Libro de Arena
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Como el agua de un río

Un oceano inmenso encontraré, un sol eterno que calentará

AUSENCIAS y otras cosas (Exitos del verano)

Ausente la sombra de la fuerza,

pérdida ya la memoria del momento,

entretenido el pasado en el presente

y adormecida en la ausente ilusión

la fuerza de un futuro incierto

buscamos una entrada, una salida,

una puerta que descubra

ese nuevo amanecer

perfumado de fragancias y emociones,

preñado del fuego y la palabra

crecida en la soledad de los infiernos

de una sociedad ausente e incierta

cuya esencia es la incredulidad

frente a la fuerza de su influjo

Ahora voy a confesaros una cosa para mi las palabras nunca se las lleva el tiempo, desgraciadamente tengo memoria, dejo es ritas muchas cosas pero también le doy mucha importancia a lo que digo, si n o pienso hacer o cumplir una cosa jamás lo digo y si me comprometo siempre haré lo posible por hacerlo, las palabras pueden ser puñales que se clavan en el pecho y a la vez pueden ser ese bálsamo que calma las heridas y cauteriza las cicatrices, las palabras según se pronuncien puden destilar ponzoña, veneno, rabia o miel, pasión, amor y simpatía...

ESAS FRASES QUE ME HAN DICHO

"Te he echado de menos, pero no como querrías"

"Te quiero mucho más de lo que crees pero no como te gustaría"

"El día que tengas pareja envidiaré al que te consiga"

"Porqué voy a comer siempre de la misma tarta si puedo comer un pastel diferente cada día"

"Todavía n o he encontrado a nadie que me haya hablado mal de ti"

"Cada día al despertar pienso en tí"

"Despues de... eres la persona con la que más cosas comparto"

"Tú al menos has tenido pareja yo no he conseguido tenerla nunca"

"Soy egoista por naturaleza"

"Tomate una gota de lejía a ver si te aclaras"

"Quiero que vengas conmigo"

"El día de tu cumpleaños no hagas nada, cenaremos juntos"

"LLamame está noche"

"Ven a mi casa"...

Y tantas y tantas más

¿RECORDÁIS LOS PROGRAMAS DE LA INFANCIA LOS CUARENTONES COMO YO?

¿RECORDAIS LOS EXITOS DEL VERANO?

y EL HIMNO ESPAÑOL

EL CORAZÓN PERDIDO

Os dejó con otro de los Cuentos de Amor de Emilia Pardo Bazán que de seguro os harán reflexionar de nuevo, somos tan complicados los humanos, sobre todo cuando hablamos de sentimientos:

EL CORAZÓN PERDIDO (Emilia Pardo Bazán)

"Yendo una tardecita de paseo por las calles de la ciudad, vi en el suelo un objeto rojo; me bajé: era un sangriento y vivo corazón que recogí cuidadosamente. «Debe de habérsele perdido a alguna mujer», pensé al observar la blancura y delicadeza de la tierna víscera, que, al contacto de mis dedos, palpitaba como si estuviese dentro del pecho de su dueño. Lo envolví con esmero dentro de un blanco paño, lo abrigué, lo escondí bajo mi ropa, y me dediqué a averiguar quién era la mujer que había perdido el corazón en la calle. Para indagar mejor, adquirí unos maravillosos anteojos que permitían ver, al través del corpiño, de la ropa interior, de la carne y de las costillas -como por esos relicarios que son el busto de una santa y tienen en el pecho una ventanita de cristal-, el lugar que ocupa el corazón.

Apenas me hube calado mis anteojos mágicos, miré ansiosamente a la primera mujer que pasaba, y ¡oh asombro!, la mujer no tenía corazón. Ella debía de ser, sin duda, la propietaria de mi hallazgo. Lo raro fue que, al decirle yo cómo había encontrado su corazón y lo conservaba a sus órdenes de si gustaba recogerlo, la mujer, indignada, juró y perjuró que no había perdido cosa alguna; que su corazón estaba donde solía y que lo sentía perfectamente pulsar, recibir y expeler la sangre. En vista de la terquedad de la mujer, la dejé y me volví hacia otra, joven, linda, seductora, alegre. ¡Dios santo! En su blanco pecho vi la misma oquedad, el mismo agujero rosado, sin nada allá dentro, nada, nada. ¡Tampoco ésta tenía corazón! Y cuando le ofrecí respetuosamente el que yo llevaba guardadito, menos aún lo quiso admitir, alegando que era ofenderla de un modo grave suponer que, o le faltaba el corazón, o era tan descuidada que había podido perderlo así en la vía pública sin que lo advirtiese.

