Portal de blogs literarios, comunidad literaria, y foro literario - Libro de Arena
Conoce a lainsulaeterea            184 libros en su biblioteca
     226 valoraciones      64 posts en su blog      Es lector de 0 grupos

La Ínsula Etérea

"Caer, levantarse, insistir, aprender"


El graznido de los cuervos

servido por  lainsulaeterea 09 enero 2012 73 comentarios

El Juanico encontró el cadáver cuando andaba buscando a un cordero que se le había despistado al atravesar las tierras del marqués. El cordero había caído en una acequia y, sin éxito, trataba de tomar tierra firme con sus pezuñitas, pero cuanto más zarandeaba sus patas para salir del agua, más revolvía el barro que se acumulaba en el fondo y más se le amontonaba en las pezuñas. Balaba y balaba llamando a su madre, pero fue el Juanico, el hijo de la Sinfo, la mujer del Generoso, el pastor, quién acudió a su llamada para rescatarlo y no perder, con su ahogamiento, los cuartos que por darle pasto su amo le otorgaba.


Sucedió que el Juanico se echó al agua de cabeza, como gozaba al hacerlo en el río junto al Raldilla y al Moisés, los hijos del boticario, y al palpar a ciegas con sus manos en el agua para prender al cordero, trabó una camisa roja en la diestra y una pata del animal con la siniestra. De forma inconsciente soltó la camisa y se abrochó al cordero en el regazo no sin cierta dificultad, pero pudo sacarlo y ponerlo a salvo. Fue entonces, cumplida ya la hazaña, cuando el Juanico se envalentonó y decidió volver a lanzarse al agua, esta vez con los pies por delante, en busca de esa camisa y aquel bulto que presintió que se quedaba bajo el lodo. Y resultó que, cuando se dispuso a rebuscar nuevamente en el agua, turbia por el chapoteo constante del chiquillo, el Juanico alcanzó a sacar apenas unos centímetros por encima del agua la cabeza de un hombre de mediana edad cubierta de sanguijuelas. El guacho, del soponcio, se escurrió hacia atrás tratando de abandonar la acequia, y lo hizo con tal fuerza que, al no soltar la cabeza, se tropezó, cayó de espaldas al agua y el cadáver quedó semidescubierto, apoyado ahora en un lateral del canal, con un brazo al aire como saludando al cordero, mientras de los dedos, agarrotados y morados, se escurría un hilillo de cieno pútrido y maloliente.


El Juanico observaba el cadáver con recelo, como quién observa una fiera durmiente y sabe que, en cualquier momento, puede despertar de su letargo para atacarle de imprevisto. Pensó que sólo él sabría que se le había escapado el cordero del Ponce, el cerrajero, y que, de poder hacerlo, se levantaría de la acequia y le vocearía que era un mal pastor. También deseaba que el cadáver reviviese, lo deseaba con todas las ganas que le cabían en el pecho, con un ardor especial como el que se siente por una madre o por una novia, pero aquel cuerpo descompuesto decidió permanecer allí, saludando al cordero. Mojado como iba, y luego de una espera prudencial por si el hombre decidía levantarse, creyó conveniente desvestirse y tender su ropa al sol antes de que éste se acostase, como cada tarde, sobre los trigos de los campos del marqués. Quiso sacar de allí el cuerpo, pero el miedo le dejó tieso.


Cuando llegó a casa, la Sinfo ultimaba la cena. El Trueno, el perro del Juanico, golpeaba el tobillo de la Sinfo con la cola de pura excitación por el olor que desprendían las gachas que ella preparaba en la lumbre. La Sinfo le gritó:

-¡Vaya con este perro, vete de aquí que ya te llegará el turno!

El Trueno agachó las orejas y encogió la cola, pero aún queriendo, fue incapaz de dejar de moverlo. Parecía que su cola tenía vida propia, y que la voluntad del chucho fuese por un lado, y la de su cola por otro. Acabó el Trueno junto al Juanico, y fue el tobillo de éste el que recibió los primeros coletazos del perro, pero el guacho no dijo nada. Andaba cabizbajo, y su madre se percibió de ello.

-¿Cómo ha ido la jorná? ¿Te han dao problemas los ovejos? Mira que le digo a tu padre que todavía eres mu pequeño para andar con los animales por el campo solo… Pero ya sabes lo que me responde, que es eso, o morirnos de hambre… y como tú y tus hermanos, a la hora de cenar, no hacéis ná más que pedir comida… –suspiró–, y esa, Juanico, no cae del cielo¿sabes?


El Juanico, que se sabía los rezos de su madre a pies juntillas porque la pronunciaba todos los días, junto al Padre Nuestro y el Ave María, se ponía entonces a soñar despierto que del cielo caían bocadillos con longanizas dentro, y era tal lo real de su sueño que el guacho paladeaba y salivaba, y el Trueno, que nunca perdía de vista los ademanes de su amo, gemía y salivaba él también, como si el perro pudiese caminar junto a su dueño incluso en sueños y visiones.

