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La Ínsula Etérea

"Caer, levantarse, insistir, aprender"


Un verano para no olvidar

servido por  lainsulaeterea 24 octubre 2011 65 comentarios

Oigo en la radio, leo en los periódicos, escucho y veo en la televisión, o todo a un tiempo en Internet, a políticos de todos los colores manifestar con enérgico convencimiento propio que defienden la libertad y la democracia. Pero, en ocasiones, las más para desgracia general, sus palabras se las lleva el viento, desaparecen en un etéreo mar de buenas intenciones cuando los tiempos del compromiso se plantan frente a ellos reclamándoles verdad, justicia, recuerdo.


Cuando los tiempos reclaman para sí verdad, justicia y recuerdo, es porque, hasta entonces, se ha producido una ausencia manifiesta de las mismas, o lo que es lo mismo, han campado a su libre albedrío la mentira, la injusticia, el olvido. Y para que estas tres luzcan galas a la vista de cualquiera deben contar con la connivencia de una sociedad o una clase dirigente que permita sus paseos con total indiferencia. Dicha sociedad, no me cabe ninguna duda, tiende a la más absoluta podredumbre, y no sólo moral, si lo consiente.


Cuando alguien como yo tiene la suerte de haber nacido en democracia, únicamente conoce la historia reciente por los libros de Historia. Cuando el suceso más desestabilizador y próximo a la dictadura, el 23-F, es un hecho que sucedió con anterioridad a tu llegada al mundo, puede decirse que uno es afortunado por no haber conocido ni sufrido el miedo y por amamantarse de la teta de la Libertad (relativa, pero ese es otro tema). Pero, al mismo tiempo, existe un riesgo enorme en el que mi generación y las posteriores podemos caer, y a buen seguro caeremos, si no conocemos nuestro pasado, si no lo entendemos, si no lo asimilamos. Ese riesgo no es otro que el desconocimiento, el abandono completo de lo que fuimos, de las decisiones que nuestros antepasados tomaron, con sus aciertos y sus errores. Únicamente sabiendo de dónde venimos podremos determinar hacia dónde vamos.


Es por ello que hace apenas unas semanas no dudé ni un segundo en dejar mis tranquilas vacaciones, la hamaca y el te helado, para cambiarlo por asistir a la celebración de un acto al que creí que no asistiría nunca, sobre todo porque pensé que ya no se daban, que el último debió producirse hace más de veinticinco años. Así que cogí mi cámara de fotos, arranqué el coche y recorrí unos cuantos kilómetros para presenciar el acto de homenaje a 52 personas asesinadas en el verano de 1936, setenta y cinco años después de su muerte.


Los libros de Historia cuentan que, tras la llegada de la democracia, el gobierno alentó la inspección de los terrenos donde se creía que existían fosas comunes con muertos de la guerra. Por aquel entonces, los caminos y cunetas, la tierra misma quedó abierta, las entrañas de España arrojaban cadáveres maniatados, fusilados, amontonados, abandonados. Y en todo el país se realizaron multitud de homenajes póstumos para aquellos hombres y mujeres que murieron en una cruenta e irracional contienda. Lo que no cuentan esos libros es que todavía hoy, setenta y cinco años después, aún existen lugares en los que las autoridades se niegan a cualquier tipo de reconocimiento de las personas que murieron.


 


Nos encontramos en un pueblo de Navarra. Sur de la provincia. Tarde de calor soportable y ligera brisa del norte. Hace 75 años. Las noticias llegan de Pamplona. El ejército se ha sublevado y está dando órdenes para que toda Navarra se sume al alzamiento. En los pueblos, apenas hay tiempo de reacción. Los falangistas, bien organizados, actúan con prontitud y dedican la tarde y buena parte de la noche a recoger a los simpatizantes del comunismo, al alcalde, al secretario,… en fin, a todas aquellas personas peligrosísimos a sus ojos. Los reúnen en el ayuntamiento. Los retienen contra su voluntad. No existe acusación alguna por delitos. Su delito es pensar malamente. Los montarán en un camión. Los matarán. Algunos tendrán la suerte de morir de un certero disparo en la cabeza. Otros agonizarán durante horas. Ver cómo se retuercen y gimen pone en erección a las flechas. ¿Dónde mueren? Sólo el viento y la tierra que les da cobijo lo sabe…


 


