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La maldición de los iguales

servido por  angelonero 01 agosto 2009 6 comentarios


Lucifer me esperaba agazapado entre las flores, en un campo que había sido fértil y alimentado a muchas generaciones, y que ahora la primavera había colonizado con millones de margaritas, cuyos pétalos eran arrancados con violencia para dar siempre la misma respuesta.

Tenía el diablo la piel ambarina y los dientes nacarados, dos esmeraldas que brillaban más aún entre la hierba barnizada de rocío, y una melena azabache que se derramaba sobre unos pechos turgentes, que amenazaban con reventar las costuras de una camiseta con la efigie de un guerrillero.

Había adquirido esta apariencia para que yo corriera entre los olivos, sudoroso y excitado, gritando un nombre de mujer, ajeno al peso de mi espalda, a los mandamientos de los caciques, al ruido de mis botas arruinando las margaritas, a las maldiciones de mi madre y a las protestas de los grillos, que se encolerizaban cuando por fin conseguía derribar a aquel demonio de piernas esbeltas y sedosas, con la intención de enterrar mi lujuria entre ellas.

Poco me importaban las profecías que viajaban con las libélulas, mientras bebía de sus labios el centenar de silencios que formaban nuestro lenguaje particular, insólito e indescifrable para los profanos, solo semejante a los círculos concéntricos que formaban las piedras que arrojábamos desde el puente de los tres ojos.

Ni las miradas inquisitivas de las nubes lenticulares, cortadas en rebanadas por la montaña para proclamar mi condenación, mi descenso definitivo a los  infiernos, y expandir la noticia hasta todos los pueblos del valle.

Las espinas ancladas en mi garganta, que fabricaban las palabras aprendidas en la iglesia y en la escuela las transformaba esa criatura satánica, que aparentaba más o menos mis años, cuando aún no estaba en edad de ir a la guerra, en un néctar dulce con su lengua golosa, inquieta, absolutamente rebelde, y me llegaban al estómago con un revuelo de coleópteros.

Yacía sintiendo como penetraba poderosamente su veneno en mis venas, mientras envejecía confundiendo mis huesos, mi carne y mi sangre con la suya, formando una sola criatura que desde el cielo se podía confundir con un octópodo que se agitaba llamando al Apocalipsis.

Y cuando este ocurría y se consumaba el crimen, aún me restaban fuerzas para susurrar al viento mi pecado, y mi intención de reeditarlo todos y cada uno de los días que me restaran hasta que nos cercaran las leyes de los justos y se llevaran lejos a mi gemela.



 

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6 comentarios  -  Escribe aquí tu comentario

lo dijo Lady Byron 01 agosto 2009 | 4:10 PM

Iguales o no la búsqueda de pétalos de ternura que se marchitan nada más arrancarse están en la naturaleza del diablo (Lucifer o diablesa, ángel caído o verdugo permanente, qué mas da!). Permanecen las espinas que fueron palabras, aumenta su afilado filo la espada del veneno, se espesa la sangre que mana cuando nadie quiere detener la hemorragia...
Tu gemela puede irse o quedarse, ¿qué haces tú? Esa es mi pregunta.
Tus alas hoy especialmente negras, pero es el color que busco. Aquí me quedo, mientras no moleste. Besos

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lo dijo Guemes 01 agosto 2009 | 4:38 PM

Tocado y hundido. Asi me dejas angel negro. Que cosa mas bestial que te has marcado.

un abrazo grande.

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lo dijo Cuentos encarnados 01 agosto 2009 | 9:25 PM

Muy fuerte angel negro. Es justificable que el diablo con una melena azabache "que se derrama sobre unos pechos turgentes" ...etc. Haga a tu protagonista correr excitado con la intención de desahogar la lujuria y que se pierdan los estribos, pero es mas fuerte que aún que le queden fuerzas para airear al viento su pecado y volverlo a repetir todos y cada uno de lo días...sin que pueda por nada del mundo separarse de su gemela...
Pero si te digo la verdad, con el corazón en la mano todo es comprensible. Hay cosas que no se pueden remediar.
Buen texto.
Besoooooooooos

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lo dijo L.K.H. 02 agosto 2009 | 10:04 AM

¡Qué extranas las locuras que se hacen por amor! "...aún me restaban fuerzas para susurrar al viento mi pecado y mi intención de reeditarlo todos y cada uno de los días que me restaran hasta que nos cercaran las leyes de los justos y se llevaran lejos a mi gemela.", si, por muy malvada que fuera esa criatura, el amor es ciego y hay que dejarlo correr a sus hanchas.
Bss & Salu2!

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lo dijo joan 03 agosto 2009 | 7:19 AM

yo conocí a satanás y no tenia la pinta de tu demonio. un placer ver como entierras tu lujuría entre las piernas del alado

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lo dijo Nkundi 15 agosto 2009 | 1:56 PM

AngeloNero, esta vez no me siento capaz de seguir el ritmo ni la altura de tus letras. Me quedo paralizada ante ese galopar preciso y prodigioso, y he tenido que tragar saliva varias veces para arrancarle palabras a mi asombro. En fin, creo que hay confianza, así es que te digo lo primero que he sido capaz de articular: Joooder!!

Recuperado el aliento, te digo: magistral tu texto. Un abrazo rendido, no soy capaz de más. Sin fuerzas me ha dejado, en serio.

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