Libro de Arena
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Palabras de más

"Porque vivir se ha puesto al rojo vivo" (Blas de Otero, 1916-1979) http://www.materialesdelengua.org/LITERATURA/HISTORIA_LITERATURA/BLASDEOTERO/poemas.htm

¡¡¡FELIZ 2008!!!

Desde este sueño de Libro de Arena, feliz año a todos.

Elogio del sueño llamado Libro de Arena

¿Que tal vez no debería haber dicho las cosas con tanta brusquedad? Puede. Al fin y al cabo, estoy hablando con amigos con los que he compartido (comparto todavía; aún no se hizo tarde) algunas de las “mentiras” más bonitas de este lugar inexistente. Sentados cada uno por su lado, pero en círculo, un círculo imposible y mágico, sin principio ni fin; invisibles, pero presentes, nos divertimos entre dunas crecidas con palabras que manejamos a nuestro antojo, construyendo incesantemente (¡sin agotarnos!) inusitados espejismos, mundos de caricias y golpes y sueños y colores y fantasías o realidades que se asemejan a otras realidades, pero que no lo son, y que no existen más que en la irrealidad de las pantallas de cuarzo líquido de nuestros ordenadores.

Nosotros mismos, tan semejantes a quienes somos en la vida real, (o tan distintos), nos hemos convertido aquí en entes de ficción... Yo, “Palabras de más”, en realidad no existo. Soy una irrealidad en un Libro de Arena, en una Irrealidad Infinita, en un mundo virtual; soy sólo literatura digital...

Ah, pero no soy el único que camina entre la Niebla. Están también “Zarza” y “Tarasia” y “Ventana indiscreta” y "Revangel" y "Tontín13" y "Lápices" y uno que lleva en la frente “El libro de los (malos) ejemplos” y otro que se dice "Cal y fosfato" y otro “Manicomio” y otro, “Geografías”; de vez en cuando pasan "Introspecciones" o “Kurvadekundera”, o “Erato” o “Literaturismo” o “Sólo un alma más” o “La calle del terror” o "Noquieromadurar". Hay uno que escribe permanentemente “Desde el bar de la esquina” y otro "Al caer la noche" y otros, sin nombre, que “pasaban por aquí”, "anónimo", o supuestos desconocidos (¡¿"frozen"?!)… Por Dios, que me perdonéis todos aquellos que tengo en mi lista (¡larga!) de amigos y no haya mencionado. Amigos míos y compañeros arenícolas: todos somos ficción en este mundo prestado, aunque digáis que os llamáis Kitti, Oscar, Sandra, Luis, Pilar, Bea, o Noelia (¿o Noel o María... o era Belén o Reyes?: ¡tú, “Otredad”, tienes la culpa de este post!). Representamos por voluntad propia nuestro papel en este nuevo “Gran teatro del mundo”. Somos una “vida de sueño”… ¡Si Calderón levantara la cabeza! ...

Un sueño llamado Libro de Arena.

A nadie se le escapa que, EN REALIDAD, Libro de Arena no existe... Somos todos pura ficción, literatura digital. Duele decir las verdades, como duele tener que admitirlas. Lo siento arenícolas...

La historia de amor más larga...

Había ido a sentarse a su banco, como cada mañana. Le gustaba sentir el sol en sus huesos húmedos, dormitar en sus recuerdos. Y esperar. Ya no había otra cosa que hacer. La suya era la edad del sueño y de la espera.

Así fue como aquella mañana lo vio venir entre luces y sombras por el sendero. Venía ya sin prisa, apoyado en su bastón, pero muy tieso y muy chulo, ¡hecho un galán, aquel viejo!...

Lo reconoció de lejos. Normal. Había sido (era) el amor de su vida...

Cuando llegó a su altura, él se la quedó mirando, se la quedó mirando como nunca, primero curioso, luego extrañado, por fin sorprendido. Ella lo invitó a sentarse con sólo un gesto de sus ojos. Pensaba: “Viejo tonto, cómo has tardado tanto”. Pero le sonreía, dichosa de que el azar por fin hubiera acertado a cerrar de aquella manera la historia de amor más larga del libro de sus vidas. Aunque hubiera sido sobre aquel banco al que habían regresado como regresan a sus orígenes algunas especies de animales...

