"Terror en las arenas": Plural
Todo ocurrió tan rápido que ni tiempo tuvo de verle la cara a quien le golpeó en la nuca. En pocos segundos le habían arrancado la cazadora y saqueado todos los bolsillos del pantalón sin oponer resistencia.
Desorientado e incapaz de pedir ayuda permaneció unos minutos tumbado en el callejón. Nunca le habían robado y no sabía qué hacer excepto caminar hacia su casa y gritar "¡salvo!". Ya habría tiempo, quizás mañana, para la denuncia.
Apretó el botón de su piso apoyando la espalda dolorida en la pared. No tardó en oír la voz de su mujer por el altavoz:
-¿Quién es?
-Abre, no tengo llaves.
Silencio. Llamó de nuevo, maldiciendo su suerte:
-¡Hostias, Tere, no estoy para bromas, ábreme!
Aún tuvo que insistir tres veces más para volver a oír la voz metálica:
-No sé quién es usted. Mi marido va a llamar a la policía si no deja de molestar.
Perplejo, vio una silueta de hombre que le observaba en el marco de la ventana.
-Muy bien, llámales- pensó- y después les explicas qué hace ese tipo en mi casa.
Se sentó a esperar en el umbral. No era capaz de poner en orden su cabeza, ni siquiera sentía rabia; lo más parecido, tal vez, era esa sensación de estar perdido en un centro comercial cuando se es niño. A él siempre le habían dicho que cuando ocurriera algo así se dirigiera a una caja para que llamaran a sus papás. Pero ahí no había cajas, ni señoritas con patines, sólo la policía a punto de llegar y él, ahora caía, iba indocumentado, le habían robado el móvil, las llaves, incluso la factura arrugada del tinte que guardaba en el bolsillo trasero; cualquier cosa, en fin, que pudiera identificarle.
Anduvo horas sin saber a dónde dirigirse, esperando que alguna idea inspiradora se colara en su cabeza golpeada y tomara el mando de la situación. Cuando quiso darse cuenta se había alejado demasiado de la ciudad. Aquí y allá se veían chabolas que apenas se sostenían con la buena intención de quienes las levantaron. Grupos de indigentes empezaban a empujar sus carros para aprovisionarse en contenedores que a esas horas ya estaban a rebosar.
-Ahí tienes a tus chicas en patines- Rió por dentro.
No se encontraba en el mejor sitio pero, al fin y al cabo, ¿qué más podían robarle?
Seguía esperando que la idea iluminadora le alcanzara pero no fue ésta, sino un chiquillo enclenque cubierto de mugre, con un abrigo diez tallas más grande y una gorra de "Kas limón".
-Un mal día, ¿eh?
-No es el mejor de mi vida, pero casi...¡Bah! sólo es una pesadilla, en cualquier momento despertaré y todo habrá terminado.
El niño chasqueó la lengua y puso los ojos en blanco.
Ese gesto lo reconoció como propio. Y puede que también la gorra, recordaba vagamente haber tenido una igual.
Se acercó más al saquito de huesos. La escasa luz no ayudaba mucho, pero juraría que aquel niño era él. El miedo repentino le retorció por dentro, trenzándole los intestinos y provocándole arcadas.
Cayó de rodillas y le sacudió por los hombros:
-¡Dime que no estoy muerto!
Como si ya hubiera oído esa frase en multitud de ocasiones, contestó impasible:
-Si estar vivo es respirar, entonces no, no estás muerto.
-Peor aún...¿en qué me he convertido?, ¿quién soy, qué somos?
-Yo. Todos somos yo, en el sentido más amplio de la palabra.
-¿Todos?...¿quiénes?, ¿cuántos más?
-Tantos como veces decidiste- Rectificó- decidí.
Seguía doblado delante de él, sollozando, como si alguien hubiera intercambiado los papeles. Merecía una explicación, pero no se atrevía a escucharla.
-¿Cuántas veces te has preguntado qué sería de tu vida si hubieras hecho lo otro y no esto?
