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patricia

Cuestión de confianza

Cada vez valoro más a la gente en la que puedo confiar. Yo no soy muy dada a contar mis cosas, elijo muy bien a quién se las cuento. Además, soy tirando a escéptica en casi todo. No es que piense mal, sino más bien mi talante cauteloso.

Hay personas que me inspiran confianza instantáneamente. También están las que la van consiguiendo poco a poco. Y las que cumplen ambos requisitos: me dieron buen feeling desde el primer momento, y a medida que las trato voy confirmando mi intuición. Algunas de ellas andan por aquí, pero no las voy a nombrar porque saben perfectamente quienes son. Del resto de las categorías del ranking prefiero no hablar, que no estoy yo para negatividades.

Confiar en alguien es saber que te escucha, que le importas, que no te va a fallar. Y eso no tiene precio. Estas personas ocupan un lugar especial entre mis afectos y cuentan con una serie de prerrogativas que se han ganado a pulso. Yo doy la cara por ellas, las defiendo hasta de sí mismas si es necesario. Porque me han demostrado que se lo merecen y porque sé que ellas hacen exactamente lo mismo por mí.

Alguien de confianza te incita a contarle prácticamente cualquier cosa con la tranquilidad de que no lo va a divulgar. Te sientes con la libertad de darle una opinión sincera, sabiendo que no se va a ofender. Puedes recurrir a ese alguien, con la certeza de que te van a responder tal y como tu esperas.

Igual que amor con amor se paga, confianza con confianza se paga. Si alguien deposita su confianza en mí me siento en la obligación de no defraudarla. Y no porque sea lo justo, sino porque lo contrario sería como despreciar un regalo. Que me digan “creo en ti”, ya sea con palabras o con hechos, me parece lo más bonito que me pueden decir.

Un defectillo

Que me lo haga mirar, me dice… A ver, si lo mío un problema no es… un defectillo si acaso… Quién no tenga uno que tire la primera piedra, pero no me vaya a dar a mí…

Digo, llamarme maruja cleptómana… Total, por un pestilográfica de esas, que no sabe ni cuantas tiene… Como se ha puesto la tía, que echaba espuma por la boca… Un regalo especial, un regalo especial… ¡Pues aquí la tienes hija, que parece que te va la vida en ello…!, le he dicho. Te la metes por donde te quepa… Encima va y me llama ordinaria, la madre que la parió… Y que pa qué coño la quiero, si soy una palurda analfabeta… No le he pegao dos hostias porque soy una señora… ¿Pues no es que me ha revisao el bolso la so cabrona? Mucho título tendrá, pero de modales anda más corta que las mangas de un chaleco… Qué falta de incultura, de verdá… Y que de quien son las llaves del Audi si no sé conducir, que por qué llevo un biberón si mi Juan ya fuma canutos, que de donde he sacao un cáliz de plata… ¿Y a ella qué carajo le importa? Ni que lo fuera a heredar…

Yo le digo al teraputa de la seguridá social que vengo a que me cure la robomanía y se descojona en mis narices, vamos… Si es que no lo puedo evitar, es que se me pegan las cosas a las manos… Que me hablan y todo… Me dicen “Peeeeeepa, lleeeeeévame contigo…” y no me puedo resistir. Pa mí que es por haber sido una niña de posguerra, cuando no había barbis ni nada… Si es que tantas carencias es lo que tienen, que luego te vuelves agonías… Además, en algo me tengo que entretener, ¿no?

El caso es que veo un móvil y me entra por los ojos aunque ya tenga treinta y dos… o un petrés de esos que llevan canciones dentro, aunque no están las que a mí me gustan: Camela, el Fary, los Chunguitos… pero bueno, a caballo regalao... La emoción de meterme cucharillas de café en el moño es lo que me mantiene a mí con vida. En tres días consigo la cubertería completa… Y me digo: si es que eres un lince, Pepa, lo que se ha perdío el efebeí… En el Corte Inglés me vuelvo loca... Me dice mi Juan: “Omaaaá… que un día te van a grabar con una cámara y nos vas a buscar la ruina…” Pero yo le contesto: “¿A ti te falta de algo? ¿acaso no te traje tus zapatillas naic y tus videojuegos? Pues a callar la boca”. Si es que ni tener un jobi la dejan a una…

Un toque de canela

No sé qué tienen las historias de amores imposibles que tanto nos gustan Quizás ese componente de infelicidad que nos conmueve y nos ayuda a identificarnos con los protagonistas. Si encima trascurren desde la más tierna infancia, marcadas por una serie de circunstancias adversas y un sentimiento que se fortalece con los años, el nudo en la garganta está asegurado.

