El Infinito cabe en un artículo de la editorial de Revestidos
En estos festivos días he tenido el gran placer de participar como congresista en el I Congreso de la Asociación de Escritores Noveles, en Oviedo.
Mucho se habló, y de seguro se hablará, acerca de temas importantísimos para el novel, de cuestiones que tal vez no estaban bien perfiladas para algunos de nosotros y que ahora tienen mayor claridad. Personalidades, he de decir, muy competentes y otros de menor reconocimiento pero igual competencia, supieron ofrecer todo lo que el escritor novel necesita. Todo esto preparado por una minuciosa organización sin la cual el orden y la completitud del Congreso no habrían tenido lugar, no al menos de una forma tan perfecta.
Pero no era mi intención con este artículo o reseña tratar lo que todos han tratado, incluso en prensa y televisión, sino lo que pasó inadvertido para esa máquina mediática. Tampoco hablar del Comité Organizador, Junta y Gobierno de AEN, que titánica labor realizaron, ni de los autores de renombre que apoyaron el acontecimiento. Esto lo harán otros con mayor criterio que servidor.
Entonces, pensarás, ¿qué narices vas a contarme?
Pues quiero mencionar a todos los socios (y menos socios) que como yo acudieron de manera anónima, amistosa, y con ansias de aprender al Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo en este codiciado puente de la Constitución.
Sé que estas personas pueden no parecer importantes, pero también puede parecerlo esta revista.
Y todo esto es por una simple razón, las jornadas han durado varios días y en ese tiempo ha transcurrido otro gran fenómeno: que una generación entera de (como decía una mujer chilena) escritores emergentes ha tomado contacto y consciencia de sí mismos. Y lo ha hecho desde la amistad y camaradería derivada de una comprensión mutua. (¿Nos llamarán en un futuro la generación del Congreso 2007? Quien sabe.)
Por eso mis líneas van dirigidas en honor y agradecimiento a personas (antes que escritores) con las que tuve el placer de interactuar. Como por ejemplo mis acompañantes de trayecto: el hombre que ha escrito el mejor libro de relatos de los últimos cincuenta años, el profesor de música que nos transportó a otro lugar con su buena fe y paciencia o cierto allegado al mundo de la televisión que en ocasiones tenía que agachar la cabeza.
También una pareja varada entre Galicia, León y Zaragoza nos deleitó con su alegría y candor. Nos acompañó una profesora avilesina muy agradable y simpática, el doble del hermano del maño que resultó ser malagueño.
No se preocupen ustedes que el orden de los factores no altera el producto.
Se encontraba un tocayo de nombre y profesión que residía en Madrid, el sevillano y su acento inconfundible que acompañó a una viajera chilena a su hotel.
No he de dejarme en el tintero (pese a lo breve del encuentro) a la joven de Lanzarote con la que comparto camaradas, a la finalista ex-economista presencial del premio Luis Adaro (sin ánimo de eclipsar al simpático ganador) o a esa otra deliciosa pareja proveniente de Málaga y (creo recordar) Valladolid frente a los que compartí llantar.
Y si me falla la memoria a tan sólo unas horas del contacto, no me adjudiquéis delito por omitiros en mi recuerdo o por no haber podido intercambiar unas palabras. Pero no he de olvidar a ese madrileño escritor de relatos ni a su rubia paisana. O, por ejemplo, la deuda contraída con cierta mujer de acudir a su conferencia/presentación cuando vuelva por Gijón.
Y con esta rima facilona pero encantadora (digo yo) se me acuerda un señor que nos hizo sentar en el suelo para presentar su libro, o aquella entrevista que nos hicieron casi como una pequeña mesa redonda a seis personajes del panorama, yo minúsculo entre ellos, con alarma de móvil como sonido de fondo.
Con otros más crucé conversación, algún reputado escritor ex?vegetariano o el afamado corrector afincado en Madrid a quien deseo lo mejor para su regalo de Navidad.
Perdónenme de nuevo si es que mi tintero aún alberga jugo y se queda seco, pero éstos han sido unos pocos de los muchos más que merecen mención (pese a ser de manera anónima) y a los que agradezco su presencia.
Para todos mucha suerte y que lo vivido en estos intensos días cale en ese pequeño corazoncito de escritor que todos llevamos dentro.