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FLECHERO YA NO ODIA ESCRIBIR, AHORA LE GUSTA...

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OWEN Y LA COMUNIDAD PERFECTA: NUEVA ARMONIA

servido por  flechero 09 mayo 2008 1 comentarios


CARTEL ANUNCIADOR DE LA ENTRADA EN "NUEVA ARMONIA", WABASH, INDIANA.

Si el deseo de Owen de una "ciencia social" racional aplicada representó la ampliación en el siglo XIX de los valores de Condorcet y de la Ilustración, una poderosa corriente milenarista del owenismo atrajo a sectarios religiosos de ambos lados del Atlántico. La importancia asignada a las artes y la agricultura y la primacía de lo colectivo sobre lo individual o sobre la familia, presente en las comunidades shakers de los Estados Unidos, tenían mucho en común con las comunidades ideales fundadas por Owen y sus admiradores. Porque el owenismo tenía todas las características distintivas de las sectas religiosas. Estas características incluían un rechazo del mundo más amplio y especialmente de la familia, las Iglesias y el orden económico imperante. Se hacía hincapié también en la camaradería, había una insistencia ilusoria en la posesión de la única verdad, un deseo totalitario de dominar las vidas de los miembros individuales y una obligación de propagar la buena nueva desde una posición de aislamiento sectario del mundo. Como en la mayoría de las sectas, se asignaba títulos grandiosos a logros modestos: Asociación de Todas las Clases de Todas las Naciones (1835) o Sociedad Universal de Religiosos Racionales (1839). Había también la explicación sectaria habitual del fracaso. Como la mayoría de las comunidades owenistas se construyeron dentro de comunidades existentes, si no tenían éxito podía hacerse uso siempre de la defensa milenarista y utópica clasista. El mundo ideal había sido corrompido ya por los precedentes y por ello no había podido materializarse correctamente. De hecho, los centenares de comunidades owenistas de Gran Bretaña y de Estados Unidos se fueron a pique porque se instalaron en terrenos pedregosos, por falta de prudencia económica y por último, aunque no por ello menos importante, porque el género humano no es maleable.

Ninguna comunidad ideal es una isla: la lógica tendía siempre hacia la transformación total de la sociedad humana, con el resultado de un "nuevo mundo moral". Sobre la base del modesto experimento de New Lanark, Owen elaboró una serie de proyectos utópicos reflejo de su convicción de que el entorno determinaba el carácter, así como de una preocupación menos superficial por el hecho de que la mecanización fuese responsable de elevados niveles de paro tras las guerras napoleónicas. En 1817 Owen propuso medios de aliviar el paro a un Comité Selecto de la Cámara de los Comunes. Postulaba aldeas autosuficientes dedicadas a la industria ligera de entre 500 y 1.500 habitantes que podrían cultivar o manufacturar todo lo que pudiesen necesitar. A un coste de 60.000 libras por aldea pagadas por el erario público, consistían en un cuadrángulo, compuesto de edificios públicos y apartamentos familiares, rodeados por instalaciones manufactureras, rodeadas a su vez por un cinturón de unas cuatrocientas hectáreas de tierra agrícola. En 1818, propuso en vano este plan entre otros al zar Alejandro I en el Congreso de Aix-la-Chapelle. Owen, impertérrito, pasó luego a proponer un sistema mundial de socialismo cooperativo consistente en asentamientos agroindustriales en lugares remotos donde sus filantrópicos fundadores podrían modificar el comportamiento de sus trabajadores casi en condiciones de laboratorio. El principio básico organizador debía ser la edad, con responsabilidades asignadas según lo viejo que fuese el individuo, de manera que tanto el gobierno como las relaciones entre los asentamientos estarían en manos de una gerontocracia.



DORMITORIO COMUNAL EN NUEVA ARMONIA

Owen ensayó este plan en 1825 en Nueva Armonía, en el río Wabash, en Indiana. Compró la población por 125.000 dólares y gastó 75.000 más en transformarla. Esto le proporcionó una extensión de unas ocho mil hectáreas, una aldea, iglesias, cuatro molinos, una fábrica textil, destilerías y una fábrica de cerveza, más talleres artesanales auxiliares. Los rappites (una secta parecida a los shakers) abandonaron el lugar y pasaron luego a ocuparlo novecientos owenistas, así como individuos sin asiento y gorrones. La constitución de Nueva Armonía era en parte obra de un shaker de Kentucky, aunque se modificó luego seis veces en dos años. Había lavanderías y cocinas comunales que no atrajeron a mujeres con mentalidad territorial. Había un tipo de atuendo comunitario. Las mujeres llevaban una especie de sobretodo que les llegaba hasta las rodillas y pantalones; los hombres pantalones anchos abotonados por encima de una camisa sin cuello, lo que recordaba algo tan poco caritativo como los reos que aguardan la ejecución, o un edredón grande firmemente atado por el medio cuando el varón portador de este atuendo demencial era obeso. A los toscos individualistas norteamericanos (y británicos), a los que les gustaba beber alcohol o fumar, les desagradaba un régimen teóricamente democrático donde los suscriptores tenían todas las cartas. En 1827 la comunidad estaba prácticamente fragmentada y colapsada. Parte del problema era que el amor fraterno resultaba más difícil de conseguir en la práctica que en la teoría. "Oh, si pudieses ver algunas de las crituras toscas y zafias que hay aquí, creo que te resultaría bastante arduo conseguir mirarlas como a hermanos y hermanas", escribía un comunitario de clase media de Buena Armonía. En Nashoba, cerca de Memphis, Tennessee, los owenistas decidieron organizar una comunidad multirracial que incluía esclavos liberados o donados. El experimento duró tres años, hasta que los habitantes de la zona, al descubrir que un owenista blanco estaba conviviendo con una mujer negra, clausuraron el asentamiento considerándolo un "burdel". Todas las sucesivas comunidades satélites fracasaron también; tal vez los quisquillosos habitantes de Yellow Springs, Ohio, no supiesen que ese nombre es sinónimo de "infierno" en chino. A pesar de estos fracasos a pequeña escala, los proyectos de Owen crecieron hasta alcanzar proporciones megalomaníacas: en 1829 intentó comprar al gobierno mexicano la provincia de Coahuila y Texas. La propuesta fue rechazada y Texas, al menos, sigue siendo una tierra de toscos individualistas bastante admirables.


CASA FAMILIAR EN NUEVA ARMONIA

MICHAEL BURLEIGH, Poder Terrenal - Religión y Política en Europa (De la Revolución Francesa a la Primera Guerra Mundial). Santillana. Taurus. 2005. Págs. 277-279.

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1 comentarios  -  Escribe aquí tu comentario

lo dijo dawn..... 09 mayo 2008 | 3:27 PM

sigo aqui, ilustrándome en tu blog....
nueva armonia, lo desconocí­a.
saludos

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