LA SENTENCIA DE BORJA SOLAR
(Publicado en El Comercio el sábado 26 de abril de 2008)
La sociedad española todavía está padeciendo los últimos estertores de la huelga de los funcionarios de Justicia que, por primera vez en la historia más reciente del funcionario español, ha hecho tambalear uno de los Poderes básicos del Estado de Derecho. Una huelga atípica, por otro lado, dado que no se ha parado la Justicia a nivel nacional; sólo en algunas Comunidades Autónomas. Las suficientes para que ?Mr. Bermejo? interrumpiera su descanso de fin de semana.
Y al devenir de esta huelga en Asturias, y más concretamente en Gijón, nos desayunábamos con una sentencia tan esperada como deseada, tan polémica como candente. Me refiero al veredicto del caso del asesinato del pequeño Borja Solar cuando el pobre diablo de Ramón del Barrio lo degolló en el Parque Isabel la Católica en el año 2004. Y me refiero así porque una persona que padece una esquizofrenia paronoide no deja de ser un pobre diablo que no es capaz de tener un control de sus impulsos y de su realidad.
Leyendo concienzudamente esta sentencia, resulta importante hacer una serie de reflexiones al respecto Si bien es cierto que el Ministerio Fiscal lleva razón al calificar los hechos como constitutivos de delito al amparo del art. 139 del Código Penal, la eximente no debería ser incompleta, sino completa porque una enajenación mental como la que padece el mierense es causa más que suficiente para confinar al autor de este horripilante asesinato en un psiquiatrico penitenciario para el resto de sus días.
Como puede resultar obvio ante un caso de estas características, la defensa del acusado calificó los hechos constitutivos de un delito de homicidio concurriendo la eximente del artículo 20.1 del Código Penal, por haber cometido la infracción penal a causa de una alteración psíquica, en pleno brote. O sea, y dicho de otra manera para que todo el mundo lo entienda: cuando Ramón del Barrio acabó con la vida de Borja se encontraba en pleno delirio y era incapaz de comprender la ilicitud del acto que había cometido.
Otra reflexión importante sería el papel del Jurado en este tipo de juicios. Si bien éste puede aceptarse en aquellos en los que sólo está en juego una responsabilidad civil, en aquellos en los que la responsabilidad penal es tan clara y a ella le añadimos otros ingredientes como la enfermedad mental, considero que no tiene cabida un Jurado popular, a pesar de la Ley Orgánica del Tribunal del Jurado.
No obstante, en este juicio se ha evidenciado dos circunstancias que tienen un denominador común. La calificación de esquizofrenia paronide se sustenta en base a la peritación de un equipo de profesionales de salud mental que llegaron al convencimiento que el acusado padecía una enfermedad mental severa, y que, a causa de la misma, en el momento de los hechos tenía sus facultades de inteligencia y voluntad gravemente quebradas. ¿Quizás anuladas? No lo sé. Se tendría que abrir un nuevo debate. Tiempo habrá. Otra circunstancia importante en esta sentencia es la alarma social que ha originado. Si un crimen siempre despierta una mágica aureola de morbo y expectación, aún aumenta mucho más si la víctima es un menor y el autor un perturbado mental. Pedro Mata dice que el crimen del loco no tiene historia. Y dice bien porque ante lo imprevisto no cabe prevención, no cabe protegerse, y éste es precisamente uno de los rasgos más comunes del delito cometido por el enfermo mental, aunque eso no sea así para el enfermo propiamente dicho, el cual puede llevar un tiempo ?atormentado? por sus ideas patológicas. Por ello también el castigo es severo. Si severa resulta una pena de cárcel, más contundentes resultan quince años de aislamiento en un psiquiátrico penitenciario.
Esta sentencia nos lleva a otro análisis posterior en profundidad, a otra reivindicación social, sanitaria, y penitenciaria. Actualmente en España sólo existen dos centros psiquiátricos penitenciarios: en Alicante y en Sevilla. En casos como el de Ramón del Barrio ello supone un desarraigo familiar de consecuencias y trascendencia incalculables.
Ante este tipo de situaciones, jueces, fiscales, y forenses se hacen la misma pregunta: ¿qué hacemos con ellos? El problema del delincuente enfermo en libertad absoluta y sin ningún tipo de medida coercitiva no deja de acechar en la sociedad occidental. No estamos ante criminales fríos e insensibles cuya única solución sea una reclusión carcelaria, pero es evidente que mientras la red de psiquiátricos penitenciarios se limite únicamente a dos ciudades, poco más podemos hacer. Sobra decir que los jueces no pueden dejarlos en libertad. Asi las cosas, no les quedan muchas alternativas porque su paso por prisión es una medida preventiva, que en reiteradas ocasiones resulta improductiva.
Conscientes del grave problema existente, la Fiscalía General del Estado expresa que «el delincuente enfermo mental plantea problemas de muy difícil solución no sólo en lo que se refiere al enjuiciamiento de su conducta y valoración de su imputabilidad, sino también en lo relativo a la selección de la reacción penal que su conducta merece y a la ejecución de la pena o medida de seguridad que en su caso le corresponda cumplir».
No en vano, uno de los problemas más graves que existe en el sistema penitenciario español es la situación del enfermo mental en prisión. Y lo es hasta el punto que el propio Estado de Derecho se está equivocando estrepitosamente. Si el fin primordial de la pena es la reinserción social, ¿por qué el Estado no articula de una vez por todas los mecanismos necesarios para que, al menos uno por Comunidad Autónoma, existan centros especializados en los que poder atender adecuadamente a los delincuentes enfermos?
