Libro de Arena
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Preludio

En el fragor de las palabras

Vestida de luna.-

Cuando a las siete y media de la tarde salí a la calle el calor todavía era pegajoso y lo noté como un abrazo nefando después de dejar el aire acondicionado del despacho. Me quité la chaqueta y la puse sobre los hombros mientras me remangaba los puños de la camisa y me aflojaba el nudo de la corbata, lo que hizo que me sintiera más extraño en una ciudad semivacía por las ausencias de agosto.

Apenas hacía media hora que había llamado a Olga para decirle que iba, harto de comer mal y cenar peor en los restaurantes que quedaban abiertos. Mas de una hora de viaje hasta la Cataluña profunda, cena con la familia bajo la mirada inquisidora de mi suegra, polvo con hastío con su hija, y otra hora de vuelta mañana temprano me hacia dudar si compensaba mas eso que castigar de nuevo mi estomago con la cena y el matarratas que ponían en la copa con la que hacer mas corta la noche, acodado en la barra de una discoteca agitando el hielo y al acecho.

Había llamado a mi amigo Julio con la esperanza de encontrarlo y hacer de la noche un juego. Siempre que salíamos acabábamos divirtiéndonos. Nos metíamos una raya y competíamos por ver quien llegaba antes acompañado al apartamento. El que perdía pagaba las copas. El juego era simple. Una moneda decidía quien empezaba y el otro señalaba la presa. No resultaba muy difícil porque él, en plan hijo de puta siempre me elegía la más fea de la estancia. Yo en cambio elegía para él la más difícil, la más espectacular, la más sofisticada. Cuando yo ganaba me iba primero con la moza y él se quedaba. Si ganaba él, que era la mayoría de las veces - y no sé como lo hacía - se acercaba y me preguntaba si había cava al frío mientras extendía la mano para que le diera las llaves. Las noches que yo me adelantaba, luego venia acompañado y llamaba por teléfono para que le abriera. Si yo perdía, por supuesto que no iba si no iba acompañado, y si lo iba tenia que ir en taxi porque él además se llevaba el coche. También era parte del juego.

—¿Todavía estás de curro? —me preguntó cuando le dije que seguía en el despacho, y añadió afligido. —Estoy en Roses desde el sábado con el pase per nocta secuestrado. Ya sabes la familia es sagrada. Hasta el treinta y uno.

—Si, claro —le dije resignado —. Yo tengo que cerrar unos contratos con unos alemanes y me ocupará seguramente toda la semana.

—¡Qué suerte tienes!—. Cambió el tono para hacerse cómplice—.Olga y la niña en Aro ¿no?

—No—le dije—. La niña en Irlanda y Olga en la masía con mis suegros.

—¡Qué cabrón! ¡Quien bien te lo montas!

—No te creas, esto está triste. Casi todo lo que vale está de vacaciones.

Aquello fue lo que me decidió llamar a Olga para decirle que iba. Ni siquiera pasé por casa y enfilé la autopista ensayando lo que debería hacer y decir para mantener a raya a mi suegra. Si embargo, cuando casi estaba a mitad de camino, mas allá de Manresa, al llegar al primer cambio de sentido, sin saber porqué, o quizás porque la luna estaba llena y eso me afecta, di la vuelta, paré el coche en la cuneta y puse los intermitentes fijos.

Con la voz marqué:

—¡Nena!

—Dime—me contestó al segundo—. ¡Qué sorpresa, Jaime! Nueve días sin saber de ti son una eternidad—. Su manera de hablar prendió mi esperanza.

—¿Estás sola?

—¿Qué pregunta! Sabes que no. Te llevo en la imaginación.

—¡Coño, Merche! Déjate de virtualidades y dime si estas sola —le dije casi irritado.

—Sola desde hace un par de horas

—¿Sola... sola…?—repetí acentuando. ¿Y tu marido?

—En el Camino de Santiago.

—¡No me digas!—. Mis ojos hicieron chiribitas. — ¿Se ha hecho devoto o es que cumple una promesa?

—No seas cínico —me dijo como una crítica. Aunque noté que sonreía.

