Libro de Arena
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Como el agua de un río

Un oceano inmenso encontraré, un sol eterno que calentará

SUMMA AETERNITATAE (VII)

23 Septiembre 2008 en La coctelera

Diario de incienso

Jueves, 25 de marzo de 1999

" Nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar que es el morir. Allá van los señoríos, derechos a se acabar y consumir. Allí los ríos caudales; allí los otros medianos y más chicos, allegados; somos iguales los que viven por sus manos y los ricos. " (Jorge Manrique)

Primera celebración del día del no nacido en Argentina, en este día de la Encarnación del Señor a nueve meses justos de la celebración de la Navidad, luchamos por el reconocimiento de la vida desde el momento mismo en que el ovulo es fecundado, es nuestro deber defender la vida del nasciturusen este mundo en el que cada vez prima más el hedonismo, hemos de escuchar la Paabra de Dios y hacerla efectiva en nuestros corazones, ojalás proximamente todos los países se adhierna a esta celebración y se convierta en un acontecimiento mundial; desde la institución de este día celebrado por primera vez oficialmente en el Salvador en el año del Señor de 1993 esperamos que a partir de ahora se extienda por todo el Nuevo y el viejo Mundo. Con estas palabras me he dirigido a los fieeles esta mañana para que entiendan la importancia de la vida y su defensa...

Unas horas antes habíamos decidido que para preservar el secreto, para que no se desvelara el misterio de la Vida, teníamos que acbar inmolándonos tras hacer desaparecer a quienes pretendían dar a conocer semejante secreto que haría temblar los ciimientos de nuestras creencias, como dejar en manos de los hombres lo que siempre debía estar en manos de Dios... a los 8 años de haber proclamado venerable al Cardenal J.H. Newman uno de los padres intelectuales del Concilio Vaticano II cuya inscripción funeraria "Ex umbris et imaginibus in veritatem" ha dado a entender el reconocimiento de su amor no A Dios sino también al hombre que le acompañó duranteparte de su vida, debemos evitar esa piedra de escándalo en que se puede convertir esa interpretación de la vida del adalid del ecumenismo... "Y vendrán nuevas debilidades"

Diocesis de Coro, primera en tierras suramericanas constituida por el Papa Clemente VII el 21 de julio de 1531

Jueves 25 de Marzo de 1999

Concierto de la Orquesta Sinfónica de Falcón

Lugar: Catedral de Coro

Hora: 7:30 p.m.

Tras el Concierto nos reunimos llegados desde diferentes partes en el corazón religioso del nuevo mundo, sin despertar sospechas

Por la sangre al Señor

"Splendor Solis"

Redemptoris Mater

SUMMA AETERNITATAE (III)

Y se ocultó a todo el mundo la verdad de mi muerte, nadie mentó la pabra asesino en serie, nadie habló de una mente criminal y asesina, yo tan solo era un instrumento en manos del destino, un mero instrumento del Poder... nadie mencionó que yo apreté el gatillo, mi muerte fue natural, sin necesidad de autopsia ni estudio alguno...

Se celebraron unos grandes funerales debido al alto rango que ostentaba, asistieron las máximas autoridades del Estado, civiles, militares y religiosas, había representación de todos los estamentos y Embajadas, un funeral concelebrado por las más altas dignidades de la Iglesia...

Y todas las manos permanecían manchadas de sangre... Las honras funebres acapararon todas las portadas de la prensa nacional e internacional y todo seguía siendo una gran mentira... a mayor honra de la Verdad reconocida.

"Miré cuando abrió el sexto sello, y he aquí hubo un gran terremoto; y el sol se puso negro como tela de cilicio, y la luna se volvió toda como sangre; y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera deja caer sus higos cuando es sacudida por un fuerte viento. Y el cielo se desvaneció como un pergamino que se enrolla; y todo monte y toda isla se removió de su lugar. Y los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes; y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero; porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie? " Apocalipsis 6, 12-16

GRACIAS POR EXISTIR (gracias por estar ahí)

Hoy es el primer día del resto de mi vida
El amigo ama en todo tiempo, es un hermano nato en la adversidad

Gracias por existir, gracias por estar ahí, leyendo frente a la pantalla del ordenador, averiguando copmo divago... qué cuento, qué escribo... Tan solo necesitamos fuerzas para seguir, una motivación, una ilusión...

