La blanca doble.-
— ¡Eh, chico!— Grita Matías. — ¡Tráete para acá un décimo!
— Llevo un veinticinco que está pidiendo permiso para salir desde hace un siglo y ya le toca—Mientras lo dice, el tullido enrosca su pierna en la muleta que apoya en el sobaco y muestra la ristra de los números.
— ¡No! Dame el siete y el veinticinco que espere—También Néstor y Liborio lo prefieren.
— ¿Y tu?— Me dice el tullido. Yo ni miro
—Que haya suerte—dice.
No creo que la suerte tenga nada que ver, pero hace tiempo que ni leo, ni escribo, ni duermo. Hace tiempo que no vivo. Desde aquello. Desde entonces, perplejo, no hago otra cosa que darle vueltas. Y suelo quedarme ensimismado, perdidos los ojos y el pensamiento.
El humo es denso como una nube, se oye los golpes de las fichas sobre las mesas de mármol y las risas. No hay ni una mesa vacía, las conversaciones son ruidosas, así como las voces de los camareros en la barra. El fragor de los vasos y de las botellas, de los platos y las cucharillas parecen hacer del bar de la plaza un campo de batalla en el que sobresale la ensordecedora maquina de moler café.
— ¡Tira, Juan! ¿Para qué quieres el cinco doble?— dice Matías.
Intento evitar que me rechinen los dientes de tanto apretarlos, trato de atajar la rabia, de adormecer mi alma para que no sufra, y aunque hago esfuerzos para no pensar, me resulta imposible no ver su sombra sobre la grupa de “La Negra Chica”. Desde entonces la yegua está mala lo mismo que yo.
Los tres, especialmente Liborio y Matías, están pendientes de lo que hago. Néstor va más a la suya. Tomo la ficha, la aprieto en mi mano, le paso el pulgar como si quisiera borrar sus puntos negros y despacio la pongo cruzada junto a la que acaba de jugar Matías. Néstor hace un gesto de desesperación. Miro sus caras compungidas, sin embargo no me dicen nada y sin pretenderlo me retranqueo.
No era muy tarde, faltaba algo más de una hora para que el sol dejara morir la primavera. ¡Maldita sea! Entré al establo, la luz estaba dada, -me extrañó-, la yegua parecía inquieta, la acaricié y la palmeé por debajo de la crinera. Era un gesto que me agradecía mirándome. Como siempre, le pasaba de nuevo la mano por su lomo cálido y negro, pero aquel día rehuyó la mirada, como si me temiera. De repente vi que su sombra, balanceándose la cabalgaba. ¡Dios! Me volví sobresaltado y aunque la luz de la bombilla era mortecina y amarillenta y estaba detrás de ella, me apresaron sus ojos espantados y del todo abiertos y su lengua amoratada. Sus pies, sin sustento, flotaban. No recuerdo si me acerqué o salí corriendo, o si hice algo mas. Sé que grité en la puerta y fue un chillido desgarrado llamando a Camilo. Entré de nuevo, empujé un cajón, cogí una hoz, me subí en él, la abrace con fuerza y supliqué: ¡No! ¡No! ¡Así no! Y segué la cuerda.
— ¿Qué pasa, Juan? ¿Juegas o estás con la yegua? ¿Qué te ha dicho el veterinario?
— ¡Coño, Matías! ¿Quieres dejar al muchacho? — Ataja Liborio, que va conmigo de pareja. — ¿Cómo quieres que juegue?
— ¡Si es que parece que está la silla vacía!—replica Matías.
—No sé que le pasa— digo sin levantar a penas la voz. —La he dejado malamente y con dolores. Lleva dos días quejándose… y con este calor. Camilo dice que está sombría….
— ¡Vete a saber! — dice Néstor, a mi derecha, al tiempo que derriba sobre la mesa las dos fichas que le quedan. —Paso.
— ¿Lo ves, Juan? Si es que tienen que venir a comer de mi mano— Liborio señala a Matías y a Néstor con la cabeza mientras se ríe. Coloca el cinco cuatro y me guiña un ojo. Creo que por ahí ha cerrado. No tengo fuerzas ni ganas para contar las fichas. Ni siquiera me esfuerzo en sonreírle.
—Ayer se resistió a salir — sigo, aunque no me escuchan—, tenia mal aspecto y la dejé tranquila. No quise llamar a Don Mario, pensé que le habría sentado mal cualquier cosa, pero el animal sufre. Hace tiempo que sufre. Desde aquel día. He avisado a Don Mario esta mañana, y me ha dicho que vendría antes de que cayera la tarde
—No te preocupes, será cualquier tontería. Ese animal nunca te ha dado problemas— añade Liborio. —Es una yegua estupenda.
