¿Me quedo o me voy?
Enamoramientos estables: Existen y no son pocos. Relaciones duraderas vs. “choque y fuga”: ¿Los jóvenes de hoy somos subestimados en nuestra capacidad de compromiso?
Por: Paula Pino / Ilustración: Victor Aguilar
Existe la creencia de que en las parejas jóvenes no hay —o hay un mínimo— deseo de compromiso. Esto ha estigmatizado a las relaciones que duran varios años como casos remotos. Y si bien las experiencias sentimentales fortuitas y casuales (conocidas como de “choque y fuga&rdquo
siguen dominando en el imaginario joven, las relaciones largas son más comunes de lo que creemos.
El arte de la estabilidad
El sociólogo Federico Tong opina que, aunque algunos extienden la etapa adolescente, hay un segmento de las nuevas generaciones que tiende a ser más conservador que la generación de la revolución sexual (años 70). Por ello, temas como la virginidad y la estabilidad de pareja han sido revalorados. Esto —dice— se debería al temor al contagio de enfermedades de transmisión sexual y al deseo de ingresar pronto en la sociedad de consumo: “Hay tres decisiones básicas para el joven: insertarse laboralmente, salir de la casa de sus padres, y formar una pareja estable que ayude a resolver la búsqueda y la experimentación propias de la juventud, y les permita concentrarse en lo profesional”. Algunos encuestados para esta nota expresaron que los principales rasgos en las relaciones duraderas son la capacidad de compartir planes futuros, desear la presencia constante del otro y contar con un soporte emocional. Además, ante la pregunta ¿qué debe caracterizar a una relación estable?, respondieron: “confianza, comprensión, tranquilidad, paciencia, buena química” (Jean Pierre A., 25); “correspondencia, respeto mutuo, estar a mi lado en las buenas y malas” (Israel T., 23); “seguridad, estabilidad, equilibrio, madurez sentimental” (Jessica L., 26) o “crecimiento personal” (Pablo T., 24).
¿La mayoría se divierte?
El caso de Vanesa (23) es distinto. Tras una relación de cinco años con el chico que conoció al terminar el colegio, ahora prefiere disfrutar del equilibrio entre la soltería y las relaciones casuales: “Es por ahora, para no volver a caer en la dependencia”.
Para el psicólogo Manuel Saravia, un gran grupo sigue evitando el compromiso; es más, incluso las relaciones largas se regirían por un límite: “hasta que termine la universidad” o “hasta que consiga trabajo”. Saravia indica que esto ayuda a que la relación se prolongue “sin presión de tener que pensar en el futuro”.
Según el economista Eric Talavera Campbell (28), la búsqueda de pareja se puede comparar con un mercado de bienes y servicios. Él —autor del libro “MatriMarketing” (para el que entrevistó a 180 mujeres entre los 18 y 30 años para conocer sus expectativas sobre relaciones estables)— considera que la pareja que busca una joven de 18 años está representada por el ámbito social (el más churro, el más popular), mientras que una de 23 pasa por un proceso de “ajuste interno con relación a su mercado objetivo”; es decir, ella se da cuenta de que el príncipe azul no existe y que para encontrar una pareja estable deberá elegir “al de menor riesgo entre el resto”.
Desde otro ángulo, el psicólogo Luis Venegas opina que los jóvenes que tienen relaciones estables (y que deciden convivir) lo hacen también para evitar matrimonios fallidos, como pudo suceder con sus padres. Este grupo pertenecería a uno de los tres tipos de parejas jóvenes enumerados por Venegas: 1) “los que acuerdan unirse en forma responsable se ayudan mutuamente y hacen planes factibles”; 2) “los que sienten atracción, pero no actúan en forma responsable”; y 3) “los que buscan experimentar con el mayor número de parejas”. En este último tipo se inscribirían los entusiastas del “choque y fuga”.
Por otro lado, según Federico Tong, la motivación de las relaciones más duraderas estaría también en el modelo familiar estable: “No necesariamente el de mamá y papá casados, pero sí uno basado en los afectos y la confianza”.
Como vemos, aunque la tendencia y el paradigma actual en la búsqueda de parejas siguen siendo la casualidad, la moda, la informalidad y lo práctico, no se puede descartar que en un futuro los jóvenes nos sintamos más atraídos por los encantos y beneficios de una relación duradera.
HABLA
Lecciones de amor
Por: Fernando González-Olaechea
En todo escenario, la cuestión se reduce a elegir entre dos opciones: actúo o no actúo, me quedo o me voy, digo o no digo. Las decisiones son, finalmente, una estructura borgiana, un inacabable sendero que se bifurca. Y los asuntos del corazón no son la excepción que confirma la regla.
Buscamos una pareja o no. Si la buscamos, entonces cómo la elegimos: por la corazonada, el flechazo obstinado o, por el contrario, analizamos el panorama como un estratega desde la seguridad de un búnker antes de decidir qué ofensiva (o retirada) aplicar.
Se puede pensar que la emoción no excluye al cálculo, aunque, claro, uno siempre prima sobre el otro y eso cambia la sucesión de acontecimientos. Nos debatimos entre ser el frío estadista de sonrisas y miradas, o aquel que va, como una fuerza de la naturaleza, con la adrenalina suplantando a la sangre en la vorágine de lanzarse a la piscina (sospechando que hay piscina).
Yo soy de los últimos. Pero voy con un ritmo más pausado que el sugerido líneas arriba. No puedo ser de otra forma. En la ecuación del enamoramiento, mis desacertados cálculos son tan útiles como un salvavidas de concreto.
Cuando de elegir una pareja se trata, manda en mí la química invisible, la fascinación por el riesgo de no lograrlo, la espontaneidad del momento, el roce con la superstición. Claro, está el otro punto: ¿ella también me habrá elegido a mí? Pero ese, creo, es tema de otra columna.
Fuente: Diario El Comercio/Sic

2 comentarios - Escribe aquí tu comentario
Me ha parecido interesante el estudio este. Apuesto por las relaciones estables, no sé, a mi personalmente me gustan más. Tener a alguien al lado para lo bueno y para lo malo... Y no sé... ¡Qué a una le gusta que la mimen! jajaja Pero claro... lo malo está en que elijas a la persona que también te ha elegido a ti... Y yo en esto, tengo muchísima mala suerte... Este artículo me ha recordado a uno que leí de la relación entre el amor y el chocolate... Era interesante también jaja
¡Besitos!
wouuuuuu genial texto me ha en cantado excelente un besazooooooooo
con admiración manoly