—No me habías dicho nada.

—¿Qué quieres? Hace semana y media que no me llamas.

—¿Cómo te voy a llamar si estas de vacaciones con tu marido?

—Mi marido se marchó hace cinco días y vuelve pasado mañana. Se va todos los años una semana antes de julio, pero este año uno de los amigos que le acompañan en el camino no tenía vacaciones hasta ahora.

—¡Merche, cielo! esas cosas se avisan.

—¡Joder, Jaime! Pensé que estabas con tu familia.

—¡Qué va! Estoy puteado, trabajando. Creo que soy el único—. Pretendí pasar por apesadumbrado. —¿Y porqué estás sola ahora?

—Desde que se marchó Mario estaba con una amiga. Con Vania. Creo que la conoces—hizo una pausa—. Te la presenté en el Museu d´Art Contemporani cuando la inauguración de la exposición de Nancy Spero.

—No sé. No caigo.

—¡Jai! ¡Si le echaste los tejos!

—Te aseguro que no la recuerdo —le dije mintiendo. Nunca he olvidado una mujer con tetas rotundas y desafiantes.

—Pues esta mañana la Vania se ha metido en la mar y debe haber tropezado con Neptuno, porque ha salido, ha venido al toldo, ha recogido sus cosas, y después de ponerse el suje me ha guiñado un ojo. Luego mientras se mordía los labios se ha dado la vuelta y me ha dicho adiós con la mano detrás del culo. Hace un rato ha venido a por su ropa, la boca le llegaba de oreja a oreja. Su único comentario cuando le he preguntado ha sido algo parecido a un suspiro, y después con los ojos en blanco ha añadido: ¡No hay palabras! Y ha desaparecido.

—Entonces, ¿si voy…? Le dije con intriga. Me cortó tajante.

—No caerá esa breva—. Luego añadió menos segura: — Jaime, tonterías las mínimas.

—Merche, cariño, me apetece verte.

—Mira, Jai, voy en short con una camiseta y el pelo por lavar, si me tengo que restaurar necesito al menos una hora. Así que háblame en serio.

—¡Cielo! El short y la camiseta te sobran, y el maquillaje, por mucho que te esmeres, acabaremos compartiéndolo. ¿Dónde estas?

—¿Donde voy a estar? En Sitges. En el apartamento.

—¡Dios! Otra vez Sitges.

—¿Que dices de Sitges?

—Nada, cosas mías. Mira son las nueve. En menos de una hora tienes mi lengua en tu campanilla. Así que, por fa, dime exactamente dónde estás.

—Con mucho gusto, querido —me dijo entre risas—. Apunta: Paseo Marítimo, entre la Avenida Sofía y Prat de la Riba. El numero del edificio y el piso lo adivinas.

—Como quieras. Cuando llegue te llamo y me das pistas

—No, mejor. Ahora mismo cuelgo mis bragas en la barandilla de la terraza. Está muy alta. ¡Tu mismo! Jajajá. ¡Mira que eres fantasma!

—Está bien. En ese caso no te pongas nada.

—¿Así? ¿Tan escueta? ¿No preferirías una gotita de Opium en el cuello, detrás de la oreja?

—Por supuesto, amor, y el cava muy frío, en cubitera de hielo, como a mi me gusta—. Apagué el móvil y arranqué el coche. No sé porque tuve la sensación de que se lo tomaba a broma.

A continuación llame de nuevo a Olga para decirle que no iba, que las cosas se habían complicado, que los alemanes eran unos cabrones, y que tenia que rehacer un contrato, probablemente toda la noche. Ello no evitó la bronca que aguanté con dignidad. El problema era que le había dicho a la cocinera que añadiera un plato más en la mesa para la cena, y que qué le decía ahora. Le dije que tenía razón y que me disculpara por ser tan desconsiderado, aunque añadí con énfasis que lo que me atormentaba era no poder verla, y que lo que más deseaba era dormir con ella. Al escucharlo se desinfló y dijo: Bueno, ¡cuídate, cariño! no vayas a caer enfermo.

