Libro de Arena
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patricia

Paseo mexicano

Queridos, me voy una semanita de viaje que ya me toca. Aunque algunos penséis que estoy de año sabático (lo entiendo, no os creáis), apenas conozco dos o tres ciudades de este país. Y ya llevo medio año, así que tengo que ponerme las pilas, que aquí hay mucho que ver.

Sed buenos en mi ausencia, guardad los posts más geniales para cuando yo vuelva… Os echaré mucho de menos. Si tengo ocasión de entrar no dudéis que lo haré.

Como ya sabéis que me tomo muy en serio mi cargo de corresponsal en México, prometo hacer cienes y cienes de fotos para enseñaros las mejores. Me consta que la curiosidad supera a la envidia. Aquí tenéis un anticipo, pero no esperéis que las mías sean tan buenas…

Os dejo barra libre de margaritas y el carrito de los donuts. Naná, cuídame el chiringuito, en ti confío. No pienses que te quiero usurpar el puesto de dispensadora oficial de donuts, es para que te den una tregua…

Hasta pronto. Ya sabéis que os llevo en la mochila...

Perdiendo el tiempo

Al hilo de los recientes posts de Kitti y Abril…

La expresión “perder el tiempo” tiene una connotación peyorativa. Eso de perder algo, salvo que sea la vergüenza, a nadie le gusta. Encima el tiempo, que es oro molido. Sin embargo a menudo se refiere al (maravilloso) hecho de no hacer nada, lo cual implica descansar. Algo necesario para la salud física y mental.

Nuestra rutina diaria nos deja poco tiempo libre. Incluso los fines de semana tenemos compromisos y obligaciones que nos impiden descansar como nos pide el cuerpo.

Es en vacaciones cuando podemos permitirnos el lujo de perrear. Eso es lo que realmente descansa, vivir sin la esclavitud de los horarios. Pocas cosas hay tan placenteras como saber que tienes unas horas por delante para invertirlas en lo que te de la gana.

A mí me encanta viajar, ya lo sabéis. Pero a pesar de lo que disfruto, por lo general vuelvo más cansada de lo que me fui. Si pretendes conocer los sitios a los que vas no te queda otra que ponerte las pilas. Y no se trata de ir en plan maratón, es que como te des vidilla no ves nada.

Acostarte sin despertador es un lujo asiático. Como dormirte una siesta en verano. Cuando estoy en Granada, a esa hora suelo meterme en la piscina y tumbarme sobre un colchón hinchable. Eso sí que es dolce vita… Cierro los ojos y me relajo, hasta que llegan los enanos que ya han hecho la digestión. Si estoy en Medina Sidonia me atrinchero en el oratorio (eso era), la habitación más fresca y silenciosa de la casa. Me extiendo en el sofá cuan larga soy y leo hasta que caigo en los brazos de Morfeo.

A algunos nos cuesta desentendernos del reloj hasta cuando estamos de vacaciones. Lo de organizarnos con la idea de sacar tiempo para todo lo que queremos es un vicio difícil de erradicar. Si encima nos gusta leer, escribir y ver películas, sentimos la necesidad de invertir parte de nuestro tiempo libre en esos menesteres.

Recuerdo que hace unos meses Drew (¡te echamos de menos!) recomendó un libro llamado “Adictos a la pereza” que trata precisamente de esto, del placer de no hacer nada por muy mal visto que esté.

No reivindico a los vagos. Ese es otro capítulo, hay gente que nació cansada… Sino el ser capaces de disfrutar de nuestro ocio como nos venga en gana sin sentirnos culpables (estoy trabajando en ello). Y sin que nadie te diga: “niña, mueve el culo, que eres más floja que un puñao de pelusas”.

Arráncame la vida

Si vives en México en los años treinta y tu marido es un general autoritario que te duplica la edad, la vida no te da muchas opciones de realizar tus sueños. En una cultura machista en la que una mujer debe ser una esposa y madre tradicional, no hay lugar para otro tipo de aspiraciones.

Catalina es aún una niña cuando conoce al general Andrés Ascensio y queda deslumbrada por él. Piensa que casándose logrará la libertad que tanto anhela, pero Andrés vive entregado a la política y no ve más allá de su propia ambición. Catalina, sometida a su voluntad como si fuera una más de sus subordinados, asiste impotente a sus infidelidades y prácticas corruptas.

“Yo preferí no saber qué hacía Andrés. Era la mamá de sus hijos, la dueña de su casa, su señora, su criada, su costumbre, su burla. Quien sabe qué era yo, pero lo tenía que seguir siendo por más que a veces me quisiera ir a un país extranjero donde él no existiera, donde mi nombre no se pegara al suyo, donde la gente me odiara o me buscara sin mezclarme con su afecto o desprecio por él”.