El libro infinito

De pronto, releyendo a Borges, he comprendido que alguien (tal vez un extraño "hacedor") nos ha metido a todos en este Libro de Arena y que somos como imágenes borrosas y efímeras del sueño que inventó el mayor fabulador de la literatura... Leed y comprenderéis.

“Me acosté y no dormí. A las tres o cuatro de la mañana prendí la luz. Busqué el libro imposible, y volví las hojas. En una de ellas vi grabada una máscara. El ángulo llevaba una cifra, ya no sé cual, elevada a la novena potencia.

No mostré a nadie mi tesoro. A la dicha de poseerlo se agregó el temor de que lo robaran, y después el recelo de que no fuera verdaderamente infinito. Esas dos inquietudes agravaron mi ya vieja misantropía. Me quedaban unos amigos; dejé de verlos. Prisionero del Libro, casi no me asomaba a la calle. Examiné con una lupa el gastado lomo y las tapas, y rechacé la posibilidad de algún artificio. Comprobé que las pequeñas ilustraciones distaban dos mil páginas una de otra. Las fui anotando en una libreta alfabética, que no tardé en llenar. Nunca se repitieron. De noche, en los escasos intervalos que me concedía el insomnio, soñaba con el libro.

Declinaba el verano, y comprendí que el libro era monstruoso. De nada me sirvió considerar que no menos monstruoso era yo, que lo percibía con ojos y lo palpaba con diez dedos con uñas. Sentí que era un objeto de pesadilla, una cosa obscena que infamaba y corrompía la realidad.

Pensé en el fuego, pero temí que la combustión de un libro infinito fuera parejamente infinita y sofocara de humo al planeta.

Recordé haber leído que el mejor lugar para ocultar una hoja es un bosque. Antes de jubilarme trabajaba en la Biblioteca Nacional, que guarda novecientos mil libros; sé que a mano derecha del vestíbulo una escalera curva se hunde en el sótano, donde están los periódicos y los mapas. Aproveché un descuido de los empleados para perder el Libro de Arena en uno de los húmedos anaqueles. Traté de no fijarme a qué altura ni a qué distancia de la puerta."

J.L.Borges. "El Libro de Arena"

Y ahora, amigos, seguid pasando las hojas de arena de este libroinfinito.

Filosofía del escarabajo pelotero.

Es simple:

vive en la mierda

y de lo muerto resucita.

Su enseñanza, no obstante,

está al alcance de muy pocos.

Las moscas.

____________________________________Versión inspirada en un texto

_________________________________________de Augusto Monterroso.

_______________________________Tributo de este moscardón de poeta

________________________________________ al maestro de lo breve.

* * *

Siempre las veréis allá donde haya un cuerpo

abandonado a la inclemencia del Tiempo.

Ellas llegan y se lo adueñan.

Son las reinas locas de la inmundicia.

Como Erinias nos persiguen, zumban

su presencia a nuestro alrededor, en nuestro oído,

para ponernos sobre aviso de la impureza de su tacto,

de sus trompas inminentes con las que han de taladrarnos,

sucias de otros muladares,

de otras bestias moribundas.

Viven poco;

pero desde el principio de la primera bacteria

hemos sido su herencia.

Y dad por seguro que, ya muertos nosotros,

ellas seguirán siendo nuestras dueñas,

harán imperio

de los despojos de nuestros intestinos.

La maldad.

Lloró cuanto pudo ante las cámaras, con exceso calculado de mocos y saliva, y hasta encabezó las manifestaciones de protesta

junto a familiares, amigos y alguna autoridad. Él era ése con gafas de sol que en el funeral tocaba el ataúd en señal de despedida.

Su expresión de duelo fue tan convincente que, cuando lo detuvieron como principal sospechoso, las gentes del barrio no salían de su asombro. “Era una persona normal, oiga, como usted, como yo”, decían.

Y sí, así era: normal por fuera, con sus dos brazos, sus dos piernas y la cabeza sobre sus hombros... Pero la maldad por dentro...