Nos gusta leer historias, nos gusta contar historias, nos gusta encadenar palabras... Gracias a nuestros maestors que nos enseñaron las primeras letras hoy podemos estar quí y decir GRACIAS POR EXISTIR

(La perla está al final)

¡Viva la inocencia, viva la libertad de poder decir lo que uno siente, viva el mundo, viva la vida!

Por un mundo mejor, simplemente GRACIAS

La perla

Como el agua del río

va a dar a la mar

así las gracias se dirigen

a quien el ser nos da

y también van a aquellos

que tanto nos enseñaron

a los que nos dijeron

con paciencia y con esmero

que podríamos llegar a algo,

nos dieron el empujón,

nos dieron la confianza,

no debemos defraudarlos,

sigamos encadenando palabras

UN MUNDO DE FANTASIA (DEDICADO A TOD@S LOS QUE HACEIS POSIBLE LDA)- actualizado con más música para todos (14:55)

A mi querida enlabasilica todo emotividad y dureza si es preciso, fuerte cual ave fenix para resurgir de sus cenizas, a mi hermanita nube, a naná tierna, dulce y dura a la vez entre sus libros, a mi preciosa piedra gemita que nos hace comprender que se puede vivir soñando, a nuestra brujita particular meiga, al mar de palabras que se convierte en un mar de sensaciones, a mi velita que nos ilumina de vez en cuando, a mi hermosa flor la Duquesa de los Peñotes (como no te iba a nombrar Violette), al lokito maykel, al dr. j que de vez en cuando nos extiende recetas, a nonó, a monona, a la artista que sabiamente junta, une y forma versos encadenados con maravillosas pinturas nuestra amiga Zarza, al ocho, a la princesa wallada, a mi luna particular evita, la esquina del alma, ese bar en que nos encontramos todos, a lo que yo te contara que se apunta a un bombardeo, a sergio canovas el patrón de todos los mares, a mi queridisima patricia, a... perdonad que no os nombre a tod@s, va por vosotr@s porque haceis posible que el día a día en vuestra compañía sea más llevadero... esperando...

Vivir entre susurrros,

eclipsado el corazón

bajo el hechizo

de tus propias palabras

vertidas con dolor

en sentidos pensamientos

bajo el influjo de la luna,

al arrullo de las aguas

y al calor del sol

que nos sume y nos consume

recargando de energía

nuestros perdidos argumentos

surgidos de un mar de palabras

con la melodía de una nana

para vivir soñando o viceversa,

princesas sin corona,

ranas que al ser besadas

se convierten en pesadilla,

sombras que nos atrapan,

enanos saltarines

reconvertidos en cobrador del frac,

besos que son palabras,

palabras que son hechos,

nubes de algodón,

susurros de río

tranquilamente nerviosos

durmiendo bajo las estrellas

siendo todo amor

incluso sin saberlo,

dando y repartiendo

sonrisas y pensamientos,

desprendiendo el perfume

de los volatiles sentidos

desde la esquina del alma

o la calle del terror,

como un turista ocasional

viajando por el sur,

los días tristes

buscando mi lugar...

lo que las murallas no ocultan

a pesar de la niebla en el alma,

ni soy, ni siento ni pienso

y a veces tan solo confío

en sortilegios y memorias

de una meiga en el camino

hacia los palacios de papel

quedando la dama descubierta

cual alma de guerrero

cuando entra en la basilica

a pesar de ser herético

así eres tú, así soy yo...

así es Libro de arena

mientras pasan

el tiempo y las horas

cayendo del calendario

todas las hojas,

una a una

como gotas de rocío

como gotas de lluvia

que tintinean en la mar

y nos empapan

de emociones y sensaciones

desgranadas en palabras...