Al momento, de vuelta el Lotus marchaba a ciento ochenta por la autopista y tuve que poner el limitador de velocidad para evitar que se embalara como una bestia. Lo reduje a ciento cuarenta. Cuando volví a llamar al cuarto de hora le dije:

—¡Nena! acabo de deja atrás la salida para Sabadell. ¿Qué vamos a hacer?

La carcajada por su parte fue estentórea. —¿Tengo que decirte lo que vamos a hacer? Pensé que lo tenias claro —me dijo mientras seguía riendo.

—Es que no me gustaría salir, que nos vieran. Me conocen demasiado. Todo el mundo está en Sitges.

—Pero, ¿es en serio que vienes? ¡Anda ya! ¡Joder! Nunca sé cuando estás de broma o hablas en serio.

—Merche, en serio, te lo decía por si quieres que lleve algo.

—Que no, que no, que no me lo creo —me repetía. ¡Tú estás loco! Además lo de mi marido es mentira. Está abajo tomando una cerveza y va a llegar de un momento a otro.

—Pues sabes que te digo: que se joda, porque en cuanto llegue te bajas, te subes al coche y nos vamos a donde sea.

—¡Estás como una cabra! Además, no estoy arreglada, ni tengo cena para darte.

—¡Ah! eso no te preocupe que yo ya sabré lo que comerte.

—¿De verdad? De eso no tengo la menor duda, aunque hace un momento no sabias qué tenias que hacer—. Soltó una carcajada.

—Jajajá. No importa—le dije entre risas—. ¿No me has dicho que tienes cava? Paso por un sitio que yo me sé y llevo una docena de ostras.

—Hecho. Y yo cambio el cava por Dom Perignon— y se reía, por eso noté que no me creía una sola palabra

—Entro en la Ronda de Dalt —le dije—. Te llamo en quince minutos.

—Jajajá, parece que estés radiando la vuelta a Cataluña— y colgó.

Cuando llegué a Castelldefels paré. Pero no encontré ostras y las dos docenas de almejas que me querían vender no eran de fiar. Sí compré una botella de “Mumm, cordon rouge” y dos bolsas de hielo. También entré en una perfumería que todavía estaba abierta. Cuando le pregunté a la dependienta dónde encontraría unas braguitas monas, se me quedó mirando y mientras lo hacia dejó de envolver el paquete que me preparaba. Creo que me puse colorado, y precipitado le dije:

—Perdón, señorita, temo que me he expresado mal. Quería decir donde puedo comprar unas braguitas…que me gustaría regalar—. La verdad es que aquello no tenía arreglo. Me entregó el paquete sin decir nada, ni las gracias, me acompañó a la puerta y me señaló enfrente.

— ¿En los chinos? —le dije asombrado. —Gracias. No se me había ocurrido—. Sin contestarme se metió en la tienda y sonriendo bajo la persiana. Yo me subí al coche que tenía aparcado en la puerta y por supuesto me marché sin comprar las bragas.

A los pocos minutos, quizás sobre las diez y algo, después de buscar refugió al Lotus en un aparcamiento de Sitges, llegué andando con las bolsas de hielo y los paquetes al Paseo Marítimo en busca de las braguitas colgadas.

Las localicé y seguramente mucha gente conmigo, porque como miraba hacia arriba, la gente que pasaba a mi lado también lo hacía. Entonces llamé decidido y le dije a Merche:

—Están el en el ultimo piso a la derecha y las ilumina la luna—. Eso era cierto, pues aunque no era sábado o domingo que había estado llena, si vi sobre el mar que le faltaba muy poco. La noche era esplendida.

—¿Será posible? ¿De verdad has venido? ¡Si no voy vestida! — exclamó nerviosa.

—Mucho mejor —le dije—. Si te asomas a la terraza me verás y te vestirá la luna. ¿Qué timbre llamo?

—Pulsa el doce.

Mientras cruzaba el paseo la vi en la terraza sin nada, vestida de luna. En otra, en la esquina que da al Jardin del Pintor Pere Pruna, más o menos a la misma altura, unas lesbis la miraban y luego se besaban. La noche duró lo que rió la luna.


