
Porque hoy es hoy, y porque sigo confiando en la Red como soporte literario, sobre todo poético, acabo de colgar mi última obra, "El típico pívot senegalés" en esta dirección. Se puede descargar por la patilla, aunque hay que registrarse y demás. Son poemas, algunos publicados previamente, de ayer y de hoy, desde 1993 a 2008. Quince años intercalados y barajables, a veces escalera de color y otras simple solitario. Pues eso, si algún tahúr se interesa, incluso editorialmente, ya sabe dónde tiene un modesto as en la manga.

No me extraña que algunos escritores estén vetados en televisión. Aunque a veces los amigos acuden al rescaté. Por ejemplo, Quim Monzó (al que por lo visto hay que llamarle Quim "munsó"), que el otro día en Buenafuente demostró sin complejos (promoción manda) el poco futuro que tendría como jugador de mus. Pese a todo, su encuentro con Chikilicuatre fue la bomba, de lo mejor de la tribu literaria últimamente. En fin, supongo que lo importante es escribir bien. Y que la Generalitat no te aparte la teta, claro. Por cierto, hoy en el periódico sale una entrevista con Fernando Alonso (alias la tortuga azul) donde, a la pregunta de si lee, responde con franqueza: "Nunca me ha dado por ahí". Un ejemplo para los niños, sí señor. Al menos disimula, cuellotoro...
Entre torrijas de nocilla (experience o dream, tanto monta) y costaleros acarreando sus libracos en actitud fustigante, estos días de pasión se presentan ideales para hacer penitencia literaria con, por ejemplo, el último libro de Sánchez Dragó, o de César Vidal ("Responde", se llama, igual que el consultorio de Elena Francis) o del Fede, claro. Literatura de combate, de puñalada en el nombre de la patria para limpiarse la daga con la bandera rojigualda. Nazarenos del mundo, uníos. Ahora que hay más pecados que nunca, igual que en mi empresa hay más jefes que curritos (desconfía de una redacción donde solo haya corbatas de seda al viento), es el mejor momento para agarrar la cruz y usarla de mondadientes. ¿Habrá escrito algo Jimmy Jiménez Arnau?

«Las novelas de hoy son trayectos en autobús de Chamberí a Vallecas»
(Juan Goytisolo, ayer en ABC).
Aunque, a lo mejor, los lectores prefieren utilizar transportes públicos transitando en cómodos carriles bus que utilitarios contaminadores que no paran de encallarse en atascos. Encima, con lo que cuesta la gasofa...
Por cierto, hoy el escritor que se parece al juguetero de "Toy Story" saca su nueva y esperadísima novela, con una tirada de un millón de ejemplares, o algo así. ¿Alguien en la sala siente envidia o más bien compasión?


Acaba de caer en mis manos un librito de los "deliciosos": nada menos que la esperadísima edición en bolsillo, casi 30 años después de salir en tapa "semidura" de los "Cuentos de humor y horror" de Saki. 140 páginas de destiladísima ironía y delicados esperpentos salidos de la chistera de un tipo cuyas últimas palabras las suscribiría cualquier ministro de sanidad: "Apagad ese maldito cigarrillo". Insobornable e imprescindible forma de olvidarnos a ratitos de la estupidez honda que nos rodea.


Ayer, por casualidad, preparando precisamente un artículo sobre actores jóvenes con muertes trágicas, leí que el autor de varios estupendos libros sobre la cara oscura de Hollywood también había fallecido recientemente. Miguel Ángel Prieto (1971-2007). Le conocía de refilón de la época de Cinerama, pero acudía habitualmente a sus trabajos, amenos y perfectamente documentados. Una coincidencia macabra, tal vez, que acabara como algunos de los actores de los que escribía. ¿Qué lazos unen al escritor y a su obra? Mejor no pensarlo. Descansa en paz y tranquilo: tus libros ya te han hecho inmortal. O lo más parecido.


De chaval (hace un par de días, como quien dice, ejem), encontraba pocas alegrías literarias más grandes (nunca mejor dicho) que sumergirme un verano playero cualquiera en los tochos terroríficos de Stephen King, como "Tommyknockers", "Apocalipsis" o "It". Llegar hasta el final de esos maratones del escalofrío dejaba sin aliento y con los pelos como escarpias, más o menos. Luego, empecé a comprender que, generalmente, lo bueno si breve dos veces bueno, y perdón por el tópico. Ahora acaba de aparecer "Un mundo sin fin", novelón (por lo elefantiásico) de Ken Follet que mi paciente esposa está devorando página por página, y eso que tiene casi mil doscientas. ¿Merece la pena dejarse el brazo dormido cada panzada lectora por un libraco que vuelve al tole-tole pata-histórico del Medievo y la religión castradora, con alegorías y códigos de primero de parvulitos o cuarto de milenio? Sabemos que ahí es donde está el parné literario (como declaró hace poco el ex enfant terrible Mañas, el niño Kronen, que también se apuntó a la moda con un libraco de 600 páginas para ver si así logra vender una rosquilla), pero miren esta bonita foto y piensen en la de árboles talados para semejantes bazofias más o menos entretenidas y para lectores atléticos. Y luego recuerden las poquísimas páginas que tiene "La metamorfosis", sin ir más lejos.
PD. Ya, sé que el papel no viene de la madera desde hace muchos años, pero es por la cosa de la metáfora, háganse cargo.