— También la abuela era estupenda— No sé porque lo he dicho porque los tres han huido refugiándose en sus fichas.
Todo el mundo habla a gritos menos nosotros que seguimos en silencio, como una isla a la deriva. Matías que está a mi izquierda juega su ficha y me mira. Néstor se impacienta.
— ¿Qué ha sido?— Pregunto y me contesta Liborio:
—La blanca doble.
—La blanca doble— Me digo. Es curioso, así se llama la finca y así conocían a la abuela: Amelia, la dueña de la Blanca Doble. Era pequeña y enjuta, empezó a vestir de negro al quedar muy joven viuda de Don Tadeo Mesa -mi abuelo-, terrateniente y juez de paz de Cardoso, y siguió de negro para siempre por fuera y por dentro cuando perdió al mayor de sus hijos sin que nunca supiera donde mientras la guerra, y al poco también al menor de ellos por una tisis que trajo del frente.
Nunca más se consintió una risa y desterró la alegría. Mi madre y su otra hija, la Maria, no contaban para eso. Hasta que casaron solamente fueron otras tantas preocupaciones. Yo tampoco le gané nunca una sonrisa. Si acaso un gesto de melancolía cuando lograba arrancarle tres palabras seguidas al hablar de todas aquellas cosas. No solamente era enjuta, todavía era más adusta. Hacia casi tres años que no decía una sola palabra, desde que la Maria en mala hora le dijo: ¿Por qué no se calla de una vez, madre? ¡No queremos oírla! Nunca supe a propósito de qué, pero ella lo tomó al pié de la letra.
Cuando corté la cuerda me cayó encima como un saco de trigo, la saqué afuera y la dejé sobre un montón de paja. Intenté reanimarla, le quité el lazo, la abracé. Todavía estaba tibia. Arrodillado junto a ella la sacudía para que despertara, le suplicaba que viviera.
— ¿Por qué? ¡Abuela! ¿Por qué?— En sus ojos abiertos no quise ver la respuesta y se los cerré dejando la mano izquierda sobre ellos. Luego blasfemé con todas mis fuerzas. Con la impotencia que me sepultaba amenacé al cielo y pateé las puertas, las gavillas de forraje y los sacos de pienso hasta derramarlos por todo el establo. La yegua estaba asustada.
— ¡Camilo!— Volví a gritar— ¡Camilo!
El capataz venia corriendo sin resuello por el desafuero de mis gritos.
— ¡Juan! ¿Pasas o juegas?—Pregunta Néstor.
— Paso.
— ¿Qué te queda? — Me dice Liborio.
— Una .
— ¡Joder, Juan! Mala suerte tenemos. También paso—. Matías sonríe y deja caer su última ficha.
— ¿Camilo, qué ocurre?— Pregunto al ver acercarse desencajado al capataz con el sombrero en las manos.
— ¡Juan, tienes que venir! La yegua se muere.
— ¿Y Don Mario? ¿Dónde está Don Mario?
— Viene, pero temo que llega tarde.
Me levanto de un saltó y dejo caer el seis doble sobre la mesa. Cuando salgo, en la puerta el tullido ofrece la suerte para mañana.
35 comentarios - Escribe aquí tu comentario
Hola Preludio.
Me alegro de re-encontrarte. Tu texto, sobrecogedor.
Me ha transmitido una sensación en el estómago similar al que espera una muerte segura...
Sigues siendo el mago de las palabras.
Un abrazo, para siempre.
Gema.
Preludio... si algo me ha alegrado días difíciles que estoy viviendo, ha sido volver a verte por aquí.
Como siempre, eres el mago de las palabras. Haces con ellas malabares y les sacas lo mejor que tienen...
Relato difícil. Maduro y serio. Me parece estar leyendo, por ejemplo, a Cela... Te creces día a día.
La pena es que nos hayas dejado tanto tiempo sin tus joyas.
Éntro muy de vez en cuando ya por aquí, pero si tú sigues escribiendo, no podré dejar de venir. Tus relatos valen un potosí.
Eres, según mi criterio y con diferencia, el que mejor escribe en estas arenas. para mí es una satisfacción inmensa poder leerte.
Un beso muy grande, pero mucho.
Amelia (vaya.... como la abuela de tu relato)
Que bueno volver a leer tus textos, te hiciste esperar.
Que te llamen "mago" por ahí arriba es un acierto.
Un beso
Dios existe!!!
Has vuelto!!!
