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Trizier cap3: Una nueva famila

servido por  witchink 21 abril 2010 sin comentarios

 


-Me gusta este sitio. —me dijo mi hermana con aquel tono dulce e inocente que todos teníamos con siete años.

Dan sujetó la puerta hasta que nosotras pasamos. Me adentré hasta el medio del pasillo y espere a que Dan cerrase la puerta. Aquella casa me daba una sensación extraña, el papel de las paredes estaba rasgado, la mayoría de los espejos rotos por las esquinas pero aun no lo había visto todo. Dan me guió hacía unas escaleras por las que ambos subimos, la alfombra roja estaba desgastada y tenía algunos girones pero no le di importancia. Iris me agarró la mano con fuerza, aquella niña sentía mi miedo.

-No va a pasarnos nada.-dijo intentando calmarme, sin embargo eso me hirió porque yo era la hermana mayor, yo era la que debía de cuidar de Iris.

-Lo sé.

Ante mi se abría un inmenso comedor con muebles antiguos y descuidados, incluso había un diván de tela también desgastada.

-Sé lo que piensas. No es demasiado pero las habitaciones están en muy buen estado.

Yo confíe en su palabra pero cuando me quise dar cuenta aquel salón era invadido por personas que vivían allí.

-Estos son los miembros de nuestra resistencia contra las injusticias que cometen los trizier.

Me di cuenta que Dan no nombró a los drisure.

Un hombre de piel morena se sentó en uno de los sofás, parecía ser mayor, estaba calvo pero a los lados aún le quedaban resto de pelo grisáceo por su edad, se colocó las gafas, eso le dio un aire intelectual y me miró.

-Buenos días.-saludó con un tono amable que yo agradecí.

-Hola.-conteste con timidez.

Escuché el ruido de una puerta y al cabo de un momento vi como un hombre de rasgos orientales salía, su tez era pálida, sus ojos rasgados y de un color oscuro y su cabello corto oscuro y con algún que otro remolino.

-Bien te presentare a los presentes.-me dijo Dan.-El es Taro, es japonés.-Taro hizo un leve movimiento de cabeza.-y el que está leyendo es Darrell.

-Un placer señorita.-dijo con exquisitos modales.- ¿Cómo os llamáis?

-Yo me llamo Iris.-contestó mi hermana con aquella sonrisa impecable.

-Yo soy Rose.-dije yo algo más seria.

Taro se acercó a Dan y lo apartó ligeramente de donde nosotras estábamos.

-Dan, tenemos que hablar de algo muy serio.

-Está bien pero antes espera. Rose ve al pasillo y entra en la tercera puerta a la derecha, esa será tu habitación y la de Iris.-yo asentí y fui con mi hermana pero ella se sentó con rapidez en el sofá.

-Bueno Iris. ¿Cuántos años tienes?-preguntó Darrell con una profunda amabilidad.

-Tengo seis años.-apuntó señalando con los dedos de la mano izquierda.

-¡Qué mayor!-espetó Darrell.- ¿Quieres que te lea un cuento?-yo me quedé mirando la escena el señor Darrell me miró.- ¿Quieres sentarte Rose?

-No, voy a mi nueva habitación pero muchas gracias señor Darrell.

-No me llames así por favor. Tutéame.

-Está bien… Darrell ¿No le importa quedarse con mi hermana?

-No, además nos lo pasaremos muy bien leyendo un cuento ¿Verdad Iris?

-Sí, nos lo pasaremos muy bien.-y cuando escuché aquella frase me fui derecha a mi nuevo cuarto.

Hice caso a las instrucciones de Dan y fui a la habitación que Dan me había dicho pero vi que solo había una cama. La habitación era sencilla, el papel de la pared estaba mejor cuidado y los muebles no eran como los del salón estos aun guardaban brillo y esplendor, había dos puertas, abrí una y vi que era el armario que tenía algo de ropa lo que pasa que no me atrevía a cogerla, luego abrí la otra, era el cuarto de baño, tenía dos lavabos y dos duchas, los azulejos de este eran azulados y las duchas estaban separadas por pales de cristal también azul. Contemplé que el baño tenía al otro lado una puerta así que decidí curiosear, la abrí con temor a que detrás de esa puerta hubiese alguien pero cuando la abrí vi una habitación parecida a la mía, sin embargo estaba más decorada y personalizada por la persona que vivía allí que por cierto deduje que sería una chica.

Volví a mi lugar y me senté en el borde de la cama, miré al suelo sin esperar nada, cerré los ojos pero me asusté al escuchar como alguien abría mi puerta.