La Guerra Civil fue el mayor desastre del antiquísimo pueblo español (y eso que ha generado muchos). El enfrentamiento a muerte entre hermanos y vecinos es el hecho más vergonzante de todos cuantos nuestros antepasados han podido llevar a cabo. Los historiadores de uno y otro bando coinciden en algunas cosas, y todos ellos hablan, sin que les falte razón, que muertos hubo en los dos bandos porque las guerras tienen esos males. No existen, como en las películas, buenos buenísimos ni malos malísimos, sino que allí únicamente lo que hacían los soldados era disparar hacia el frente y evitar que el frente los matase a ellos. Y sin embargo, a pesar de sus buenas intenciones, no podemos ni debemos olvidar que no todas las muertes se dieron en un campo de batalla…


Navarra fue uno de los enclaves más importantes, si no el que más, donde se gestó el golpe de estado que llevaron a cabo los generales del ejército que vendría a llamarse del bando nacional. Orquestado desde Pamplona y con el beneplácito de los carlistas (aquellos dispuestos a morir por dios, la patria, los fueros y el Rey), se creó el cuerpo armado de los requetés. Éstos, de común acuerdo con los falangistas, dominaron las ciudades y poblaciones de la provincia con extrema velocidad y acierto. No hubo lugar a enfrentamiento armado. No existió un choque de fuerzas entre dos concepciones distintas de un mismo mundo. No. En Navarra, unos asesinaron y otros fueron asesinados. Quizá por ello, por el pesar que sobre sus conciencias aún hoy recae, exista la inflexible voluntad de los asesinos y de los descendientes de los asesinos de darles a los hijos y parientes de los asesinados la merecida limpieza del honor y la dignidad de sus familiares, hasta entonces siempre silenciada como si fuesen unos apestados, porque de aquellas cosas no había que hablar, porque no había que reabrir heridas. No es ilógico pensar que aquellos hijos que no conocieron padre o madre, según el caso, ante tanto silencio y tanto gesto duro, llegasen a pensar que sus padres algo habrían hecho para merecerlo. Quizá por ello, incluso los propios hijos dejaron de hablar de sus padres, instalándose, sin pretenderlo, en el más pernicioso de los actos para con la justicia: el silencio.


El tiempo pasa y encuentra en el silencio un cómplice para pretender el olvido. Así fue durante años y décadas. Y aún cuando se permitió abrir la tierra para reparar el recuerdo de aquellos muertos, hubo quien todavía permaneció callado, tal era el poder lobotomizador de la dictadura.


Tuvieron que pasar muchos años para que al fin, los nietos de aquellos hombres dieran voz al aliento quebrado de sus padres y decidieran honrar la memoria de los abuelos. Y hete aquí que un hombre comenzó a investigar por el pueblo, a transitar de casa en casa, de familia en familia, en busca de la memoria. Y cuando al principio las memorias parecían encaladas, hubo una que lucía escrita con claridad, y fue leída en voz alta y anotada en cuartillas. Y cuando otras memorias se enteraron que una primera había sido recobrada, comenzaron ellas a desprenderse de la cal como quien se desprende de un antifaz para que al fin se pueda conocer quién es en realidad. Y de esta forma, aparecieron nombres y apellidos, de asesinados y asesinos, de los que se salvaron y de los que fueron compinches de las matanzas. Y arrojaron luz sobre la zanja de recuerdos clausurados, y la oscuridad retrocedió herida de muerte. Y desapareció. Y con ella la autorepresión. Y el miedo.


Setenta y cinco años después, se reunían en una plazuela de aquel pueblo los familiares de los cincuenta y dos asesinados. No contaban con permisos municipales para celebrar dicha reunión. No contaban con los permisos necesarios. Avisaron a los organizadores de que ni siquiera les dejarían hacer uso del mobiliario urbano, ese que se entiende que es de todos. Incluso el sargento de la Guardia Civil se presentó en la casa de uno de ellos para recordarle que si se acercaban a la Plaza del Ayuntamiento a colocar dos pancartas (en las que podía leerse los nombres de los asesinados) en los portales, lo harían a él responsable y sobre él caerían las consecuencias. Dos pancartas, ahí es nada…


A pesar de todo, el acto se celebró. Hubo al menos un representante de cada asesinado, incluso una hija del alcalde de aquel verano del 36, que desde entonces no había vuelto a pisar el pueblo que la vio nacer, pues su madre lo abandonó entre lágrimas en una noche triste… Aquella mujer ronda hoy los noventa años, vestía una camisa de algodón y una falda. También una chaqueta marfil, de verano, y en ella, una insignia con la bandera de la república. Pues bien, a aquella anciana de mirada triste y atravesada circunstancialmente por el orgullo del momento, su propio pueblo le negó asiento en el que reposar su vejez. ¿Será que aún debe expiar la culpa del malpensar de su padre? ¿Será que atisban en ella una feroz enemiga a la que no conceder ni una hora de tregua?