-Miles.
-Entonces ya te has contestado. Somos miles: tú, yo, el hombre que viste en casa,...No, no me mires así. Él (o sea, nuestro otro yo) decidió coger el bus al salir del trabajo, pero tú (te llamaré así para no confundirte) pensaste que un paseíto andando te despejaría. Tu "yo" alternativo llegó sano y salvo, pero a ti no te fue tan bien.
-¿Y tú, qué "yo" eres tú?
-El que estando castigado decidió salir con la bici a escondidas. Estuvieron días buscándonos...¿qué fue de mamá?
El vértigo le zarandeaba. No era más que una réplica exacta de él mismo, una simple alternativa, una opción más de tantas que tomó a lo largo de los años. Vivía paralelamente, pero el mundo no había cambiado, ni tampoco el tiempo, todo era un maldito bucle que giraba en espiral.
Debía recuperar su identidad, la unidad, ser uno sólo. Entonces lo entendió todo: una moto saliéndose de la calzada que casi le atropelló, la rutinaria operación de apendicitis que le mandó a la UCI por unos días, el fallo de los frenos de su coche, ese golpe en la nuca hacía unas horas,,,No querían su reloj de imitación, sino su vida. La única manera de recuperarla era acabar con los demás.
Pero ya era tarde. De rodillas, así como estaba, fue fácil hundirle la pata de cabra en el hígado.
Sólo le dio tiempo a escuchar en otra boca su propia risa.
-Uno menos.
Satisfecho, chasqueó la lengua, puso los ojos en blanco y se ajustó la gorra antes de encaminarse a la ciudad.
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`Sorprendente y fascinante este plural, Mar, me ha encantado como lo has enfrentado con todo lo que pudo haber sido.
Un beso
Excelente relato, bien desarrollado y resuelto. Muerto o no, había que reintegrarse, dejar de ser ese hombre múltiple y dividido. ¡Vamos por otro más! Saludos.
Denunciar contenidosy las ganas de volver a leerte...
magnifico principio del final.
todos tenemos un puente para ir a vivir en el momento de morir en vida
un besazo
Volver a empezar.
Tu relato al principio me confundio, después, ya no.
Un besooo
Ufff, terror psicológico, posiblemente el peor de todos jejeje Me ha gustado mucho. Corto pero muy intenso.
Salu2
Hola Mar!!
¡ me ha encantado tu relato niña! El primer dia del resto de una vida ¡ begin to begin! realmente muy bueno, al principio andaba perdido, pero al final ¡ me he encontrado de nuevo! menos que nosotros los que leemos, aun estamos entre los vivos.....¿ o no? jejeje...
miles de besetsssssssssssssssssssss.
Hola Mar,
un relato estupendo, que escalofriante pensar que otros yo's míos nacidos de cada decisión contraria puedan estarme esperando para atropellarme, operarme mal o darme un golpe en cualquier callejón brrr. Aunque el cuento parece asumir que el "yo" principal de la historia es el envidiado, el que ha labrado un mejor camino con sus decisiones. En ese caso, no vendrán a por mí.
No es una idea tan descabellada, Artemis, hace ya tiempo que me ronda en la cabeza. Una vez me dijeron "elijas lo que elijas, no pienses en qué pudo haber sido", pero si ese "sido" sigue siendo en alguna parte. Yo, desdeluego, no me he topado con ninguna copia, pero pienso que a algún sitio pueden ir a parar. Estamos en la era del reciclaje, ¿no?, en la que todo se aprovecha.
Bufff! mejor no lo pienso, a veces no puedo conmigo misma así que varias más...
Te agradezco la visita.
Sacando cuentas, así a grosso modo, me salen 1194 decisiones de promedio en una vida de....jejeje X años, así que necesitaria varios tirachinas de recambio, amén de buena puntería y además...ufff no!, es que ser mala debe llevar mucho trabajo.
