RÉQUIEM POR NUESTRAS COQUINAS (dedicado a mi querida amiga Laura)
El sol estaba a punto de ponerse en Isla Canela. Había gente en la playa para ser Mayo, hacía calor, pero a esa hora empezaba a refrescar. Hay estabamos tú y yo, en la orilla, con nuestro bikinis nuevos, derrochando erotismo con nuestros cuerpos morenos. De repente tuviste la feliz idea:
- ¿Cogemos coquinas?
Yo que soy fácil de convencer asentí con la cabeza con cierta desmotivación. Todo empezó como quien no quiere la cosa.
-Uy! Mira he encontrado una, bien gorda! Alá! Otra! y otra! y otra!
Sin darme cuenta hacía posturas imposibles y acrobacías para rentabilizar el tiempo y coger más coquinas y terminé más de una vez sentada patiabierta o de culo en la orillita.
Empezamos a emocionarnos, había cientos, miles de coquinas enterradas en arena. Sin querer comenzamos a competir a ver quien cogía más. Fue una auténtica lucha lo nuestro, amiga. Miraba tu botella de reojo y pensaba: -Llevo más... soy la mejor cogiendo coquinas.
Quería parar pero era un vicio una mala droga, a más encontraba más quería, la pierna me dolía, el pie helado por el agua, amoratado los dedos, pero hay estabamos en un cuerpo a cuerpo... coquina a coquina.
Hubo un momento en que me sentí ridícula, la noche caía casi y la luz cada vez más tenue, y sin embargo ahí estabamos, insistiendo. Llegamos de noche al apartamento, nuestros amigos nos miraban:
- Mira, las dos raritas del grupo.
Pero nos daba igual porque teníamos nuestra "gran pesca"
Las coquinas, metidas en sendas botellas viajaron hasta Sevilla con nosotras. Yo llegué a mi casa y tú a la tuya. Compré un buen vino blanco para zampármelas al ajillo, " descorché" la botella de lanjarón para sacarlas de su cautiverio. Estaban ahí con sus lengüitas fuera, buceando en su mar portatil. Y entonces ocurrió lo inesperado.
Un gran hedor salió de la botella, un olor a putrefacto, a rancio a muerto... ¡no podía creerlo! Se habían suicidado. ¡Qué horror! No sé si aguantaron la respiración porque eran rebeldes y no querían morir comidas por mi, o bien las he matado por negligencia. Quizás les dio mucho el sol, quizás debí abrir la botella antes, no sé... siempre me quedará la duda, el remordimiento, el sentimiento asesino de haberlas aniquilado. De todos modos iban a morir comidas, sí... pero no es lo mismo.
Tuve que tirarlas a un contenedor de basura, sin entierro digno ni nada, se vengaron de mí con ese olor asqueroso que duró varios días en mi casa.
A tí te ocurrió lo mismo, me llamaste llorando, acusándote de no ser "buena madre" para nuestras pequeñas coquinas... te ví desecha en un mar de angustia, preguntándote por qué. Las encontraste como yo, abiertas con lo que es todo el bicho fuera.
Amiga mía, no hay nada que podamos hacer, aprenderemos de la experiencia y la próxima vez las cuidaremos, les echaremos sal, las meteremos en el frigo y dejaremos que le entre aire.
Traté de consolarte, las mías no habían tenido un final mejor que las tuyas. Sin embargo tuve la osadía de guardar una que sí vivía.
Me pareció que era síntoma de selección natural, sobrevivió la más fuerte. La saque y la hundí en un vasito con agua y sal, la puse al fresquito y le agregué arena. Ella se hunde a su libre albedrío, sale y entra, me saca la lengua... yo la veo feliz, a su rollo. y por supuesto nunca me la comeré porque me hace compañía. En los días de soledad hablamos de nuestras cositas, bueno, ella escucha interesada, tampoco tiene mucho que contar. Sí, creo que nos hemos hecho amigas, y en el fondo ya me ha perdonado la masacre de sus amigas, sabe que fue sin mala intención.
Y en profundizar en nuestra amistad andamos... mi coquina y yo.
10 comentarios - Escribe aquí tu comentario
Había leído textos dedicados a los más diversos temas, hay un poema hermoso dedicado a las moscas por Antonio Machado e incluso uno al culo obra de Quevedo pero no me esperaba uno que hablase del suicidio de las coquinas y de tus casi monólogos con una de ellas.
