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- El espontáneo -

servido por  bootes 15 abril 2012 16 comentarios


No sé cómo he llegado aquí. Un halo de luz, un leve temblor y ya está… Surge la conciencia y el presente se hace de golpe la única propuesta. No vine de ningún lugar. No existí antes. Me deposito aquí como una hoja aún verde, sin marcas de pasado alguno, cuya virginidad lo invade todo. La encrucijada se presenta ante mí sin experiencia previa. No hay más razón que un golpe de intuición, un vano cosquilleo de la lógica, el miedo a permanecer parado sabiendo que todo llegará por primera vez. Diríase que mi anonimato es pleno, que ninguno de mis recuerdos tienen nombre, porque no han nacido. No hay rumbo, no hay razones, no soy más que ese primer brote de árbol, que aquel tallo que aún promete florecer; no hay sentencias, refranes, largas descripciones que me representen o que en mi boca procuren la concreción a otros. No sé de horas, de luchas, de giros planetarios aburridos, repetidos sin cesar. Aún no he visto amanecer, no he llorado bajo la clara luz de una luna llena que apura las aguas de un lago o de un mar repleto de gotas apiñadas y decididas a no inmovilizar su cadencia eterna. No he sido hombre o mujer, no he sido niño, adolescente, viejo que ya mira de reojo como le asalta la vida. Esos amigos estarán por venir y el trabajo, si lo hubiere, tendrá que ser consecuente con lo que ocurra desde ahora, porque no hay un previo que explique mi posición vertical en este lugar, ni que secunde las horas que hubo antes de ésta que me presenta ante el misterio azul de una simple y discreta vida.

 



 


No estoy aquí por mi propia decisión. Nadie me preguntó si quería aterrizar en esta sombra que mancha la tierra y hace de mí una proyección insignificante en un océano interminable de cuerpos. No me han advertido: -Ten cuidado. Cuando aparezcas, por favor, dirígete hacia aquel lugar, o al otro, pregunta por tal refugio, por tal persona, dile que vas de mi parte o de parte de otro que conozco. No, no hay carta de presentación, ni llevo nada ganado, no hay focos que me señalen en medio de un talentoso circulo de elegidos. Sin más, he brotado de la nada y sin nada he de caminar por cualquiera de los caminos que se abren ante mis pies, preparado para ser mujer, para ser hombre, para fingir o vivir con el corazón en la mano, ofreciéndolo como un presente, un presente vacio aún, que ahora recoge las primeras gotas del rocío de la madrugada, la primera madrugada consciente de un ser cuya astucia está todavía por probar, cuyo razonamiento le llevará a rebotar entre lo perfecto y lo imperfecto, dando tumbos sin remedio, cauterizando heridas y marcándose, minuto a minuto, con el roce de todos los encuentros.  

Tendré que comprobar cada uno de los resultados, ejerciendo de ignorante convencido, observando sin distancia la distancia que procura no tener partido alguno, ni condicionante que me suponga una rémora insalvable. Sea pues la vida, un corto-largo hilo del color de los anhelos que teje sin saber lo que teje, que se protege de cortes y aristas, envolviendo los objetos cortantes con su propia fibra sensible. Mi nombre será el nombre del halo de luz mortecina del primer albor de la mañana, la misma luz que resbala por las puertas de la cómoda y va a esconderse bajo la cama desnuda que aguarda impertérrita a que alguien se levante, a que alguien se acueste, a que alguien sea alguien y no lo ponga todo perdido de dudas o guisantes (que, como a la princesa, no dejen dormir). Esa cama inmaculada que no conoce, que no sabe, que se materializó para no cumplir ningún deseo y luego fue deseada y comprada, vivida y tomada a la fuerza para unas consecuencias que no concuerdan con el gesto instintivo de quien la hizo negocio, posesión, dinero. Mucho antes fue inventada, se le agradeció que se dejara inventar, sus cuatro patas antiguas, sus telas colgantes, su aplomo rectangular, tremendamente llamativa para el sueño, los sueños, el amor… Y aquí me materializo yo, al pie de esta cama, y tomo el nombre de ese halo de luz que es mi primera visión. Una bienvenida recatada, sin grandes vacilaciones, estoy porque estoy… Estoy. Soy. Es ahora, este momento, donde me bautizo a mí mismo, donde concluye el primer paso, nombrarse, diferenciarse, acatarse de acuerdo al concepto de permanencia que hace posible los pensamientos, las largas peroratas vacías o llenas, lo que urge, lo que se rodea, lo que es. Quizá la nada. 

