Libro de Arena
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JEZABEL

¿quién dijo que el mal tiene nombre de mujer?

MIS PRIMERAS MEDIAS

Corría el año 90. Yo era una niña pizpireta, que caminaba con una coleta tiesa a modo de palmera o cornucopia de unicornio, que acompañaba mis brincos nerviosos a modo de bamboleo.

Siempre en acción y en ebullición. Era como una pastilla efervescente sin fin. Nunca me cansaba, siempre quería jugar, ahora entiendo que quizá fui sin saberlo un poco hiperactiva.

Desde los 5 años iba a un colegio de monjas del que guardo un recuerdo entrañable. Mis monjas eran muy modernas. Nunca olvidaré un día en que la Hermana Ana, que vestía de paisana y se pintaba los labios con un suave carmín, nos dijo en una excursión a San Fernando que dejásemos de llamarla Hermana Ana:

- Niñas, parecemos tos familia con tanto hermana pa arriba hermana pa abajo.

La Hermana Ana era una monja vanguardista, moderna y adaptada a los tiempos que corrían. Todo el mundo la quería y la respetaba.

Fui muy feliz en mi colegio, me encantaba las fiestas que hacíamos, tocar la flauta el día de la Constitución, hacer de vulgar pastorcita en el Belén y soñar que algún día sería la Virgen Maria, que siempre le tocaba a Macarena Losada, que cantaba de maravilla y era morena y muy guapa, participar en los certámenes de poesía, en lo homenajes a escritores leyendo en el salón de actos textos literarios...

En la obra de teatro de navidad siempre me tocaba un papel masculino: hice de ruso en lugar de rusa, hice del soldado en lugar de enfermera, hice de Teodoro y yo quería hacer de Santa Joaquina, nuestra patrona… Claro era una niña alta, aunque luego mengüé y no me quedaba más remedio que acatar lo que me designaban. Siempre fui obediente, lo hacía sin rechistar, y esperaba mi oportunidad de ser lo que yo quería.

Sin embargo, hay una sensación que se me ha quedado grabada en los sentidos y que hoy mientras esperaba la cola para la declaración de la renta me ha venido a la memoria.

Era Mayo, el mes de la Virgen, y como siempre hacíamos actividades enfocadas a esta festividad. El día 2, todas las niñas íbamos con una flor blanca, un moño blanco y la camisa de gala bajo el pichi y hacíamos una misa, teatros y un aperitivo.

Ese día mi madre me compró mis primeras medias. Nunca olvidaré la ilusión el día que me dio la noticia. Esperé que me las compraras con tal ansiedad que cuando llegué del colegio no me interesó ni ver “Sensación de vivir”

Cuando mi madre me las enseñó parecía que me ofrecía un cofre cerrado hasta ahora, con un tesoro dentro. Me parecieron las medias más bonitas del mundo, y eso que eran más feas que pegarle a un padre.

Blancas, tupidas, de espuma, aparecían antes mis ojos con un tacto a nube de golosina. Olían bien, a tejido limpio, a nuevo, y al ponérmelas la sensación fue como ir con las piernas al aire pero torneadas por esa ligera red opaca. Caminé por la calle diligente, feliz con mis medias de niña mayor. Me sentía poderosa, al mismo nivel que las mayores, las grandonas de octavo porque por fin llevaba medias. Las piernas se veían tan diferentes… torneadas, finas, sin pelillos, hasta los zapatos parecían resbaladizos y más confortables. Menos mal que no me hice una carrera… el trauma me hubiera durado meses.

Esa primavera llevé medias hasta bien entrado junio, y mira que hacía calor, pero yo es que era así de seguía, cuando algo me gustaba me gustaba mucho y no tenía freno. Cuando me las quité fue ya por sarpullío.

Hay prendas de vestir que uno nunca olvida. Yo de pequeña odiaba un bañador de flores azul que me ponía mi madre con 3 y 4 años. Estaba deseando que se me quedara chico. También odiaba un chaleco, con el que tengo fotos con una cara de pocos amigos terrible, me picaba horrores. Además era marrón y los tonos tierras a mi no me gustaban, siempre fui muy de mirar la combinación perfecta de la gama cromática.

Sin embargo tuve un traje blanco con mariposas rosas que estrené un Domingo de Ramos con 6 años, que pasará a la posteridad de las prendas que siempre tendrán para mi un lugar en mi recuerdo.

Me gustaría que aportaseis alguna anécdota sobre este tema…¡ seguro que os traerá momentos agradables de la niñez!


12 comentarios - Escribe aquí tu comentario

lo dijo marinera 4 Junio 2008 | 02:46 PM

jajajjaja

Como se suele decir la niñez es la mejoretapa de nuestras vidas

Yo tengo un postn mi rinconcito hablando de mis recuerdos

jejeje

me he reido mucho y además me has proyectado un ternura increible hacia esa niña qeu estudiaba en las monjas y es oqeu de pequeña odiaba a las niñas de las monjas

Menos mal que no coincidimos ne la niñez ejejjej

Muchos besos

lo dijo carlosmerchan 4 Junio 2008 | 02:53 PM

Claro. Ahí va mi aportación. Los pantalones largos. En sus pliegues vivían todas las niñas, la niñez que iba quedándose atrás, amarrada entre árboles y sueños, la sensación de tener una pila de años en tus piernas, enfundadas por fin en la edad adulta, donde queríamos sentar nuestros reales. Joer, el pantalón largo, ¡y en agosto!. Muy sugerentes tus recuerdos. Nunca sabré del tacto de unas medias, pero te entiendo.