32 comentarios - Escribe aquí tu comentario

lo dijo enlabasílica 5 Septiembre 2008 | 01:49 AM

Preludio, chapeau

El Jaime de tu historia es siempre un jodido hijo de puta, pero encantador. Y tú, le tienes tomada la medida a la historia. NO se puede escribir mejor.

Tengo algo que contarte. Lo mismo te vale para escribir alguna historia. ¿lo leerás, por si te vale?.

Un besazo, maestro.

lo dijo Sortilegios y m. 5 Septiembre 2008 | 07:35 AM

Es lo primero que leo esta mañana y la verdad es que me encanta ese juego de voy, no voy, mentiras, semiverdades, seducción, riesgo... con toques claramente mediterráneos. Un auténtico placer querido.

lo dijo naná 5 Septiembre 2008 | 10:02 AM

me sigue embelesando tu manera de contar historias, y admito que jaime me tiene un poco enamorada, que tendrán ese tipo de tio que nos desarma a todas...

vestida de luna, sabes que jaime en el fondo es un romántico, con alma de golfo, pero un romántico...

besos

lo dijo preludio a enlabasilica 5 Septiembre 2008 | 10:04 AM

Muhas gracias por tu visita y tu comentario, que me anima a seguir intentando escribir mejor.

En cuanto a historias para escribirlas nadie con tu pluma para escribirlas mejor.

Un beso.

lo dijo Preludio a Sortilegios 5 Septiembre 2008 | 10:24 AM

Gracias por venir y por leer mis historias de juego.

También para mi es un placer leerte.

lo dijo Preludio a Nana 5 Septiembre 2008 | 12:31 PM

Gracias Naná, eres mi lectora mas incondicional.

Efectivamente con este relato he querido traer a un protagonista tan cabrón y tan patético como era pero con un tinte romántico que lo redima un poco.

Un beso.

lo dijo naná 5 Septiembre 2008 | 12:46 PM

es dificil leerte y no volderse incondicional... además conforme conoces a los personajes la historia engancha... y sigo estudiando tus dialogos... sabes la envidía que me dan...

besos

lo dijo enlabasilica 5 Septiembre 2008 | 01:06 PM

Preludio, siempre, publicamente, me despechas. ¡Triste sino el mío!.

Te he mandado un email.

Un beso

lo dijo Verónica 5 Septiembre 2008 | 01:32 PM

No tengo ningún blog. Ni me conoce.

Lo mio no es el difícil arte de escribir bien, sino el no menos sencillo de seleccionar lo que es bueno para leer.

Había oído hablar de esta página en varias ocasiones y últimamente me la han recomendado. Me habia resistido a entrar porque recibo muchas recomendaciones. No obstante he leído casi todo lo que tiene publicado. Le haré llegar mi email por si le puede interesar.

Felicitaciones por su trabajo.

lo dijo Nube 5 Septiembre 2008 | 03:53 PM

Me gusta, he sentido el relato tan lleno de VIDA que me ha contagiado.

Me encanta tu forma de escribir... tan fluida.

Un saludo y feliz día.

lo dijo teresis 5 Septiembre 2008 | 04:00 PM

Nene, te digo yo que lo dejes todo. Déjalo todo y ponte a escribir. Esa manera de contar tan natural, tan fresca, tan real que tienes me tiene conquistada.

Un besillo

lo dijo dr. j 5 Septiembre 2008 | 05:32 PM

¿ Y no se fue al piso de las lesbis? Me extraña, pues este tipo es capaz de llamar en el portal de la Merche y decirle que le acaban de llamar los alemanes o que su mujer se ha puesto enferma en Manresa. Un día le encontrarán un feocromocitoma, que le dispara las hormonas y le hace cambiar de idea según se va presentando la cosa.

Salud, orfebre de palabras.

lo dijo Preludio a Enlabasilica 5 Septiembre 2008 | 05:36 PM

Lo siento muchisimo. Debo estar muy torpe ultimamente. Sin pretenderlo causo malentendidos. No era mi intención provocar ningún despecho. He pretendido en todo caso elogiar tu fina y fertil pluma que no necesita apoyos de ningun tipo para contar cualquier historia. Escribes magistralmente.

un beso.