Y de qué manera
ME humillo a tus pies
Sigues siendo el mejor y con diferencia
Marinera
Yo también me alegro. Son las palabras las que tienen la magia. Me limito a ordenarlas no sin dificultad, porque me pueden.
Agradezco tu comentario. Un abrazo.
Muy bueno, mucho. Me alegro también de tu regreso.
Sergio.
ay madre, que la pobre llegua no se muera.... qué buen texto, preludio, qué buen texto..
besitossss
A tus pies.
Yo no te conocía pues llevo solo unas semanas por aquí. Desde luego que ,despues de lo leído, me alegra que hayas vuelto.
Gracias.
Lamento esos días difíciles. Me alegra sin embargo que mi relato, en lo que sea posible, los alivie.
Sabes que intento tomarme en serio el oficio de escribir, aunque resulte a veces diabólico. Quizá por ello, de tanto en tanto un texto frívolo me hace recuperar un poco de inocencia.
Tus elogios siempre han sido bienvenidos y lo siguen siendo, aunque reitere que me parecen exagerados, y no es modestia.
En cuando a la ausencia de relatos, no soy yo quien manda siempre en mi tiempo, es él quien me secuestra la mayoría de las veces.
De nuevo gracias. También a mi me gustará seguir leyendo lo que escribes.
Un beso.
Muchas gracias por seguir leyendo mis relatos y por tu consideración. La magia no la tengo yo, la magia está en las palabras y en dejarse atrapar por ellas a pesar mio. Es lo que hace hermoso el difícil oficio de escribir.
Un beso.
Déjalo tranquilo.
En cuanto a humillaciones, ninguna. Prefiero el juicio constructivo, la lectura positiva, que ayuda a mejorar y a corregir lo que es imperfecto, como lo es mi relato. De esta manera aprendemos todos, el que lee y el que escribe.
Cada relectura que hago es otra vuelta de tuerca en esa línea. Siempre ajustando, reescribiendo.
Gracias por leerme y por tu comentario.
Muchas gracias por leerme y por dejar tu comentario. Tengo pendiente -he comprobado- de leerte muchas. Tu teclado es prolífico. Lo haré con gusto. Preludio.
Si realmente decides perder parte de tu tiempo leyéndome, he de advertirte: he escrito a bocajarro, sin Woord, ni corrigiendo ni siquiera releyéndome. Me pierde la impulsividad. Quiero decir que el texto está lleno de incorrecciones ortográficas de todo tipo y aún no las he corregido. Quedas advertido.
Con mucha admiración, la que te tengo. Sergio.
Si realmente decides perder parte de tu tiempo leyéndome, he de advertirte: he escrito a bocajarro, sin Woord, ni corrigiendo ni siquiera releyéndome. Me pierde la impulsividad. Quiero decir que el texto está lleno de incorrecciones ortográficas de todo tipo y aún no las he corregido. Quedas advertido.
Con mucha admiración, la que te tengo. Sergio.
gracias preludio, me ha emocionado tu comentario sobre los zarpazos
No sabe usted lo mucho que me alegra volver a leerle. Creo que es un relato hondo, que ganará con cada relectura, que pienso hacer, no lo dude. Hasta ahora era un magister ludis; hoy estamos en la gravitas. Un abrazo.
me alegra volver a disfrutar de tus letras...
genial el uso de los tiempos... el tono de los distintos momentos... mezclar la tragedia y los recuerdos sueltos con una partida de dominó...
un placer leerte, como siempre.
besos
Necesito tu opinión técnica sobre algo-
Hace tiempo que leo tus textos, y hay algo que no acabo de aprender
El uso de los guiones en los diálogos me dan ciertos problemas, y como tú utilizas mucho el diáolgo a ver di me puedes ayudar.
Me he comprado varios libros de estilo, para aprender a escribir diálogos
En los manuales pone que el uso de quión largo en una frase normal, la letra mayúscula de inicio de frase va pegada al guión.
Hasta ahí todo bien
Pero en frases exclamativas o interrogativas en los manuales pone el signo pegado al guión, pero cuando lo escribo en el word, me pide corregirlo y poner un espacio entre guión y signo de puntuación. ¿Tú que opinas, a quién hago caso?
Otra duda es cuando el narrador interviene en mitad del discurso del personaje
Si la frase se ha acabado ¿dónde se pone el punto, antes o después del guión??
Si puedes ayudarme te lo agradeceré.
He observado tus textso y lo haces de las dos formas, antes y después del guión. Hay alguna norma????
Un saludo.