Saludos.

lo dijo lauri 4 Junio 2008 | 04:53 PM

Me ha gustado mucho tu post.

La verdad yo no tengo ninguna prenda "preferida" de mi niñez, ni un recuerdo tan vivo de la primera vez que me puse algo.

De odiar, odiaba los peter-pans (leotardos de lana), ejejjejejeje. Pero mira que ahora me los pongo debajo de los pantalones en invierno.

Esto de vivir en Segovia y estar a -12º de camino al trabajo te hace ver las cosas de manera distinta.

Un beso.

lo dijo enlabasilica 4 Junio 2008 | 05:25 PM

¿Santa Joaquina de Vedruna?

Vaya. Mis años más chicos, en un colegio de esa congregación. Luego pasé, en otra ciudad, a uno infinitamente más moderno. ERa un colegio de monjas, pero casi ni lo parecían, jeejeje.

Más cerrada que las monjas (las de mi "cole" no lo eran) era mi madre. Educada en un ambiente católico a ultranza y en una ciudad donde el que dirán era el credo, ella decidía lo que yo vestía o lo que yo no vestía hasta bien entrada la adolescencia. ¡Anda que no he sufrido con aquellas faldas de godés, cuando yo quería unos vaqueros!. Y ni qué decir de aquella ropa interior "de cuello vuelto"...

Fueron, sin duda, años duros en los que mi rebeldía no era suficiente para plantarme y vestirme a mi gusto.

Mi encuentro con las medias fue mucho más desagradable. Siempre las he odiado. Aún es hoy el día que, si puedo, salgo sin ellas.

Sin embargo, me ha encantado tu evocación, tal vez porque la leo con cierta envidia, jejejeje.

Un beso.

lo dijo emmanuel 4 Junio 2008 | 08:14 PM

la verdad es que leyendo tu post, no puedes evitar echar un vistazo a antiguas fotos y ver las "pintitas" que teníamos.

Yo no pude elegir mucho mi ropa, la heredaba de mi hermano, hasta que mi delgadez hizo imponsible que la aprovechara.

Lo que sí recuerdo con agrado, fue cuando en una de esas herencias me dieron una chaqueta roja y, al meter la mano en los bolsillos encontré dos mil pesetas. Obviamente fui corriendo a invertirlas para que no me las reclamaran.

También recuerdo unas botas de piel de ante forrado de borreguito, que llegaba a usar hasta en pleno agosto.

Chao.

lo dijo Luz Marina 4 Junio 2008 | 08:20 PM

Yo recuerdo un hermoso vestido, que me hizo mi madrina, era blanco adornado con mariposas adheridas a él y en los bordes tenia arandelas de diminutos botones de colores. Esa belleza se quedó en mi alma para siempre. Recuerdo el día que se dañó, fue al enredarme con un alambre de pua jugando con una amiguitas. Se fue mi vestido y mi alma con el.

lo dijo jezabel 5 Junio 2008 | 09:58 AM

muchas gracias a todos por vuestras aportaciones. La verdad es que todos los niños deberían ser felices, es injusto que sea de otro modo... besos a todos!

lo dijo Paco 5 Junio 2008 | 10:13 AM

jajaja, que bueno eso de tus medias. Yo tengo varias prendas preferidas pero casi todas están relacionadas con el balonmano. Pero tengo un recuerdo especial de la camiseta que me regalaron cuando formé parté por primera vez de la selección gaditana, yo tenía 12 o 13 años y me pasaba como a ti, iba a todos lados con mi camiseta orgullosísimo. Un día estábamos jugando al fútbol y un contrario me agarró y me la rompió... Llegué a mi casa llorando desconsoladamente, pero aún conservo la camiseta rota y todo jajaja

Besitos!

lo dijo dawn................. 5 Junio 2008 | 11:51 AM

BUENOS DIAS, me ha gustado mucho tu relato.

un beso

lo dijo Sortilegios y m. 6 Junio 2008 | 12:12 PM

Viva la naturalidad contando las vivencias pasadas. Yo es que no sé si quiero acordarme de los estrenos... Hace tanto tiempo... Me hubiese gustado conocer a esa monja...

lo dijo jezabel 9 Junio 2008 | 02:10 PM

Gracias a todos por vuestras aportaciones y cariñosos comentarios.

lo dijo nyka 9 Junio 2008 | 02:26 PM

Yo guardo muchos momentos entrañables de mi niñez y siempre me acuerdo de un vestidito blanco, con un lazito rosa en la cintura que mi mama siempre me ponia para las comuniones, las bodas, los acontecimientos familiares...ahora que lo veo guardado junto con mis recuerdos de la niñez, no me lo podría poner ni de calcetines jaja pero es verlo y sé que con el pasé muy buenos momentos. Gracias por devolvernos nuestra niñez desde otra perspectiva. Saludos

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