SOLEDAD
Pues claro que La Bola (aka El País) tiene derecho a sacar en la portada de su dominical al escritor estrella de su editorial. Que la endogamia o el paternalismo sea el único mal de este país, o lo que sea. De la discretita entrevista de su editor (todo sigue quedando en casa) solo se salvan los santos, que demuestran a un autor rodeado, casi inundado, de soledad. Un soledad que tapiza las paredes de su casa, a su vez tapizadas de libros de ayer y de hoy, ingleses y castellanos. Soledad tal vez interrumpida por el fantasma de su ilustre padre, con el que imaginamos hablando bilingüemente a gritos educados. Nada raro para un tipo que empieza sus novelas un 3 de septiembre. Por cierto, hará cosa de dos años asistí a la presentación de dos libros recopilatorios, en un café de la Plaza de Oriente. Cañitas y queso curado de calidad. Mi tocayo es un ser tan educado que a veces raya con la petulancia. Leyendo sus artículos puede pensarse que aspira a ser un Pérez-Reverte algo más curtido y british. Leyendo sus novelas, Proust se le queda pequeño a sus aspiraciones. Ya se sabe, es lo que tiene leer solo críticas extranjeras de tus libros. El sueño de la bendita soledad puede producir monstruos y tumores de grandeza.