Pronto notaré el pulso que ha de fallarme después. Ha de ser así. Permaneceré erguido tras el caparazón, parapetado para asumir tanta información a golpes, para evitar la estridencia de miles de verdades confluyendo en una sola que advierte y a la vez invita. Las normas se irán hacinando en mi mente, caerán tal como llegan. Por los sentidos. Algunas recortarán, con su pesada carga, anteriores límites que parecían ser inamovibles, otras, abundarán en dar paso a nuevas parcelas de grandes pastos, campos enteros por cultivar, o laderas que ya muestran la vid madura, que apuran e instan al campesino o al vendimiador a ejecutar ese rito de estaciones que desgasta los frutos y deshace las hermosas y floridas copas de los arboles, que sacude las hileras matizadas de un color verde acuoso que deja filamentos de varios tonos a la vista o que azuza extensas llanuras en las que aparecen arbustos salpicados de tierra húmeda y que se afanan en laborar los hombres cansados. 

Tendré que decidir, agradecer, mentir, amar, disfrutar, padecer, languidecer, aceptar. Las emociones golpearán en mi rostro, como los años y vendrán a contarme otros lo que decidieron, agradecieron, mintieron, amaron, disfrutaron, padecieron, languidecieron, aceptaron. Todo por una porción de mundo que no le pertenece a nadie, que se da la vuelta a la mínima distracción y escapa, con su perímetro violentado a fuerza de golpes invisibles (los que se dan unos hombres con otros, en lucha por apostarse en la misma súplica indescifrable).  

Viajaré de un lugar a otro. Un largo camino cubierto de quejas a las que sucumbir. Ante mí, hombre por hombre, escalarán con maestría el universo y allí los veré trepar, agradecidos por tener entre sus manos un mandamiento al que asirse, una cuerda a la que aferrarse, un tiempo lleno de continuidad, de recurrencia. La recidiva de la ocupación, traste perfecto para las cuerdas con que se toca la melodía de la vida. Flujos y más flujos, mercados libres que fabricarán siervos, esclavos sin cadenas, otros condenados a anestesiarse o a ejecutar el poder para escarnio de los que no lo conocerán nunca. Visitaré los tres mundos, colocados así por orden de importancia, el primero, el segundo, el tercero… Mientras unos emergen y otros saltan al vacio. Y aún me gustaría el cuarto en el que deberían morar las almas sin recuerdos, los recién venidos, aun inmaculados, aun sentidamente espontáneos, sin ideas preconcebidas, sin prejuicios, con su mente, aun no mutilada por el pavor de los hombres a no ser - en certeza - envidiados e importantes. Almas nutridas de alma, despachadas en su propio jugo, ayudadas a sobrevivir con sus propios músculos verbales o con sus largas listas de deseos sinceros. Almas desintoxicadas de dinero y de poder, que no han sentido la merma de sus condiciones y no contribuyen al festín que sirven los pobres y rebosa en las fuentes de otros que se crecen bajo las pilas de platos sucios y sobras. Otros, otros que conservarán esos restos, como su conciencia, en formol, como reliquias sin finalidad alguna, como huesos de santos resecos, hasta su extinción absoluta y solemne en el paraíso del olvido, donde el hambre queda anotada en el puesto número tres. Es larga la espera que conduce a una escalera estéril, cuyos tres peldaños conmovidos acaban por desembocar en una vieja terraza, desde la que solo se observa la combustión absurda de los cimientos de la existencia. 

Madrugo en mi primer instante, para dudar de lo que parece ser tan seguro. Se presenta ante mí un convenio entre lo fundamental y lo artificial, que hace que estos dos términos no sean excluyentes, en contra de toda razón que contribuya a lo opuesto. El placer ha de descansar sobre sus fundamentos absolutos, la tristeza sobre el devenir del tiempo. Tendré que decidir si he de abusar indiscriminadamente del decreto de llorar o reír, o del de comunicarlo todo a los nudos de cables entre los que se me acabarán por empotrar los dedos. ¿No seré nadie, si no contengo al menos cinco razones fundamentales que puedan armarse mecánicamente?  