Y pasaron centenares de mujeres, viejas y mozas, lindas y feas, morenas y pelirrubias, melancólicas y vivarachas; y a todas les eché los anteojos, y en todas noté que del corazón sólo tenían el sitio, pero que el órgano, o no había existido nunca, o se había perdido tiempo atrás. Y todas, todas sin excepción alguna, al querer yo devolverles el corazón de que carecían, negábanse a aceptarlo, ya porque creían tenerlo, ya porque sin él se encontraban divinamente, ya porque se juzgaban injuriadas por la oferta, ya porque no se atrevían a arrostrar el peligro de poseer un corazón. Iba desesperando de restituir a un pecho de mujer el pobre corazón abandonado, cuando, por casualidad, con ayuda de mis prodigiosos lentes, acerté a ver que pasaba por la calle una niña pálida, y en su pecho, ¡por fin!, distinguí un corazón, un verdadero corazón de carne, que saltaba, latía y sentía. No sé por qué -pues reconozco que era un absurdo brindar corazón a quien lo tenía tan vivo y tan despierto- se me ocurrió hacer la prueba de presentarle el que habían desechado todas, y he aquí que la niña, en vez de rechazarme como las demás, abrió el seno y recibió el corazón que yo, en mi fatiga, iba a dejar otra vez caído sobre los guijarros.

Enriquecida con dos corazones, la niña pálida se puso mucho más pálida aún: las emociones, por insignificantes que fuesen, la estremecían hasta la médula; los afectos vibraban en ella con cruel intensidad; la amistad, la compasión, la tristeza, la alegría, el amor, los celos, todo era en ella profundo y terrible; y la muy necia, en vez de resolverse a suprimir uno de sus dos corazones, o los dos a un tiempo, diríase que se complacía en vivir doble vida espiritual, queriendo, gozando y sufriendo por duplicado, sumando impresiones de esas que bastan para extinguir la vida. La criatura era como vela encendida por los dos cabos, que se consume en breves instantes. Y, en efecto, se consumió. Tendida en su lecho de muerte, lívida y tan demacrada y delgada que parecía un pajarillo, vinieron los médicos y aseguraron que lo que la arrebataba de este mundo era la rotura de un aneurisma. Ninguno (¡son tan torpes!) supo adivinar la verdad: ninguno comprendió que la niña se había muerto por cometer la imprudencia de dar asilo en su pecho a un corazón perdido en la calle. "

Supongo que sólo los que ya conociais este cuento esperabais este final, un final un tanto trágico, las pasiones, los sentimientos... tan difíciles de dominar.

EL CORAZÓN PERDIDO

Os dejó con otro de los Cuentos de Amor de Emilia Pardo Bazán que de seguro os harán reflexionar de nuevo, somos tan complicados los humanos, sobre todo cuando hablamos de sentimientos:

EL CORAZÓN PERDIDO (Emilia Pardo Bazán)

"Yendo una tardecita de paseo por las calles de la ciudad, vi en el suelo un objeto rojo; me bajé: era un sangriento y vivo corazón que recogí cuidadosamente. «Debe de habérsele perdido a alguna mujer», pensé al observar la blancura y delicadeza de la tierna víscera, que, al contacto de mis dedos, palpitaba como si estuviese dentro del pecho de su dueño. Lo envolví con esmero dentro de un blanco paño, lo abrigué, lo escondí bajo mi ropa, y me dediqué a averiguar quién era la mujer que había perdido el corazón en la calle. Para indagar mejor, adquirí unos maravillosos anteojos que permitían ver, al través del corpiño, de la ropa interior, de la carne y de las costillas -como por esos relicarios que son el busto de una santa y tienen en el pecho una ventanita de cristal-, el lugar que ocupa el corazón.