AUSENCIAS y otras cosas (Exitos del verano)

Ausente la sombra de la fuerza,

pérdida ya la memoria del momento,

entretenido el pasado en el presente

y adormecida en la ausente ilusión

la fuerza de un futuro incierto

buscamos una entrada, una salida,

una puerta que descubra

ese nuevo amanecer

perfumado de fragancias y emociones,

preñado del fuego y la palabra

crecida en la soledad de los infiernos

de una sociedad ausente e incierta

cuya esencia es la incredulidad

frente a la fuerza de su influjo

Ahora voy a confesaros una cosa para mi las palabras nunca se las lleva el tiempo, desgraciadamente tengo memoria, dejo es ritas muchas cosas pero también le doy mucha importancia a lo que digo, si n o pienso hacer o cumplir una cosa jamás lo digo y si me comprometo siempre haré lo posible por hacerlo, las palabras pueden ser puñales que se clavan en el pecho y a la vez pueden ser ese bálsamo que calma las heridas y cauteriza las cicatrices, las palabras según se pronuncien puden destilar ponzoña, veneno, rabia o miel, pasión, amor y simpatía...

ESAS FRASES QUE ME HAN DICHO

"Te he echado de menos, pero no como querrías"

"Te quiero mucho más de lo que crees pero no como te gustaría"

"El día que tengas pareja envidiaré al que te consiga"

"Porqué voy a comer siempre de la misma tarta si puedo comer un pastel diferente cada día"

"Todavía n o he encontrado a nadie que me haya hablado mal de ti"

"Cada día al despertar pienso en tí"

"Despues de... eres la persona con la que más cosas comparto"

"Tú al menos has tenido pareja yo no he conseguido tenerla nunca"

"Soy egoista por naturaleza"

"Tomate una gota de lejía a ver si te aclaras"

"Quiero que vengas conmigo"

"El día de tu cumpleaños no hagas nada, cenaremos juntos"

"LLamame está noche"

"Ven a mi casa"...

Y tantas y tantas más

¿RECORDÁIS LOS PROGRAMAS DE LA INFANCIA LOS CUARENTONES COMO YO?

¿RECORDAIS LOS EXITOS DEL VERANO?

y EL HIMNO ESPAÑOL

EL CORAZÓN PERDIDO

Os dejó con otro de los Cuentos de Amor de Emilia Pardo Bazán que de seguro os harán reflexionar de nuevo, somos tan complicados los humanos, sobre todo cuando hablamos de sentimientos:

EL CORAZÓN PERDIDO (Emilia Pardo Bazán)

"Yendo una tardecita de paseo por las calles de la ciudad, vi en el suelo un objeto rojo; me bajé: era un sangriento y vivo corazón que recogí cuidadosamente. «Debe de habérsele perdido a alguna mujer», pensé al observar la blancura y delicadeza de la tierna víscera, que, al contacto de mis dedos, palpitaba como si estuviese dentro del pecho de su dueño. Lo envolví con esmero dentro de un blanco paño, lo abrigué, lo escondí bajo mi ropa, y me dediqué a averiguar quién era la mujer que había perdido el corazón en la calle. Para indagar mejor, adquirí unos maravillosos anteojos que permitían ver, al través del corpiño, de la ropa interior, de la carne y de las costillas -como por esos relicarios que son el busto de una santa y tienen en el pecho una ventanita de cristal-, el lugar que ocupa el corazón.

Apenas me hube calado mis anteojos mágicos, miré ansiosamente a la primera mujer que pasaba, y ¡oh asombro!, la mujer no tenía corazón. Ella debía de ser, sin duda, la propietaria de mi hallazgo. Lo raro fue que, al decirle yo cómo había encontrado su corazón y lo conservaba a sus órdenes de si gustaba recogerlo, la mujer, indignada, juró y perjuró que no había perdido cosa alguna; que su corazón estaba donde solía y que lo sentía perfectamente pulsar, recibir y expeler la sangre. En vista de la terquedad de la mujer, la dejé y me volví hacia otra, joven, linda, seductora, alegre. ¡Dios santo! En su blanco pecho vi la misma oquedad, el mismo agujero rosado, sin nada allá dentro, nada, nada. ¡Tampoco ésta tenía corazón! Y cuando le ofrecí respetuosamente el que yo llevaba guardadito, menos aún lo quiso admitir, alegando que era ofenderla de un modo grave suponer que, o le faltaba el corazón, o era tan descuidada que había podido perderlo así en la vía pública sin que lo advirtiese.

