Libro de Arena
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Soñando desde el sur

y mas al sur, existe un territorio donde los sueños se cubren de lágrimas.

Tras el cristal

El Otoño se nos vino encima de repente. Casi sin ser conscientes de ello, las primeras hojas comenzaron a caer sobre el camino de piedra. La melancolía comenzó a expandirse por los campos, atravesando la laguna, elevándose por encima de las copas de los árboles, colándose por las rendijas de las casas, turbando el animo de las personas.

Ella estuvo dos días frente a la ventana, a él no lo vi, aunque tampoco era raro, solía irse con el coche, y no aparecía hasta algunos días después. Llevaban tres años viviendo junto a nosotros y nuestra relación era casi inexistente. Durante esos dos días, a cada ocasión que podía dirigía la mirada hacia su casa y allí estaba ella, mirando hacia fuera. El primer día a la tarde me paré y la saludé con la mano, pero pareció no verme. Ya por la noche miré desde la cocina, pero la oscuridad me impedía ver si seguía allí. Esa noche en la cama le pregunté a mi marido

-¿que te parecen los vecinos?

-un poco raros- me contestó.

-aclárame lo de raros

-no se, lo he dicho sin pensar, buenas noches

Decidí no insistir mas en la conversación, y me dormí pensando en ella.

A la mañana siguiente al salir la volví a ver allí, una figura de carne y hueso, inmóvil, la mirada perdida.

Me olvide de ella llevada por la rutina. Esa tarde el coche apareció de nuevo, y ella desapareció de la vista.

Dentro de la casa una mujer en silencio, mira ,observa a través de la ventana, no le importa nada de lo que ocurre fuera, su mente está imaginando un lugar, un remanso de paz. Un coche aparca, lo mira y frunce el ceño. La mujer que vive en la casa de al lado ha salido y la ha vuelto a mirar. Esta sola, se siente sola y quiere seguir estando así. Alguien entra en la casa, escucha sus pisadas en la escalera, como abre la puerta, su respiración, su olor y como le da un beso en la mejilla. El habla sin parar y ella no lo escucha. Lo acompaña a la cama y mientras ella sueña con una playa solitaria por donde pasea dejando que las olas mojen sus pies desnudos, el la penetra, la mordisquea, ella toma una concha con sus manos y sonríe, el sigue empujando con fuerza y lanza varios gemidos, ella siente que el mar la moja, el se separa sudoroso.

Después de desayunar volví a salir y mire, pero no estaba allí. El coche si, así que imagine que estaban en casa. Me sorprendí al verla venir de frente, dude preguntarle si tenia algún problema, si podía ayudarla en algo, pero me limite a decirle hola, ella me devolvió el saludo y me sorprendió ver que llevaba puestas unas gafas de sol. En fin, cada uno lleva puesto lo que quiere, me dije.

Durante la noche mi marido y yo nos sentamos en el salón y vimos las noticias. Dedicaron un especial a la violencia domestica, ese día habían asesinado a dos mujeres. Lo miré, el seguía con la vista fija en la pantalla, y me acorde de la vecina. Solo fue un fugaz recuerdo, le di un beso a mi marido y me dirigí a la cocina, al correr las cortinas observé un relámpago, hacia viento y había comenzado a llover. Miré hacia la casa de enfrente y me pareció verla en la ventana, puede que solo fuese mi imaginación, me di la vuelta, subí la escalera y me acosté.

Tronaba el cielo. Tras el cristal el viento lanza oleadas de hojas sobre el muro de piedra. La lluvia desciende de manera tenue sobre la tierra. Desde el interior no se puede percibir ese olor a campo mojado, ese silencio solo roto de cuando en cuando por algún estruendo. Un corazón palpita. Un camisón se arremolina entre unas piernas plegadas. El pelo se retuerce a manojos por encima de los hombros. Una lágrima desciende lentamente por la mejilla horadando un cauce que se acerca al precipicio de la barbilla, para desde allí saltar y posarse sobre el pecho desnudo. De fondo un jadeo, el duerme en la cama. Su ruido provoca un leve temblor, casi imperceptible, la carne se eriza. Tiene miedo.

"Dedicado a las que solo son una cifra en las estadísticas, que sufren, que lloran, que sueñan, que hacen de la vida diaria su íntimo acto de valentia"


7 comentarios - Escribe aquí tu comentario

lo dijo Vivir Soñando 12 Abril 2008 | 08:24 AM

Gracias por hacer de un problema tan terrible, un HOMENAJE tan hermoso.

Escribes increiblemente bien.

Ten un buen fin de semana, Negri.

lo dijo Rubentxo 12 Abril 2008 | 10:10 AM

Qué duro, y qué bueno.

Me uno a la opinión de "Vivir soñando".

La literatura puede servir para concienciar, para cambiar las cosas, para modificar la realidad.

Saludos y buen fin de semana.

lo dijo negri 12 Abril 2008 | 10:54 AM

Os devuelvo el saludo a Rubentxo y Vivir soñando. En una vida rodeado de mujeres, madre, dos hermanas, una compañera, dos hijas, con esfuerzo trato de comprender, y aún no lo consigo, ese complejo universo femenino, y dentro de ese esfuerzo, este homenaje (en un mundo donde solo tiene gran reconocimiento la valentia) como reivindicación del derecho a tener miedo.

lo dijo jezabel 15 Abril 2008 | 10:34 AM

pues si, bonito escrito, algo terrible, y un homenaje maravilloso. Ojalá algun dia acabe esta pesadilla para muchas mujeres, y acabe bien, no mal. Saludos!

lo dijo Azules (dobed) 21 Abril 2008 | 07:57 PM

Negri, gracias de nuevo por tu visita.

Me parece terrible que tengas que escribir cosas tan bonitas como esta.

Sigue luchando desde aquí, todo es poco y su sufrimiento demasiado.

Un abrazo.

lo dijo Vagabunda 21 Abril 2008 | 08:30 PM

Conmovedor relato. Yo no tengo palabras.

Me ha gustado leerte.

Un abrazo

lo dijo noviembre 5 Julio 2008 | 07:54 AM

Gracias a Dios mi ex se quedó muchas veces con la mano levantada y no la bajó. Pero sé muy bien lo que es vivir esa tensión de esperar cómo vendrá hoy. Si viene de buen humor quizás haya un poco de paz, sólo será cuestión de vigilar que los niños no hagan nada que pueda molestarle, si viene de malo, entonces los niños y yo permaneceremos en silencio, procuraremos no hacer ruido y miraremos de reojo su próxima reacción.

Fuera en la calle el será la persona más simpática que te puedas echar a la cara.

Gracias negri por ese homenaje.

Besos.

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