Apenas me hube calado mis anteojos mágicos, miré ansiosamente a la primera mujer que pasaba, y ¡oh asombro!, la mujer no tenía corazón. Ella debía de ser, sin duda, la propietaria de mi hallazgo. Lo raro fue que, al decirle yo cómo había encontrado su corazón y lo conservaba a sus órdenes de si gustaba recogerlo, la mujer, indignada, juró y perjuró que no había perdido cosa alguna; que su corazón estaba donde solía y que lo sentía perfectamente pulsar, recibir y expeler la sangre. En vista de la terquedad de la mujer, la dejé y me volví hacia otra, joven, linda, seductora, alegre. ¡Dios santo! En su blanco pecho vi la misma oquedad, el mismo agujero rosado, sin nada allá dentro, nada, nada. ¡Tampoco ésta tenía corazón! Y cuando le ofrecí respetuosamente el que yo llevaba guardadito, menos aún lo quiso admitir, alegando que era ofenderla de un modo grave suponer que, o le faltaba el corazón, o era tan descuidada que había podido perderlo así en la vía pública sin que lo advirtiese.

Y pasaron centenares de mujeres, viejas y mozas, lindas y feas, morenas y pelirrubias, melancólicas y vivarachas; y a todas les eché los anteojos, y en todas noté que del corazón sólo tenían el sitio, pero que el órgano, o no había existido nunca, o se había perdido tiempo atrás. Y todas, todas sin excepción alguna, al querer yo devolverles el corazón de que carecían, negábanse a aceptarlo, ya porque creían tenerlo, ya porque sin él se encontraban divinamente, ya porque se juzgaban injuriadas por la oferta, ya porque no se atrevían a arrostrar el peligro de poseer un corazón. Iba desesperando de restituir a un pecho de mujer el pobre corazón abandonado, cuando, por casualidad, con ayuda de mis prodigiosos lentes, acerté a ver que pasaba por la calle una niña pálida, y en su pecho, ¡por fin!, distinguí un corazón, un verdadero corazón de carne, que saltaba, latía y sentía. No sé por qué -pues reconozco que era un absurdo brindar corazón a quien lo tenía tan vivo y tan despierto- se me ocurrió hacer la prueba de presentarle el que habían desechado todas, y he aquí que la niña, en vez de rechazarme como las demás, abrió el seno y recibió el corazón que yo, en mi fatiga, iba a dejar otra vez caído sobre los guijarros.

Enriquecida con dos corazones, la niña pálida se puso mucho más pálida aún: las emociones, por insignificantes que fuesen, la estremecían hasta la médula; los afectos vibraban en ella con cruel intensidad; la amistad, la compasión, la tristeza, la alegría, el amor, los celos, todo era en ella profundo y terrible; y la muy necia, en vez de resolverse a suprimir uno de sus dos corazones, o los dos a un tiempo, diríase que se complacía en vivir doble vida espiritual, queriendo, gozando y sufriendo por duplicado, sumando impresiones de esas que bastan para extinguir la vida. La criatura era como vela encendida por los dos cabos, que se consume en breves instantes. Y, en efecto, se consumió. Tendida en su lecho de muerte, lívida y tan demacrada y delgada que parecía un pajarillo, vinieron los médicos y aseguraron que lo que la arrebataba de este mundo era la rotura de un aneurisma. Ninguno (¡son tan torpes!) supo adivinar la verdad: ninguno comprendió que la niña se había muerto por cometer la imprudencia de dar asilo en su pecho a un corazón perdido en la calle. "

Supongo que sólo los que ya conociais este cuento esperabais este final, un final un tanto trágico, las pasiones, los sentimientos... tan difíciles de dominar.

EL ASESINATO DEL AMOR (suicidio)

Enlazando con Patricia aquí os dejo este texto de la gran Emilia Pardo Bazán que de seguro os hará reflexionar

El amor asesinado (Emilia Pardo Bazán)

Nunca podrá decirse que la infeliz Eva omitió ningún medio lícito de zafarse de aquel tunantuelo de Amor, que la perseguía sin dejarle punto de reposo.