Y pasaron centenares de mujeres, viejas y mozas, lindas y feas, morenas y pelirrubias, melancólicas y vivarachas; y a todas les eché los anteojos, y en todas noté que del corazón sólo tenían el sitio, pero que el órgano, o no había existido nunca, o se había perdido tiempo atrás. Y todas, todas sin excepción alguna, al querer yo devolverles el corazón de que carecían, negábanse a aceptarlo, ya porque creían tenerlo, ya porque sin él se encontraban divinamente, ya porque se juzgaban injuriadas por la oferta, ya porque no se atrevían a arrostrar el peligro de poseer un corazón. Iba desesperando de restituir a un pecho de mujer el pobre corazón abandonado, cuando, por casualidad, con ayuda de mis prodigiosos lentes, acerté a ver que pasaba por la calle una niña pálida, y en su pecho, ¡por fin!, distinguí un corazón, un verdadero corazón de carne, que saltaba, latía y sentía. No sé por qué -pues reconozco que era un absurdo brindar corazón a quien lo tenía tan vivo y tan despierto- se me ocurrió hacer la prueba de presentarle el que habían desechado todas, y he aquí que la niña, en vez de rechazarme como las demás, abrió el seno y recibió el corazón que yo, en mi fatiga, iba a dejar otra vez caído sobre los guijarros.

Enriquecida con dos corazones, la niña pálida se puso mucho más pálida aún: las emociones, por insignificantes que fuesen, la estremecían hasta la médula; los afectos vibraban en ella con cruel intensidad; la amistad, la compasión, la tristeza, la alegría, el amor, los celos, todo era en ella profundo y terrible; y la muy necia, en vez de resolverse a suprimir uno de sus dos corazones, o los dos a un tiempo, diríase que se complacía en vivir doble vida espiritual, queriendo, gozando y sufriendo por duplicado, sumando impresiones de esas que bastan para extinguir la vida. La criatura era como vela encendida por los dos cabos, que se consume en breves instantes. Y, en efecto, se consumió. Tendida en su lecho de muerte, lívida y tan demacrada y delgada que parecía un pajarillo, vinieron los médicos y aseguraron que lo que la arrebataba de este mundo era la rotura de un aneurisma. Ninguno (¡son tan torpes!) supo adivinar la verdad: ninguno comprendió que la niña se había muerto por cometer la imprudencia de dar asilo en su pecho a un corazón perdido en la calle. "

Supongo que sólo los que ya conociais este cuento esperabais este final, un final un tanto trágico, las pasiones, los sentimientos... tan difíciles de dominar.

EL CORAZÓN PERDIDO

Os dejó con otro de los Cuentos de Amor de Emilia Pardo Bazán que de seguro os harán reflexionar de nuevo, somos tan complicados los humanos, sobre todo cuando hablamos de sentimientos:

EL CORAZÓN PERDIDO (Emilia Pardo Bazán)

"Yendo una tardecita de paseo por las calles de la ciudad, vi en el suelo un objeto rojo; me bajé: era un sangriento y vivo corazón que recogí cuidadosamente. «Debe de habérsele perdido a alguna mujer», pensé al observar la blancura y delicadeza de la tierna víscera, que, al contacto de mis dedos, palpitaba como si estuviese dentro del pecho de su dueño. Lo envolví con esmero dentro de un blanco paño, lo abrigué, lo escondí bajo mi ropa, y me dediqué a averiguar quién era la mujer que había perdido el corazón en la calle. Para indagar mejor, adquirí unos maravillosos anteojos que permitían ver, al través del corpiño, de la ropa interior, de la carne y de las costillas -como por esos relicarios que son el busto de una santa y tienen en el pecho una ventanita de cristal-, el lugar que ocupa el corazón.

