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Abrásate en el fuego que me quema (y III)

servido por  angelonero 17 marzo 2012 2 comentarios



Aunque me sorprendió, adjudiqué aquello a la casualidad, y en ningún momento relacione la muerte de Gutiérrez con su aparición en uno de mis sueños, aunque fuera el de la víspera de su accidente. Ruiz subió en el escalafón de la empresa y ocupó su puesto con la misma diligencia. Dejó de tomar café con nosotros y, al poco, se compró un traje de Armani idéntico a los que gastaba su predecesor.



Ya no recuerdo si Ruiz tenía amigos en el trabajo o fuera de él, pero lo que si sé es que desde que se aupó al puesto de jefe de personal no se le conocieron otras lealtades que no fueran miembros del consejo de administración.


No tardamos en olvidar a Gutiérrez, porque su sucesor siguió exactamente sus mismas pautas, incluso empezó a parecerse físicamente. Ruiz semejaba un tipo atlético, debía de andar por los treintaicinco, y hasta podríamos decir que era atractivo, si no fuera por ese gesto de enterrador con el que andaba por la oficina.


Tampoco con él tuve demasiado trato, aunque desde su nombramiento había nacido una soterrada enemistad entre nosotros, ya que a los pocos meses tuve que exigirle otra vez mis nóminas, que había dejado de recibir desde el fallecimiento de Gutiérrez.


También él mi miró extrañado, como si en lugar de decir nómina hubiese dicho albóndiga o sarampión, y me preguntó cual era el problema. En realidad no había ningún problema, lo mío era ya por tocar un poco los huevos, una especie de tradición, porque a esas alturas ya me sabía de memoria cuales eran los conceptos de mis retenciones y el desglose de mi paupérrimo salario.


Volví a recibir puntualmente mis nóminas, y no volví a tener más tratos con el nuevo jefe de personal. Nuestra enemistad se convirtió en algo tranquilo, de andar por casa, y cada uno se mantuvo en su trinchera, vigilante.


Pero una noche de verano, después de un par de años sin intercambiar ni tan siquiera los saludos de cortesía pertinentes, Ruiz apareció en uno de mis sueños.


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2 comentarios  -  Escribe aquí tu comentario

lo dijo Tu Maggie 18 marzo 2012 | 10:54 AM

¿Es el uniforme el que hace al personaje, o cada uno es ya un personaje en sí mismo se difrace o no? Hay quien nace condenado a seguir pasos que no son los suyos pero en los que se acomoda negándose a analizar si alguna vez deseó ese camino, hay quien tiene como única aspiración subir un escalón para abofetear a los de abajo con el mismo desdén con el que fue tratado...

De sueños y premoniciones. De sueños y dignidad.

Ver la luz de esta casa encendida hace más leve cualquier apocalípisis. Preciosos los besos de nube y las nubes de besos, sabes que van y vienen arropándonos en nuestras tricheras.

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lo dijo Angelonero para Maggie 21 marzo 2012 | 5:02 PM

Querida Maggie: A veces hay personajes tan vacíos, con tan poco diálogo, que apenas son parte del escenario, uniformes huecos que solo se sostienen por los hilos que invisibles manos manejan, como en un teatro de títeres.
No creo que nadie nazca condenado a seguir ningún camino, y si que los más fáciles se suelen elegir despreciando los derechos de los semejantes, sintiendo ese despojo como un botín de guerra.
Quizás nuestra condición de rebeldes, de adictos al abismo y recolectores de quimeras nos hagan navegar contra los vientos propicios pero ¿que sentido tiene nada sin la determinación de seguir persiguiendo nuestros sueños?
La luz de esta casa, poblada de gritos y silencios, intermitente como un faro en mitad de una tormenta, sigue encendida gracias a ti.
Un abrazo nebuloso y una nebulosa de besos.

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