Empezó poniendo tierra en medio, viajando para romper el hechizo que sujeta al alma a los lugares donde por primera vez se nos aparece el Amor. Precaución inútil, tiempo perdido; pues el pícaro rapaz se subió a la zaga del coche, se agazapó bajo los asientos del tren, más adelante se deslizó en el saquillo de mano, y por último en los bolsillos de la viajera. En cada punto donde Eva se detenía, sacaba el Amor su cabecita maliciosa y le decía con sonrisa picaresca y confidencial: «No me separo de ti. Vamos juntos.»

Entonces Eva, que no se dormía, mandó construir altísima torre bien resguardada con cubos, bastiones, fosos y contrafosos, defendida por guardias veteranos, y con rastrillos y macizas puertas chapeadas y claveteadas de hierro, cerradas día y noche. Pero al abrir la ventana, un anochecer que se asomó agobiada de tedio a mirar el campo y a gozar la apacible y melancólica luz de la luna saliente, el rapaz se coló en la estancia; y si bien le expulsó de ella y colocó rejas dobles, con agudos pinchos, y se encarceló voluntariamente, sólo consiguió Eva que el amor entrase por las hendiduras de la pared, por los canalones del tejado o por el agujero de la llave.

Furiosa, hizo tomar las grietas y calafatear los intersticios, creyéndose a salvo de atrevimientos y demasías; mas no contaba con lo ducho que es en tretas y picardihuelas el Amor. El muy maldito se disolvió en los átomos del aire, y envuelto en ellos se le metió en boca y pulmones, de modo que Eva se pasó el día respirándole, exaltada, loca, con una fiebre muy semejante a la que causa la atmósfera sobresaturada de oxígeno.

Ya fuera de tino, desesperando de poder tener a raya al malvado Amor, Eva comenzó a pensar en la manera de librarse de él definitivamente, a toda costa, sin reparar en medios ni detenerse en escrúpulos. Entre el Amor y Eva, la lucha era a muerte, y no importaba el cómo se vencía, sino sólo obtener la victoria.

Eva se conocía bien, no porque fuese muy reflexiva, sino porque poseía instinto sagaz y certero; y conociéndose, sabía que era capaz de engatusar con maulas y zalamerías al mismo diablo, que no al Amor, de suyo inflamable y fácil de seducir. Propúsose, pues, chasquear al Amor, y desembarazarse de él sobre seguro y traicioneramente, asesinándole.

Preparó sus redes y anzuelos, y poniendo en ellos cebo de flores y de miel dulcísima, atrajo al Amor haciéndole graciosos guiños y dirigiéndole sonrisas de embriagadora ternura y palabras entre graves y mimosas, en voz velada por la emoción, de notas más melodiosas que las del agua cuando se destrenza sobre guijas o cae suspirando en morisca fuente.

El Amor acudió volando, alegre, gentil, feliz, aturdido y confiado como niño, impetuoso y engreído como mancebo, plácido y sereno como varón vigoroso.

Eva le acogió en su regazo; acaricióle con felina blandura; sirvióle golosinas; le arrulló para que se adormeciese tranquilo, y así que le vio calmarse recostando en su pecho la cabeza, se preparó a estrangularle, apretándole la garganta con rabia y brío.

Un sentimiento de pena y lástima la contuvo, sin embargo, breves instantes. ¡Estaba tan lindo, tan divinamente hermoso el condenado Amor aquel! Sobre sus mejillas de nácar, palidecidas por la felicidad, caía una lluvia de rizos de oro, finos como las mismas hebras de la luz; y de su boca purpúrea, risueña aún, de entre la doble sarta de piñones mondados de sus dientes, salía un soplo aromático, igual y puro. Sus azules pupilas, entreabiertas, húmedas, conservaban la languidez dichosa de los últimos instantes; y plegadas sobre su cuerpo de helénicas proporciones, sus alas color de rosa parecían pétalos arrancados. Eva notó ganas de llorar...

