agencias se hartan de vender paquetes vacacionales en Apartamentos, Hoteles, cruceros, safaris… a estos últimos no los entiendo, porque si lo que quieren ver son animales, que se vayan a un campo de fútbol, que sale más barato.
Dicen que las mejores vacaciones, son las que se improvisan. Ya. Improvisar dicen, no hace falta que yo improvise nada, que con la suerte que tengo, seguro que algún colectivo improvisa alguna huelga. Que si voy a coger el avión, lo pobres pilotos de aviones, reclaman mejoras salariales porque dicen que no llegan a final de mes (o eso, o los trabajadores del hadling del aeropuerto me dejan las maletas tiradas en la pista) ¿Cojo el tren? Pues tampoco, porque también puedo pillar otra huelga de conductores del AVE que reclaman no se qué… pero lo peor que me podría pasar, sería una huelga de camareros de chiringuitos de playa, que estos me dejan sin boquerones fritos y por ahí no paso, que a mí no me gusta llevar la fiambrera a la playa.
Lo que me gusta de verdad, son los preparativos, cuando ya tienes contratado el viaje y empiezas a prepararte rutas y visitas, revisas una y otra vez que tienes todos los documentos en regla y que no te falte nada. Pero no todo va a ser alegrías, porque enseguida me asaltan las dudas… ¿Y si el hotel no se corresponde con la foto? ¿Y si cuando llego al aeropuerto, hay overbooking? ¿Y si poco antes de salir, me rompo una pierna y no puedo ir?
¡Arrgh, Por Dios, que esto es un sin vivir, que lleguen ya o me va a dar algo!
Pero al final, todo llega, y no he tenido contratiempos de ningún tipo y ya estoy en mi apartamento, que es muy… bonito… bueno, digamos que es… coqueto
…
Vale, es una mierda. No tiene nada que ver con el que me enseñaron en la foto de la agencia, me decía que tenía vistas a la playa, y si, las tiene, pero tienes que asomar medio cuerpo por el balcón, haciendo equilibrios y estirar mucho el pescuezo para ver un trocito de mar. Me dijeron que el apartamento era muy luminoso, y bueno, luminoso si es, porque tengo todas las habitaciones llenas de lámparas, ya que enfrente tengo un hotel que me tapa todo el sol. Eso me pasa por no aclarar antes de salir que entienden esta gente por “luminosidad”. La madre que los parió.
Ah, y me dijeron que también estaba todo reformado, pero se “olvidaron” decirme que se hizo en el año 73. No sé, no se… va a ser que se han quedado conmigo, pero da igual, que leches, si estoy de vacaciones.
Lo primero es lo primero, antes de deshacer las maletas, voy a coger la videocámara y voy a grabar todo el apartamento.
¿Qué? ¿Acaso vosotros no lo hacéis? ¿Ni tan siquiera unas fotos?
¡Anda yaaa!
Vais a negar, que nunca habéis cogido una cámara y paseado por las habitaciones filmando los armarios, los cuadros, la cocina, el baño, a tu mujer colocando la ropa en el armario, al niño haciendo monerías en la terraza, a la vecina del apartamento de al lado que hace topless en la tumbona… lo peor es que a la vuelta, queréis que la familia se trague las dos soporíferas horas grabadas en video con la mujer y los niños saludando a la cámara en el apartamento, en el chiringuito, en la playa, otra vez en el apartamento, en la piscina, otra vez en la playa… No te extrañe que, después de la vuelta de las vacaciones, tu familia no vaya a casa durante dos meses. ¡Qué pesado, a ver si coges la indirecta!
Lo peor es el cambio de aguas para la gente que tiene el estómago delicado, como yo. Vamos, que para que me entendáis, que pilla uno unas cagaleras del copón, que se tiene que ir con Dodotis durante un par de días. Lo mal que se pasa, por eso es aconsejable comprar agua embotellada para ahorrarse disgustos, y evitar situaciones incómodas como por ejemplo, dar plantón a una agente inmobiliaria en medio de una visita en Oropesa de Mar (Marina d’ Or) porque me iba patas abajo… la pobre hasta me acompañó a una farmacia a por aspirinas. A ver cómo le decía yo a la pobrecita que se me iban los fluidos, le dije que me dolía la cabeza.
