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ARTURO MICHELENA

servido por  reencuentroconchile 18 abril 2008 sin comentarios



Cuando cursaba el bachillerato en el liceo Martín J. Sanabria muchas tardes me escapaba, con otros compañeros, a merodear por los bares de la ciudad. Ibamos con regularidad a un bar que estaba cercano al Palacio del Gobierno Regional. Casi siempre dejaba la cháchara de mis amigos y me escabullía hasta el edificio gubernamental. Me detenía largos minutos frente a un inmenso lienzo que representa a Simón Bolívar sobre un caballo. Me llamaba la atención (y me emocionaba profundamente) el realismo intenso del cuadro. Bolívar y el caballo estaban pintados con tan perfecta exactitud que parecían respirar. El cuadro en cuestión pertenecía a Arturo Michelena y tiene por título "Bolívar en Carabobo". El cuadro enseguida pasó a formar parte en mi museo personal de mitos, se convirtió en un símbolo, en algo así como un ejemplo grandilocuente de lo que significaba pintar.
La Galería de Arte Nacional, preparó hace algún tiempo, una muestra representativa del trabajo pictórico de Arturo Michelena (1863-1898). ¿Qué puede decirnos hoy una pintura apegada al clasicismo de la más trasnochada rancidez? ¿Qué puede transmitir hoy un pintor impermeable a los nuevos derroteros vanguardistas que se desarrollaron en su tiempo?
Arturo Michelena Nació en Valencia el 16 de junio de 1863. El ambiente de su hogar era subrayadamente artístico. Su abuelo materno, Pedro Castillo, fue escultor y pintor. De la obra del abuelo de Michelena pueden mencionarse ocho murales realizados en las paredes de la casa del general Páez, los cuales representan las batallas donde participó el prócer llanero. De igual modo el padre de Michelena, Juan Antonio Michelena, fue un pintor amateur, quien al parecer se interesó por la pintura como un pretexto para visitar al pintor Pedro Castillo y estar así más cerca de la hija del pintor, Socorro Castillo, con la que luego contraería matrimonio.
Desde niño Michelena proporcionó muestra de un talento excepcional para dibujar. El autorretrato que se hizo a los once años le permite entablar amistad con el escritor Francisco Sales Pérez, amigo cercano a la familia Michelena, quien le pide al precoz artista que ilustre su libro "Costumbres venezolana".
A los veinte años en 1883 participa Michelena con dos cuadros en una exposición que se organiza, en Caracas, con motivo del centenario del nacimiento del Libertador. A pesar de no obtener ningún premio el joven pintor tiene la oportunidad de intercambiar impresiones con pintores relevantes como Martín Tovar y Tovar, Antonio Herrera Toro y Cristóbal Rojas.
De este primer contacto con pintores que asumen su oficio desde una perspectiva cosmopolita se despierta en Michelena el deseo de viajar a Europa para conocer la actividad que se desarrolla en el mundo. En 1885 el gobierno del General Joaquín Crespo concede al pintor una beca de sesenta pesos mensuales para que prosiga sus estudios en París. Este viaja el 7 de mayo del mismo año. Coincide en el viaje con el pintor Tovar y Tovar, que tiene en la Rue Montaigne un estudio.
En París el pintor valenciano recibe clases de Jean-Paul Laurens, pintor con un indiscutible manejo de la técnica, conocedor acucioso del oficio, pero carente de curiosidad creadora, quizá debido a su excesivo apego a las viejas formulas académicas. Laurens como profesor jamás quiso darse por enterado del enorme revuelo plástico que estaban causando los impresionistas y los post-impresionistas más allá de los muros de su academia. Este celo por el canon clásico, este enceguecimiento voluntario hacia nuevas formas pictóricas los trasmitió Laurens como feroz fervor a sus alumnos.