No había remedio; tenía que asesinarle si quería vivir digna, respetada, libre..., no cerrando los ojos por no ver al muchacho, apretó las manos enérgicamente, largo, largo tiempo, horrorizada del estertor que oía, del quejido sordo y lúgubre exhalado por el Amor agonizante.

Al fin, Eva soltó a la víctima y la contempló... El Amor ni respiraba ni se rebullía; estaba muerto, tan muerto como mi abuela.

Al punto mismo que se cercioraba de esto, la criminal percibió un dolor terrible, extraño, inexplicable, algo como una ola de sangre que ascendía a su cerebro, y como un aro de hierro que oprimía gradualmente su pecho, asfixiándola. Comprendió lo que sucedía...

El Amor a quien creía tener en brazos, estaba más adentro, en su mismo corazón, y Eva, al asesinarle, se había suicidado.

A VUELTAS CON LA CRISIS (DE FABULA IV)

Las fábulas son aquellas historias literarias en las que los personajes son siempre animales, plantas u otros objetos inanimados que presentan características humanas como hemos visto estos días aquí os dejo unos ejemplos más

LAS RANAS PIDIENDO REY

Nadie había sido tan feliz como las ranitas de Ranilandia: Vivían libres en sus lagunas azules cuando, en mala hora, se les antojó pedir a Júpiter les enviase un rey.

Sonrió benévolamente el padre de los dioses al oír tal pretensión, y les lanzó una viga para satisfacer su petición.

Oyendo las ranas el estruendo del madero al caer sobre las aguas, huyeron asustadas. Pero una de ellas, curiosa por conocer al gran rey, sacó la cabeza poco a poco y al ver a la viga llamó a los demás, que se acercaron de inmediato.

Subieron todas al madero, lo ensuciaron y gritando a voz en cuello pidieron otro rey, porque aquél resultaba inútil.

Júpiter escuchó sus protestas y les envió una cigüeña, la cual comenzó a devorarlas una tras otra.

Quejáronse amargamente a Júpiter las angustiadas ranas supervivientes, suplicándole las librase de aquel tirano.

- Sufrid las consecuencias de vuestra inoportuna súplica- les contestó Júpiter -, y ya que con tanto afán pedisteis rey, el recién enviado reinará entre vosotras.

Dios a cada pueblo ofrece

el gobierno que merece.

LA GALLINA DE LOS HUEVOS DE ORO

Erase una Gallina que ponía un huevo de oro al dueño cada día. Aun con tanta ganancia, malcontento quiso el rico avariento descubrir de una vez la mina de oro y hallar en menos tiempo más tesoro.

Matóla; abrióle el vientre de contado; pero después de haberla registrado, ¿qué sucedió? Que. Muerta la Gallina, perdió su huevo de oro, y no halló mina.

¡Cuántos hay que, teniendo lo bastante,

enriquecerse quieren al instante,

abrazando proyectos

a veces de tan rápidos efectos,

que sólo en pocos meses,

cuando se contemplaban ya marqueses,

contando sus millones

se vieron en la calle sin calzones!

DE FABULA III

...Y , buscando, buscando mi memoria va recordando

EL LIBRO PRESUMIDO

Encontrandose dos libros en una biblioteca que se iba a abrir proximamente, decía el uno al otro:

- No sé como han consentido tu presencia en este lugar, puesto que a diferencia mía eres muy feo. Tu encuadernación no está adornada con oro como la mía, tampoco está hecha de cuero y además no tienes ningún dibujo bello presentandote como portada.

- Al oir estas palabras quedó el segundo libro muy apenado.

Se abrió por fin la biblioteca y el libro feo vió como era el predilecto entre el resto de ellos. Dijo entonces al libro presumido:

- Bien es cierto que eres más bonito que yo,sin embargo, yo soy más leido pues mis páginas contienen más esencia que las tuyas.

No todo lo que reluce por fuera, reluce también por dentro

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EL SABIO MISERO

Cuentan de un sabio que un día

tan pobre y mísero estaba,

que sólo se sustentaba

de unas hierbas que cogía.