La sociedad no puede condenarlos a una pena carcelaria que, lejos de una posible resocialización, los conduce inexorablemente al oprobio del resto de la población reclusa, y en otras ocasiones, a tragedias personales de dimensiones extraordinarias.
El Estado de Derecho tiene la obligación de articular cuántas medidas preventivas y socio sanitarias sean necesarias para que los delincuentes enfermos no sean confinados a centros penitenciarios en los que antes que una rehabilitación pueden ser víctimas y verdugos a la vez de su propia limitación mental. Si no actuamos convenientemente, al devenir de unos años habremos transformado las prisiones en centros psiquiátricos sin medios, sin personal adecuado y, lo más grave, en dónde el porcentaje de actos criminales alcancen cotas inimaginables.
El recuerdo del pequeño Borja Solar quedará para siempre en el recuerdo de Gijón y de sus gentes, así cómo también el de su verdugo. Pero ahora, cuatro años más tarde, antes que llorar aquella prematura pérdida, es importante felicitarnos y festejar que, a pesar de huelgas y dimes y diretes, en este caso ha funcionado la Justicia, y el veredicto ha sido sensato y racional. Es obvio que a Inés y a Rubén nadie jamás podrá devolverles a su hijo, pero, en el fondo estoy convencido de que la herida la cicatrizarán pensando que la sangre de su hijo no fue baldía. La sentencia por la muerte del pequeño ha salvado a otros niños (y quizás menos niños) de caer en las manos de Ramón. Y eso, al menos, produce una cierta tranquilidad.
5 comentarios - Escribe aquí tu comentario
Querido amigo:
Mi reflexií³n va un pasito más allá y pone a prueba al sistema que actualmente rige al mundo.
Es obvio que se necesitan más centros especializados para este tipo de enfermedades mentales, pero si me permites un comentario a mayores...
Al igual que se hacen campañas de prevencií³n de los accidentes de tráfico, del cáncer de pulmí³n producido por el tabaco, o de las enfermedades cardiovasculares; ¿Por qué no se afornta de una vez de forma objetiva que está pasando en este planeta para albergar tanta enfermedad mental?.
Analizando en profundidad, quizás habría que cambiar muchos comportamientos (primero de los gobernantes), para que las futuras generaciones tuvieran sus pensamientos más sanos.
Propongo desde aquí un ejercicio individual.
Vamos a dejar de trabajar hacia nuestro ombligo, para hacerlo en conjunto.
La felicidad de un anciano (por poner un ejemplo) de Burundi, debe ser parte de mi propia felicidad, pues somos todos una misma cosa.
Y hasta que no nos demos cuenta de ello, no dejaremos de estar "enfermos".
Abrazos azules.
Querido José, cuanto más te leo mas me admiro de tu calidad como escritor, ensayista y, sobre todo, como articulista. Temas interesantes, apertura de distintos puntos de vista, planteamiento de posibles alternativas. El tema que tratas hoy tiene, como bien dices, un grado de interés general muy alto por ser un menor la victima, por la enfermedad del autor y por el punto de morbosidad en el que nos movemos hoy en día. Lo cierto es que tu artículo me hace reflexionar sobre muchos temas tales como el sistema judicial, el sistema penitenciario, los jurados populares, los asesinos psicí³ticos o psicí³patas, el grado de prevencií³n ante estas y otras situaciones "previsibles".. y, como dice el "duende" Juanjo, el egocentrismo individual y social en que nos movemos .... Un placer leerte, aunque me hagas pensar.... Un abrazo, compi
Denunciar contenidosJose, interesantísimo artículo, muy profundo y que como ya se ha dicho, incita a la reflexií³n y al análisis profundo. Es bueno no quedarse en la epidermis de las noticias que leemos, hay muchos matices que generalmente escapan al simple enunciado de la misma y padecer una enfermedad mental es algo terrible y a menudo tendemos a pensar que son trastornos menores o que no merece la pena ocuparse de "esos pobres locos", el problema estalla cuando alguno de esos trastornados atacan a una víctima inocente como en el caso de Borja. Es una pérdida terrible pero como bien dices hay que articular todos los medios al alcance del estado para evitar males mayores.
Un abrazo y muchas gracias por hacernos pensar y ver más claro.
Querido Jose. Coincido con Fran en mi admiracií³n ante tu pluma de articulista. Y la medida en la que siempre pones sobre el tapeta temas interesantes.
En el aspecto que nos ocupa. Te diré lo que pienso. Desde luego, nadie está libre (ni él ni su failia) de una enfermedad mental de esas carácterísticas que ya es un drama en sí misma. Pero, desde leugo, la enfermedad no exime de la prevencií³n. En un caso de una patología no detectada, que se evidencia con un crimen de estas características. Evidentemente la soculicí³n no es la carcel, pero tampoco la libertad. Si sí³lo existen dos centros penitenciarios psiquiatricos, igual haría que pensar en construir más en lugar de quitar y poner maceteros de una avenida (como está pasando aquí). Pero eso es otro tema.
Si la realidad es que sí³lo hay dos y se deshicuba al enfermo. Mira, lo siento mucho, pero voy a ser egoista, y más lejos se llevan al siguiente cadaver si vuelve a reincidir.
Ellos no tienen culpa de su enfermedad, pero menos la tengo yo si me lo cruzo por la calle. ¿que quires que te diga?
Si de algo hago uso es de la empatía y la comprensií³n. Pero hay límites. No todo vale excusado por lo psicolí³gico.
Enfin... largo tema de debate.
Un besote
Vaya!! La prisas son malas consejeras, desde luego. Vaya manera de comerme las letras en el comentario. Sorry.
El prí³ximo lo releo antes.
Mas besos.
Nos vemos pronto junto a unos "locos"... diferentes.