Todavía no soy nadie, no tengo más afán que resolverme de este trance que me sitúa sobre la alfombra de la vida sin instrucción alguna, sin poder comparar entre lo que suma o resta, sin tener un solo pensamiento basado en experiencia alguna. Mi forma es animal, mis criterios son parte de un instinto ancestral que habita en los humanos desde sus vivencias paleolíticas. Y que parece más lejano aún que el propio olvido de vivir… 

Saldré al encuentro de la razón y para ello asumiré las taras de este curioso mundo. Organizarse, estratificarse, diferenciarse, especializarse, hasta que prevalezca una jerarquía funcional, que ayude a la clasificación de los hombres y los extinga a la vez, por asfixia crítica de los sentimientos. La simplificación magullará el amplio arco de las explicaciones y dejará las sensaciones fofas y encanecidas antes de su plenitud; y machacará sin piedad, cada solución distinta, tachándola de descabellada, hasta convertir en pequeños granos de polvo cada terminación nerviosa (fosilización de los conceptos); y entregará toda la recirculación nerviosa a una construcción artificial parcheada con bagatelas de cables y premios recambiables por criterio de mercado. Poco a poco aceptaré eslóganes, ideales que crecen de arboles de caucho desmontable, los haré míos, como si con ellos descubriera el fin de los conflictos, y partiré con un diploma aceptado de antemano por los que limitan y comprimen el horizonte hasta hacerlo plegable y repartible. Aceptaré, a cambio, el dividendo prometido con su consiguiente derecho de suscripción a ser feliz… 

Primero adoraré la lluvia, ignorante como lo soy de todo cuanto existe, después al fuego o a una porción de ambos o un todo que los contenga: -la naturaleza. Fuerzas inalcanzables que azotan a los hombres hasta someterlos al vacio como si fueran pulgas que caen desde el lomo de grandes elefantes. Más allá la sombra que refleja la verdad y se mueve a expensas de una distorsión universal. Me presentarán la alternativa de los dioses, después, de un solo un dios, con varias distinciones y, a veces, consejero de semejanza e imagen. Adoraré, más tarde, a la ciencia, que demostrará partes pequeñas de mi incomprensión, con números familiares y conocidos, hasta descubrir al hombre en sí, que enmaraña los resultados para que sean los resultados que necesita. Pequeños hombres, animarán a otros hombres a hacerse pequeños entre la multitud que defiende un solo ideal y que muchas veces se supondrá, a priori, completamente indefendible. Avanzaré con muchos otros, uniendo soledades no correspondidas y admitiré el progreso como una parte necesaria de la salvación, como la diferencia entre un truhan y un zorro, entre un malvado y un cachalote, entre un necio y un dromedario, entre un hombre bueno y un hombre que se cree bueno, no solo para él, para todos los hombres. En ese progreso encontraré respuesta a muchos enigmas, inventarán e inventarán, y, con cada progreso técnico, alguien ampliará su piso y después su caja de caudales e incluso parte de sus posesiones le rendirá cuentas por hectáreas. Porque alguien inventará que todo invento ha de comercializarse y difundirse, bien sea necesario, bien sea totalmente desechable y prescindible. El progreso y sus etiquetas llegarán a mis manos, precios que secundan lo que existe y lo que supondrán todos como válido. Almacenaje de instintos congelados, todos en cajas iguales, derechos de vida hacinados en escrituras, largas listas de distinciones por hechos banales, camas de latón, de plástico, de dos alturas, regulables, decisiones a tomar todas ellas de riesgo, para dormir en ellas el instinto humano y las proposiciones no regladas de la vida.  

Me dispongo para ese trance en el que soy individuo inoperante, dado todo de antemano, servido de un solo trago, amargo o dulce, pero única bebida propuesta. Y ahora que aún no soy nadie, que todavía no he cruzado la línea de la entrega, podría dejar pasar el día, observar el giro de la tierra como algo extraordinario, el fluir de la brisa, el largo camino de la semilla que lucha por arrancarse del suelo, sin llegar a independizarse. Podría juntar las manos, respirar el aire de la primera luz del día y dejar que pase el tiempo sin reconocerlo como mío, universal y limpio, espacio de creación que se me propone cada día… y pedir que se restablezca mi deseo, el mismo que el tiempo y el conocimiento ha desechado: el derecho a morir a la vieja usanza, siendo solo la parte orgánica del tiempo…

 

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16 comentarios  -  Escribe aquí tu comentario

lo dijo Pandora 15 abril 2012 | 5:48 PM

Chapeau! Hace tiempo que no leía algo tan profundo y de calidad por estas arenas.
Un saludo

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lo dijo carme 15 abril 2012 | 8:33 PM

Hola. Me alegro mucho de leer algo tuyo. Tal vez renacemos continuamente y somos siempre ese ser que llega de vacío.
Un beso.

