Libro de Arena
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Soñando desde el sur

y mas al sur, existe un territorio donde los sueños se cubren de lágrimas.

Un poco de gloria

Estoy muerto, pero no es esto el objeto de esta historia, así que continuaré. Hace algunos meses, cuando aún me encontraba vivo, la redacción del periódico para el que trabajaba, me ordenó cubrir una guerra con el objeto de realizar fotos “con el mayor realismo trágico posible” según palabras de mi jefe. Antes de continuar me presentaré, me llamo Antonio Pedrera y mi profesión es, o más bien era, la de fotógrafo. Tenía cuarenta y cinco años y muchos kilómetros sobre mis espaldas. Había sido asiduo de guerras, acontecimientos lúdicos u otras manifestaciones susceptibles de ser captadas por el objetivo de mi cámara, pero en esta ocasión tenía un extraño presentimiento. No es posible definirlo de manera clara, pero una cierta incomodidad me invadía desde el encargo. La misma rutina de siempre, preparar los papeles, el equipo y algo que cada vez que el tiempo me lo permitía procuraba hacer, documentarme bien acerca del conflicto, si ese era el motivo de mi viaje. A cada hora que transcurría mi preocupación se iba acrecentando, hasta que por la noche con todo preparado decidí evadirme, no era lo normal para un experto, pero incapaz de quedarme en casa, opté por salir a dar una vuelta. Dirigí mis pasos, a un lugar conocido, pensé en mis compañeros, ellos me tenían por alguien invencible, y no ya los del periódico, los extranjeros también me tenían estima, era como un general con mil y una estrellas, cada guerra era una muesca en la cámara, pero siempre de manera inevitable hay una en la que puede que la suerte no te acompañe, tantas veces bailando con la muerte hasta que esta te desprecia, y en un instante te encuentras solo, como en una pista de baile, solo, asequible, ese es tu momento malo, se puede pasar con un rasguño o con una nota de prensa , que en tu casa, para tu familia, es como la fruta que siempre está madura y por fin cae, -lo sabíamos- dirán todos, -era normal que pasara, que eso de danzar por ahí de guerra en guerra no era normal, que mejor se podía haber dedicado a sacar fotos a los niños vestidos con su ropita de primera comunión, a las bodas, pero él, el más chulo se va para hacerse famoso-, y en esto no les falta la razón, ese fue el comienzo, pero después el culo no se te pega a ningún sitio, estas parado y no eres tú, necesitas moverte, acción, unas olimpiadas son una mierda, necesitas ese instante de pánico, de miedo bajo el fuego, de creerte participe de ese conflicto, intentar hacerte neutral y que tus entrañas se decanten, siempre tomando partido. Me tomé un par de copas en el bar de un amigo, un buen amigo. Estuvimos hablando un rato, me despedí de él regalándole una cámara que ya no usaba y que me había pedido en varias ocasiones, se extraño, pero no quise hablar más y me dirigí hacia la puerta. Dormí mal, turbios presagios, puede ser, pero a la mañana siguiente estaba de mal humor y ya en el aeropuerto esa mala ostia se incrementó cuando me comunicaron que el vuelo sufriría un retraso.

Cuando se llega a una zona en guerra por primera vez todo parece extraído de una película, zonas devastadas, heridos, mutilados, armas por cualquier sitio, soldados, muchos soldados, demasiados. Pero cuando ya eres un veterano te sitúas rápidamente para comenzar tu trabajo, dejas de sorprenderte por cualquier cosa y vas al grano, buscas información entre los compañeros, zonas donde el conflicto se desarrolla en esos momentos, si el peligro que siempre acecha es extremo o no, y comienzas tu tarea. Cuando llevas realizadas muchas fotos, y la confianza que te da el habitar ese lugar durante algún tiempo ha calado en ti, te aventuras mas allá de lo razonable, las buenas fotos están allí, en lo inaccesible, donde las balas te pasan cerca de la oreja mientras tu permaneces firme con el visor pegado al ojo, intentando captar la foto de tu vida, esa que además de darte de comer, te consagre. Cuantos fotógrafos deambulan por el mundo para ganarse el pan y de camino un poco de gloria.

