Jacqueline du Pré (1945-1987)
Mi intención primera era hacer una semblanza de Jacqueline du Pré, pero hay gente que tiene más información y conocimientos que yo, así que le dejo el trabajo a otros.
De ella, os diré que su forma de tocar el violonchelo es excepcional. Cuando me dejaron el primer disco, me entusiasmé. Siempre me había gustado ese instrumento. Es una de las grandes, sin lugar a dudas. Su vida, atormentada, pues la enfermedad se cruzó en su camino.
Junto con el poeta catalán Martí i Pol es una de mis ídolos; dos personas que tuvieron que lidiar contra ellos mismos y contra una enfermedad tan dura como la esclerosis.
En 1972 Jacqueline Du Pré dio su último concierto. Estaba en Nueva York, junto al afamado violinista Pinchas Zukerman, ambos dispuestos a enfrentarse al Doble concierto de Brahms bajo la batuta de Leonard Bernstein. Pero Jackie, como la llamaban sus amigos, casi no pudo abrir los cierres del estuche del violonchelo y Bernstein, pensando que se trataba de un ataque de nervios, la convenció de que siguiera adelante. Muy poca gente sabía la verdad: ya no sentía sus dedos. Sin tacto, la música de Brahms se le transformó en un océano sin puntos de referencia y el mástil del instrumento en un intrincado rompecabezas donde tenía que calcular a ojo dónde iba posando las yemas. Unos meses después le fue diagnosticada una esclerosis múltiple.
Cuatro años atrás la enfermedad había empezado a declarar sus síntomas, pero no fue hasta aquel concierto con la Filarmónica de Nueva York, cuando Jacqueline Du Pré comprendió que había terminado su idilio con la música. Tenía apenas 28 años. Unos meses antes, en diciembre de 1971, había realizado sus dos últimas grabaciones: la Sonata para violonchelo y piano en sol menor, de Chopin, y una adaptación para violonchelo de la Sonata para violín en la, de Cesar Franck. Junto a ella, en el estudio de grabación de Abbey Road, estaban los dos amigos que la acompañaron hasta el final: su esposo, el pianista Daniel Barenboim, y ese otro cuerpo curvilíneo que no le falló jamás, un violonchelo Stradivarius que había pertenecido a un virtuoso ruso y que tenía caprichos de niño mimado.
Antes de aquel terrible diagnóstico, Jac-queline Du Pré lo tenía todo. Talento, inteligencia, belleza. Estaba considerada la mejor violonchelista de su generación, con un sonido único, apasionado e intenso, comparable únicamente a Rostropovich y a Casals. Pero, dada su juventud, sus posibilidades eran ilimitadas. Sus versiones de los conciertos de Dvorak y Schumann se convirtieron en auténticas referencias, y la grabación que hizo en 1965 del concierto de Elgar dejó boquiabierta a la crítica y la lanzó al estrellato mundial. Escoltándola en aquel disco legendario estaba la Orquesta Sinfónica de Londres, dirigida por sir John Barbirolli, un viejo director de 65 años, vehemente y espléndido, que había conocido a Elgar en persona y que incluso tocaba en la sección de cuerdas (un violonchelo precisamente) el día del estreno. Cuando le preguntaron acerca de qué opinaba acerca de la interpretación de aquella jovencita de 20 años, Barbirolli sonrió: «Mucha gente la acusa de entregarse demasiado, pero yo la adoro. Si no derrochas en exceso cuando eres joven, ¿qué harás cuando seas viejo?»
Ciertamente, Du Pré se daba a manos llenas, se entregaba a fondo en cada concierto, en cada pasaje, en cada nota. Como si supiera que en realidad no le quedaba mucho tiempo, que la vejez prevista por Barbirolli nunca llegaría. Cuando se arqueaba en medio de un pasaje tumultuoso, luchando con la música, su hermoso cuerpo parecía otro violonchelo lleno de curvas y relámpagos: una sirena surgida de un sueño.
Sin embargo, aquella belleza suya tan carnal, tan sensual, estaba matizada por un halo de espiritualidad, acariciada por un toque de travesura. En las fotos, a veces, parece un ángel descendido a la Tierra; otras veces, la alegría le traspasa la cara y bajo la majestuosa melena rubia aparece una niña sonriente que acaricia el violonchelo como si jugara. Detrás de aquella muchacha alta y esbelta, guapa al viejo estilo, que apenas se maquillaba, sigue latiendo algo de la tristeza de los niños prodigio, las horas encadenadas a la servidumbre del instrumento y a la minuciosa tortura de las digitaciones.
Jacqueline Du Pré se enamoró del sonido triste y profundo del violonchelo desde la primera vez que lo escuchó por la radio.Tenía cinco años, un don natural para la música y aquel quejido doloroso, aquel lamento tan semejante a la voz humana, le tocó el corazón. Tuvo a algunos de los más grandes virtuosos del siglo como profesores, de Casals a Rostropovich pasando por Tortelier, pero siempre prefirió por encima de todos ellos a William Pleeth, su querido profesor de la Guildhall School of Music and Drama de Londres.