Un beso

lo dijo dawn... 5 Septiembre 2008 | 10:10 PM

es refrescante.., transportas al lector y le contagias con la personalidad del protagonista, nos llevas contigo de observadores..., y nos gusta lo que nos muestras.

un abrazo

lo dijo Preludio a Verónica 6 Septiembre 2008 | 04:55 PM

Muchas gracias por todo. Escribo por placer, al menos hasta ahora.

lo dijo Prelu a Teresis 6 Septiembre 2008 | 05:26 PM

Chiquilla, que mi editor quiere que trabaje pa é´l y pa´los dos no da.

Así que seguiré compaginando trabajo y placer. Gracias de todas maneras por tus ánimos. Un beso.

lo dijo Preludio a Nube 6 Septiembre 2008 | 06:56 PM

Muchas gracias por tu visita. Me alegro que que haya gustado el relato de las aventuras de ese "vividor".

Son relatos a vuela pluma, rápidos, frescos, sin pretensiones.

Reitero. Gracias por leerme.

Saludos.

lo dijo Preludio al Dr. j. 6 Septiembre 2008 | 07:30 PM

Distinguido Dr.: Ciertamente lo pensó. Estoy seguro. Lo de irse al piso de las lesbis, pero lo rechazó sin ninguna duda. Su feocromocitoma no lo tiene todavía muy desarrollado. De cualquier manera me ha dado una excelente idea. Un personaje con la sintomatología que da ese feo...deber dar mucho juego.

Muchas gracias por su brillante idea, por su visita, por su comentario, por la lectura y por distinguirme con su consideracion que desde luego es mutua. Y naturalmente por la menestralía que con larguísima generosidad tuvo a bien otorgarme sin mérito alguno por mi parte.

Que los dioses lo guarden. Salud.

lo dijo Preludio a Dawn 6 Septiembre 2008 | 07:46 PM

Muchas gracias Maria. Jaime solo es una marioneta que intenta divertir, jugar, inventar, hacer sonreír, y un contrapeso a los relatos excesivamente graves en el tono.

Gracias por venir y por el comentario.

Un abrazo.

lo dijo Lapalabradisuelta 7 Septiembre 2008 | 12:10 PM

Interesante blog desde el punto de vista literario.

Buen dominio del relato con diálogos muy logrados.

Muy recomendable.

lo dijo marinera a preludio 7 Septiembre 2008 | 03:33 PM

Precioso texto Preludio.

Aunque sigue con sus andanzas, en este texto le has dado a Jaime su cara sensible, has descubierto su lado íntimo, y femenino, que lo tiene.

Me ha gustado más que cualquiera de los anteriores de Jaime, aunque con los otros me he reido, con este me has hecho ver con emoción que Jaime no es ´tan cabrón como lo presuponía.

Bravo Preludio.

A diferencia de otros textos, la importancia no radica tanto en el diálogo, por lo menos esta es mi opinión, sino en los párrafos dedicados a reflexiones internas, que me han llenado mucho, y para mí están muy logrados. En otros textos te fallan precisamente a mi forma de ver, ya te lo he dicho los párrafos largos por que explicas mucho unos aspectos y otros los dejas cojos. Sin embargo en este texto ya te digo que son los justos y muy bien estructurados

Enhorabuena otra vez

Te sigo leyendo

marinera

lo dijo Vivir Soñando 8 Septiembre 2008 | 01:04 PM

¿Llego tarde? Perdón.

No es el mejor día de mi vida y pasé a ver si mejoraba. Ha mejorado, gracias.

No voy ni a elogiarte ni a repetirme, ya sabes lo que pienso de tus escritos magistrales. Te animaría a que lo dejaras todo y te vinieras a Madrid, a tomar un Martini conmigo. Cara a cara te diré lo que pienso de ti y de tus relatos. Si hay una cara que tengo ganas de ver, es la tuya.

Un abrazo y aquí te espero...

lo dijo Preludio a la palabra disuelta 9 Septiembre 2008 | 03:36 PM

Gracias por la visita y el comentario.