Al segundo día, quise aprovechar todo el sol, y me quemé, ni las gambas a la plancha estaban tan coloradas como mi espalda. Tres días en la cama con un cataplasma pegado para calmar los dolores. Cuando bajó la inflamación, quise salir a pasear por la noche (de sol ya he quedado servido) y antes de acostarme me volví a encontrar mal. Va a ser que la ensaladilla rusa del chiringuito no estaba en buen estado y me ha sentado mal. Me cago en todo lo que no está escrito. Otra vez con cagaleras
¡Tengo ganas de volver a casa, joder!
Y lo inevitable, es cuando vuelves al trabajo, siempre hay comparaciones, y por supuesto, el fanfarrón que estés donde estés, el siempre ha estado en un lugar mejor.
-¿Qué tal Miguel, y las vacaciones?
- De puta madre, que te voy a contar –a ti te lo voy a decir, vas listo tío-
-Pues yo estuve en el Caribe, imagínatelo, hotel cinco estrellas, buffet libre, espectáculos todas las noches, la piscina a dos niveles, unas camareras increíbles…
-Ya… -Será cabrón- ¿y las rutas turísticas, que tal?
-Quita, quita, si donde mejor se estaba era en el hotel
Me deja perplejo, Se ha gastado más de 3000 euros para ir al Caribe y no ha salido del hotel. Pues hijo, no sé, pero al igual le habría salido más barato irse a Lloret de Mar, que se habría gastado mucho menos y se lo habría pasado igual.
Pero claro, no es lo mismo decir que has estado en el Caribe que en la Costa Brava.
He tenido que desconectar estas tres semanas porque estoy en un momento queeee...vamos, que como no me den vacaciones, me las invento!
Mi blog siempre ha sido (es) un espacio de entretenimiento, en donde he procurado que la gente se divierta y que, por unos instantes, se olvide de preocupaciones.
Pero claro, yo tengo las mías, y cuando uno no puede separar la vida personal y familiar y se junta todo,me "bloqueo" y no puede escribir nada, lo juro por la cobertura de mi móvil. Por eso el parón de tres semanas, tenía que solucionar algunos temas pendientes
Pero eso es otra historia...
Unos días más y vuelvo, y contestare a toooooodo el mundo. Palabra. Aprovecho el momento y escribiremos pues, de las vacaciones.
No soy muy dado a poner videos, pero veo que mucha gente los pone. Bien...
Yo soy en el fondo, un nostálgico, y si, de un puntito romántico, pero poco eh, que uno se ha ganado una reputación, y no quiero quedar ahora como una dulce florecilla.
Que bailes aquellos, que música, que luces de colores, que de pelos y melenas (esto es lo que mas añoro)
Aunque...bueno, no es por nada...igual es una tontería mía. ¿Me suena la musiquilla algo distinta o es que tengo yo mal oido?
De lo que único que estoy seguro, es que no estoy nada seguro
No tengo dinero. De verdad que es una verdadera putada, y lo mal que se siente uno por eso. Solemos decir que no tenemos dinero, que si envidiamos a los ricos, que si nosotros somos pobres… no, no me refiero a ser pobre de no tener absolutamente nada, porque bueno, tengo bienes, un coche, una vivienda, trabajo estable (más o menos) y hay mucha gente que no tiene nada de eso.
¿Entonces yo soy rico para esa gente?
Pues tampoco, pero no tengo tanto dinero como la gente que yo considero rica. Y digo… ¿En dónde está la línea que separa la riqueza de la pobreza? De nuestros vecinos del sur, está muy claro, los llamamos árabes si tienen petróleo y si no, directamente moros. Lo habitual es que la línea esa dependa de la cantidad de ceros que tengas en la cuenta corriente… sí, al igual, eso debe influir. Pero… ¿De qué sirve ser rico si tus amigos no lo saben? ¡Ojo! esto es muy importante, que se debe aprovechar cualquier reunión o encuentro con sus amigos(los no ricos) para sacar a relucir el dinero que se gastan en el gimnasio, en ropa de marca, en cruceros y safaris, coches de gama alta, etc.… porque al fin y al cabo, los conservan para eso, para que sepan el sacrificado ritmo de vida que llevan.
