El yo y el ego
¿Es posible distinguir que tenemos un "yo" y que ese componente nuestro es distinto de aquello a lo que llamamos el "ego"? Esta es una pregunta que viene a mi mente (otra cosa nuestra de la que ya hablaremos en otro instante) y que desde hace mucho no sé a ciencia cierta cómo contestar. Dada la irracionalidad del mundo y de los hábitos humanos no se puede hacer otra cosa que considerar la pertinencia de que estamos más movidos por el ego que por la razón (a la cual la representaría el yo) Y el ego es toda esa serie de fantasmas del imaginario individual y colectivo que a veces nos sugieran hasta cómo hablar o cómo callar, lo cual no es poco. Un punto de partida que viene quedando limitado para explicar el asunto es el psicoanálisis. Esta postura explica que nuestra frontera es lo consciente; pero que en realidad vivimos en un territorio inconsciente (predominando en él, es decir, en nuestros actos, lo que bien podemos llamar "ego") Sé que no seré el primero ni el último en abordar este tema. me interesa desde hace mucho sin embargo, analizar qué es -con cierto grado de certeza- eso a lo que llamamos "el yo". Y ya desde la filososfía, desde la psicología, desde el humanismo, desde la psicología del desarrollo, desde la religión; desde todos estos ángulos el yo tiene una conceptualización. Pero a mi me interesa lo concreto: ¿de veras es el yo lo que me hace decidir escribir estas líneas? ¿O es el ego? ¿Existe un juego de fuerzas entre ambos? ¿Son lo mismo o disímiles?. Empezando por la última pregunta contestaría que no, que no son lo mismo, que el ego es más un espejismo. Que sí es necesario para la sobreviviencia de los grupos y del individuo mismo, pero que no es el fin a seguir ni para la especie ni para el sujeto. En grupos tales como los de AA (alcohólicos Anónimos) se menciona frecuentemente que el enfermo debe luchar contra el ego, debe abandonar el ego, debe casi destruir ese ego que le estorba para volver a la razón. Y no es un caso aíslado; recordemos que en "Siddhartha" Hermann Hesse hace desear al personaje el mismo abandono del ego al que nos incitan la mayoría de las religiones. Sin embargo en este caso ego y yo se confunden. No sabemos si el hijo del brahman quiere dejar al yo o a eso que llamamos ego. Parece que en este caso es el abandono y la renuncia de ambas cosas en combinación: el yo, como la razón que todo lo analiza y lo juzga, y el ego como toda aquella vanidad humana acerca del conocimiento y el control del mundo, de la vida y de las relaciones con los otros. Hesse nos da una salida paradójica al problema, Siddhartha no puede renunciar al ego, el ego siempre estará ahí (y el yo de igual forma, podemos agregar); la razón y la vanidad privan en la naturaleza humana, y estan ligadas a la ideología y a la busqueda del placer y del poder. Pero ¿no son estas visiones de la razón y del ego las que tantos problemas nos han dado a lo largo de la historia? ¿Y no es una certeza de los grandes personajes humanísticos su decisión de abandonar el ego? No sé. Escribo esto porque me causa inquietudes tremendas. Y porque explicármelo y cuestionar es una vía de acceso a otro destino, apesar de que el yo y el ego convivan en el ser sin que éste a penas atine a percibirlo.
México. mayo de 2008.
Noé treba