Yo no me atrevo a comentar tus textos, eres un maestro, y yo una simple aprendiz principiante
Besos
Gracias por leerme y por tu comentario.
Un beso
Bienvenido a este blog. Gracias por tu visita y por tu comentario.
Después de casi un mes de ausencia vuelvo al tajo para seguir leyendo y escribiendo.
Lo de "a tus pies" lo aparcamos por excesivamente formal y anticuado. Lo dejamos en un abrazo. ¿Vale?
Es a mi a quien corresponde agradecerte tu visita y tu comentario. El mio fue sincero porque me gustó de verdad como reflejabas aquellos sentimientos que yo habia sentido no hacia mucho. Saludos.
Distinguido Dr J. Qué grata es siempre su visita a esta página.Sus opiniones gozan de muy alta consideración, pero mi modestia me impide aceptar el título de magister, tan solo el de aprendiz y escaso en cualquier materia. Un abrazo.
No, de verdad: el de los zapatos era muy bueno; este me ronda por dentro desde ayer, como si fuera una semilla que crece y crece. ¿ Para cuando una recopilación en papel? Un abrazo.
No es necesario dar titulos, pues eso desvelaría tu nombre, pero me gustaría saber si este arte que despliegas ya ha tenido su merecido premio en forma de libro/s.
El places ha sido mio al reencontrarme con algunos, primeros colonizadores de estas arenas. Me alegran tus observaciones sobre los tiempos verbales y sobre los distintos tonos. Ese ha sido precisamente el propósito de ese trabajo. Muy perpizcaz, naná . No podía ser de otra manera quien disfruta habitualmente de Baudelaire.
Gacias por tus comentarios. Un beso
Gracias por tu dosis de sensibilidad, de cotidianeidad y de buen relatar. Tres historias en una.
Sobre tu consulta.
Efectivamente el todo caso el guion largo va pegado a la primera letra de la frase, incluso ante los signos de interrogación o de admiración. LO que ocurre es que el corrector de Wor erroneamente le pone un espacio. Por la comodidad del corrector yo lo dejo con el espacio, pero no es lo correcto.
En cuanto a lo del punto cuando el narrador intrviene en mitas del discurso de un protagonista debe ponersedespues del guion. Ejemplo: --Se lo voy a contar a tu mujer --respondió en tono de amenaza--. Le voy a decir cómo trátas tú a la gente educada.
Un beso.
Veo, Dr., que me tiene aprecio. Le aseguro que es mutuo. Lo del paso por el papel sigue siendo un "desideratum". Pretendo terminar un curso con el año sobre relatos y novela corta y a partir del próximo intentar hacerlo realidad. Algunas gestiones se están haciendo. Gracias por su interés.
Muchas gracias amigo. Agradezco tus nobles palabras. Publicar con cargo a mi peculio no es algo que me satisface. Mi cuota de vanidad no llega a tanto. Que me publiquen con cargo a las cuentas de profesionales todavía no es atractivo para el beneficio de ellos, al parecer.
Asi que de momento me limito a ostentar con orgullo algun que otro premio en algunos concursos literarios menores.
Gracias por todo. Un abrazo.
Ayer por la noche seguía pensando en su relato ¿ Sabe a cuál me recuerda? Supongo que lo habrá leído: a Música para camaleones, con aquéllos juegos con el espejo negro y el salto del ahora al antes y al abismo, todo condensado. Como sabe que adoro a Capote, no le diré más. Otra cosa: magister ludi es como Guillermo Cabrera Infante se refiere a Raymond Chandler, otra de mis debilidades y otro maestro del diálogo - el otro, lo quiera o no, es usted. No sólo es aprecio: es sincera admiración: casi siempre toma las decisiones acertadas y sabe por dónde llevar un relato, con lo que parece una facilidad pasmosa - al estilo Fred Astaire o Louis Armstrong, que nos hacen creer que cualquiera puede hacerlo. A mí me cuesta tanto, pero tanto, que no puedo menos que admirarle de todo corazón. Un rendido abrazo.
Gracias, Sorti, tu eres de casa desde hace tiempo. Un beso.
Me ha parecido un texto buenísimo, ágil y muy original.
Un beso
Muchísimas gracias
Ahora ya puedo corregir la historia, sabiendo por donde voy, por que estaba hecha un lio con los guioncitos de marras.
Besos
Si a tí no te publican...¡Ay! ¿que nos puede esperar a los demás en un futuro?. Mejor no pensar en ello y seguir trabajando.
Muchas gracias por tu visita, por leerme y por tu comentario. Me encanta que te haya gustado. Un beso.