Fanis y Saime se hacen amigos en el desván de la tienda de especias del abuelo de Fanis, en el mercado de Estambul. Entonces hacen un pacto: él cocinará para ella y ella bailará para él.

La familia de Fanis tiene que trasladarse a Grecia y son separados… Cuando vuelven a encontrarse, muchos años después, ninguno ha olvidado al otro. Pero no pueden estar juntos…

Ante esta impotencia, que se traslada al espectador, una se pregunta: ¿Vale la pena un amor así? Cuando un sentimiento no es correspondido sólo provoca ansiedad y sufrimiento. Pero, ¿y si es correspondido pero no puede materializarse? Pues quizá sea aún más doloroso… Porque cuando es unilateral no hay vuelta de hoja, pero renunciar a él sabiendo que existe por ambas partes debe ser terrible.

Esa escena en la estación de tren me mata. Casi sin palabras, ambos se resignan a perderse. O más bien a no darse una oportunidad, porque no se puede perder lo que no se ha tenido…

Cuando Fanis, hecho polvo, acude a la tienda de su abuelo y le asaltan los recuerdos, pienso que por mucho daño que hagan siempre es mejor tenerlos que no. Aunque las ilusiones se queden en el camino, han alimentado nuestra alma en un momento determinado y eso basta para darles sentido.

Loqueyotecontara II

(Primera parte en el blog de Naná)

La recién llegada, una joven guapísima con una media sonrisa dibujada en el rostro, encendió un cigarrillo mientras yo llenaba las copas con el mejor tequila jalisqueño. Algo me decía que sabría apreciarlo…

- Pues usted dirá…

- Soy la detective Lantier. Estoy buscando a un tipo que según mis informaciones es cliente asiduo de este local: Loqueyotecontara. Lo conoce, ¿verdad?

Vaya si lo conocía… éramos amigos desde que había abierto la cantina, unos meses atrás. Venía varias veces a la semana, y entre tequila y tequila charlábamos hasta la madrugada.

- Perfectamente. No le habrá pasado nada…

- Eso trato de averiguar. Está en paradero desconocido. Y hay una mujer que lo está buscando.

Imaginaba de quien se trataba. Loque me había hablado de una belleza morena que regentaba un club de jazz. Estaba segura de que era ella, al igual que estaba segura de haber visto antes a la detective Lantier. Tenía algo que me resultaba tan familiar…

- Comprendo. Pues hace dos noches estuvo aquí. Se sentó en ese extremo de la barra, con su inseparable cuaderno. Yo lo dejé escribir, pues me pareció que estaba inspirado. Le llevé una botella de su tequila favorito, Centenario Añejo, y un guacamole que ni tocó.

Rellené las copas y brindamos a la salud de Loque.

- ¿De qué hablaron? Disculpe que se lo pregunte tan directamente, pero es importante para la investigación.

- Me dijo que tenía un asunto entre manos, pero que de momento no me podía adelantar nada. Los ojos le brillaban con intensidad… Y me dejó muy intrigada.

En ese momento entró un chico y tuve que atenderlo, pero enseguida regresé con la detective. Advertí que no nos quitaba ojo de encima, sobre todo a mi interlocutora. Seguramente, también había percibido su perfume.

- ¿Cómo lo definiría?

- Como un tipo simpático, ingenioso, con una increíble vocación de escritor.

- ¿Conflictivo tal vez?

- Para nada. Tranquilo, sensible, inteligente…Un buen amigo. Se desahogaba conmigo, aunque el otro día lo noté más hermético de lo habitual.

- Le voy a dejar mi tarjeta. ¿Me avisará si vuelve a aparecer por aquí?

A lo mejor si se hubiera tratado de otra persona mi respuesta habría sido distinta, pero esa chica me inspiraba confianza.

- Descuide –le prometí, ofreciéndole un tercer chupito de tequila-. ¿Me permite una sugerencia?

- Por supuesto...

- Pregunte en el bar "La esquina de Alma". A Loque le encanta frecuentarlo...

- Pues ahora mismo voy para allá.

