¿De dónde salen los Trenes hacia Tokio?
[y CUATRO]
Olmos me habló también de la literatura como inspiración y de lo que hay que tener para escribir...
Cuando me siento a escribir no sé qué va a salir, yo no creo en las novelas en la cabeza. Esto es arte - con perdón - no ingeniería de caminos.Dijo alguien - no sé quién, o a lo mejor sí lo sé pero no quiero decirlo - que para escribir sólo hacen falta tres cosas; tener algo que contar, saber cómo contarlo y querer contarlo. Yo creo incluso que basta sólamente con la tercera. Querer contar algo. Por eso los buenos escritores, como Cortázar, son capaces de escribir un cuento buenísimo sobre, por ejemplo, instrucciones para bajar una escalera.
Trenes hacia Tokio no es una novela sobre el exotismo japonés, ni una guía turística. Es una mirada sobre lo que me rodeaba entonces...
Creo que dijo Alberto Olmos, aunque ya no estoy tan seguro porque he ido olvidando la conversación. Lo siento. Lo que sí recuerdo es que hablamos de lo importante que fue para él la soledad para escribir, y cómo la literatura fue lo que le dio sentido a tantos meses en Japón, solo en una casa enorme, sin apenas dinero, ni amigos.
De qué manera saber que estaba ahí para escribir le dio un sentido a lo que no lo tenía...
Hoy termino con este frustrado intento de reconstrucción de mi entrevista a Alberto Olmos. Termino y os recomiendo que os hagáis con Trenes hacia Tokio. No os penséis que podréis leerlo gratis en Hikikomori. Los textos que conforman la novela no están allí, los breves relatos que van componiendo la historia de Trenes hacia Tokio no aparecen online. Ahora son un libro, son papel. Y son la historia de alguien que observaba, vivía, escribía y un día, en el avión de vuelta a España, se dio cuenta de lo alto que hablaba todo el mundo y de lo difícil que podía ser escribir con tantas conversaciones intrusivas habladas en su propia lengua. Y rodeado de personas que sí entenderían lo que escribe sobre ellas...
Gracias, Alberto.
1 comentario - Escribe aquí tu comentario
Hola bob,
eso es exactamente lo bueno de los escritores que cuentan algo sin pensar dónde les llevará. Y en el fondo tampoco hace falta tenerlo todo tan atado. ¿Te imaginas? "Y luego voy a hacer que el protagonista tarde cinco páginas en levantarse de la cama y que la angustia por no ver a su madre llegue hasta el fin del capítulo tres..."
Prometo leerlo. Si no me gusta -que creo que sí- al menos sé lo que me espera.