-Perdona.-me asuste pero cuando mire a la mujer mi susto pareció marcharse.-No era mi intención entrar así.-dijo mientras agitaba su lisa melena rubia. Tenía una belleza nórdica, era esbelta su tez muy clara y tenía unos profundos ojos grises que atrapaban a cualquiera. Su manera de vestir recordaba a la de una mujer fatal, eran unos pantalones negros ajustados con botines de imponentes tacones, su camiseta era azul marina llevaba una manga francesa y se ceñía en el costado sin embargo su estilo y ella misma dejaba rastro de su gran elegancia.

-Me llamo Elise.

-Yo Rose.-volvía a presentarme.

-Ya lo sé, Dan me ha hablado de ti. Venía a decirte que la ropa del armario es tuya. Solo era eso y bueno comentarte que puedes hacer lo que quieras y que no te preocupes por tu hermana que nosotros cuidaremos de ella.-cerró la puerta y yo me dirigí al armario.

Saqué uno vaqueros rasgados por las rodillas y luego una camiseta blanca que se ceñía por debajo del pecho. En tan solo un momento estaba vestida, deje el pijama, mi chaqueta de lana verde y la gabardina de Dan encima de la cama y salí de la habitación con calma.

Me pare en cuanto vi que estaba en el pasillo y mire al fondo de este, había una escalera de caracol que me tenía en ascuas.

La barandilla estaba fría y cuando me planté delante de ellas una presencia de aire frío me invadió pero eso no me quitó las ganas de subir.

Fue extraño, las escaleras llevaban a una azotea que por lo que comprobé anteriormente fue un piso. Escuché como alguien voceaba un nombre.

-¡Estoy sorprendida Dorian!-exclamó una chica.

Seguí rodeando el lugar hasta que di con las dos personas que estaban allí.

Una muchacha del mismo tono de piel de Darrell animaba a su compañero, me gustaba como llevaba su pelo, todo trenzado en millares de trencitas. Ella no me había visto pero a quien yo no veía era a su compañero.

Note algo detrás de mí así que me gire con rapidez pero del susto que me llevé caí al suelo, un muchacho intentó abatirme con un palo de madera ,me asuste por el imponente salto que este había dado y la rapidez de sus movimientos, pero lo peor de todo fue cuando escuché aquella risa que hizo que la vergüenza enrojecieses mis mejillas.

-¿Sabes que es de mala educación espiar?-me dijo la chica entre risas. La miré directamente a sus ojos oscuros y profundos, estaba indignada.

Me levanté yo sola y la respondí.

-Soy nueva aquí y no pretendía espiar a nadie.-contesté de mal humor.

Miré a su amigo y me quedé sin habla, el chico iba sin camiseta y sus ojos azules como un cristal estaban clavados en mi, sin embargo el no se reía pero no me gustaba nada la mirada que me dirigía.

-Mi nombre es Aya.-dijo cuando paro de reírse pero con el mismo porte sereno.-y perdona que me riese tanto pero es que ha sido buenísimo.

-Disculpas aceptadas, yo soy Rose.-ya estaba harta de presentarme tanto.-tengo dieciséis años y acabó de llegar.

-¿y qué haces aquí?-preguntó Aya mientras se sentaba en el suelo.

-Mis padres han muerto.-dije manteniendo la entereza.- y Dan me trajo aquí junto con mi hermana.-musite con resentimiento.

-Lo siento… yo tampoco tengo padres.-dijo Aya para que me sintiese comprendida.-, la única familia que tengo es mi tío Darrell y los demás.

-Supongo que ahora también serán mi nueva familia.-concedí mientras me sentaba en el suelo.

-Me alegro de no ser la única chica de dieciséis años.-parecía que aquella chica y yo habíamos congeniados sin ningún problema pero aun así me seguía mostrando desconfiada con los demás.-Perdona a Dorian.-entonces me giré y comprobé que aquel muchacho seguía entrenado con aquel palo haciendo movimientos increíbles.

-¿Dorian? Es un nombre muy antiguo.-dije aportando un poco de mis conocimientos.-como la novela de Oscar Wilde, Dorian Grey.

-¿La has leído?-me preguntó Aya.

-Sí, pero hace mucho tiempo.

-A mi tío le gustan muchos los libros. Sabe muchas historias.-me aseguró Aya.

-Eso parece, mi hermana se ha quedado escuchando un cuento con tú tío.

-le encantan los niños, es un hombre muy familiar.

-he conocido a todos a Taro a Elise, Dan, a tu tío, a ti y a Dorian.

-bueno a Dorian le has conocido mas por el susto.

-Si es verdad.-asentí pensativa.

-¿Qué te parece este lugar? ¿Te gusta?-preguntó inquieta.

-La verdad es que este lugar me resulta extraño, yo estaba acostumbrada vivir entre montañas y no en una ciudad aunque está llena de vegetación. Y la verdad creo que me gusta.

-Sí, es un lugar muy raro pero le cogerás cariño con el tiempo. Además las plantas le dan un toque exótico y muy hermoso que hace que todo esto parezca irreal.