Y nosotros… echando cuentas con los puñeteros euros. Antes cogíamos el carrito y el monedero y oye, que comprábamos para toda la semana. Ya no, ahora tenemos que llevar el dinero en el carrito y en el monedero, la compra. Que la cosa esta jodida.
Y toda la culpa, la tiene esa cosa que nuestro presidente ha llamado “desaceleración”. ¿Qué coño es eso de la desaceleración? ¿Se refiere a que ahora los españoles somos más lentos? Pues no sé, igual soy muy torpe, porque no lo acabo de entender… a no ser que se refiera a lo lento que pasan los meses entre nómina y nómina, que me da que va a ser eso. Pero que me he quedado más tranquilo después de saber que sólo nos estamos “desacelerando”, porque si llega a ser una crisis, igual tenemos que reciclar hasta el papel higiénico.
Es por todo eso, que lo tengo decidido, ¡Voy a cambiar mi destino! Que si, que me quiero hacer rico. La primera opción que se me ocurre, es hacerme político, que sólo trabajas cuatro años y cobras el resto de tu vida. Un verdadero chollo. Los requisitos no son muy exigentes, sólo te piden saber contar y sumar (para llevar la cuenta de lo que vas mangoneando) y que puedas hablar durante horas sin explicar nada concreto. A cambio de eso, cobras una pasta y no pegas ni golpe, porque ya me dirán ustedes, que los “pájaros” estos que han aprobado la directiva europea en Estrasburgo, la de las 65 horas, curran todo ese tiempo. (Las horas que se tiran en el “club” no cuentan, eh)
Vamos, que a duras penas soporto al capullo de mi jefe durante 8 horas, ahora lo tendré que soportar 13 horas… a estos europutos (perdón, eurodiputados) les ponía a trabajar en una cadena de montaje todas esas horas, a ver si se lo repiensan un poquitín. Todo esto lo digo desde el más profundo despecho, porque en las pruebas de acceso a político me han tumbado. Aprobé el examen de Ética y Moral.
También he probado con la televisión, que es más fácil todavía que para político, ya que el único requisito es saber insultar. He llamado a Gran Hermano, Operación Triunfo, Factor X, Tú sí que vales… incluso a Supermodelo, pero me dicen que no se llevan los calvos. ¡Qué mala suerte!, y eso que tengo un buen enchufe de un amigo que es amigo del primo del cuñado de la hija de la señora de la limpieza de los lavabos de Telecinco. Ni política ni televisión… pues vamos bien.
Probé con las loterías del Estado, el cupón de la ONCE y los juegos de azar, y tampoco el destino lo ha querido (además de gastarme una burrada), y para terminar de desmoralizarme, me dicen que en La primitiva, por cálculo estadístico, es más fácil que me caiga un avión encima, a que me toque el premio. Joder, peor sería que te tocara el premio y te cayera un avión encima, que eso si que sería hacer un pleno.
Yo que pensaba que hacerse rico era más sencillo, fíjate tú… y eso que he visto por ahí a gente que se ha hecho rica vendiendo nada, como el caso de dos empresas, una israelí y otra británica que venden propiedades en la Luna. Por unos 50 euros te puedes comprar unos 500 metros cuadrados.
A ver, barato es, pero yo prefiero gastarme un poquito más y comprar la parcela por aquí cerca, porque no creo que hayan muchos albañiles que quieran subir allí, y hacerte una torre con piscina, y que conste que no lo digo por el precio del billete que te vale el transbordador espacial, que eso se puede arreglar, que yo lo digo, porque va a ser jodido llenar la piscina de agua… por aquello de la gravedad y eso.