Si vuelves deja el enlace para corresponder.

Saludos

lo dijo Luz-de-luna 9 Septiembre 2008 | 04:48 PM

Siempre que leo sus aportaciones me recuerda a un escritor amigo. Escribe con gran maestría,si no es él, le auguro a usted muchos exitos.

Un saludo.

lo dijo Preludio a Marinera 10 Septiembre 2008 | 07:37 PM

Me alegro que te haya gustado este relato que presenta del protagonista una faceta nueva, mas emotiva. Resulta un personaje mas vulnerable y mas feliz.

Quizás amabas cosas vayan de la mano.

Como siempre agradezco tus criticas constructivas que me sirven para continuar aprendiendo este arte dificil de escribir.

He visto que ultimamente estás con la poesía. Yo no me atrevo a tanto.

Gracias por tu visita, por tu comentario y por seguir leyendo.

lo dijo marinera a preludio 10 Septiembre 2008 | 08:39 PM

Para atreverte con la poesia, en el plan en que yo lo hago, mejor no lo intentes.

Por que soy de lo peor que se puede leer en poesia.

Pero a veces las cosas me piden salir en ese formato, y no soy capaz de expresarlas de otra manera

Muchos besos y muchas gracias

Habrás visto que me he metido en un relato erótico, que la verdad, me está desbordando. Lo he reescrito varias veces y no se cual de las versiones postear.

Al final soy capaz de cortarme y todo, y dejarlo a mitad

¿cómo podría yo dejar de leerte si te considero mi maestro?

ahora que lo sabes, no me vayas a pedir sueldo, que estoy muy achuchaita con las perras

marinera

lo dijo Prelu a vivir soñando 11 Septiembre 2008 | 08:48 AM

En este rincón no hay horarios. Así que ni llegas tarde ni hay que pedir perdón. Me alegro que el paso por aquí haya mejorado tu día. Es un buen elogio para este blog literario.

Gracias por considerar magistrales mis escritos. Creo que es excesivo, como lo sería dejarlo todo por un martini.

Estoy seguro que te alegraría mucho mas verme en la contraportada de un libro, como a mi me alegraría igualmente verte, y entonces brindar por ello. Con ese sueño un beso".

lo dijo preludio a Luz-de-Luna 11 Septiembre 2008 | 12:55 PM

Muchas gracias por la asiduidad en la lectura de mis relatos.

Comentarios como el suyo son estimulantes y ayudan a mejorar.

Salud.

lo dijo enlabasílica 15 Septiembre 2008 | 02:44 PM

¿puedo contar con tu opinión literaria en mi último post? (uno sobre navidades y reyes magos)

Ya sé que te estoy jugando una mala pasada, pues de forma implícita, te obligo a visitarme y a leerlo, no es honesto mi comportamiento, pero... es que si no, no me lees, jejeje. Fuera bromas, y sabiendo que sí, que es una faena, pero me gustaría mucho tu opinión, sobre todo porque me he soltado mogollón la melena...

Un beso

lo dijo Mar de palabras, ¿o viceversa? 4 Octubre 2008 | 09:25 PM

Cautivaditas nos tiene este Jai, no sé para qué tanto lío coche p'arriba, coche p'abajo, explicaciones y excusas varias y la taquicardia que acabará con él. Hasta creo que se lo perdonaríamos todo, o casi todo.

Un beso para él y otro para ti.

lo dijo La chica tripolar. 28 Octubre 2008 | 01:56 AM

Supongo que lo consigo porque esta noche no estoy demasiado contenta conmigo misma. Pero tienes toda la razón, tengo que empezar de nuevo. Lo de las trampas no se me daría bien.

Nunca me he pasado por aquí, así que voy a curiosear un poco, con tu permiso.

Un beso!

lo dijo marinera 28 Octubre 2008 | 11:40 AM

he visto por ahí algún comentario tuyo.

Y yo que pensaba que estabas ya por las Américas

Te echo de menos, bueno a tus textos,

¿Sabes?

A veces me paseo por tu blog paara coger ideas, no plagiartelsa, si no para ver tus giros.

Escribes divino

Un beso

marinera

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