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Mi primera clase (I)

servido por  angelonero 13 julio 2008 2 comentarios

Mi primera clase fue un autobús, si, uno de esos artefactos que se utilizan para el transporte público, y que en vez de ruedas tenía una base de ladrillos y cemento, sobre la que descansaba la estructura metálica que daba cobijo a mis primeras lecciones. Debía tener dos o tres años, como el resto de mis compañeros, y todavía la educación era para nosotros un juego, y más en ese escenario tan onírico. Los alumnos de parvulitos, como se llamaba entonces el preescolar, vivíamos en un mundo aparte, en el colegio de monjas de ladrillo rojo donde estábamos matriculados, y las religiosas que nos atendían eran las más dulces de la congregación, las más pacientes, o como las que nos tocarían después, en los cursos superiores. Que mi vida escolar se iniciara en un vehículo, aunque no tuviera ruedas, ni asientos, ni volante, ni por supuesto motor, me condiciono para que asociara el mundo de los libros con el de los sueños, qu no dejá de ser un viaje, y así ha sido para siempre. Así, viajando en un vehículo inmóvil transcurrienron los dos primeros años de mi educación, en medio de jugetes y canciones, y cuando tuve que abandonar aquel refugio seguro de mi infancia, para acceder al edificio de ladrillo, en medio de un montón de hábitos y uniformes, lloré la más temprana perdida de la inocencia. Porque cuando ya solo veía el autobús desde la ventana de la clase de primaria, ya cursuando E.G.B, era consciente que se habían terminado los juegos y las monjas amables, y ahora se multiplicaban las tareas, los deberes, y había que luchar contra las letras y contra los números, y contra el carácter de las religiosas que parecían empeñadas en salvarnos del infierno con miles de oraciones. Aquí se empezó a cuajar mi anticlericalismo, y empecé a aborrecer los crucifijos y las sotanas, y a cuestionarme esa fe que querían inculcalme, a golpe de tiza y de regla. Lo cierto es que en aquellos años en los que se iniciaba mi poco provechosa vida ecolar, no me preocupaban demasiado las cuestiones teológicas, ni tan siquiera las políticas, sobretodo porque aún estábamos viviendo una distadura y no se hablaba demasiado de esas cuestiones, y menos aún un niño que aún estaba aprendiendo la tabla de multiplicar y los verbos. Lo que si me preocupaba, ya a esas tiernas edades, eran las chicas, que me hacían nacer un montón de preguntas ¿Por qué no jugaban al fútbol y traían muñecas en la cartera? ¿Por qué sus cuadernos eran rosas o tenían flores o nubes, mientras los míos tenían barcos o animales? ¿Por qué eran las primeras haciendo las cuentas y en distinguir los sujetos y predicados? La lista de porqués era interminable

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2 comentarios  -  Escribe aquí tu comentario

lo dijo Oixu Etem 24 marzo 2010 | 1:37 AM

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lo dijo L.K.H. 03 mayo 2010 | 5:53 PM

Hace tiempo que no pasaba por tu casa, pero aquí estoy. Parece interesante esta nueva historia tuya, espero poder leer el siguiente trocito cuanto antes -pero estoy de exámenes, así que ya se verá cuándo es ese "cuánto antes"-.
Bss, espero poder pasarme pronto de nuevo^^!!

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