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Cuidar un bonsái

servido por  fontanerodelmar 14 septiembre 2009 2 comentarios

En las navidades del 2007 me autoregalé un bonsái, más que nada fue un capricho, pero también un reto por ver si era capaz de conseguir que perviviera. Esta especie arbórea, cuyo cultivo es un arte en el mundo oriental, es una planta de extremada delicadeza que nos exige un cuidado constante.


No fue una iniciativa individual, ya que acudí a la tienda junto con un amigo que también se hizo con uno. A la semana de adquirirlos ya pude comprobar lo precaria que puede llegar a ser su existencia, pues recién cumplido ese lapso de tiempo el ejemplar adquirido por mi amigo enfermó y murió, poco después, sin que éste pudiese hacer nada.


Para un bonsái, cualquier detalle es importante. Existen especies interiores y exteriores, por lo que es fundamental elegir una ubicación idónea para ellos, si no se da rápidamente con ella el pequeño árbol corre el riesgo de desaparecer, como le pasó al de mi amigo, el mío en cambio aceptó de buen grado el lugar escogido y, ayudado entonces también por mi madre, una gran amante de las plantas, comenzamos sus cuidados.


Era un árbol clásico, de un solo tronco pero con una gran abundancia de ramas, sobre las que crecían frondosas hojas verdes que daban a la maceta una particular belleza, el punto mágico de naturaleza en medio del salón de mi casa. En primavera sus ramas cultivaban florecillas blancas que contrastaban con el verde, y en la tierra de la maceta crecía musgo verde que hacían que el bonsái adquiriera su mayor punto de belleza, provocando la admiración de todos y cada uno de los visitantes de mi hogar y el deleite de los niños pequeños, que impacientes preguntaban cuándo se haría mayor el arbolito.


El verano de 2008 fue la primera prueba de fuego para mi árbol. Las temperaturas extremas, tanto las altas como las bajas, son un factor de alto riesgo para los bonsáis, y entonces temíamos por la crudeza del verano. Pero aquel pasó por ser el verano más fresco que se recuerda en las estadísticas de los últimos 60 años, lo que, acompañado de nuestros mimos, hizo que nuestro bello habitante pasase con nota su primera prueba de fuego.


El invierno siguiente comenzó con la caída de sus hojas. Al principio nos preocupamos, pero no era nada fuera de lo normal. Estos árboles también renuevan sus copas y pierden sus hojas en otoño para que luego vuelvan a florecer en primavera, pero nuestros mimos fueron constantes, y como aquí, en Cádiz, el invierno no es excesivamente cruel, aquella época pasó para volver a encarar la ruta que le llevaría de nuevo a la primavera, donde su belleza sobrepasó a la del año anterior.


Nuevamente llegó el verano, y volvimos a extremar precauciones y cariño. Julio pasó rápido y sin demasiada dificultad, nuevamente un verano fresco. Pero vinieron las dos últimas semanas de agosto con su ola de calor. Crudas, severas y asfixiantes se nos hicieron a las personas, mortales resultaron ambas para mi arbusto. Ahí comenzó su decadencia, cuando empezó a perder hojas a mansalva, a un ritmo mucho más vertiginoso que el año pasado y empezó a quedarse pelado y seco, a pesar de todo nuestro cariño y empeño, mientras a mí cuando lo miro se me representan, una y otra vez, aquellos versos de Antonio Machado , “Al olmo viejo hendido por el rayo…”


A día de hoy, el bonsái sigue ocupando su lugar, nos resistimos a perderlo aunque ya sólo es tronco y tierra, esperamos con ansiedad la aparición de algún brote verde en forma de hoja que nos haga saber que está vivo, que la savia sigue corriendo por sus ramas, y es que ya se sabe, la esperanza es lo último que se pierde.


Y es ahora, que hago repaso, cuando me doy cuenta de todo lo que me ha enseñado este pequeño ejemplar de árbol.


La vida de las personas suele ser, a menudo, tan volátil y precaria como la de un bonsái. Necesitamos primero habitar un lugar en el que nos encontremos a gusto, con el medio y con nosotros mismos, y así adaptarnos fácilmente a sus condiciones climatológicas y sociales. Tratamos de ajustar un hogar a nuestras posibilidades con el fin de que nuestra vida de diaria se haga más placentera.


Si esto no se consigue, la existencia se llena de mezcolanza, el desasosiego se apodera de nuestras vidas y las hojas dejan de crecer.


Pero también necesitamos cuidados, como los bonsáis, que diariamente rieguen nuestras vidas, son los factores externos, y en ellos podemos incluir a todo aquello que nos provoca una sonrisa.


Necesitamos recibir el cuidado, mimo y cariño de aquellas personas a las que queremos, amigos, familiares o amados, pero ya se sabe que para recibir también hemos de dar. No podemos olvidarnos del amigo, nuestra mano debe estar constantemente ahí. Desaparecer un tiempo conlleva el riesgo de que cuando volvamos el bonsái haya perdido sus flores, el amigo su ilusión.


De vez en cuando necesitamos la compañía de esa rara amante llamada Soledad, en cuyos brazos solemos desnudar nuestra alma, pero no debemos olvidarnos de seguir sonriendo al amigo, pese a que la mueca haya de ser forzada. Cualquier otra manera de entender las relaciones, cuando uno mira primero por sí mismo, se convierte en una existencia egoísta y, a veces, superflua.


No es suficiente con que amigos, familiares o amados, sepan que estamos ahí, hay que demostrarlo. Un “Te quiero” a tiempo es capaz de hacer florecer muchas ramas, así como un abrazo o una caricia sincera, de ahí la abrazoterapia.


Por todo eso recomiendo a toda persona que, alguna vez en su vida, mejor antes que después, inicie su aprendizaje en el cuidado de algún ser vivo, bonsái, maceta o animal. Creo que es una buena experiencia vital para engrandecer el espíritu y poder acometer luego metas mayores que un animal o una planta.

 

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2 comentarios  -  Escribe aquí tu comentario

lo dijo princesalidia 14 septiembre 2009 | 11:16 AM

En el año 2007 me regaló mi hijo un bonsái por el día de la madre y confieso, que duro apenas dos meses en casa, más que a tu amigo y ello me ha hecho sonreír.
Soy pésima en el cuidado de plantas, menos mal que no tanto en el del cuidado de animales y siempre optó por ellos.

un besooo

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lo dijo Paco a princesalidia 14 septiembre 2009 | 12:22 PM

bueno, yo soy al contrario que tú, los animales na de na jajaja

Besitos!

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