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lo dijo enlabasílica 15 abril 2012 | 9:27 PM

¡Qué alegría volver a verte por aquí!.

Siempre es un gusto encontrarse con tu palabra precisa, en ese juego de exquisiteces con el que te despachas en un alegato constante de belleza.

Ante cada instante futuro, no somos más que neonatos que apenas atesoran, inscrita bajo la epidermis, la memoria del amnión que los protegió en su estado embrionario. Cada pasado no es más que recuerdo de la gestación del hoy, como cada hoy no será más que una muesca en el recuerdo de los tiempos que nos lleven al mañana. Olvidar para crear.

Nacemos en cada instante, en cada nuevo latido que nos cuenta de nuevo lo que pudiera ser antiguo. Descubrirnos, sabernos vivos, sabernos nosotros y saber que hay que perder tales certezas, para volver a nacer y volver, inefablemente, a descubrirnos. Desaprender para conocer.

Pero también somos neonatos sin memoria ante la inefable fatalidad de nuestra vida, allá cuando los pasos han de atravesar la puerta de lo innombrable. incluso ante el abismo, en ese último parpadeo en que la vida nos arrastra a la entelequia de nuestra propia naturaleza; cuando, por fin, rendimos cuentas a nuestra propia entidad. Morir para nacer.


Somos nuevos, siendo siempre los mismos.

Un beso, y gracias por volver a deleitarnos con tus letras

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lo dijo Artemis 16 abril 2012 | 8:46 AM

Llegamos para satisfacer los deseos de otros, los mismos que en un principio tallan la dúctil forma de nuestro presente; llegamos sin instrucciones, como una hoja en blanco para escribir en ella nuestras primeras palabras sin saber todavía leer, para dar los primeros pasos sin haber aprendido a caminar.
Pero en algún momento nos encontramos con la posibilidad de decidir, de escoger.
Y no es fácil, mi querido amigo, no es fácil tomar decisiones cuando la comodidad nos apunta un camino seguro por el que circular sin demasiadas molestias, una ruta en la que ganamos y perdemos, no siempre en la misma medida.
Y de todo lo que perdemos en la vida, yo solo pido no desprenderme nunca la capacidad de asombrarme y sorprenderme con las cosas pequeñas, no dejar nunca de reconocer mi tiempo como propio.
Cada una de tus visitas es un lujo para este libro de arena.
Un beso

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lo dijo rompetejas 16 abril 2012 | 11:38 AM

Un verdadero placer leerte. Hace mucho tiempo que no te veía por aquí, pero reaparecer con un texto tan extraordinario, no sólo te reconforta a ti, sino a tod@s tus lector@s porque disfrutamos, con toda seguridad, de una de las mejores plumas de estos andurriales.
Si puedes, acude más a menudo a estas arenas que, en muchos casos, están muy necesitadas de pensamientos tan profundos. ¡¡¡Chapeau!!! O por decirlo en fino: "Cojonudo".
Un abrazo.

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lo dijo Boötes a Pandora 23 abril 2012 | 3:34 PM

Pues agradecido a su positivo comentario, Pandora, muy amable.

Un saludo

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lo dijo Boötes a Carme 23 abril 2012 | 3:35 PM

Hola Carme, un placer tu visita, siempre lo es. Renacemos, quizá sí, y partimos de cero muchas veces, aunque, en otras ocasiones, tengo la sensación de que volvemos a darnos con el mismo sistema que nos domina. Hace falta inventiva, nuevas formulas, menos rigidez en la reacción, más opciones, ver más allá de lo consolidado, más allá del muro que construyen los hombres para no ver a otros hombres.

Un beso, Carme

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lo dijo Boötes a Enlabasilica 23 abril 2012 | 3:37 PM

Hola Enla, pues sí, pasa el tiempo y la verdad es que escribo muy poco o nada últimamente (el tiempo que se esfuma) y, además, Lda me cabrea continuamente, porque sigue siendo el equivalente al nodo, cuando ya todo mundo ve documentales en 3D. Todo un despliegue de "infalible técnica" a beneficio de cabrear al usuario.