 


De regreso a casa, reflexionaba acerca de la condición humana, y de esa repugnante incapacidad de algunos por equilibrar las balanzas, por permitir el reencuentro de personas que comparten un sufrimiento cuya causa es común, por que gozasen de un día en el que al fin, aquella lejana esperanza que albergaron en lo más profundo de su corazón, la que se refería a que sus padres no eran malas personas por malpensar sino que simplemente pensaban distinto y eso les hacía diferentes, despertaba de su letargo para, en lugar de callar el nombre de sus ancestros como quien no quiere pronunciar el nombre del Cáncer porque creen que la enfermedad opera incluso en el hálito sobre el que desfilan las palabras pronunciadas, exclamar entre lágrimas de orgullo y recobrada dignidad el nombre y los apellidos de la sangre que una vez fue su sangre, la nomenclatura de la propia humanidad.


Al fin dejaban de sentir la vergüenza impuesta de ser hijos de quien fueron. Por primera vez, en tantísimos años callados, ese respirar que quedaba cortado cuando sobrevolaba públicamente la cuestión de la guerra civil recobraba el oxígeno entonces no consumido, y éste se extendía hasta el más lejano de los alveolos pulmonares y de ahí, por la sangre, hasta la última de las células de sus cuerpos. Y del mismo modo que ese oxígeno que al fin llega, aunque sea a destiempo, viajaba el recuerdo recorriendo arterias y venas, regresando a sus corazones, que son nidos de amor filial del que jamás emprendieron el vuelo. Y reconfortaba sus almas ahogadas en llanto. Y disipaba, al fin,  una enorme mancha oscura, que no era otra cosa sino la pena.


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65 comentarios  -  Escribe aquí tu comentario

lo dijo WILLOW ♥ 24 octubre 2011 | 11:23 AM

¡Kaixo mi zeru!

Cuanto te he echado de menos por estos lares, sin ti estaba totalmente fuera de lugar, me sentía más rarita que de costumbre, y sabes que hablando de rarezas, ni los Heroes del silencio me ganan.
Al leerte he vuelto a sentir el mismo cosquilleo en el estómago de cuando me contaste la historia este verano, cosquilleo y una pequeña nausea al ver que "manque pasen los años, semos los mesmos" sobre todo en cuanto a memoria histórica se trata. ¿Cuando dejaremos de ser dos Españas? ¿cuando? ¿hasta cuando habrá que pagar por lo que hicieron los que ya no están? ¿es que hay que seguir pagando por una guerra que no tuvo ningún sentido entonces, y mucho menos lo tiene ahora? es vergonzoso zeru, lo que ha pasado en esta ocasion con este "homenaje" que más bien parecía un "paseo hasta la pared del cementerio" de nuevo, ha sido vergonzoso por parte de "los que mandan"....yo me quedo con la imagen del final, esas manos con arrugas que guardan entre pliegue y pliegue muchas lágrimas y muchos pesares, y en cada pétalo de rosa, un beso por los que ya no están.

Que feliz me hace tenerte aqui de nuevo....

un dulcísimo beso mi zeru!

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lo dijo viajera 24 octubre 2011 | 12:54 PM

Hola caballero, tienes razon en que no conocemos nuestra historia,en el cole tratabamos la historia Americana como propia o casi, las guerras punicas y asi un corto etc pero la nuestra no se tocaba,creo que no existira una verdadera democracia hasta que seamos capaces de entender mejor las cosas y no pensemos que un muert vale mas que otro
sino que en una guerra de hermanos ,todos somos perdedores
besitos

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lo dijo Sorti 24 octubre 2011 | 1:34 PM

Hoy su ínsula es menos etérea que nunca... Hoy nos arrastra por el suelo de esa realidad pasada, que conforma la presente.
Se ha hablado mucho del tema, pero nunca será suficiente si con ello se calma la pena y la rabia y se aprende de ese pasado manchado de sangre que hemos heredado tan indignamente.