Durante la adolescencia, su talento fabuloso la aisló del mundo, y cuando años después, en 1966, conoció a Daniel Barenboim, supo ver bajo el encanto de aquel joven virtuoso del piano la soledad enclaustrada de otro niño prodigio, regordete y con pantalones cortos.
Un año después ella se convirtió al judaísmo y se casó con Barenboim en una ceremonia en la que el director Zubin Metha ofició de testigo. Los tres formaban el núcleo de un conjunto de brillantes músicos judíos que algunos definieron maliciosamente como la Kosher Nostra y en donde había nombres tan prestigiosos como Isaac Stern, Itzhak Perlman y Pinchas Zukerman.
El instinto musical de Du Pré unido a la inteligencia de Barenboim floreció en un puñado de grabaciones bellísimas, entre otras, los ciclos completos de las Sonatas para violonchelo y piano de Brahms y Beethoven. Fue una de las relaciones más hermosas y fructíferas de la historia de la música, trágicamente truncada por la enfermedad de Jackie, que ocupó 18 de los 20 años del matrimonio, hasta la muerte de ella. «Como toqué con ella jamás he vuelto a tocar con nadie», ha dicho Barenboim, que sintió cómo una parte de él se había marchitado para siempre. No fue el único: en enero de 1988, durante el elogio fúnebre en memoria de Jacqueline Du Pré, Zubin Metha contó cómo unos días antes estaba intentando ensayar el concierto de Elgar junto a un célebre solista y no pudo evitar que se le llenaran los ojos de lágrimas: «¿Estás pensando en ella, verdad?». Metha bajó la batuta y dijo: «Nunca volveré a dirigir esta música».
El bellísimo concierto de Elgar, con el desgarro de su arañazo inicial y su conmovedor lamento de un anciano al término de sus días, era la música que Jackie, en los días malos de su enfermedad, escogía para reemplazar la sensación física del llanto. La esclerosis múltiple se lo había quitado todo: la música, el movimiento, la gracia, la dignidad, incluso el alivio de llorar. Pero aun así, postrada en su silla de ruedas, siguió dando clase a sus alumnos, intentando transmitir a otros la belleza que ella ya no podía tejer, sin desprenderse jamás de su amado violonchelo que había acariciado por última vez tantos años atrás. ¿Está en la última grabación que realizó, escondida en las entrañas del tempo lento de la sonata de Franck, la despedida final, el adiós a toda la música que ya no sonaría, el silencio definitivo de ese otro cuerpo de madera encerrado en su estuche, el temor a que las manos no respondan, el miedo a irse secando poco a poco, de las hojas a las raíces, como un árbol que se dobla hacia la muerte? ¿Sabía todo eso Jackie mientras sostenía delicadamente el arco en Abbey Road, lo sabía alguna parte de ella, su corazón, sus dedos?
¿Conocía premonitoriamente el espanto preñado en los años venideros, todos los tormentos de la enfermedad, y los fue sembrando a lo largo de la sonata de Franck? ¿Puede un intérprete clásico expresar su propia sangre sobre la sangre escrita, gritar por encima del grito indeleble del compositor?
Sin embargo, para el momento final, Jackie no escogió a Franck, ni a Dvorak, ni siquiera a Elgar, sino el delicadísimo y turbulento Concierto para violonchelo de Robert Schumann, una obra que el desdichado músico alemán compuso ya al borde de la locura y que ella misma había grabado en su juventud. Por encima del tiempo y de la muerte, por encima de la música y de Schumann, mientras su cabeza moribunda reposa en la almohada, Jackie sigue gritando.
Por David Torres
Hay un artículo con más videos e imágenes aquí.
Dedicado a Kitti, por ser tan paciente conmigo.Denunciar contenidos
18 comentarios - Escribe aquí tu comentario
Hola, a mí también me gusta lo que más el violonchelo y el concierto de Elgar tocado por Jaqueline Du Pré, es estupendo. Saludos.
Denunciar contenidosGracias, reina.
Te prepararé algo, friki, pero con mucho amor.
Llueve mucho, así que si no escampa no podré ir a ver a Javier: la carretera lloviendo me produce pánico.
Besos.
PD: Una de las cosas más bonitas que me están pasando últimamente es ser paciente contigo. Ya ves que soy muy espiritual.
Aquí ha escampado. Estoy repasando lo que tengo que explicar mañana: Descartes y Rawls.
Espero con gusto lo friki. Yo también soy un poco friki por momentos, aunque en el blog me corto un poco (voy de seria). ¿Conocías a Jacqueline? A mí me encanta, aunque todo hay que decirlo, el cello es triste tristísimo, pero siempre soñé con tocarlo (lo que pasa es que falta la vena musical en mi familia). Otro día pongo algo de Martí Pol. Lo pasí³ bastante mal, pero al pie de la batalla.