Cuando descubre que Andrés no tiene reparo en asesinar a sus adversarios en su carrera hacia el poder, empieza a tenerle miedo. Quiere escapar de esa situación, pero no encuentra la forma. Hasta que conoce a un joven director de orquesta del que se enamora…

La sensación cuando se lee la novela es de absoluta impotencia. Catalina se encuentra inmersa en un mundo regido por leyes anacrónicas en el que tiene que conquistar su espacio. El caciquismo y la insensibilidad de Andrés hacen que su conciencia despierte a marchas forzadas. Resulta muy interesante la evolución del personaje, como pasa de ser una niña ingenua a una mujer fuerte que aprende a tomar las riendas de su vida.

Me encanta la literatura hispanoamericana escrita por mujeres, aunque no exclusivamente para mujeres. Isabel Allende, Marcela Serrano, Laura Esquivel, Gioconda Belli, Sandra Benítez, Laura Restrepo, Ana Veloso, Elena Castedo, Rosario Ferre…

No entiendo por qué se considera feminista una historia que habla de una mujer que busca su identidad, que tiene ilusiones y lucha por ellas. Quizás porque no es habitual que una mujer sea la protagonista de una novela mexicana.

El mes que viene se estrena en México su adaptación cinematográfica. Ya os contaré…

El Escorial

Hay lugares que tienen algo especial. No solo por su estética, sino por lo que representan y lo que trasmiten. Para mí uno de ellos es San Lorenzo de El Escorial. Lo he visitado varias veces en los últimos años, y cada vez me resulta más atractivo.

El pueblo es un derroche de granito y tejados de pizarra creado a la imagen y semejanza del monasterio. Me gusta la solidez de sus calles, su ambiente reposado. Hasta le encuentro encanto a ese frío que es una seña de identidad, al igual que la niebla que baja de la Sierra de Guadarrama.

El monasterio fue el centro neurálgico de un poderoso imperio. Nunca olvidaré la primera vez que lo vi, cubierto por la nieve. Como espacio arquitectónico es impresionante. Un prodigio de sobriedad herreriana y perfecta geometría que alguien definió como “piedra con alas”.

Su traza se inspira en la del Templo de Salomón de Jerusalén, y según versiones menos ortodoxas en la parrilla en la que fue martirizado San Lorenzo. Esto da una clara idea de las pretensiones de Felipe II. El hecho de situar el palacio real junto a un monasterio responde a un proyecto de gran envergadura apoyado en estrechas alianzas político-religiosas.

La biblioteca es un dispendio de mármoles y maderas nobles cubierta por una bóveda decorada con pinturas al fresco. Otras estancias que dan fe de su esplendor son la Sala de Batallas, el Salón del trono, la Pinacoteca o el Panteón Real. La estancia del rey tiene una ventana que da a la basílica y le permitía seguir la misa desde la cama cuando quedó inmovilizado por la gota.

Los Austrias sentían gran predilección por la naturaleza. El jardín de los frailes fue jardín botánico y un espléndido mirador asimilado a los Jardines Colgantes de Babilonia.

El Escorial es un símbolo imperialista y en ocasiones se asocia a ideologías con las que no me identifico en absoluto, pero no por ello dejo de admirar su belleza y de reconocer en cada una de sus piedras una parte fundamental de la historia de España.

Siempre es un placer darse una vuelta por allí, contemplar la puesta de sol sobre la mole de granito, y caminar hacia el casco histórico para hacer una escala técnica en la Fonda Genara.

Mis suspiros a pie

Para el Caballero del Temple.

A pie van mis suspiros

camino de mi bien.

Antes de que ellos lleguen

yo llegaré.

Mi corazón con alas

mis suspiros a pie.

Abierta ten la puerta

y abierta el alma ten.

Antes de que ellos lleguen

yo llegaré.

Mi corazón con alas

mis suspiros a pie.

ANTONIO GALA

Angahuan

El otro día estuve en Angahuan, un pueblecito de la sierra de Michoacán (México). Se encuentra a más de tres mil metros de altura, rodeado de verdes montañas. Había llovido y una neblina lo envolvía todo dándole un aspecto precioso. Es muy humilde, el comercio se reduce a tres o cuatro tiendas de alimentación. Sus habitantes son mayoritariamente indígenas. Hablan purépecha. Muchos no entienden el español, y otros hacen como que no lo entienden...

Tuve que hacerles las fotos sin que se dieran cuenta, porque les horroriza posar. A todos los que les pedí permiso me lo negaron, y los que me veían acercarme con la cámara se apartaban como alma que lleva el diablo. Que no muerdo, neneeee...

Con motivo del día de Santiago habían engalanado la iglesia con guirnaldas y flores. Todos esperaban ansiosos la salida de la procesión. Era como el rocío, solo que estos estaban sobrios...

Los participantes y los espectadores esperaban en el atrio. Como en toda fiesta que se precie había vendedores ambulantes de churros, patatas, helado... Que si no hay colesterol ni es fiesta ni es ná.

La banda tocaba para amenizar la espera. Estuve tentada de pedirles "Paquito el chocolatero", pero temí que se me echara encima una horda de devotos. Serán muy indígenas, pero a católicos no hay quien les gane...

