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Pretipitación de dinosaurios

servido por  angelonero 10 agosto 2009 4 comentarios


Por fin se acabó la jornada de básculas y buques, de contenedores y de diques, de albaranes rebeldes, de tractoras ausentes, de operarios que hurgan en las bodegas o en las cámaras.

Por fin puedo pensarte sin más interrupciones que las derivadas de la actividad de los compresores, e intentar repasar los últimos días, en que tu ausencia lo cubre todo, como un manto de nieve sobre una montaña.

Ayer me levanté con todas las telarañas del mundo en los ojos, y te eché de menos a mi lado. Se supone que lo normal es esto, despertarme solo, pero no voy a acostumbrarme. Todavía tengo señales tuyas en mi cuerpo, algunas bastante evidentes, sobretodo por las mañanas, y otras diminutas, casi invisibles, como el rastro de tus besos.

Me costó arrastrarme hacia la ducha, con los huesos triturados por los muchos excesos cometidos, y tú seguías ahí, como los dinosaurios del cuento de Monterroso, y tus escamas de sirena se negaban a precipitarse hacia el desagüe, a pesar de que pasara una eternidad bajo una cortina de agua caliente.

Me precipité al asfalto con las mismas ganas de arrojarme a las vías del tren, y me dolían todos los pasos, como si desde tu último beso hubiera envejecido cien años. Movía hacia un lado y hacia otro la cabeza, queriendo sacudirme las caricias que habías dejado ancladas a mi pelo, pero había anzuelos de cariño que volvían imposible la tarea.

Por el camino apareciste, en forma de reproche, y me sentí culpable por haber empezado a quererte un poquito.

Maldecí, una y otra vez, no haberte conocido hace dos días y que tuviéramos una oportunidad para inventarnos.



 

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4 comentarios  -  Escribe aquí tu comentario

lo dijo Lady Byron 11 agosto 2009 | 12:55 AM

¿Ventilando mi querido amigo?
Empezando por el final: el tiempo es cíclico, la oportunidad para inventar, para inventarse, para inventaros sigue existiendo. Sólo hay que cazarla cuando vuelva a aparecer: ojos abiertos, corazón despierto, temores al desván...
Las telarañas con nombre y apellidos, los anzuelos de la ternura, los besos cosidos, los huesos requeteconstruidos... No sé si lo normal es despertarse solo o acompañado, sé que lo deseable es despertarse en paz. Y cada uno tiene su forma de hallarla.
Tus alas regresan negras. Pero yo sigo refugiándome entre tus plumas. Me quedo aquí un buen rato, me hace bien, ya lo sabes. Me encantan los bigotes de gato que consiguen hacerme sonreir.
Besos,

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lo dijo Guemes 11 agosto 2009 | 1:51 PM

Yo solo conozco la solución. Algo de vodka y maría seca. Adios a los problemas.

Un abrazo grande amigo.

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lo dijo lanoche 11 agosto 2009 | 3:18 PM

Más que pensarte..., sentirte.
Entre los sueños de mi cotidianidad,
saboreando los momentos en los que tu presencia
anula todas las ausencias que he vivido en la inexistencia
que deriva de lo mental.
Experimentarte en los instantes que me regalan tus ojos
cuando me ven.

Bienvenido Angelo.

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lo dijo joan 11 agosto 2009 | 10:27 PM

esas vias del tren las veo yo cada día, mañana busca otro itinerario y RE-inventate, un abrazo amigo desconocido

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