¿Por qué te arrepientes?
Acaso dudaste.
No te extrañes.
La rueca dio un giro antes.
Los deshilachados sies son falsos testigos.
Ovillo de hilo fino que desmadejaste no tiene engarce.
Te fuiste antes.
Posiblemente prevenido.
Aquí me dejaste sin nada a que agarrarme.
Tú no vas a escucharme, pero estas palabras van a liberarme.
Hace tiempo que no escucho la súplica.
He creído que ese espacio ha curado haciendo olvidar lo que de ti he añorado.
¡Quizás!
Es posible que esté libre de ese mal.
Ilusa. Si así fuera, otro gallo cantaría y no andaría tecleando palabras hueras descosidas.
Manifiestos rotos antes de cantarlos y pregonarlos.
No te asomes.
Si es así es posible que me olvide hasta de mí.
Ocultándome es factible huir.
¡Qué creí!
Pobre de mi persona que recrea en posibles aquello no eludible.
Partir hacía la nada enroscada en esas falsas palabras.
Ahora, la atmósfera que circunda aplasta con su espesa planura, agotando el último resuello del alma perdida en falso sueño.
Me quiebro descomponiendo en minucias que el viento levanta en remolinos, mezclándolas con hojarasca y barro para construir un pasado consistente que haga posible el presente.
Padezco y disiento.
Ando guardando silencio.

Por qué será tan incierto el puesto que se le asigna al pensamiento.
Miro dentro.
Te encuentro.
Tenso el arco y atiendo.
Pasas de largo.
¿Te he dado en el centro?
Atusado y dispuesto por mi lado has pasado mirando para otro lado.
¿Qué me has hecho?
Pendiente de tu trafago me siento.
Olvidado el mal tiento miro de serte alguien, aunque prescindible.
Y tú lo eres todo.
¿Qué pusiste en mis labios rotos?
Ese beso al descuido ha caído en saco roto.
Has vencido las reservas que dispuse con mis tretas.
Hilarante, calmada y quieta.
Cuando paso por tu puerta.
Se me da tan mal el disimulo que quienes me ven pasar dirán:
-¡Allí va esa!
No me percato del mal papel que me has dado.
Ando rondándote.
Doy pena.
Es miseria.
Yo lo sé.
Pudiera ser que algún día al pasar delante de ti me hiciera esa pregunta que indica y testifica.
-¿Quién es él?
Perdido ese punto de mira que acerca, se desconoce a quien es que el alma anda adherida.
Y cruzaremos saludos sin saber.
Habré llevado a ideales lo que hoy borbotea en la sangre.
Tendrás ganas de saber.
No atenderé a razones.
No por malas intenciones.
Será porque en desvarío habré perdido tu nombre arrastrado por el río y naufrago en ese mar al que me pudiste llevar.
Ese día con una sonrisa añorarás que en éste por ti hubiera perdido mi nombre, mi casa y mi ciudad.
Cuando se está dispuesto a dejar un camino llevado del brazo del destino, el despiste te deja arrinconado y no hay otra que volver a intentarlo, aún sabiendo que con otro no será dado, que ese fue tu privilegio y no has hecho por alcanzarlo.
Renegaré y falsearé mis palabras dejándolas moteadas.

Hay un mar en el que los náufragos navegan
Un lago donde se miran las estrellas
Un río que navegar
Un hueco cálido al que ir a parar
Huyes del destino y éste viene en tu busca
Parece que pierdes oportunidades y ganas
Sientes con las vísceras
Crees que es el alma que se manifiesta
Tensión estomacal
Hormonas que se activan y desactivan
La vida prevista en genoma
Piensas que mente conduce
Cordura y locura se enloman
Corrientes de aire y ventisca
Se asoman
Recoges sembrado, por casualidad
Nada es casual
Escrito está
Previsto
Intuyes
Sabes
Certezas
Vivientes comparten
Destinos previstos
Dolientes se sienten
Lágrimas que caen

Tranquila me creía.
Errada en mi apreciación.
¿Qué hacer ante esta situación?
Palpita mi corazón, cerrándose a la razón.
Huyo tras de mis ganas.
Paro el tiento que a ti me lanza.
Me atraviesa desazón.
Tres palabras de tu voz y todo lo que he parado se ha despeñado y desbordado.
¿Es posible que entre tú y yo haya algo y mi ceguera lo esté evitando?
¿A qué viene este trastorno?
¿Por qué me estás matando?
Me he engañado.
Te he buscado.
Tu pregunta me ha parado, deshojado y arrollado.
¿Será tanto?
¿No podré apurar el paso?
¿Quedaré pendida a la espera de tu mano?
Esas palabras de amor que tanto ansío, ¿a quien se las has regalado?
A mí no ha sido.
Conmigo estás jugando.
Ahogo me estás lazando.
Propuestas de las que traes, a su quiebro no hago caso.
Doy mal paso.
Lisonjas que me han cuajado, ahora son tiempo pasado.
Las horas y días cubiertos, de pronto se han esfumado desnudando nuestro tiempo, descompuesto y estrujado.
¿Me has amado?
¿Te he amado?
Temerosa lo he callado.