Los malos presagios que me habían invadido la víspera del viaje no los había abandonado del todo, pero el trabajo te absorbe de tal forma que solo las noches son cómplices de tus miedos. Un día por la mañana, durante el desayuno, un teniente con el que había trabado algo de amistad, me comentó que iban a realizar una incursión a una ciudad cercana, y que posiblemente habría algún enfrentamiento, que era posible que los pudiese acompañar y que con toda probabilidad fuese yo el único fotógrafo. Me pareció mi momento, era una corazonada, hasta ese instante todos fotografiábamos lo mismo, las mismas cosas, los mismos destrozos, los mismos refugiados, y esta era una oportunidad de aplicar mi talento sin que nadie aportara otra visión. Me preparé y partimos enseguida. No íbamos muchos, aproximadamente unos cincuenta soldados con algunos blindados ligeros y un todo terreno. La ciudad distaba unos kilómetros y estaba dentro de una denominada zona de seguridad. Avanzamos despacio por la carretera, desde una pequeña loma se divisaban los edificios derruidos. Cuando llegamos, un silencio absoluto lo envolvía todo. Había decenas de cráteres provocados por los disparos de artillería, los edificios mas altos eran esqueletos a punto de desmoronarse, los árboles que habían sobrevivido a la barbarie eran extraños en ese mundo gris y mísero en que se había visto convertida la ciudad. Se desplegaron los soldados y yo comencé a disparar la cámara. Muchas imágenes se agolpaban en el visor y disparaba sin cesar. Al cabo de un rato una ráfaga de disparos rompió el silencio, unos gritos desgarraban el aire, carreras, ordenes, la retirada hacia posiciones más seguras y los gritos que se hacían cada vez más terribles, más agónicos. Anduve hasta la esquina de un edificio y allí en la calle yacía un soldado que levantaba la mano pidiendo ayuda, detrás de mi se escuchaban las ordenes que ponían en movimiento a sus compañeros para tratar de rescatarlo. Dispare varias fotos, sonaron mas disparos que acertaron en el blanco, el muchacho dejó de gritar. Me intente acercar mas para fotografiarlo, por él, por mí, por esa maldita guerra. Trate de buscar el lugar del que provenían los disparos para no cometer la imprudencia de ponerme a tiro. Despacio, muy despacio me acerque todo lo que pude y llegue hasta la esquina más próxima y dispare varias fotos al chico, era joven, demasiado joven para morir de esa manera estúpida, aunque la verdad es que siempre se es joven para morir en una guerra. Sentí un deseo irrefrenable de observar el lugar desde el que había sido abatido, giré la cara sobre la esquina utilizando el objetivo, no debía hacerlo pero lo hice, solo recuerdo el resplandor y mi cabeza rebotando sobre el suelo. Debió ser un francotirador que jugó con su puntería y mi imprudencia, para dejarme ahí tirado sobre un charco de sangre cerca del joven soldado. Lo que siguió al suceso entra dentro de lo conocido, notas de prensa, funerales, homenajes, en fin la rutina que lo envuelve todo. El soldado creo que solo me acompaño en el mismo camión de vuelta al campamento, allí tomamos caminos separados, él hacia el llanto amargo de su familia y yo hacia la gloria, bendita gloria.


6 comentarios - Escribe aquí tu comentario

lo dijo jezabel 21 Mayo 2008 | 12:17 PM

muy buena tu historia, me ha gustado mucho como la narras, con gran habilidad linguística y gráfica. Y el sentido que cobra la historia con la última frase. SAludos!

lo dijo Gema, Vivir soñando 21 Mayo 2008 | 03:19 PM

Eres un "mago" narrando, metiendome en la historia como si la estuviera presenciando desde un rinconcito del relato...

Un abrazo, caballero.

lo dijo negri a gema y jezabel 21 Mayo 2008 | 04:14 PM

Queridas amigas, gracias por vuestra visita, me alegra que os haya gustado la historia.

Salud, y un beso.

lo dijo soloquedaunavela 27 Mayo 2008 | 10:17 AM

Me alegro de haber llegado hasta aquí.

Un redactado soberbio.

Saludos.

lo dijo negri a soloquedaunavela 27 Mayo 2008 | 10:55 AM

Sinceramente agradecido por tu comentario. Es tambien cierto que en alguna ocasión nos vendria bien a todos intercambiar opiniones sobre aquello que nos parece que podria mejorarse, pero cuesta trabajo romper esa barrera.

Salud.

lo dijo soloquedaunavela 27 Mayo 2008 | 11:01 AM

Yo he recibido algún que otro comentario con tintes críticos, y como tú bien dices, si se hacen desde el respeto, se agradecen incluso más que los halagos. Además de ser constructivos. A mí me apasiona escribir y si alguien me regala dos minutos de su tiempo en ayudarme a mejorar, tiene todo mi agradecimiento.

Seguiré pasando por aquí.

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