Además, se perdió el romanticismo de antaño, porque antes cuando, abrazabas a tu pareja, de noche y bajo las estrellas, le podías prometer la Luna y quedabas como un Rey. Ahora le dices eso, y como no le enseñes el certificado de propiedad, no te hace ni caso.
y así están, podridos de billetes con sus ideas estúpidas, que no sé yo si las estúpidas son las ideas… no es nada nuevo, durante años, hemos comprado en las tiendas aquellas “cacas” de plástico para gastar una broma. Si, una mierda de idea, pero se vendieron como churros, ya que todos los niños queríamos tener una. Un gasto tonto, porque con solo salir a la puerta de casa, las puedes encontrar a montones, de todos los tamaños, colores y texturas. Y además es reciclable.
Pero me temo que yo de ideas no ando servido, bueno, de ideas tontas sí que tengo, pero tanto como para hacerme millonario, no creo… ¿Qué opciones me quedan? Porque lo de casarme con una multimillonaria de más de 90 años para heredarla no me atrae, y lo más seguro, que yo tampoco atraiga a la vieja, sobre todo, porque querrá escoger un jovenzuelo musculoso y con tableta de chocolate. Tampoco creo que haya tantas diferencias, ¿no? ellos tienen un vientre como obleas de ElGorriaga y yo, ejem…de un huevo Kínder.
Después de todo, creo que al final, si tendré que trabajar… en el diario creo haber visto ofertas de empleo interesantes. Ah, aquí están:
“Gane de 3000 a 5000 fácilmente. Formación a cargo de la Empresa, no requiere experiencia"
Esto parece interesante. A ver que anote la dirección….ya está. Hoy mismo voy.
“Calle del berberecho cojo”, aquí es.
-Buenos días, venía a por lo del anuncio.
-Pase, pase, acompáñeme a la oficina. Es por aquí.
La sigo, la sigo… Hay una sala repleta de personal, alguien desde el fondo y que no puedo ver está lanzando consignas, y gente aplaude a rabiar
Llegamos al despacho. Ella se sienta detrás de un escritorio, que está repleto de folletos publicitarios, me llama la atención el slogan “¿Quieres perder peso? Pregúntame como” me suena esta frase, mira que me suena…
Tras las presentaciones y la excesiva almibarada cortesía, empieza a explicarme el origen de la empresa, la grandeza de su fundador y que el éxito de la misma se debe a la implicación de sus colaboradores, que a la vez somos socios.
Que mal que me suena esto…
Para entrar en ese negocio, debo desembolsar una cantidad (nada desdeñable) de dinero y comprar sus productos a un precio fijado por ellos, yo lo vendo a otro precio y esa es mi comisión de venta. Para aumentar mis beneficios, debo “convencer” a familiares y amigos que participen del negocio y sobre sus ventas, yo me llevo una comisión. A mayor volumen de vendedores, mayor es mi comisión, aparte de mis ventas.
Ya…
Menudo coñazo, me lo ha “largado” todo de carrerilla, sin pestañear. La de veces que habrá repetido el rollo la tía esta. La miro, le sonrío y le digo que sí, que me encanta su sistema (piramidal, por cierto) y que espere un momento, que voy a cambiar el ticket del parking y ahora vuelvo. ¡Un huevo voy a volver!
Mucho me temo que no voy hacerme rico de ninguna de las maneras, por lo que voy a tener que acudir al banco para reunificar los préstamos y ya que estoy, de paso, pediré un poco más que llegan las vacaciones de verano, y estas son sagradas. Total, sólo tengo que aumentar la hipoteca a 15 años más.
No, si ahora entiendo porque en todos los bancos hay una bandejita con caramelos… son para quitar a los clientes el amargo trago de pedir dinero para cubrir gastos
Como veo que esta semana va de recetas (como el caso de nuestra querida amiga Lauri) pues me dije "Miguel, que tu sabes hacer algo más que paellas" y el Sábado noche me metí en la cocina, y aplicando mis refinados conocimientos de la Nouvelle cuisine he creado este plato:
La he llamado "Plancha de harina cocida al horno,a la lluvia di frutti di nevera, salteada con un pellizco de mozzarella y un delicado baño de tomate al orégano"
La he acompañado con una exquisita guarnición que he bautizado con el nombre de "prado de amapolas"
Este es el resultado.