No quiero que te creas demasiado los elogios porque no es bueno hacerlo pero qué quieres que te diga me gusta como escribes además siento algo de envidia, no sé si sana o nociva, me da igual.
Sigue así y aunque no me gusta hacer proselitismo y cada uno tiene su camino deberías tomarte esto más en serio e intentar llevar a cabo algún proyecto concreto sobre la literatura, en la asociación de escritores noveles puedes encontrar ayuda.
Un beso.
jajajaja, que te envidia a ti de mis textos sigue siendo un halago.
No te preocupes, que no me pongo creida, en realidad si no me he lanzado a hacer algo en serio es porque no sé si será capaz de crear algo lo suficientemente bueno como para que interese. De momento me voy a comprar un portatil para escribir desde casa, porque desde el curro no doy más de sí. Y la verdad es que mi sueño es algún día publicar algo y que lo lean mis nietos y piensen: mira la abuela, haciendo sus pinitos! Eso sería un autentico desafío. De momento me he apuntado a la asociación, vamos me he registrado, ( me falta pagar) y un día de estos si puede ser os haré una visita por la sede de Sevilla ( hay verdad?) y me informaré. Y sobre todo me pondré a escribir algo en serio ( que no serio... o si... quien sabe)
Muchisimas gracias, de veras, eres de gran ayuda para mi.
Me ha gustado mucho.
Es un relato corto muy bonito sobre la amistad..Pon una coquina en tu vida!..
besos
jajaja, gracias, veo que has pillado la esencia, pues está dedicado a la coquina, pero también a mi amiga del alma. Besos Cecs!
Me ha gustado mucho tu texto. La verdad cuando venía leyendo lo de las coquinas en la botella, barruntaba la catástrofe, ejejjeejje, (será porque soy de costa y no las guardaría en botella), pero la salvación inesperada de una de ellas, me ha encantado. Felicidades por tu gran imaginación. Besos.
Lauri.
Jejejejejejejejejeje
Me ha encantado. Si la risa me lo permite, te comento... ¡Suicidadas las coquinas!. Niña, ¡si las has ayudado un montón a ese suicidio colectivo, jejejejejejeje!
Y como dice Cesc... ¡Pon una coquina en tu vida!...
(Oye, ¿ y una lapa o un berberecho no sería lo mismo?. NO tenemos coquinas en las playas gallegas... ¿Lo de los berberechos no cuela, seguro?. Jejejeje)
Felicidades y besitos.
jajaja Un suicidio colectivo de coquinas. ¡Pobres! prefierieron contener la respiración que bañarse con vuestros jugos gástricos. POrque, reconoce, que en vuestros planes para ellos no entraba ponerles un chalet en la playa. ¿no?
Yo recuerdo un episodio parecdio con cangrejos. ¡Menuda tarde nos pegamos mi amigo Antonio y yo cogiendo cangrejos entre las rocas! Nos trajimos trepecientos. Si hubiéramso pensado en cambiarles el agua, igual no hubieran echado semejante tufo. No había quien lo aguantar. ¡Adiós cangrejitos, adiós!
Besitos, esta genial
Me paso lo mismo este puente con los caracoles, los metimos en una bolsa bien cerradita y cuando llegamos a Madrid, tuvimos que decirles a los azulitos que se nos habian olvidado, ¿te imaginas porqué?.
Asesinos de masas que somos....
Me he reido un rato con tus coquinas.
Besotes
Una grata lectura, con algo siniestro y colectivo, aun asi no me gustaria estar en el lugar de algun coquina muerta, pero tal vez si en el lugar de la valiente que decidio lucahr y vivir, asi es la amistad, obtenemos muchas, casi la mayoria decide morir, ¿por que? mmm no lo se, pero todo esta decidido, solo le damos el seguimiento, todos nos cruzamos en el camino de todos, solo debemos tener la facultad de comprender ¿para que? ¿cual es la finalidad? aun asi, esa coquina creo te dejara mucho que aprender y una experiencia de vida. En hora buena, cuida esa coquina, un abrazo.
Lord Vaio.
Lo peor del ser humanao es que tropezamos dos veces con la misma piedra... he vuelto a caer en un error parecido... los animales y yo no nos llevamos bien... puf.