Quizá se trata de desprendernos de esa capa invisible que nos evita tener que decidir cada día, porque nos ocupa con un continuo proceso de practicidades que se tienen como únicas, convenidas entre el hombre y su universo. Límites, al fin y al cabo. Algunos necesarios para no terminar guerreando a todas horas, otros sin revisión, que nos atan al exacto punto que queremos llamar libertad e igual no es más que un manojo de consecuencias previstas, nada más parecido a un universo determinista, focalizado en un único azar invencible: "la muerte".

Estoy de acuerdo completamente contigo en que para crear hay que olvidar, al menos olvidar la parte de las consecuencias. Empezar de cero, para no reinventar, para no crear una secuela, si no el original. Ser prácticos, a través del descubrimiento y no de la iteración, que es lo que nos propone el mercado de las tecnologías, cuyo mal uso, nos deriva a una simplificación constante de las utilidades y de los pensamientos.
Gracias a ti, Enla. Te agradezco tu siempre trabajada respuesta, eres muy amable.

Un beso.

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lo dijo Boötes a Artemis 23 abril 2012 | 3:39 PM

La posibilidad de elegir qué camino tomar, se torna en muchos casos sesgada, precisamente porque traemos muchas limitaciones de serie, y ahí, es donde nos conviene aparecer sin ataduras, liberados de todos aquellos ajustes que nos señalan un camino determinado, siendo, como son, prescindibles. Hay toda una filosofía de los mimetismos que garantiza una aceptación social, comparaciones que nos sitúan en una línea de medición, categorizaciones, muchas veces, lastres que inundan el pensamiento para modificarlo y no dejarlo fluir a su verdadera marcha. Creo que el día que dejemos de asombrarnos no seremos del todo nosotros mismos. Aun cuando un alto grado de aceptación de lo que nos ocurre nos procura un equilibrio fundamental, esa aceptación debe llegar desde lo desconocido, porque en cualquier mecanismo, para obtener una síntesis coherente, la rueda ha de ser consciente de todos y cada uno de sus dientes o engranajes. Creo que aciertas al reconocer tu tiempo como propio y único.

Gracias por tu visita y por tus palabras, Artemis.

Un beso, Poeta.

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lo dijo Boötes a Rompetejas 23 abril 2012 | 3:41 PM

Rompetejas, eres muy amable y te agradezco tu visita y que dejes constancia de tu parecer. Me gustaría poder pasarme por aquí más a menudo y también poder leer más escritos y blogs, pero por desgracia el tiempo y las ocupaciones no me son favorables en estos tiempos que corren. (Fíjate lo que he tardado en poder responder a mi propio escrito). Espero que con el tiempo esto mejore y pueda pasarme más a menudo. Muchas gracias.

Un abrazo.

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lo dijo Luciana 27 abril 2012 | 9:47 PM

Gracias por este momento tan agradable que pude pasar leyéndote. Sería muy bueno para nosotros que reaparecieras más seguido.
Un saludo cordial

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lo dijo nkundi 11 junio 2012 | 11:50 PM

¡¡Por fin!! Después de dos largos meses, hoy por fin puedo acercarme a dejar mi diminuta huella en esta casa tan singular como atractiva.

Poco puedo añadir a esta arrolladora sucesión de ideas, tan magníficamente expuestas, que nos llevan, desde el pensamiento individual del humano a una Historia de la Humanidad que tan ajena puede resultar, si se mira desde el prisma inmaculado del "recién llegado". En realidad, nadie sabe cómo ha llegado, ni para qué, a un mundo que ya llevaba muchas vueltas dadas el día en que "un leve temblor, o un atisbo de luz" nos hicieron tomar consciencia de que tal vez la vida nos fuera dada con alguna finalidad, más allá de la sugerida por el pellizco de un instinto adormecido, a base de doma y dogmas.

Son invisibles las ataduras del pensamiento colectivo, difícilmente perceptibles o fácilmente ignorables y, seguramente por ello, complejo librarse de ella... También arriesgado ¿Qué mueve al ser humano a aceptar como propios los dogmas de otro? ¿Es la educación, la tradición, el miedo a no ser aceptado, o peor, rechazado... es consecuencia de reconocerse un ser "sociable", o más materialmente, dependiente de otros, necesitado de otros...? En cualquier caso, instinto de supervivencia. Es después cuando vamos dando horma al criterio propio, desechando, indagando, adoptando, y claro, asumiendo "las taras de este curioso mundo". Decidir (siempre se decide) si "agradecer, mentir, amar, disfrutar, padecer, languidecer, aceptar... si fingir o vivir con el corazón en la mano". Es la herramienta que viene dada con la vida y que cada cual utiliza según su naturaleza.

