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ALICE

El poeta más solo es aquel que no escribe


El Bosque De Las Almas Oscuras (8)

servido por  alice 04 junio 2009 2 comentarios

 


No podía parar de mirar ora Edwin ora esa tal Luah. ¿Qué estaba pasando aquí?, ¿Por qué nadie decía nada?

La de las patas de araña se puso en posición de defensa y yo hice lo mismo, pero ellos no se movían, solo se miraban directamente a los ojos, en una conversación en la que había sido expulsada. Y entonces me di cuenta, Edwin no me tenía solo a mi en su corazón, era compartido, esos ojos lo demostraban, ese ligero rubor, la misma posición de su cuerpo, todo eran claras muestras. En ese momento solo quería hacer una cosa, correr, correr lejos y llorar hasta que el mundo desapareciera de mis ojos, hasta que el amor se vertiera con mis lágrimas y jamás volviera a aparecer. Me sentía traicionada...

-Hola- dijo tímidamente Edwin.

-Hola- le contestó ella de la misma manera.

Me estaba poniendo enferma, y no creía que fuera a aguantar mucho más, notaba como unas pequeñas gotas asomaban.

-¿Qué haces aquí?- preguntó Edwin.

-Lo mismo podría preguntarte yo- contraatacó ella mientras me miraba a mi.

La de las patas de araña silbó y una gran águila apareció de entre los árboles, era imponente. Se montó entre las dos alas y llamó a Luah, que después de dar un beso a Edwin en los labios, ante mi cara de estupefacción, se montó con ella.

-He de irme, ya nos veremos- dijo la muy fresca, y desaparecieron en el cielo.

En donde estábamos solo había silencio, un silencio cargado de significados, de pensamientos visibles, palpables y que hacían que cada parte de mi cuerpo doliera, doliera hasta el infinito.

Edwin se giró para mirarme, inconscientemente se había llevado la mano a sus labios y había sonreído, la misma sonrisa que me había dedicado a mi hacia unos minutos, y mis lágrimas no se pudieron controlar, era tarde, viajaban libremente...

-¿Qué te pasa?-preguntó preocupado.

No le contesté, no me apetecía decirle que era su culpa que estuviera llorando, no quería decirle que me había mostrado vulnerable, le había dado lo que más puede dar una persona y él solo había jugado con él.

Así que lo único que hice fue mirarle con todo el odio del que fui capaz. Monté a Nasira y me fui, no pensaba mirar atrás, no pensaba volver a tras, no amaría jamás, no volvería a regalar algo tan valioso en la vida, no perdonaría a Edwin ni en el final de los tiempos...

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2 comentarios  -  Escribe aquí tu comentario

lo dijo L.K.H. 04 junio 2009 | 3:51 PM

Me alegro de que vuelvas a encontrar tiempo para hacernos viajar con tus personajes; por mucho dolor que estos tengan, siempre es más interesante su existencia ficticia que la nuestra, que es real.

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lo dijo Luna 04 junio 2009 | 4:14 PM

Hola! Edwin aún tiene el valor de preguntarle "que te pasa?"? Uf... Sé lo que duele eso ... Duele mucho ! Espero que sigas con tu historia , me gusta

Besoos!

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