-Pasé el día en el altozano del marqués, madre – contestó el guacho con apenas un hilo de voz.

-¡Te he dicho mil veces que no vayas por allí, que si se escapa algún tiro no la cuentas! – le gritó la Sinfo con los ojos palpitantes.

-Madre, el cordero del Ponce cayó a la acequia – dijo el Juanico muy triste.

-¿Qué dices? ¿Lo recogiste? Recuérdate siempre que los corderos no valen tanto por lo que son, si no por lo que serán – le respondió la Sinfo.

-Sí, me tiré de cabeza y lo salvé, y quedé mojaíco perdío. Al principio pensé que podría ahogarme pero entonces pensé en mis hermanos, y en ustés, y en las perras que a mí me dan por ello y que tanto le alegran la cara a usted cuando se las doy…

El Juanico miraba a su madre buscando un gesto cómplice. Repuso al fin la madre:

-Está bien. Hiciste bien. Si quieres ser un buen pastor, tu padre siempre dice que tienes que procurar por los ovejos lo mismo o más que por ti mismo. Ya verás que contentísmo se pone cuando se entere. Cuando venga de la Guerra, le contaremos que su guacho le ha salío igualito que él.

El muchacho, nervioso, aguardaba el plato de gachas sentado a la mesa, daba palmas con los pies desnudos y miraba algo, como un papel mustio, que llevaba entre las manos.

-Madre… en la guerra… ¿los soldados, mueren o hacen que se mueren, como yo con los hijos del boticario allá en el río, cuando nos matamos con escopetas de madera?

La Sinfo dejó de darle vuelta a las gachas, la cara se le volvió de cera, rígida y blanquecina, y sólo el olor al tueste del fondo la despabiló.

-Pues claro que mueren hijo, pero mueren más los malos, porque a los buenos, los ayuda Dios. A veces ocurre que mueren los buenos y se explica porque en las guerras hay muchos hombres disparándose, y Dios, como no le da tiempo a socorrerlos a todos, no puede evitarlo y se van al cielo, con él… Los malos no, esos mueren por malos, porque Dios a los malos no los quiere con él, por eso los deja allí, en el campo, para que se los coman los cuervos…

El Juanico palidecía mientras escuchaba la explicación.

-¿Y si padre no regresa de la guerra? – inquirió luego de mucho meditarlo.

-¡Tu padre regresará, ya lo sabes, nos lo dijo al partir! ¿Ha faltado el Generoso alguna vez a su palabra? Pues ya te lo digo yo ¡no! Así que tu padre vendrá ¡y no se hable más, ea, no seas cansino!

La mujer, como si le ardiese la necesidad de explicarse tras lo dicho, añadió:

-Porque seremos muy pobres, pero la palabra de la familia del Generoso, el pastor, va a misa y comulga, y eso es casi tan grande como tener cuartos y tierras, al menos para los que ná tenemos más que la palabra…

La Sinfo observó a su hijo y le pidió que mirase por la ventana para ver si venían sus hermanos. El Juanico obedeció, y al mirar al horizonte, varias figuras lo recortaban avanzando hacia la casa, y supuso que eran sus hermanos, que traían el estómago hambriento después de una larga jornada.

-¿Y si no vuelve, madre? Insistió el Juanico.

-¿Pero qué te ha dao a ti, por qué no habría de volver? Nos dio su palabra ¿No lo entiendes? ¿Te hace falta algo más que eso? Tu padre nos necesita tanto como nosotros a él. ¿No te das cuenta que sin él estamos perdíos, igualitos que esas nubes negras que se acercan desde el sur? No… tu padre dio su palabra y la cumplirá, que para eso es el Generoso, el pastor, y su palabra va a misa y comulga, que seremos muy pobres, pero la palabra…


El Juanico salió corriendo de la casa, y apenas llevaba unos metros recorridos cuando se cruzó con sus hermanos. Pasó tan raudo y sin detenerse que ellos no se dieron cuenta de que el muchacho lloraba a espuertas. Corrió y corrió, bajo una intensa lluvia de verano, hasta que sus piernas se agotaron y dejaron de correr. El guacho cayó al suelo sobre un sembrado de trigo y su cuerpo se empapó de barro. Salpicado de gotas de lluvia, en su rostro no se distinguía dónde acababan éstas y dónde se principiaban sus lágrimas de impotencia. En la mano izquierda, con restos de fango renegrido, un pequeño carnet de rojo recuperado del cadáver. Impresos en tinta negra, el nombre y los apellidos de su padre. Profesión: Pastor. En el corazón, una punzada tan tremebunda que sintió que se moría. En el alma, la insondable pena de saber qué sintieron los hijos del boticario al convertirse en huérfanos de padre; el vacío extremo al recordar la cobardía que le embargó y que le impidió sacar de la acequia el cuerpo de su padre para dejarlo solo, olvidado, saludando a los corderos que a la acequia cayesen; el quebranto definitivo con el dios en el que sus padres, desde chico, le hicieron creer. Ese mismo dios que, según decía el padre Argimiro, el cura de la iglesia, todo lo podía y en todo estaba, pero que, sin embargo, olvidaba que dejaba olvidados a los olvidados. ¿Sería que su padre era de los malos y esperaba ahora el graznar de los grajos?