Miranda en la carraca. Óleo sobre tela. Caracas, 1886.
Con algunas semanas en París termina dos cuadros que envía al Salón de Artistas franceses. Gana una mención honorífica. No obstante este mínimo triunfo se ve empañado por la resolución del gobierno de recortar la ya escasa pensión que le hacen llegar.
Con ayuda de familiares y amigos Michelena logra quedarse en París y prosigue trabajando con ahínco. La mayoría de los cuadros realizados en el período que va de 1887 a 1889 obtienen reconocimiento en París. Su cuadro "Carlota Corday", presentado en la Gran Exposición Universal de 1889 gana la medalla de oro en primera clase. Dicho cuadro narra con serena sobriedad la hermosa altivez de Carlota Corday antes de ser trasladada al cadalso.
El fallecimiento prematuro de Arturo Michelena, moriría a los treinta y cinco años, no fue obstáculo para que dejara una obra, si no del todo acabada por lo menos de largo aliento pictórico, donde narra acontecimientos de nuestra historia con una inigualable capacidad compositiva en la que se mezclan impecable técnica pictórica y gran fuerza épica. Cuadros como "Vuelvan caras", donde el grito de Páez hace vibrar toda la escena o "Miranda en la carraca" que ahonda en el espíritu de un andariego y hombre de acción como Francisco Miranda, sumido en la más desesperanzada melancolía. Alfredo Boulton ha escrito: "Sus temas europeos y mitológicos no han llegado nunca a colocarlo a la misma altura a la que lo elevan las imágenes de Miranda, Páez y Bolívar. El artista parecía engrandecerse cuando se troca en narrador histórico. Narrador doblado de pintor capaz de transmitir un mensaje cargado de emoción". Cuando aborda temas cotidianos como el del cuadro "Desván de anticuario", Michelena se desliza hacia la enumeración minuciosa de la escena, donde todos los objetos representan un papel importante en la composición. En un cuadro como "La vara rota" lleva a la pintura hacia el realismo más transparente y de enorme fuerza poética.
Como pintor Arturo Michelena fue a lo seguro y lo seguro era la elaboración de cuadros bajo una óptica netamente académica. Fue impermeable, durante su estada parisina, al impresionismo. A diferencia de algunos artistas que fueron sus contemporáneos como Munch, Kandinsky, Matisse, Toulouse-Lautrec, Ensor, Renoir, Mondrian, los cuales se caracterizaron por su rebeldía y su afán de nuevas propuestas pictóricas, Michelena opta por la seguridad del pintar académico. Rafael Páez escribe: "Hay que pensar que Michelena llegaba de un país donde no había otra escuela que la académica, y cuya máxima gloria en pintura se llamaba Tovar y Tovar"
El virtuosismo pictórico de Michelena, su pasión por el detalle a la hora de pintar, su pulcritud en el dibujo lo ubica como un pintor de indiscutibles dotes. Pero en su pintura no hay secreto alguno, no hay pasión de búsqueda sólo buena capacidad narrativa y de composición. Su intachable técnica ha matado en sus lienzos todo asomo de pasión por nuevas formas y esto conforma una barrera significativa a la hora de valorar su pintura, la cual tuvo en alguno cuadros logros geniales de indudable trascendencia
Carlota Corday. Óleo sobre tela. París, 1889,
Miranda en la carraca. Óleo sobre tela. Caracas, 1886.
El niño enfermo (1886). Óleo sobre tela 80, 4 x 85 cm
La caridad (1888). Óleo sobre tela 288, 8 x 231,7 cm
Retrato ecuestre de Bolívar. (1888). Óleo sobre tela 305 x 211 cm
El granizo de Reims (1889). Óleo sobre tela 197 x 224 cm
La joven madre (1899). Óleo sobre tela 172 x 141,8 cm
Carlota Corday (1889). Óleo sobre tela 243,7 x 314.3 cm
Mujer oriental (1889). Óleo sobre tela 49,2 x 65,4 cm
Fantasía árabe (1889). Óleo sobre tela 87,4 x 104 cm
Soldados árabes (1890). Óleo sobre tela 65,5 x 49,3 cm
Pentesilea (1891). Óleo sobre tela 448 x659 cm
Los Morochos (1892). Óleo sobre tela 90 x 71 cm
El Ordeño (1892). Óleo sobre tela 78 x 98 cm
La vara rota (1892). Óleo sobre tela 208 x 283, 5 cm

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