reminiscencias
Componiendo las notas de un arpista la musa se despista.
Las aristas del alma se rompen.
Huecos y vacíos dejan paso al viento huracanado.
Con los remos en alto da paso a la corriente.
Hielos deshechos en ese horizonte espectado y quebrado.
Aguas mansas que han anegado allí donde menos faltan.
Secos los campos, páramos de fuego y salitre.
Por él caminamos, con su piedra blanca y rosada en la mano
traspasamos los cortes sin caer bajo su engaño, hablando
a través de la memoria de esa piedra que llevé hasta tu casa.
Veo y creo que allí dónde la vi la última vez es,
no es factible que tu madre mueva pieza, la conserva.
Yo me sé en ella, caminando bajo el sol contigo en comunión.
Tú y yo hijas de hermanas nos queremos como tales,
nos sabemos a mitades.
No hace falta explicarse,
la sangre no es agua.
El agua escasea,
la vida se lleva.

2 comentarios - Escribe aquí tu comentario
No sé por qué tu pema me ha recordado un libro que leí no hace mucho "El abanico de seda"... Bueno, tal vez sí lo sepa. Un saludo.
Cuando era niña me regalaron un cuento troquelado, que la imagen que he puesto me recuerda.
Sea o no coincidencia, la figura femenina que cubría la tapa con sus contornos iba vestida de forma similar y llevaba un mini abanico de verdad, enganchado a su mano.
Me hicieron el regalo porque los abanicos me llamaban mucho la atención.
La narración era sobre los beneficios del abanico. Era capaz de sacar en el semblante la cualidad del alma.
Era de esos cuentos que pretendían hacer de nosotras criaturas dóciles y buenas. Aleccionador y moralista como la mayoría de los cuentos escritos para las niñas, en aquellos tiempos en que se nos destinaba a una función prevista.
El poema tira de la esencia y el recuerdo.
Esos pasos fueron dados bajando de la ermita en que habíamos estado un buen grupo de familiares.
En esa piedra quedó esa conversación con mi prima que tiene una relación de hermana.
Gracias por venir, un abrazo