Aunque, en ámbitos más mundanos, se le llama pizza y la guarnición, ensalada de lechuga con tomate
Estoy seguro, convencido vamos, de que todos hemos pasado en algún momento de nuestra vida una situación incómoda. Son esos momentos en los que uno desearía estar en la otra parte del mundo, de querer que uno se lo trague la tierra o sencillamente, poder desaparecer tan fácilmente como lo hace el mago David Copperfield. Claro que nadie va a reconocer de buenas a primeras, que sí, que ha metido la pata, en aquella ocasión tan comprometida… mira, algunos ya se les escapa la risa. ¡Alguna habréis hecho!
La primera situación incómoda que me viene a la cabeza, la sufrimos casi a diario, y es la de compartir un pequeño espacio con un desconocido, la más habitual es el ascensor, en la que coincides con algún vecino que no sabías que existía.
¿Y qué es lo que haces?... Pues te pones a mirar el techo del ascensor
¿Y lo que tarda en llegar al rellano, verdad? Si parece que va más lento hoy…
Una opción muy socorrida, es sacar las llaves antes de entrar al ascensor, así puedes juguetear con ellas, ocupa tu tiempo mirándolas, dándole vueltas en la mano. Lo que importa es disimular como sea, que no se note que te molesta ese vecino que tienes a 20 cm mirándote de reojo, apenas sin disimulo, intentando que cruces la mirada con él para entablar conversación.
¿Y de que hablan dos extraños en un ascensor? Pues de que va a ser, ¡del tiempo!
-Hace un buen día, ¿verdad?
¿Por qué le has mirado?, ¿no te había avisado?
-¿Qué?...ah, sí, un buen día…si
-Y eso que esta mañana estaba nublado
-Ya claro…nublado
-Y eso que el hombre del tiempo dijo….
Tú haces rato que has desconectado, pero el tío sigue y sigue. No calla el pesado, y lo peor que cuando te habla no te mira a la cara, te mira directamente al canalillo del escote. ¡Todos los hombres son iguales!
Pero si ya es mala suerte coincidir con un extraño, un vecino pelmazo, pero un extraño al fin y al cabo, peor es coincidir con muchos. Estos son los casos de los hoteles, los centros comerciales, hospitales,etc… y de todos esos sitios que los ascensores se llaman directamente montacargas, aunque a mi ese nombre no me gusta, porque vamos, que yo sea una carga para mi mujer, vale, pero que los señores de Otis-Zardoya, Zener o como quiera llamarse el fabricante, vayan diciendo por ahí que somos una carga… que eso está muy feo hombreeee, que esas cosas no se dicen, que es meterse en la vida privada de las personas,
¿Acaso me meto yo contigo?
Mira que me dan ganas de poner “Otis-Zardoya, me vais a tocar la… paciencia” a ver si os gusta…
Ehh… ¿De qué estaba yo hablando?
……
Ah vale, ya me acuerdo, que se me va un poco la pinza…
Decía que esos montacargas (¡ascensores!) caben unas 10-12 personas. Bien. Ponte en situación, todos comprimidos en 4 metros cuadrados y la gente calladita, con el pescuezo hacia arriba y sudando como pollos y de repente, sucede:
¡Pffffffff!
Es el silbido de un pedo traicionero, nada que ver con esos otros escandalosos que hacen ¡brooompopompom! y que hace mucha gracia a todo el mundo. Este es apenas un siseo, esos pedos sibilinos y calentitos que nadie admite nunca haberse tirado. En un momento, el olor empieza hacerse insoportable, tu sabes que a ti no se te ha caído nada, pero no puedes evitar ruborizarte cuando miras a tu izquierda y la señora mayor del vestido azul con floripondio en el blusón, peinado pasado de laca, dos caries, un nieto y pensionista te esta fulminando con la mirada.
Miras a tu derecha. Es un señor trajeado de mediana edad, barrigudo, y con una incipiente calvicie. No te gusta la cara que está poniendo...
¿Eso te tiene en la comisura de la boca es un amago de risa? De repente lo ves claro… Él, ha sido él. Y encima le hace gracia. ¡La madre que lo parió!