Mejor montamos un club de cualquier cosa con nuestras réplicas y todos contentos. O casi mejor, las usamos para las ocasiones esas que dan tanta pereza, ya sabes, la comunión de un vecinito, guardar cola en el cine...
Me alegro de que te haya gustado, Maparo55, es un placer tenerte en casa.
Me ha parecido muy bueno. No te había leído nunca pero estoy encantada de haberlo hecho. El tema de "los otros" es fascinante.
Besos.
Ay Joanet, Joanet, la continuación te la dejo a ti porque eres un exprimidor en versión humana y seguro que le sacarías más "jugo" (en este tema eres todo un maestro).
El puente sobre el río Kwai mejor no lo cruzo, que me dan miedo las alturas y si las aguas andas revueltas...ni te cuento.
Otro azo para ti!
No me extraña, también yo me perdí nada más desmadejar el ovillo, por eso decidí "cargarme" a un tercer personaje apenas asomaba la nariz para no confundirlo más. Pero, en fin, el experimento propuesto por "el caballero" ha sido más divertido de lo que pensaba (y también mucho más difícil).
Un besote, Princesalidia.
No me hables de intensidades porque acabo de pasarme por tu blog y, como anfitrión, te ha quedado un trabajo impecable. Inmaculado, me atrevería a decir, si no fuera por esas "escasas" manchitas rojas.
Gracias por la propuesta...Por cierto, ¿habrá una próxima?
¿Estar vivo es respirar, Wilow?...jajajaja ¡claro que sí!, aunque (espera, acércate para que no nos oigan) llevo ya un ratito oyendo crujidos y no me hace ni pizca de gracia. Tantas dosis de sobresaltos hoy en LDA no debe ser muy bueno para el coraçao.
Me armaré de valor...¿¡¿algún 24 horas por aquí cercaaaaaaa?!?
Requetebesos!!!!!!!!!!
Siempre he considerado que dan más miedo los vivos que los muertos. Y si esos vivos piensan, desean y sueñan exactamente igual que nosotros nadie sale con ventaja, idénticas condiciones para todos; así pues, el juego está servido.
No creo que haya envidiados, sólo instinto de supervivencia a partes iguales. Tal vez todos creeríamos que le fue mejor a quien asomaba por la ventana, pero ¿no hemos deseado alguna vez estar libres de hipotecas, broncas del jefe y pagos aplazados del coche pudiendo pedalear en una bici vieja a nuestro antojo?
No sé, empiezo a pensar que no hay buenas ni malas decisiones, lo bueno y malo depende de la manera de afrontarlas.
Un saludo, dedal0, puedes volver cuando quieras, blindaré las paredes y nadie irá por ti.
Habrá más, puedes estar segura. Otros temas distintos, eso por encima de todo. El terror ya ha cubierto su cupo. Vendrán otros temas y seguro que lo pasamos igual de bien jejeje A ver si se le ocurre a alguien de qué se podría escribir... Y no miro a nadie
Muchas gracias, acabo de ponerme de un rojo reventón que sería la envidia de los tomates de invernadero.
Nos lo hemos pasado bien inventando estas historias y eso es lo que importa, si salen mejor o peor es lo de menos.
Un besote, Unah. Nos veremos en el arenal.
Esa lentejita amarilla recién salida del higienista dental parece muy predispuesta a aportar ideas, ¿no te parece?...¿Por qué no le preguntas ya que la tienes a mano?
No me tientes, no me tieeeeeeeeentes...
Jolines Mar, despidiéndome así "puedes volver cuando quieras, blindaré las paredes y nadie irá por ti." los tomates de invernadero también me han cogido envidia a mí.
Gracias por tus bonitas palabras
El 'tempo' con el que nos haces circular por tu relato, Mar, es lo que más me ha gustado. Pero, como casi siempre, aunque esta vez su papel sea corto, lo más atractivo son tus personajes infantiles, ese ´saquito de huesos´ con desfachatez a kilos. Se te echaba de menos, espero tu vuelta sea algo más duradera. Beso.
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