PINTADOS EN GRIS

Desde luego que la literatura no siempre tiene que ser un ponche de ácido lisérgico, pero tampoco un poleo menta insípido y sin un chorrito de carajillo. Ayer casi me quedo sopa en el bus con la última novela de Belén Gopegui, "El padre de Blancanieves", tan gris y cenicienta como su pelambrera. ¿De verdad necesita el mundo más fábulas con posillo de intolerancia social, desequilibrio familiar y morralla urbana como las películas de Gerardo Herrero, colegui de la madrileña? Lo siento pero no puedo con tanto rollo macabeo, por mucho que le gustase al finado Umbral (y van... Se podía hacer una novela-dietario en plan "Los cien mil hijos de Umbral"). Quizá peor que un autor maldito y atribulado ("las letras son mi tormento y en él quiero calcinarme", nos soltaba Prada en el XLSemanal de marras) es un coñazo de escritor. Bueno no, un pelmazo disfrazado de maldito, como nos descubría el otro día el cachondo de Rafael Reig. Vamos ya, hombre, vamos ya...
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Creo que necesitas dejar el autobús por una temporadita. Son demasiadas horas para llenar y luego pasa lo que pasa.
Hay que ver chatín, ¡¡qué ameno eres incluso para relatar una experiencia tostón!!