Espero que el tiempo mejore por ahí y puedas hacer esa visita.
Un abrazo,
Noe.
No la conocía. Me encanta.
Tengo poco bagaje en el tema música clásica, aunque si voy a un concierto no hay nadie que disfrute como yo. Mi amigo Pedro ve los fallos, pero mi ignorancia me hace pensar que todo es magnífico.
Yo hace tiempo que no voy a ningún concierto. Tengo un buen lote de música clásica en el ordenador, uno de mis preferidos: Bach, La pasií³n según San Mateo. Está muy bien, si puedes conseguirla, hazte con ella. Es muy bonita.
Ay, ahora por la tarde me ausento, tengo que dar unas clases particulares. (estoy superatareada, como puedes ver). Pásatelo bien.
El arte de la música es el que más cercano se halla de las lágrimas y los recuerdos.Música, Lágrimas, Recuerdos.
Oscar Wilde
hola bueno queria decirte que es algo muy lindo que hiciste por jakye porque es una idola para mi algun dia quisiera tocar con 1/3 de la pasion con que ella lo hacia y por todo lo que fue es admirable que haya personas que la admiren tanto...
Denunciar contenidosSOY UNA FANS DE JAQUELINE DU PRE , TUVE LA SUERTE DE VERLA TOCAR EN DIRECTO,POR AQUEL TIEMPO YO ERA ESTUDIANTE DE VIOLONCHELO, ME IMPRESIONO TANTO EL SONIDO QUE LE SACABA AL VIOLONCHELO QUE LO TENGO GRABADO EN MI MENTE. SIEMPRE LA LLEVO EN MI PENSAMIENTO.
Denunciar contenidosSOY UNA FANS DE JAQUELINE DU PRE , TUVE LA SUERTE DE VERLA TOCAR EN DIRECTO,POR AQUEL TIEMPO YO ERA ESTUDIANTE DE VIOLONCHELO, ME IMPRESIONO TANTO EL SONIDO QUE LE SACABA AL VIOLONCHELO QUE LO TENGO GRABADO EN MI MENTE. SIEMPRE LA LLEVO EN MI PENSAMIENTO.
Denunciar contenidoshola ,bueno yo tambien soy violonchelista y creo que jacqueline du pre fue lo mejor yo creo
que su sonido no se compara , su vida fue corta pero tubo mucho exito sobre todo cuando interpretaba en concierto en mi menor de edgar elgar una hermosura era su especialidad yo creo que ella es la mejor interprete de tan hermosa composicion , ella fue lo mejor y no creo que llege algun cellista mejor que ella
chao
Que comentarios tan "culturosos", Des pués de leer sobre J. Du pré, aparecen referencias a Rawls y Descartes. Y como si fuera poco en uin diálogo entre dos seres que nadie conoce ni interesan. ¿Por qué no se hablan por teléfono?
A propí³sito de lo que sí importa: Jacqueline Du Pré, una excepcional, grandiosa e inigualable intérprete.
Baremboin no estuvo con ella hasta el final, ni siquiera al principio. Se enamorí³ de lo que ella representaba y no de 'ella' por eso la abandoní³ cuando ya no era una gran cellista. Aunque a ojos de otros cellistas siga siendo la mejor.
Denunciar contenidosGracias por este reportaje tan fino y poético. Encontré la informacií³n que buscaba acerca de ella, en cuanto a su obra, en una palabra es "magnífica". El único reparo que tengo con esto es el tamaño de la letra, muy pequeña.
Denunciar contenidosNunca pude separar a la bella mujer de la genial intérprete. Ambas cosas me envolvían para experimentar el momento más sublime de mi vida de melí³mano.Gracias Jacqueline.
Denunciar contenidosincreible jacqueline du pre es un enigma sin resolver, para mi es la mejor cellista que ha existido y la que mejor a sabido transmitir la musica poniendole sentimiento a cada sonido, que siempre quedara vivo por muchos años que pasen. yo personalmente, le doy las gracias a ella por haberme hecho amar tanto a mi instrumento, el cello, gracias a su interpretacion.
Denunciar contenidosIncreible Jacqueline du Pre! Para mi gusto es y sera la mejor interprete y porsupuesto, la que mejor transmite todo tipo de sentimientos y se entrega en cada sonido.
Yo, personalmente, le doy la gracias mil veces por haberme hecho amar a mi instrumento (el cello) y a la musican que ella entregaba de sus manos.
Porque siempre seguira vivo su espiritu de angel de la musica por mucho que pase el tiempo.
Se te descubrió
tu gran secreto.
Los diálogos con Jesús
murierón la noche
de tus veintiocho años
JACQUELINE DU PRÉ
porqué nos abandonaste ?
Para tocar en el más allá ,
sabiendo que tu ausencia
es dolor ,llanto y
brutal desolación .
JACQUELINE DU PRÉ
Esto...tampoco te perdona
el mundo...que más???
JACQUELINE DU PRÉ!!!!