Apenas me hube calado mis anteojos mágicos, miré ansiosamente a la primera mujer que pasaba, y ¡oh asombro!, la mujer no tenía corazón. Ella debía de ser, sin duda, la propietaria de mi hallazgo. Lo raro fue que, al decirle yo cómo había encontrado su corazón y lo conservaba a sus órdenes de si gustaba recogerlo, la mujer, indignada, juró y perjuró que no había perdido cosa alguna; que su corazón estaba donde solía y que lo sentía perfectamente pulsar, recibir y expeler la sangre. En vista de la terquedad de la mujer, la dejé y me volví hacia otra, joven, linda, seductora, alegre. ¡Dios santo! En su blanco pecho vi la misma oquedad, el mismo agujero rosado, sin nada allá dentro, nada, nada. ¡Tampoco ésta tenía corazón! Y cuando le ofrecí respetuosamente el que yo llevaba guardadito, menos aún lo quiso admitir, alegando que era ofenderla de un modo grave suponer que, o le faltaba el corazón, o era tan descuidada que había podido perderlo así en la vía pública sin que lo advirtiese.

Y pasaron centenares de mujeres, viejas y mozas, lindas y feas, morenas y pelirrubias, melancólicas y vivarachas; y a todas les eché los anteojos, y en todas noté que del corazón sólo tenían el sitio, pero que el órgano, o no había existido nunca, o se había perdido tiempo atrás. Y todas, todas sin excepción alguna, al querer yo devolverles el corazón de que carecían, negábanse a aceptarlo, ya porque creían tenerlo, ya porque sin él se encontraban divinamente, ya porque se juzgaban injuriadas por la oferta, ya porque no se atrevían a arrostrar el peligro de poseer un corazón. Iba desesperando de restituir a un pecho de mujer el pobre corazón abandonado, cuando, por casualidad, con ayuda de mis prodigiosos lentes, acerté a ver que pasaba por la calle una niña pálida, y en su pecho, ¡por fin!, distinguí un corazón, un verdadero corazón de carne, que saltaba, latía y sentía. No sé por qué -pues reconozco que era un absurdo brindar corazón a quien lo tenía tan vivo y tan despierto- se me ocurrió hacer la prueba de presentarle el que habían desechado todas, y he aquí que la niña, en vez de rechazarme como las demás, abrió el seno y recibió el corazón que yo, en mi fatiga, iba a dejar otra vez caído sobre los guijarros.

Enriquecida con dos corazones, la niña pálida se puso mucho más pálida aún: las emociones, por insignificantes que fuesen, la estremecían hasta la médula; los afectos vibraban en ella con cruel intensidad; la amistad, la compasión, la tristeza, la alegría, el amor, los celos, todo era en ella profundo y terrible; y la muy necia, en vez de resolverse a suprimir uno de sus dos corazones, o los dos a un tiempo, diríase que se complacía en vivir doble vida espiritual, queriendo, gozando y sufriendo por duplicado, sumando impresiones de esas que bastan para extinguir la vida. La criatura era como vela encendida por los dos cabos, que se consume en breves instantes. Y, en efecto, se consumió. Tendida en su lecho de muerte, lívida y tan demacrada y delgada que parecía un pajarillo, vinieron los médicos y aseguraron que lo que la arrebataba de este mundo era la rotura de un aneurisma. Ninguno (¡son tan torpes!) supo adivinar la verdad: ninguno comprendió que la niña se había muerto por cometer la imprudencia de dar asilo en su pecho a un corazón perdido en la calle. "

Supongo que sólo los que ya conociais este cuento esperabais este final, un final un tanto trágico, las pasiones, los sentimientos... tan difíciles de dominar.

EL ASESINATO DEL AMOR (suicidio)

Enlazando con Patricia aquí os dejo este texto de la gran Emilia Pardo Bazán que de seguro os hará reflexionar

El amor asesinado (Emilia Pardo Bazán)

Nunca podrá decirse que la infeliz Eva omitió ningún medio lícito de zafarse de aquel tunantuelo de Amor, que la perseguía sin dejarle punto de reposo.

Empezó poniendo tierra en medio, viajando para romper el hechizo que sujeta al alma a los lugares donde por primera vez se nos aparece el Amor. Precaución inútil, tiempo perdido; pues el pícaro rapaz se subió a la zaga del coche, se agazapó bajo los asientos del tren, más adelante se deslizó en el saquillo de mano, y por último en los bolsillos de la viajera. En cada punto donde Eva se detenía, sacaba el Amor su cabecita maliciosa y le decía con sonrisa picaresca y confidencial: «No me separo de ti. Vamos juntos.»