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lo dijo abuela normanda 24 octubre 2011 | 1:41 PM

Si, fue una guerra infame que aún las secuelas no han rterminado. Los niños que nacimos después de la guerra, todavía tenemos y tendremos los traumas. Viví en un hogar con un odio inmenso al "ganador" que para no no había ganadores, todos eran perdedores. Y para mí, según he ido leyendo hechos de uno y otro bando, son todos iguales, asesinaron tanto unos como otros. Pienso que no debemos olvidar, pero si educar al no odio. Estoy cansada de las dos Españas, que lo único que consigue es, que no avancemos. Y aquellos que dicen que no conocen nuestra historia, será porque no se han preocupado por ello, ya que información hay y mucha. El fanatismo ya que no debe tener cabida. Mi padre no pensé en el daño que hizo a sus hijos por su amargura a sentirse "perdedor" Ahora le entiendo un poquito más, ya que él junto a su padre, mi abuelo, lo perdió todo en la guerra, lo que mi abuelo había logrado antes de la guerra se perdió y tuvo que empezar de cero siendo ya muy mayor´.
Me gustaría saber la edad que tiene Viajera, si es de mi edad, vale lo que dice, pero si es mucho más joven que yo no,
Me alegro y mucho de verte de nuevo por estos lares, poco a poco os váis incorporando algo que me alegra mucho, mucho.
besitos

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lo dijo cornwall 24 octubre 2011 | 1:50 PM

Tu post es magnífico. Es cierto que parece que han pasado muchos años, pero desgraciadamente esas formas de pensar tan radicales aún existen; sé que en ciertos pueblos pequeños parece que subsiste ese estúpido odio antiguo y los recuerdos en muchos casos permanecen. Es terrible pensar que la gente pueda matarse por pensar de forma diferente y odiarse de esa manera. Te recomiendo a propósito un libro, no sé si lo conocerás o ya lo tendrás, que viene muy bien al caso. Se titula La Guerra Civil en la frontera, y es de Pío Baroja. Un testimonio veraz y escalofriante de la locura de aquellos días. Me alegro de tu vuelta, se te echaba de menos. Un beso.

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lo dijo Sabrina 24 octubre 2011 | 2:37 PM

¡Bienvenido Chico guapo!

Un post fabuloso, y es que cosas como estas se echaban de menos en estas arenas, por el tema, por el registro y por la forma de contarlo, cosa que solo tú sabes hacer, de verdad. A mi me han contado cosas de la guerra civil, mi abuelo paterno estuvo en la batalla del Ebro, y nos contaba cosas terrorificas, y lo peor, fue al final de la guerra, las represalias contra el bando perdedor y las acusaciones entre vecinos, amigos e incluso familia.

Podemos perder mil guerras, pero jamás la memoria histórica Caballero.
besos gota a gota!

pd, ahora se porque tu chica ha publicado y ayer no me dijo nada, volveis a estar juntitos aqui tambien, y asi, de la manita, las cosas se hacen mejor. Que envidia os tengo. Ah! y felicidades por partida triple, que contigo una no puede nunca ponerse al día, te lo llevas todo.

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lo dijo EMMA 24 octubre 2011 | 3:26 PM

¡Que sorpresa verte de vuelta! ¿que tal el brazo?
Con los años que han pasado ya y seguimos a la greña unos con otros, sin poder o querer olvidar. besossss

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lo dijo eva39 24 octubre 2011 | 4:04 PM

¡Bienvenida seas ,memoria histórica!A ver si ésta nos sirve para que, nosotros y los que vienen detrás, no repitamos los errores del pasado.Un saludo.

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lo dijo vicentita 24 octubre 2011 | 4:56 PM

Hola, me alegra volver a verte en LDA. Ha pasado un poco de tiempo y creo que con el post de hoy estas arenas se llenan de emoción con tus palabras y reflexiones, gracias por compartir vivencias y mostrar ese trozo de la historia.
http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/eduardo-montagut
Me he permitido dejarte una dirección.
Recibe un cordial saludo.

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lo dijo B-Gest 24 octubre 2011 | 5:51 PM

¡¡ Qué alegría !! Si te soy sincera, dudaba de volver a pasar estos maravillosos momentos de lectura, que nos regalas, pero por suerte estoy aquí y he disfrutado de nuevo leyendote.Mis abuelas siempre han comentado, que la peor guerra, es la civil, donde se matan hermanos, vecinos, amigos ...entre ellos, las otras eran todos juntos , contra otros y llevan razón.Estoy totalmente de acuerdo contigo, tenemos que sabet nuestro pasado, para no volver a caer, yo nací después del franquismo y leo todo lo que puedo, para conocer la historia de un lado y del otro. Mira, a mi hijo ya con seis años le dejaba ver conmigo, el primer cuarto de hora de cuentame, el sabía, con 6 que tuvimos una persona, que gobernaba que no podias decir lo que pensabas, me acuerdo una escena de los grises entrando a palos en la univers., su cara era un poema, siempre lo he pensado, si lo conocen y conocemos, al saberlo es mas difilcil, vendernos una idea.Queda aun mucho por resolver, hasta que los muertos no esten enterrados como toca, estaremos en deuda con ellos. Creo , que es de lógica, que esto se arregle de una vez. Con el rencor y el odio, no avanzamos a ninguna parte. Un post magistral, gracias maestro por volver, hoy me has echo muy feliz con tu vuelta. Besos y feliz semana.