Puesto que se trabata de homenajear a Santiago matamoros, no podían faltan los susodichos. Una versión muy fashion que mezclaba tradiciones españolas, orientales y mexicanas. Me da que estos no hacen el ramadán. Más bien parecía que se habían escapado del desfile del orgullo gay...

Tras un Santiago enano iba la Virgen de Guadalupe (como no), y detrás un Cristo con una melena que ya la quisiera yo para mí...

La multitud se agolpaba para no perderse detalle, pues iban a toda caña. Claro, como no pesaban las imágenes... A estos quisiera verlos yo subiendo a la abadía del Sacromonte con el Cristo de los gitanos. El Padre Nacho, por supuesto, en cabeza.

Aquello tenía un aire a "Bienvenido Mr. Marshall". Americaaaanos, os recibimos con alegriiiiía... Los cohetes y el incienso iban marcando el recorrido. Además de dejar sordos y ciegos a los espectadores...

Me encantó asistir a un espectáculo tan pintoresco, tan parecido y a la vez tan diferente a los nuestros. Al día siguiente volvían a sacar de paseo a las tres figurillas, pero yo ya había tenido bastante...

Yo quiero ser una chica Almodóvar

Para kitti, la niña telekinésica.

Por suerte, la naturaleza me ha dotado de una curiosidad irracional hasta para las cosas más nimias. Eso me salva. La curiosidad es lo único que me mantiene a flote. Todo lo demás me hunde. ¡Ah!, y la vocación. No sé si sería capaz de vivir sin ella.

PEDRO ALMODÓVAR

Pues sí, me declaro almodovariana del séptimo advenimiento. Como diría él, a tumba abierta. O a calzón quitao, que suena más hispánico todavía.

Me divierte el Almodóvar de la movida y el petardeo. Ese cine trasgresor, sui generis, hecho con mucho talento y poco dinero. Una reacción ante la moral represora que aún coleaba por aquel entonces. Tal y como nos las muestra, la maruja toxicómana de “Que he hecho yo para merecer esto”, las viciosillas Pepi, Luci y Bom, la erotómana de “Laberinto de pasiones” o Sor Rata de Callejón son chicas del montón.

En sus historias todo puede pasar y es lo más natural del mundo. Victoria Abril atada a la pata de la cama por un psicópata Banderas (en su mejor papel) para que se enamore de él, Paco Rabal bailando en su silla de ruedas, la Maura metiéndole fuego a la cama o lanzando el teléfono por la ventana…

“Mujeres al borde de un ataque de nervios” me descubrió un nuevo concepto de comedia. Me parto con la persecución de la loca en moto, con el mambotaxi y con la del terrorista chiita (qué mal se ha portao conmigo el mundo árabe...).

Sus diálogos son brillantes, porque Almo (perdonad la confianza, es que para mí es como de la familia…) es ante todo un gran escritor. Sus personajes sienten, ríen, sufren… Su sensibilidad le permite conectar extraordinariamente con el público femenino. Para él las mujeres somos dramáticamente más interesantes que los hombres, más poliédricas. De hecho sus protagonistas son casi exclusivamente mujeres.

Sus películas tienen una estética única. El colorido, la música, la iconografía religiosa, lo kitsh... Las intervenciones de su madre son memorables. Me encanta su humor manchego, su falta de prejuicios, su manera desgarrada de mostrar los sentimientos. Encontrarme con los viejos conocidos: Loles, Bibí, Rosy, Chus y toda la trouppe.

En “Tacones lejanos” el duelo interpretativo es increíble. “La flor de mi secreto” refleja el desamor con una verosimilitud brutal. Con “Todo sobre mi madre” alcanzó el reconocimiento nacional e internacional. Por fin la academia se dignó a darle su lugar. “Hable con ella” es igualmente conmovedora… “Volver” te hace reír y llorar de una escena a otra.

Tiene fama de ser un director exigente, pero sus actrices lo adoran. Y los resultados son incuestionables… Para mí sus mayores logros son su conocimiento de la psicología femenina y su capacidad para reflejar las pasiones humanas. Su creatividad y su ingenio son inagotables. Tiene el talento de dotar de naturalidad cualquier situación. Véase una transexual liada con su padre, una monja seropositiva que tiene un hijo con un travesti, un enfermero que viola a su paciente en coma, o un fantasma muy vivo que achicharra a su marido y la amante de este, quien había dejado embarazada a su hija.

Gracias, Almo, por descubrirnos un universo genial. Sin él iríamos por la vida como vaca sin cencerro…

Una noche con los Beatles

Esta vez las divas no fueron de fiesta, pues aún les duraba la resaca de la anterior. Y aunque hubieran ido, tal vez una mano negra les hubiera impedido contarlo...

Pero disfrutaron como siempre. Ni siquiera la inoportuna lluvia pudo empañar una deliciosa velada en compañía del cuarteto de Liverpool.

La artífice de este vídeo ha sido Aura. Va por ti, querida.