Jose Alfredo cantaba “Y volver, volver, volver…” y yo supe, sin el menor asomo de duda, que Loque volvería.

Continuará en el blog de Evaluna...

Empatía

Hay personas que te conocen tan bien que da hasta miedo. La ventaja es que no tienes que explicarles nada, porque saben a la perfección lo que te gusta y lo que no, lo que te hacer reír, lo que te hacer llorar, lo que opinas sobre casi cualquier cosa. La contrapartida es que son como tu conciencia. Vamos, que no las puedes engañar… Con solo mirarte, las puñeteras saben lo que te está pasando por la cabeza.

Con esas personas existe una empatía mutua muy fuerte, porque por lo general tú las conoces tan bien como ellas a ti… Obviamente, los que te han tratado de cerca saben como respiras. Pero son muy pocos los que comparten esa conexión especial.

Las filias y las fobias suelen ser recíprocas, por eso en estos casos el sentimiento es común. A veces esa persona es muy diferente a ti en muchos aspectos, sin embargo estáis en la misma sintonía.

Yo me siento muy afortunada de tener a alguien así, a quien adoro. Cuando me escribe firma como “tu hermano favorito”, muy consciente de que lo es. Lo cuento porque sé que los otros dos no van a leer esto… Además, es tan obvio que para qué negarlo.

Creo que nadie me conoce tan bien. Me hace mucha gracia, porque es el más pequeño y a veces me controla como si fuera mi padre. Me dice lo que considera que me tiene que decir sin paños calientes. Y cuando no le hago caso se pilla unos cabreos… Es que se preocupa mucho por mí. A veces nos peleamos, pero como no sabemos estar así, nos reconciliamos enseguida.

Es tan encantador que siempre me acaba llevando al huerto. Hace conmigo lo que le da la gana y yo me dejo, porque soy incapaz de negarle nada. El jodío es más listo que una ardilla, sabe perfectamente hasta donde puede llegar. Es un zalamero profesional: sonríe, suplica, promete… y se aprovecha descaradamente de mi debilidad por él. Me manga cosas y me deja notas llenas de besos y piropos. Es un maestro del chantaje emocional… Me sablea, me mangonea a su antojo, me hace cómplice de sus chanchullos. Y yo le aseguro que es la última vez, que se le va a acabar la dolce vita… Pero ambos sabemos que conmigo tiene un filón inagotable.

Diez meses sin verlo es demasiado tiempo. Aquí nadie me echa la bronca… Pero tampoco tengo cerca a nadie que me alegre el día a día tanto como él. Yo le digo: “Te mimo demasiado, y un día se va a volver contra mí”. Y él se parte de la risa y me mira con cara de: “Esto es lo que hay… para algo soy tu ojito derecho”. Lo peor es que tiene razón.

Más frikilandia

¿Pero... qué le ha salido al niño en la espalda? a ver si va a echar a volar y se nos pierde...

El secreto está en la salsa...

Pues nos han cortado el rollo, se acabó el botellón...

¡Mamá, yo quiero una bola de cristal con la Sagrada Familia dentro...!

¡Y un flagelo!

¡Y una corona de espinas!

¡Y una muñeca-monja!

¡Y una pulcera!

¡Y una...! ups...

¿Se celebra un cumple en el altar mayor? seguro que la piñata está por alguna parte...

Con el chandal y los tacones, arreglá pero informal...

Im-prezionant

e...

¿Que no se pueden pegar los chicles en las bancas? pues que pongan papeleras...

Que no es para vicios...

¿De donde ha salido este santo? con el metro, las tijeras, y una capa que parece una soprano. Patrón de los sastres, de qué si no...

¿Es el arcángel San Miguel, o una drag queen?

Pues cuando habran benimos...

Rectificar es de sabios...

Nene, ya está bien de dar la bara, confinaito te quedas... si quieres las pelotas pega un salto y las coges, jeje... ¿Que por donde respiras? no me calientes más la cabeza, que contenta me tienes...

¡Pues no es que le han puesto una rebeca a la Virgen...! claro, con el frío que hace en las iglesias... Y qué mala cara tiene...

!Uys... clases de aerobis... justo lo que yo necesito! que el lloga me aburre un guebo...

Menos mal, porque si no me daba un infarto...

Pues sí que tiene suerte... todo el día acostado y encima recibiendo dinero...

Un poquito de porfavor... a magrearse lejos de la casa del señor, pecadores...

