Libro de Arena
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Soñando desde el sur

y mas al sur, existe un territorio donde los sueños se cubren de lágrimas.

Recuerdos

Tomo el camino de la derecha. El sol comenzaba a descender. Caminaba a paso lento, sin prisa, sin destino. A lo lejos la vio, parecía joven, y mientras sus pasos seguían el camino polvoriento, ella se giró y se encamino a su encuentro. Comenzó a sentir la pesadez del viaje. Al llegar a ella la miró, estaba mucho más joven que la última vez que la vio, pero su mirada era inconfundible. No tenia arrugas, su piel parecía suave, su cabello estaba suelto, y la ligera brisa lo movía cadenciosamente de un lado a otro, todo en ella era diferente, mas lleno de vida, pero sus ojos, esos ojos negros, vivos, eran inconfundibles, nunca notaron el paso del tiempo, ella no lo reconoció, se saludaron

Hola

El camino es largo -respondió ella-

Me recuerdas -preguntó él-

Tropecé dos veces antes de llegar, debió ser el cansancio -siguió ella-

Seguro que no te acuerdas -volvió a preguntar él-

Me senté sobre aquella piedra y estuve esperando. Aun espero -dijo ella mirando a lo lejos-

Te he echado tanto de menos, madre.

Espero verlo llegar, se quedo solo tan joven, mi pobre niño.

Ella se dio media vuelta y comenzó a caminar por el campo. Estuvo un rato observándola, iba y venia, sin dirección, hasta que al pasar junto a una piedra se sentó. Dirigió la mirada hacia el camino y se quedo quieta, inmóvil. El volvió sobre sus pasos y el camino se torno diferente, todo cambio de repente como el decorado de una obra de teatro. Donde antes el campo era llano y extenso, ahora las rocas hacían del paisaje un lugar agreste, el sol dio paso a unas nubes, y estas comenzaron a descargar una fina lluvia. Sentía el agua sobre su cabeza, pero no se mojaba, continuo lloviendo con fuerza pero el permanecía seco, aligero el paso buscando un lugar donde sentarse, jadeando logro ver una oquedad y se dirigió hacia ella. El cansancio desapareció de repente. Se sentó en el suelo y se dedico a contemplar como las gotas caían con fuerza, comenzó a reír con satisfacción, como quien descubre un juego que formaba parte de su infancia, las gotas se descolgaban y formaban un pequeño charco, y las contaba una a una, hasta que el pequeño charco se desbordó por encima del dique que formaba una pequeña rama. Seguía lloviendo y alguien a su lado le hablo, no se sobresalto, hubiese sido lo habitual, pero no lo hizo, giró la cara y una mujer madura lo miraba, sus ojos lo escrutaban, por un instante le pareció reconocerla.

Que tal -dijo ella-

El día esta lluvioso, malo para pasear -respondió-

Porque dejaste de quererme - le espetó ella-

Se me vienen a la memoria aquellos días de lluvia, los charcos, las ropas mojadas, la tarde junto a la estufa, el chocolate caliente -siguió él sin responder a la pregunta-

Siempre te ame, porque no fuiste sincero conmigo - le inquirió ella-

Al acostarme la lluvia sonaba sobre el tejado de la casa contigua. Recuerdo cuando mi madre me arropaba y me daba un beso, mi padre nunca estaba allí.

La soledad ese fue mi tormento, como pudiste guardarte ese secreto sin llegar a decirme la verdad –volvió a preguntar ella-

Siempre hay algo que uno no puede contar, que lo sigue allá donde vaya, que morirá con él. Recuerdo mi mano cerrada en torno a una piedra, me la guarde para protegerme, y nunca la soltaba, era insignificante pero me daba valor, incluso cuando te dejé-respondió él-

Los secretos atormentan, debiste decírmelo, te fuiste, nunca te despediste –terminó ella-

Se hizo el silencio, ella seguía mirándole. Sobre la mente de él se sucedieron con rapidez una amalgama de sensaciones. Una imagen borrosa, alguien se despedía mientras él seguía acostado en su pequeña cama. La ausencia del padre, el rencor de la adolescencia, el cariño de una madre, sus primeros desengaños, dolor, lágrimas, un adiós, un funeral, el abismo de la soledad, la casa vacía, la ropa de su madre sobre la cama, la pequeña habitación cómplice de sus sueños, la parte trasera de un coche, la mano fría de su tía, otra ciudad, el amor, la paternidad, su huida, el retorno.

Salió del refugio corriendo, sin mirar atrás, corrió como quien lleva el miedo unos pasos tras de si. El camino descendía y allí al final se observaba un precipicio, intento detenerse, pero sus pies no obedecían las ordenes, siguió acercándose, no se quería caer, desesperadamente intento gritar pero no podía emitir ningún sonido, sudaba, el borde estaba cerca, seguía corriendo, la lentitud del tiempo lo exasperaba. La agonía de algo previsible que tarda. Al final cayo, una caída que se torno dulce, sus sentidos lo hacían flotar sobre un mar de vaporosas nubes, no existía el tiempo, solo silencio, paz y la luz que con dificultad se abría paso entre la oscuridad.

Algo le toco la mejilla, la luz se mezclaba con las sombras, una a una algunas figuras comenzaban a definirse. Le dolía el pecho, del brazo le salía un pequeño tubo que llegaba a una botella, que a su vez colgaba de un pequeño artilugio de metal. Unas palabras de aliento salieron de alguien que se presento como el doctor, al otro lado una mujer a la que reconoció rápidamente le agarro con fuerza la mano y dejo escapar unas lágrimas . Le hablo, en la cueva parecía triste, ahora estaba allí tomándole la mano. Cerro los ojos y trato de ordenar en su memoria los recuerdos. Las imagines se mezclaban y era difícil ordenarlas..Un dolor , una caída, luces, golpes sobre el pecho, gritos, un camino, una madre que espera, la suya, una mujer que reprocha y ahora esta junto a el; la mira y ella le sonríe. El le pregunta como están los chicos, ella le responde que felices de que todo haya quedado en un susto. El le dice que los quiere. Al salir de la habitación ella le deposita sobre una mano una pequeña piedra que el agarra con fuerza. Cierra los ojos y ve un camino, pero no hay nadie, trata en vano de recordar una figura, una cara. Ella vuelve, se sienta junto a el, le habla, comienza a hacer planes de futuro.

En algún pequeño camino polvoriento de la memoria, sentada sobre una piedra, una madre espera a su hijo, quiere darle un abrazo, quiere besarlo, pero se siente feliz de seguir esperando.


3 comentarios - Escribe aquí tu comentario

lo dijo bea 11 Mayo 2008 | 02:17 AM

qué melancólico y bello recuerdo, me ha gustado tu relato.

un besito!

lo dijo negri a bea 11 Mayo 2008 | 03:50 PM

me alegra que te haya gustado.

salud. Un abrazo.

lo dijo Gema, Vivir Soñando. 12 Mayo 2008 | 10:31 AM

Gracias Negri. Tus textos, una delicia, tus comentarios un POEMA... Gracias. Nos leemos...

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