Un árbol.
Llevaban mucho tiempo juntos. Vivian uno frente a otro. Todas las mañanas al despuntar los primeros rayos de sol, la ciudad despertaba, y ellos que albergaban los sueños de algunos inquilinos se desperezaban con el alboroto que el comienzo del día traía sobre sus copas. No eran exóticos, ni estaban catalogados entre especies protegidas, pero ni ellos sabían como habían sobrevivido desde sus primeros años. Ambos recordaban sus comienzos, sus primeros brotes, como poco a poco su crecimiento fue en aumento dentro de aquel bosquecillo. Retenian en la memoria la llegada de los primeros pájaros a sus ramas, como las hormigas que trepaban les hacían cosquillas, como curtieron su piel para protegerse del frío y del calor. Los años fueron pasando y ruidos extraños invadieron sus sueños. Todos fueron desapareciendo, unos de golpe para ser cambiados por viviendas, otros dejaron paso a calles, y ellos, solo ellos sobrevivieron a los muchos que un día fueron. El azar, un arquitecto que tiro una línea por allá, quien sabe. Instalados en la ciudad, fueron mudos testigos de accidentes, algunos con ellos involucrados. Los políticos los usaron para colgar sus carteles electorales clavándoles puntillas hirientes. Les amputaron unas ramas que estorbaban la visión de un semáforo. Un buen día uno desapareció, tuvo la mala fortuna de ocupar la futura salida de un garaje. La vida del que quedó en pie siguió triste, monótona, en soledad. Hoy solo queda de ellos un trozo de tronco, con sus muertas raíces hundidas en la tierra. Una tarde de verano, los caminantes se detienen tras la sombra de una parada de autobús. El autobús llega, suben , se instalan en su asientos. Uno comenta que haría falta una buena sombra, y algo de verde en esa calle. Un perro se acerca y ocupa el espacio bajo la sombra de la marquesina. Bajo un sol abrasador, el vehículo inicia su marcha, dejando atrás los restos de lo que un día fue un árbol .
5 comentarios - Escribe aquí tu comentario
Lo cuentas TAN BIEN, que he tenido la sensación que el ARBOL era un poquito "humano..."
Adoro los árboles... hace poco visite "El hayedo de MONTEJO" un sitio INCREIBLE con árboles centenarios que eran una "sinfonia de color y belleza".
Lástima que nos estamos cargando TODO lo hermoso... pasará factura, mas pronto que tarde.
Un placer, leerte, veo un post nuevo tuyo, y me lanzo a DEVORARLO... Un beso
Tristemente las ciudades se los van "comiendo" cruelmente... aunque luego todos se pregunten ¿Por qué no habrá aquí un árbol que nos de sombra y refresque estas crueles tardes de verano?...
Me he gustado tu "Requiem por un árbol...."
Aunque ahora voy poco al campo, siempre mantendre en el recuerdo los sabados que ibas con mi padre a coger esparragos, esas mañanas de bruma, de un frio gratificante, desgraciadamente no valoramos lo suficiente el entorno natural, y menos los restos de naturaleza dentro de las ciudades, en fin que normalmente intento escribir sobre lo que me ocupa, o me preocupa.
Salud, y gracias por vuestros comentarios.
Gritas, con tu relato, la necesidad de árboles, de vida, que las políticas municipales se empeñan en hacer desaparecer... y no entiendo por qué se lo permitirmos... Gritas que nos estamos autodestruyendo... y si seguimos así lo conseguiremos. Un saludo para ti y tu sur (mi tierra adoptiva).
Hola negri.
Tengo muchos recuerdos de mi juventud en el pueblo y se lo que vale la naturaleza. He salido muchas veces al monte para apagar los fuegos causados por irresponsables y he plantado luego muchos árboles en ese suelo calcinado.
La vida siempre vuelve en la naturaleza, esperemos que no se canse nunca o estaremos perdidos.
Un abrazo .