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lo dijo jesenska 24 octubre 2011 | 6:00 PM

Una vez más, otro ejemplo de que es IMPOSIBLE escribir la Historia tal cual ocurrió. No hay objetividad. ¿Quién puede tener el conocimiento absoluto de todo lo que sucede, aunque haya sido en un instante? Cada uno ve su parte. Hace falta que varios junten las distintas partes, y pueda armarse un puzzle lo más parecido posible a lo verdaderamente ocurrido.

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lo dijo blackpilen 24 octubre 2011 | 7:05 PM

Hola, acabo de leer todo, lo escrito por ti y lo contestado por los demás, y creo que voy a ser "rara" e incluso habrá quien no me entienda. Desde que salió este tema llevo oyendo de todo, pero lo que me hace hervir la sangre es que ciertas personas que se consideran cristianas, creyentes y "muy"practicantes las he oido decir que con esto se gasta mucho dinero y que "qué tontería andar removiendo la tierra" a lo cual yo respondí: ¿y si fuese, tu padre, o un familiar tuyo el que estuviese en esa cuneta?, tú, que cada sábado llevas flores al cementerio porque sabes donde está tu pariente.
Como veis, creo que hay demasiada gente sin empatía ninguna y que mientras ellos estén bien, a los demás que los zurzan. Hasta pronto.

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lo dijo carme 24 octubre 2011 | 9:04 PM

Hola. Largas vacaciones las tuyas. Un escrito interesante el de hoy. Creo que tienes razón y que los que nacieron en democracia deberían conocer la historia, esa historia que no todos lo que vivieron en dictadura quieren ya contar. Creo que la herida de la guerra sigue sin cerrarse, casos como el que explicas lo demuestran, la sombra de la larga dictadura todavía sigue proyectándose. Tal vez todos seamos algo responsables de tantos olvidos y desidia.
Un beso.

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lo dijo vicentita 24 octubre 2011 | 9:37 PM

Hola, de nuevo, Caballero.
Es imposible dejarte una nota en tu página general así que, he de agradecerte aquí tu comentario y ddesearte una feliz lectura del libro recomendado, amigo mío.
Por supuesto, cuenta conmigo para hacer la propaganda de tus libros pero ya sabes que he de leerlos antes o, al menos, un avance de los mismos, no recomiendo nada sin antes haberlo leído, no he fijado tarifas de manager pero hasta hoy, me han ofrecido una horchata, je, je, je...
Bueno, un cordial saludo.

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lo dijo princesalidia 25 octubre 2011 | 10:44 AM

Somos unos auténticos ignorantes en cuanto a la historia de nuestro país, y yo la mayor de ellas.
Hay cosas que el tiempo no borra, no calma, y está es una de ellas. Hay dos bandos y creo que seguirá habiéndolos.
Me encanta ver tu casa con las ventanas abiertas.
Un besooooooooo

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lo dijo angie-eric 25 octubre 2011 | 11:44 AM

Gracias por pasarte por mi blog, pero leete algun libro de evasion , escribes genial pero el tema esta pasado y enterrado por el bien de España y de los españoles,vete a Mallorca que tanto te gusta

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lo dijo imara 25 octubre 2011 | 12:07 PM

Me he emocionado profundamente leyemdo tu post. Dificil condición humana, capaz de tanta cosa hermosa y tanta atrocidad... Muchas gracias por esta palabras. Bss

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lo dijo meiga 25 octubre 2011 | 1:08 PM

Espero que todas estas cosas no se borren de nuestra memoria para no repetirlas...
Un beso

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lo dijo Extranjera 25 octubre 2011 | 2:37 PM

Hola Caballero!
¡¡Que ganas tenia de que volvieras!!. Como puedes leer se te echaba mucho menos, no sólo yo, sino tambien muchos arener@s.
Vaya regreso, un post con un tema que nos pone los sentimientos a flor de piel. Nos hace recordar de lo que es capaz el ser humano.
Besos y abrazos de alegría,lu

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lo dijo Erick Sarff 25 octubre 2011 | 6:47 PM

Hola Caballero, que gusto volver a verte de nuevo por estas arenas..., ya se te extrañaba en serio, hacia falta una espada que destellara sabiduria como tu espada Caballero,

Tu historia me ha dejado perplejo, nunca se es facil olvidar el pasado cuando está manchada de sangre y lagrimas, pero la sangre del pasado nos deja mucha sabiduria y dignidad en el presente, para no llorar en el futuro.

Un fuerte abrazo Caballero.

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