Se me cae el techo encima

Estoy pasando por una de esas etapas, en las que todo en casa se arruina. Primero ha sido la caldera, qué luego de “evaluar” la posibilidad de que alguno de nosotros se quedara de forma permanente oprimiendo el botón de encendido de la antigua, nos dimos cuenta que sería mejor comprar una nueva y ya está, total con esto de los planes renove, uno recibe “ayudas” de todas partes, aunque no estoy muy segura si en realidad eso ayuda en algo. Una vez que nuestra nueva y reluciente caldera fue instalada, el señor instalador nos dijo; “¿este radiador encendía antes?”, respiré hondo y solté un escueto sí, porque claro, encendía el invierno pasado, yo no había tenido la precaución de ponerle la mano encima para ver este año sí. Así que el amable hombre me dijo que daría aviso para que vinieran a revisar – aviso que por cierto no dio –. De ese modo al cabo de una semana de el aviso no avisado, llamé preguntando “cuándo me enviarían a alguien”, “y cuándo ha solicitado usted a alguien”, entre peticiones y olvidos, llevo casi un mes con el radiador sin encender. Al menos funcionan los demás y no me digan nada del gas que debo estar perdiendo para que la casa se caliente en su totalidad por ese radiador menos, eso no he querido pensarlo. Ahora me queda llamar nuevamente a los de la caldera, para preguntar si después de haberles pagado la factura, se dignarán a venir y de paso que me corrijan en N.I.F del certificado de la instalación, que creo que me han puesto el de algún primo de la secretaria, porque no es el mío, eso seguro.
Añadiendo algo más a mi temporadita, he ido a buscar mis hermosos botines de invierno, esos que le sacan la lengua al frío y a la lluvia y resulta que no he podido dar con ellos, y en su lugar encontré la bolsa con los zapatos que no me valían y que en su momento se suponía que dejaríamos junto al contenedor de basura. Mi consuelo ha sido pensar qué quizás alguien los ha recogido y les ha sacado provecho, pero no ha faltado la amiga aguafiestas – buena amiga por cierto - que me ha hecho poner los pies en la tierra y me ha dicho “eso, si no se han quedado compactados dentro del camión de la basura”
-Nooooo….
Grité para mis adentros, esperando que mi energía positiva se estabilizara del pozo sin fondo en el que parecía caer a cada momento.
Como broche de oro el techo del edificio tiene goteras, como vivo en un tercero, podría pensar “qué más me da que el del cuarto tenga su piso lleno de cubetas”, pero no puedo desentenderme por la “responsabilidad”, que nos ha dejado claro el administrador en su nota de citación a reunión, que tengo por vivir aquí, aunque tenga dos vecinos que no pagan ni la cuota de comunidad, vaya, o sea que también tendremos que rascarnos el bolsillo y cargar con la parte que ellos deberían aportar a este “imprevisto”.
Vamos… que llevo una temporadita...
Siempre en amor... aunque cueste.
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