Tu eres una señora, y no lo vas a acusar (además lo negará todo) Pero al menos te quedará el consuelo de que lo habéis compartido entre todos.
Siguiendo por aquí, o sea, por lo escatológico, no deja de ser frecuente que a uno le entre el “apretón”, acuda al baño para hacer sus cositas, y cuando ha acabado la faena, se encuentra con que no queda papel higiénico.
¿Ahora, que?
No hay nada más triste que encontrarse en una situación embarazosa con el culo al aire. Y sucio. Si tu pareja está en casa, le pides a gritos que te traiga otro rollo, y de paso, se enteran todos los vecinos de la cagada que has metido. Si no está…pueees…. Hombre, es algo incómodo salir en cuclillas a buscarlo tú mismo con los pantalones bajados. Vas a parecer el “caganer” del pesebre, pero es lo que hay.
Si tu pareja no está, y en casa no hay mas rollos, no es una buena idea salir a pedírselo a los vecinos (eso se hace con la tacita de arroz, o para pedir un huevo) no creo que sea… adecuado. Pero no te preocupes, que hay opciones. Si eres una mujer, las toallitas desmaquilladoras que llevas en el bolso te pueden servir (en el bolso de una mujer hay de todo) y si eres hombre, y fumador, vas desliando los cigarrillos y con el papelillo, con cuidado y aprovechando los dos lados, haces el apaño. ¿No fumas? Joder, ¡pues aprovecha la tarjeta de crédito, que aunque no tenga fondos, todavía te puede servir!
Otra cosa que está muy fea y que no deja muy mal, es el criticar. No, si ya sé que tú no criticas nunca, yo lo digo por los demás…
Bueno, pues a los que si nos gusta criticar, no hay nada peor, que estar poniendo de vuelta y media a alguien, y que, en esos precisos instantes, este justo detrás de ti. A ver como sale uno del entuerto:
-Ah, hola… estabas hay detrás…no pensaras… que yo…vamos… ¿Qué has escuchado?
-Todo, absolutamente todo –No miente, mírale la cara, esta toda roja
-Ehh… ¡pues era una broma! Lo he hecho para ver como reaccionabas… (¡glubps!)
Aprovecha que esta dudando para escurrir el bulto, que siempre es mejor huir como una rata, a que te den dos sopapos delante de todo el mundo.
Supongo que a (casi) nadie le gusta planchar, pero es necesario, aunque no hay que llegar al extremo de planchar los calcetines y los calzoncillos. Bueno, los calzoncillos sí, porque te los pones recién planchados y te dan un calorcillo en los huevos…. Un placer indescriptible.
Pero te pones a planchar justo antes de vestirte, porque aunque la guardes en el armario, la ropa se arruga, y salir con un vestido recién planchado… eh, que quedas como una reina (o un rey, que los hay)
Y de pronto, lo ves: la mancha. Te cagas en todo, porque has lavado el vestido justo para esa ocasión, has preparado concienzudamente la combinación de tonos y colores a juego con tu sombra de ojos y el vestido tiene ¡UNA JODIDA MANCHA!
¿A qué jode, verdad?
Consuélate, que haya sido antes de ponértelo, y no descubrirla justo cuando llegas a la cita.
Yo, no es por presumir, pero de manchas, entiendo un montón. Soy todo un genio en crearlas en los lugares más recónditos de mi vestuario.
Ahora, para genio, mi mujer, que tiene un talento especial para descubrirlas todas. Yo preferiría que no me lo dijera (y menos con ese retintín que pone para reprocharme) pues dicen que la ignorancia es la felicidad.
Me llamo Miguel,tengo 40 años y soy calvo. Esto en sí no es una descripción, pero sí una reafirmación de que acepto el paso del tiempo como algo inexorable y que mi aspecto cambia y, como no, hay que llevarlo con buen humor.
Quien me conoce, dice que soy algo cascarrabias,otros que soy un quejica y el resto, que tengo poca paciencia. Es posible, que sea todo a la vez.... o nada de eso. Averiguarlo vosotros.