Denunciar

73 comentarios  -  Escribe aquí tu comentario

lo dijo ♥ Yolanda ♥ 09 01 2012 | 12:13 PM

Muy buenos días mi zeru!!

Menos mal que volvemos a estar juntitos de nuevo aqui, que hasta este momento, esto no era lo mismo para mi...
Recuerdo cuando leí esta historia la primera vez, lo mucho que me gustó y la de imágenes que se formaban en mi cabeza, ahora, al verla aqui publicada zeru, tras estos dias de haber estado inmersa en la lectura de ese maravilloso regalo que me has hecho, y que tanto me ha marcado...me gusta más si cabe. Los "buenos" y los "malos", el silencio de todos esos años, la impunidad, la ira, el odio...y como las personas fueron auténticos grajos hambrientos los unos con los otros, los auténticos grajos, esos que te arrancan los ojos. Y mira que ya han pasado años...y todavía están ahi esos córvidos ávidos de ojos...uuuuuf! que espirindinguis!!

No me esperaba este post, pero tengo que decirte que me ha encantado que lo traigas hoy...
¡un dulce beso mi zeru! grande, grande...

Denunciar

lo dijo chanin 09 01 2012 | 12:41 PM

Buenos dias Caballero!!!! que historia tan sobrecogedora....pero que bien escribes jodio!!!! laverdad es que no se ni que decirte, aunque esas cosas pasaban.... esa creencia tan ciega del bien y el mal, los malos y los buenos.... ¿y quien es malo y quien bueno en estos casos? para cada hijo su padre,para cada esposa su marido... para cada vando sus soldados... la vida esta llena de injusticias inesplicables, de acciones creadas por dictadores y rebolucionarios que creaban guerras de la nada causando estragos en los menos agraciados y nada afortunados.... malos y buenos... no hay un ejercito que tenga un lider bueno,por muy buena que parezca la causa....siempre acaba perdiendo el mas debil... el soldado,pero no solo el sino toda su familia....¡¡¡que putada!!! me estoy liando, marabillosa historia, soberviamente escrita.... besos a capazossssssssssssssss

Denunciar

lo dijo chanin 09 01 2012 | 12:41 PM

Buenos dias Caballero!!!! que historia tan sobrecogedora....pero que bien escribes jodio!!!! laverdad es que no se ni que decirte, aunque esas cosas pasaban.... esa creencia tan ciega del bien y el mal, los malos y los buenos.... ¿y quien es malo y quien bueno en estos casos? para cada hijo su padre,para cada esposa su marido... para cada vando sus soldados... la vida esta llena de injusticias inesplicables, de acciones creadas por dictadores y rebolucionarios que creaban guerras de la nada causando estragos en los menos agraciados y nada afortunados.... malos y buenos... no hay un ejercito que tenga un lider bueno,por muy buena que parezca la causa....siempre acaba perdiendo el mas debil... el soldado,pero no solo el sino toda su familia....¡¡¡que putada!!! me estoy liando, marabillosa historia, soberviamente escrita.... besos a capazossssssssssssssss

Denunciar

lo dijo chanin 09 01 2012 | 12:41 PM

Buenos dias Caballero!!!! que historia tan sobrecogedora....pero que bien escribes jodio!!!! laverdad es que no se ni que decirte, aunque esas cosas pasaban.... esa creencia tan ciega del bien y el mal, los malos y los buenos.... ¿y quien es malo y quien bueno en estos casos? para cada hijo su padre,para cada esposa su marido... para cada vando sus soldados... la vida esta llena de injusticias inesplicables, de acciones creadas por dictadores y rebolucionarios que creaban guerras de la nada causando estragos en los menos agraciados y nada afortunados.... malos y buenos... no hay un ejercito que tenga un lider bueno,por muy buena que parezca la causa....siempre acaba perdiendo el mas debil... el soldado,pero no solo el sino toda su familia....¡¡¡que putada!!! me estoy liando, marabillosa historia, soberviamente escrita.... besos a capazossssssssssssssss