El "espontáneo" se tira al ruedo de la vida sin traje de luces (sin artificios) sin nombre, sin padrino, sin más herencia que un capote improvisado con que sortear las embestidas de la bestia y a sabiendas de que, quienes tienen un reconocimiento, arriesgarán su parte para llevárselo en volandas por la puerta chica.

No puedo más que asentir y maravillarme ante este texto que es un deleite en sí mismo, tanto por contenido como por forma... ¡Maestro! Lo leo y lo leo, y sigo queriendo leerlo. Gracias por compartir tanto y tan bueno. Muchos besos, mi querido Boötes. Siento mucho la tardanza.

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lo dijo Boötes a Luciana 13 junio 2012 | 11:11 PM

Gracias a ti por pasarte, siento el retraso en responderte. Ya me gustaría a mí poder dedicar un buen rato a leeros y a escribir.

Un saludo, Luciana

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lo dijo Boötes a Nkundi 13 junio 2012 | 11:15 PM

Dichosos los ojos, Nk!! Renacida y regresada para la aventura de las letras y las palabras. Me alegra mucho leerte de nuevo, Nkundi.

Ay, ese "empalabramiento" que acaba por corresponderse con la interminable lista de preguntas que buscan respuesta. Es curioso como el hombre se nutre de finalidades y objetivos, como el tiempo se desvanece y se pierde, mientras cabalgamos en pos de una meta objetiva o de un sueño inabarcable, pero siempre hacia un lugar que se fabrica a pleno sol, sobre las montañas más altas, en la cumbre de la corporeidad, escalando hacia una eternidad que parece esperarnos paciente y serena. Aunque pudiera ser que el aprendizaje en la cinta transportadora no haga más que señalarnos como fardos preparados para un viaje a ningún lugar, sin entrega contratada, sin más que recorrer esa cinta que se ramifica y extiende sobre el fluido constante que no sale del mismo circuito cerrado, que solo le cambia la forma a la memoria fragmentándola hasta convertirla en un átomo volátil que se dispersa en un gigante universo de millones y millones de átomos a la deriva.

Lo que nos mueve a la aceptación de lo preexistente no es otra cosa (pienso yo) que un criterio de seguridad, una rebaja de incertidumbre, la aplicación en sí, de ese viejo refrán que asumimos sin querer "más vale lo malo conocido...". Tampoco hay opciones de éxito ante la rigidez de un resultado que se ha emancipado de su originaria fuente: la autentica libertad animal y absoluta. Nos encontramos con la consecuencia de un largo éxodo de invenciones, de un alegato de prioridades basado en el orden, de una desposesión del instinto determinada por la necesidad del hombre de abandonar su condición animal y proceder a asegurarse la supremacía de un territorio, que cree que le pertenece y del que dispone según unas reglas absolutas, nacidas del progreso y de la evolución. Como tú bien dices, instinto de supervivencia, bajo condiciones únicas y asumidas sin remedio, porque la modificación pasa por volver a algunos supuestos de partida e incluso así, es posible que el resultado fuera el mismo, porque no podemos olvidar que todo esto fue cosa de otros como nosotros, por mal o bien que nos parezca.

Me ha encantado el símil taurino. Así es, no hacemos otra cosa que lidiar cada día en el coso que nos viene impuesto, aunque eso sí, siempre podemos ponernos el mundo por montera

Gracias a ti por dejarte ver por estos mundillos de letras y por tus siempre precisas y profundas palabras.

Muchos besos, Nkundi

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lo dijo grunge 23 octubre 2012 | 7:30 PM

Este texto es como la idea del apartamento vacio que Murtakami (Haruki) expone en las primeras paginas de su Baila...
Alla el autor expone la soledad del ser humano conforme la gente entra por la entrada del piso y sale por la puerta de atras o de salida, dejando un poso que no es nada y en nada le afecta (aunque exista un aura que permanece).
Si hago mio el texto (cosa que consigues), sere yo un espontaneo, aunque hay demasadas determinaciones que frenan un absoluto.
Te felicito y me rindo, como antaño, a la evidencia.
Gracias.

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lo dijo sakkarah 18 junio 2014 | 10:31 AM

Se extrañan tus letras...

Un beso muy grande.

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