No respondo de mí.
Me hace y siento,
registro y apunto a salir.
El eco me vuelve hacia ese ángulo que por venir persiste.
Apunto a destiempo lo que puja por allí.
Remedios no los hay.
Me veo así.
Una media hora en ese tubo sir mover si una pestaña.
Resonancia.
He hecho de gemido canto y aire de mi alma.
De repente la conciencia ha dicho -¡basta!- y he seguido atenta y predispuesta, con la duda que asalta cuando lo previsto hubiera sido error. En esa situación no me habría permitido acomodación. No lo ha sido, allí mi salvación. Colaborar era lo mejor.
Volver a las manos que resuelven la quebrada del cuerpo para posponer lo que el destino tiene para mí dispuesto.
Me quejo.
No hay otra cosa en mi argüir que este dolor enquistado de ni brazo.
Va para un mes de ello.
Todo el trabajo al otro lo va machacando.
Teclear, ¿me será vedado?
Ahora que en conjunción, pensamiento y razón acompañaban mi tacto hilando con el teclado mi expresión.
En la soledad de la noche un canto oculto a mis plegarias se esconde arrastrándolas con mi dolor para que de ellas pueda ocultar mi desazón.
Aunque fuera posible escuchar los ecos de las palabras dispuestas a saludar y ventilar ideas necesarias para argüir mis plegarias no tendrías compasión y me harías con ello un gran favor.
Puntuar y construir el texto me produce tal quebramiento en el seso que aquí en la noche rota no se me ocurre otra cosa mejor que darle al tacto del teclado para alcanzar con ello algo que merezca ser llevado de mi mano y bajo el brazo que no muy sano aún puede acompañar en ello pensamiento y argumento en letras bien o mal dispuesto.
Construyo frases largas y sin otra que desalentada cuando acabo veo en ellas que no clavo comas ni pausas para aguantar con calma ese hálito necesario que constituye pacto entre letras para dejar respirar a su comodidad a quien las lea.
No seré capaz de darle forma a este barro que de primigenia manera se presenta y que por ello escribo pulsando a una u otra tecla sin saber que transcenderlo habría de ser construyendo entarimados y pasillos para así compartirlo.
Escribir para mi instinto no debería quedar bajo el yugo o la regla autoritaria pues quien libra está batalla es mi alma liberal desatada y sin mordaza.
Si dispongo en versos los renglones que a estirones rescato de marañas y desorden bastara ovillarlos dejándolos sobre este espacio coloreando con ellos el paisaje dibujado y entelado para que este tapiz hable aunque poco de mí.
En ese rincón oscuro mi alma dispara en ráfaga y apenas me alcanza recuperar alguna esquirla siendo tan lento mi paso comparándolo con lo pensado que a penas soy capaz de balbucear.
Entrecortados pensamientos dejan ver lo que siento.
Te estuve esperando, ahora ya me acostumbre a tu ausencia. No tienes presencia en mi padecer. ¿Te puedo querer aunque así sea?
Me dan la razón las palabras huecas.
Será verdad que te olvidé o es simplemente el engaño que apunta a un sabor extraño.
Te fuiste y no vuelves por el sendero que mis ojos secos y quietos esperan.
Vendrás de improviso, tocando mi espalda y allí mi corazón estallará rompiéndome el pecho al no poder contenerlo.
¡Ojala, así sea!
Moriré contenta de poder llevar en mi retina tu beso en el aire y tu alma engarzada en mi talle.
Te has ido. Pienso que para siempre.
Me queda tenerte en las letras que escribiste en mi memoria.
En esas cartas que no busco entre mis papeles porque temo me desangren y llenen de salitre mis vértebras.
Añoro todo lo que de mí hiciste.
No soy sombra de aquella que quisiste.
Me diste alas y escamas.
Volaba y nadaba.
Mis canas servirán para tejerse enracimadas alrededor de silencios que tú sólo escuchabas.
Si fuiste el único, ¿qué hago que no me conformo con lo que he tenido?
No tuve bastante.
Quise el infinito.
Saberte.

PALABRAS CUERDAS DE UNA SIRENA
No las habrá bastantes para contener la riada del llanto que el lamento ahogado del amado arrancado de tu lado con liras y lisonjas no has soportado
La cordura no podrá contener el empuje de las lágrimas que mojan el alma ensangrentada salando las heridas para distraer el dolor mayor con minucias
Errabunda el alma se mueve entre la penumbra de una conciencia indispuesta y dolida de antemano
Coraje le hecha al cuerpo sepulcro de tanto lamento la doliente enamorada que de todo se despide encajando su espanto entre los pliegues ocultos de una memoria que nunca olvida
En un remanso de calma falsa se mece esta sirena que no quiere mirar pero que no puede cerrar los ojos ni dejar de enfocarlos al único objetivo que la hace vibrar
De falsas esperanzas se zafa cuando el amante la deja pendida en el aire del silencio obligado
A él y no a otros siente en lo más interno de su pesar y no tiene otra que esperar aunque en la desesperanza se mueve porque no ha lugar
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