GASA, mi princesita
Una de tantas noches
soñaba pensando en ti:
te vi niña, te vi grande,
princesa y luego mujer...
Niña de mis recuerdos,
en un ayer tan presente,
mi princesita oriental:
ecuánime como La Paz
que daba marco a esa tarde
de aquel jardín cultural.
Princesa de seda y tul
cual gasita vaporosa,
que alivia con los remedios
de la ciencia del hogar...
niña de los abanicos
tan elegante y coqueta:
para la gala de baile,
de fiesta, fotos y orgullo,
¡orgullo de la familia!
por su entusiasmo y empeño.
Nena ?dálmata?, tan tierna
con mil lunares o pecas...
mi ?huesos? que cruza vidrios
aunque se corte una pierna.
Niña grande de la escena
que nos brinda con su voz
sentimientos y poemas:
narrando cómo es su abuela,
o la Debayle de Darío
con elefantes y perlas,
para concluir filosófica
que guardemos su recuerdo,
tan sólo porque el autor
nos quiso contar un cuento:
presentando al ?buen Jesús?
que da a la inocencia premio.
Giselle Alejandra...
de mis hijos,
hasta hoy,
quien más tiempo compartimos;
años de ternura y viajes:
México, Guaymas, La Paz,
lejos de sismos y ruido,
aunque después regresamos
abandonando las playas,
nuestros amigos, la casa;
los columpios, el palomo,
Denisse, sus padres, Balandra,
mi compañero Don Carlos;
el Coromuel y otra vida
que allende del mar quedaron.
Eso fue ayer y recuerdos
ligeros para tu vida
temprana,
de ilusiones y esperanza;
cual fardos para la mía,
que te extraña y ruega a Dios:
le conceda verte grande,
convertida en esa Madre
que has soñado desde niña,
con tus hijos y pareja,
realizando a plenitud
la misión sublime y bella,
de algún día
¡como toda una mujer!
saber inspirar amor...
y a él corresponder.