¿Habrá otro (entre sí decía)

más pobre y triste que yo?

y cuando el rostro volvió,

halló la respuenta,viendo

que iba otro sabio cogiendo

las hojas que él arrojo.

Por pobreza nunca desmayeis, pues otros más pobres que vos vereis.

LA LECHERA (FÉLIX MARÍA SAMANIEGO)

Llevaba en la cabeza

Una lechera el cántaro al mercado

Con aquella presteza,

Aquel aire sencillo, aquel agrado,

Que va diciendo a todo que lo advierte:

¡Yo si que estoy contenta con mi suerte!

Porque no apetecía

Más compañía que su pensamiento,

Que alegre la ofrecía

Inocentes ideas de contento,

Marchaba sola la feliz lechera,

Y decía entre sí de esta manera:

<

En limpio me dará tanto dinero,

Y con esta partida

Un canasto de huevos comprar quiero,

Para sacar cien pollos, que al estío

Me rodeen cantando el pio, pio.

Del importe logrado

De tanto pollo mercaré un cochino;

Con bellota salvado,

Berza, castaña, engordará sin tino;

Tanto, que puede ser que yo consiga

Ver como se le arrastra la barriga.

LLevareló al mercado;

Sacaré de él sin duda buen dinero:

Compraré de contado

Una robusta vaca y un ternero

Que salte y corra toda la campaña,

Hasta el monte cercano a la cabaña.>>

Con este pensamiento

Enajenada, brinca de manera,

Que a su salto violento

El cántaro cayó.¡Pobre lechera!

¡Qué compasión! Adiós leche, dinero,

Huevos, pollos, lechón, vaca y ternero.

¡Oh loca fantasía,

Que palacios fabricas en el viento!

Modera tu alegría;

No sea que saltando de contento,

Al contemplar dichosa tu mudanza,

Quiebre su cantarillo su esperanza.

No seas ambiciosa

De mejor o más próspera fortuna;

Que vivirás ansiosa

Sin que pueda saciarte cosa alguna.

No anheles impaciente el bien futuro;

Mira que ni el presente está seguro

DE FABULA II : ESOPO

Recordando, recordando estás fábulas de Esopo he ido trancribiendo:

Hércules y Atenea

Avanzaba Hércules a lo largo de un estrecho camino.

Vio por tierra un objeto parecido a una manzana e intentó aplastarlo. El objeto duplicó su volumen. Al ver esto, Hércules lo pisó con más violencia todavía, golpeándole además con su maza. Pero el objeto siguió creciendo, cerrando con su gran volumen el camino. El héroe lanzó entonces su maza, y quedó plantado presa del mayor asombro.

En esto se le apareció Atenea y de dijo:

-Escucha, hermano; este objeto es el espíritu de la disputa y de la discordia; si se le deja tranquilo, permanece como estaba al principio; pero si se le toca, ¡mira cómo crece!

La disputa y la discordia son causa de grandes males a la humanidad. Nunca las estimules.

Los ríos y el mar

Se juntaron los ríos para quejarse ante el mar diciéndole:

-¿Por qué si nosotros te entregamos agua dulce y potable, haces tal trabajo, que conviertes nuestras aguas en saladas e imposibles de beber?

El mar, percibiendo que querían echarle la culpa del asunto, dijo:

- Por favor, dejen de darme agua y entonces ya no volverán a salarse sus aguas.

Antes de culpar a otros, fíjate primero si no eres el verdadero culpable.

Zeus y la mona madre

Hizo Zeus una proclama a todos los animales prometiendo una recompensa a quien su hijo sea juzgado como el más guapo.

Vino entonces la señora mona junto con los demás animales y presentó, con toda la ternura de madre, un monito con nariz chata, sin pelo, y enfermizo, como su candidato para ganar el premio.

Una gran risa fue el saludo general en su presentación. Y ella orgullosamente dijo:

-Yo no sé si Zeus pondrá su premio sobre mi hijo, pero sí sé muy bien, de que al menos en mis ojos, los de su madre, él es el más querido, el más guapo y bello de todos.

Debemos estar siempre orgullosos de lo que amamos, y no tener pena en publicarlo.