-Para mí ya lo es. Nunca me imagine que unos drisure vendrían a mi aldea a romper la paz, además mis padres tenían pensado escapar de allí y es que según me ha contado Dan estaban hartos, supongo que esperaban que sus hijas vivieran una vida mucho más abierta pero lo que no pensaron es que ellos no estarían.

-Sé cómo te sientes, yo también perdí a mi madre pero cuando tenía diez años, por suerte estaba mi tío Darrell, desde entonces él y los demás fueron mí única familia y los que me cuidaron.

-¿Qué fue de tu padre?-pregunté, era una pregunta bastante dura que nunca me hubiera atrevido a decir pero no pude resistirme.

-A mi padre lo mataron los trizier porque para ellos era una amenaza. Yo tenía cuatro años cuando eso ocurrió, fue un duro golpe para mi madre y para mí pero con cuatro años no sabes nada.-dijo.- Sentí pena pero luego el dolor desapareció.-Aya era muy fuerte su voz no temblequeo en ningún momento al contarme su terrible experiencia.

-Se a lo que te refieres, a mi hermana le pasa algo parecido pero sé que llora conmigo por las noches. Han pasado dos o tres días desde su muerte y me encuentro muy perdida.-cuando me callé vi que al lado de Aya estaba Dorian de pie con aquel porte tan elegante y frío, se acarició su media melena negra y se retiró un mechón juguetón de la cara.

-Aya, voy a bajo, está empezando a anochecer.-me gustó su voz, sonaba heladora contenía seriedad y madurez.

-Dorian no es maleducado, solo es un poco distante.-me explicó Aya ya que el chico ni me había pedido disculpas por lo ocurrido anteriormente.

-No te preocupes no me importa que no me haga caso.

-La mayoría de las veces es así con todo el mundo.

-Contigo no.-señale con una leve sonrisa.

-Somos amigos desde hace mucho, el me ha enseñado muchas cosas sobre este mundo que desconocía.-Aya me respondió rápidamente ya que conocía lo que estaba pensando.- Tiene diecisiete años pero parece conocer todo.-me explicó para que yo no me hiciese líos con su tipo de relación.

-¿Hay algún problema con que anochezca?-pregunté por lo que había dicho antes el extraño muchacho.

-Los trizier hacen redadas por las noches, no les gusta ver a humanos dando paseos por, no te mataran pero sospecharan de  ti  y si lo haces además te pueden fichar y eso es muy grave. Si quieres podemos bajar y ver que hacen los demás.

Ambas bajamos las escaleras de caracol y yo me volví a encontrar en aquel enorme pasillo.

-¿Qué hay de cena?-pregunté al sentir como mis tripas rugían.

-Pues no lo sé pero creo que Dan cocina así que seguro que hay algo rico.- respondió Aya mientras salíamos del impresionante pasillo.

Mi hermana se había quedado dormida en el sofá y Darrell le había echado una manta por encima para que no tuviese frío. Dorian se había sentado en el sofá y permaneció callado.

-Rose, siéntate que mientras voy a preparar la mesa.-me ordenó Aya mientras se marchaba hacía la cocina.

Yo me senté al lado de Dorian ya que el otro sofá lo tenía mi hermana para ella sola.

Me gustaría haberle hablado pero no me atrevía, más o menos había hablado un poco con todos menos con él.

-Dorian ¿Cuántos años tienes?-pregunté intentando sacar una conversación aunque ya sabía la respuesta.

-Diecisiete.-respondió sin preguntarme nada a mí.

Yo hice un leve gesto y me mordí el labio yo no le caía bien a Dorian. Veía injusta su conducta por poco me mata con un estúpido palo y ni si quiera me pidió disculpas.

-Dorian ¿Por qué intentaste abalanzarte sobre mi?-pregunté intentando que le volviera a la cabeza la imagen y que me pidiese disculpas.

-¿A qué esperas para echármelo en cara?-se encaró insinuante, parecía que tenía ganas de enfadarme.

-No te lo voy a echar en cara pero ni si quiera me has pedido perdón, supongo que debías de haberlo hecho.

-¿Por qué?-preguntó el sacándome más de quicio.- Tú estabas espiando y eso también es de mala educación ¿Quién debería pedir perdón primero?

Me crucé de brazos y le miré con odio.

-No pienso pedir perdón porque no estaba espiando a nadie.

-¡Por favor! Rose eres nueva aquí y tus padres acaban de morir, necesitas ver a la gente feliz y necesitas llenarte de sensaciones porque tu ahora solo tienes penas.

Yo me levanté y me llevé una mano a la boca, estaba llorando.

Fui derecha a mi cuarto y maldije a Dorian, puse en duda lo que Aya me había dicho. Dorian no era más que un imbécil y un creído.

La historia de Trizier la publiqué en un antiguo libro de arena pero no apareció entera ¬¬

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