Entonces Eva, que no se dormía, mandó construir altísima torre bien resguardada con cubos, bastiones, fosos y contrafosos, defendida por guardias veteranos, y con rastrillos y macizas puertas chapeadas y claveteadas de hierro, cerradas día y noche. Pero al abrir la ventana, un anochecer que se asomó agobiada de tedio a mirar el campo y a gozar la apacible y melancólica luz de la luna saliente, el rapaz se coló en la estancia; y si bien le expulsó de ella y colocó rejas dobles, con agudos pinchos, y se encarceló voluntariamente, sólo consiguió Eva que el amor entrase por las hendiduras de la pared, por los canalones del tejado o por el agujero de la llave.

Furiosa, hizo tomar las grietas y calafatear los intersticios, creyéndose a salvo de atrevimientos y demasías; mas no contaba con lo ducho que es en tretas y picardihuelas el Amor. El muy maldito se disolvió en los átomos del aire, y envuelto en ellos se le metió en boca y pulmones, de modo que Eva se pasó el día respirándole, exaltada, loca, con una fiebre muy semejante a la que causa la atmósfera sobresaturada de oxígeno.

Ya fuera de tino, desesperando de poder tener a raya al malvado Amor, Eva comenzó a pensar en la manera de librarse de él definitivamente, a toda costa, sin reparar en medios ni detenerse en escrúpulos. Entre el Amor y Eva, la lucha era a muerte, y no importaba el cómo se vencía, sino sólo obtener la victoria.

Eva se conocía bien, no porque fuese muy reflexiva, sino porque poseía instinto sagaz y certero; y conociéndose, sabía que era capaz de engatusar con maulas y zalamerías al mismo diablo, que no al Amor, de suyo inflamable y fácil de seducir. Propúsose, pues, chasquear al Amor, y desembarazarse de él sobre seguro y traicioneramente, asesinándole.

Preparó sus redes y anzuelos, y poniendo en ellos cebo de flores y de miel dulcísima, atrajo al Amor haciéndole graciosos guiños y dirigiéndole sonrisas de embriagadora ternura y palabras entre graves y mimosas, en voz velada por la emoción, de notas más melodiosas que las del agua cuando se destrenza sobre guijas o cae suspirando en morisca fuente.

El Amor acudió volando, alegre, gentil, feliz, aturdido y confiado como niño, impetuoso y engreído como mancebo, plácido y sereno como varón vigoroso.

Eva le acogió en su regazo; acaricióle con felina blandura; sirvióle golosinas; le arrulló para que se adormeciese tranquilo, y así que le vio calmarse recostando en su pecho la cabeza, se preparó a estrangularle, apretándole la garganta con rabia y brío.

Un sentimiento de pena y lástima la contuvo, sin embargo, breves instantes. ¡Estaba tan lindo, tan divinamente hermoso el condenado Amor aquel! Sobre sus mejillas de nácar, palidecidas por la felicidad, caía una lluvia de rizos de oro, finos como las mismas hebras de la luz; y de su boca purpúrea, risueña aún, de entre la doble sarta de piñones mondados de sus dientes, salía un soplo aromático, igual y puro. Sus azules pupilas, entreabiertas, húmedas, conservaban la languidez dichosa de los últimos instantes; y plegadas sobre su cuerpo de helénicas proporciones, sus alas color de rosa parecían pétalos arrancados. Eva notó ganas de llorar...

No había remedio; tenía que asesinarle si quería vivir digna, respetada, libre..., no cerrando los ojos por no ver al muchacho, apretó las manos enérgicamente, largo, largo tiempo, horrorizada del estertor que oía, del quejido sordo y lúgubre exhalado por el Amor agonizante.

Al fin, Eva soltó a la víctima y la contempló... El Amor ni respiraba ni se rebullía; estaba muerto, tan muerto como mi abuela.

Al punto mismo que se cercioraba de esto, la criminal percibió un dolor terrible, extraño, inexplicable, algo como una ola de sangre que ascendía a su cerebro, y como un aro de hierro que oprimía gradualmente su pecho, asfixiándola. Comprendió lo que sucedía...

El Amor a quien creía tener en brazos, estaba más adentro, en su mismo corazón, y Eva, al asesinarle, se había suicidado.

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