¿Halloween un invento satánico? y yo que pensaba que era yanky...

¿Pan de muerto? no, gracias...

El santo niño cieguito (os juro que así se llama). ¿Es que este no hace milagros, o es que le falta un hervor?

El Día de Muertos

El Día de Muertos es una de las fiestas más importantes del calendario mexicano. Tiene un sentido lúdico, y no por ello irrespetuoso. Las semanas previas, la decoración “funeraria” invade todos los rincones. Esqueletos, altares de difuntos en los que no falta comida ni bebida, calaveras de caramelo… Puede parecer morboso, pero hay que verlo en su contexto y entenderlo como una actitud muy peculiar (y a mi juicio muy acertada) ante la muerte.

Esa noche los niños se disfrazan al estilo Halloween, y llevan una calabacita de juguete para pedir el aguinaldo. Mirad este, da más risa que miedo…

La catrina, este esqueleto tan fashion, es una de las figuras más presentes. No me digáis que esta forma de desdramatizar la muerte con glamour no es fantástica…

La Noche de Muertos se celebra en todo el país, aunque en algunas zonas con más intensidad. La más famosa es la de Michoacán, entorno al lago de Pátzcuaro y la isla de Janitzio. Pues allí que me planté, claro…

La tradición manda llenar los cementerios de flores y coronas, y velar durante toda la noche. El de Tzintzuntzan es el más ornamentado y concurrido.

Cubren las tumbas de objetos relacionados con el difunto como se hacía en el antiguo Egipto. Eso incluye fotos, pertenencias, su comida favorita, botellas de tequila, tabaco… a modo de ofrendas. El objetivo es celebrar ese día con el muertico como si estuviera vivo.

Esta, con pizza y hamburguesas, me pareció el colmo. Como es un tema delicadillo me voy a ahorrar las bromas…

Probablemente penséis que hacer fotos de algo así puede ser ofensivo, pero creedme, ellos se lo toman como un honor. Interpretan que su tumba les quedó preciosa, que es justo lo que pretendían. Aquello se llena de turistas fascinados con el show, y los dolientes se sienten orgullosos.

Al día siguiente, la familia hace un picnic para degustar las viandas. Puede parecer una frivolidad, pero os aseguro que no lo es. Aura, guapa, si lees esto corrobora lo que digo, porfa… Que luego me dan caña por irreverente.

Cuesta entenderlo desde la mentalidad europea, pero el Día de Muertos en México es una fiesta alegre. No se ve sufrimiento, para ellos es un alivio compartir ese día con sus seres queridos ausentes. Es como si por una noche volvieran a la vida.

Para mí es un auténtico espectáculo. No solo la estética, sino el trasfondo de la celebración y la forma de enfocar el tema. Mi respeto y mi admiración más profunda, de verdad. Las risas me las guardo para el próximo post…

Recorriendo México II

Nos habíamos quedado en Cholula… De ahí fui a Oaxaca. Ya os la enseñé en el viaje anterior, pero no me resisto a dejaros un par de imágenes.

Cerca, en Santa María del Tule, se conserva un famoso árbol. El diámetro de su tronco mide catorce metros.

La siguiente parada fue en Taxco, una ciudad conocida por sus minas de plata. Tiene una silueta preciosa que se extiende por la ladera de un monte. Desde cualquier punto se contempla la Iglesia de Santa Prisca. Algunas de sus calles me recordaron al Albaycín.

Después pasamos por Morelia y recalamos en mi rancho. Nuestra ruta continuó hacia Guadalajara, donde ya imagináis con quien me reuní. Después de cenar en Tlaquepaque, Aura nos llevó de tour nocturno por la ciudad. Una auténtica delicia…

Guanajuato es una belleza como ya había comprobado. Sus construcciones de colores vivos le dan un aire único.

San Miguel de Allende también merece una segunda visita. Y muchas más…

A pocos kilómetros está el santuario de Atotonilco, con magníficas pinturas murales.

También volví a Querétaro, otra de las ciudades coloniales más atractivas. Ya os enseñé la iglesia de Santa Rosa, pero me gusta tanto que os la enseño de nuevo.

La última noche merece un post aparte, ya veréis por qué.

Jhay, aquí tienes tu puesta de sol: Cholula vista desde la Iglesia de los Remedios con el volcán Popocatepetl de fondo.