Denunciar

lo dijo EMMA 09 01 2012 | 3:16 PM

¡Que historia tan terrible caballero! `pobre juanito, tener que pasar por algo asi siendo niño, es horrible, pero es que la guerra fue una batalla cruda entre hermanos, entre vecinos y amigos, terrible. La musica me gusta mucho, es muy bonita.
Ya se que has pasado unas vacaciones estupendas, me alegro.

besossssss

Denunciar

lo dijo EMMA 09 01 2012 | 3:18 PM


Denunciar

lo dijo B-Gest 09 01 2012 | 3:49 PM

Hola Caballero . Una historia triste, pero por desgracia, ¿ Cuántas habrá así ? me ha encantado, tu manera de narrarla, el vocabulario, que transporta a las tierras, una pasada......gracias por seguir regalandonos estos momentos.Un besito muy grande.

Denunciar

lo dijo mianca 09 01 2012 | 6:50 PM

Me ha emocionado tu historia. Un beso

Denunciar

lo dijo Lavender 09 01 2012 | 8:08 PM

Hola caballero:

¡Qué bien escribes! Has conseguido trasladarme a la historia y ser uno más de los personajes, un personaje que no puede hablar ni participar de forma activa, pero que experimenta las mismas emociones que los protagonistas.Sospechaba que el hombre al que había encontrado Juanico era su padre y sentí tanta angustia como él cuando comenzó a hacerle a su madre preguntas sobre la guerra, queriendo decirle lo que había encontrado pero temiendo hacerla sufrir si le contaba.

Un beso.

Denunciar

lo dijo Luciana 09 01 2012 | 8:22 PM

Hola Caballero!!! Pobre Juanico qué experiencia triste y desgarradora. Las guerras dejan siempre episodios tristes entre personas que nada pueden decidir, que los altos funcionarios deciden por ellos.
Es muy emocionante tu historia. gracias por compartirla.
Besos

Denunciar

lo dijo meiga 09 01 2012 | 8:22 PM

Triste como la vida misma... Muy bien contado.
Un beso

Denunciar

lo dijo rosa-laura95 09 01 2012 | 10:11 PM

Se me ha puesto un nudo en la garganta al tragarme la callada angustia de Juanico rompiéndole por dentro.Tremendo.
Qué bien lo has contado pero que tremendo.
Un saludo!

Denunciar

lo dijo Luz Marina 10 01 2012 | 12:51 AM


Y esas angustias que silenciosas nos laceran. Me encantó leerte. Saludes.

Denunciar

lo dijo abuela normanda 10 01 2012 | 1:16 AM

Es una historia triste, pero real. Amigo es un placer leerte y verte de nuevo por aquí, menos mal que las vacaciones han terminado, estas fiestas librodearena ha estado tristón, aunque es buena señal, os lo habéis pasado fenomenal, pero yo aquí esperando.
muchos besitos
buenas noches Pictures, Images and Photos

Denunciar

lo dijo babyluna 10 01 2012 | 2:02 AM

Y como le haces para tenernos engachados desde el principio hasta el final y siempre nos sorprendes.

Besitos!! Que tengas una linda semana!!

Denunciar

lo dijo princesalidia 10 01 2012 | 11:58 AM

Me has pillado...¡qué penita! y que bien lo has descrito...
un besoooooooooooooooooo

Denunciar

lo dijo Sorti 10 01 2012 | 5:02 PM

Qué maravilla de escrito, Caballero... te lleva, te va llevando, te describe, te va describiendo... te susurra al oído esta tremenda historia de supervivencia en la que, definitivamente, te ves inmersa... Y con ganas de más.
(Mañana se lo leo a mi padre. Le va a encantar). Mi padre de niño era pastor.

Denunciar

lo dijo Cambalache 10 01 2012 | 7:09 PM

Ha inundado esta página de ese realismo mágico que me cautivó hace ya tantos años. Generoso texto. Grandes metáforas y un diálogo tan pueril -en su mejor sentido- como inteligente. Felicidades amigo. Ya se lo dije en su anterios post: adminro su forma de relatar. Saludos.

Denunciar

lo dijo carme 11 01 2012 | 8:57 PM

Es un relato sobrecogedor, consigues emocionar al lector con el pequeño Juanico y con ese final tan tremendo en el que se siente su enorme angustia.
Una historia de sobresaliente.
Un beso.

Denunciar

lo dijo eva39 11 01 2012 | 9:31 PM

En tu línea.Como siempre, me gusta todo lo que escribes.Un besazo.

Denunciar
Nº de comentarios: 73
1 -  2 -  3 -  4 

(*) Campos Obligatorios. La dirección de correo no aparecerá publicada.


Portal de blogs literarios, comunidad literaria, y foro literario - Libro de Arena

General 178 libros

LITERATURA JAPONESA 6 libros



Ayuda | Contacto | Condiciones de Uso | Política de Privacidad



2014 © librodearena.com